viernes, 20 de junio de 2014

Cuaderno del río Júcar (II) Sobre un cuadro de El Greco


El Greco (1614-2014)


EN esta ciudad también los ríos alcanzan las riberas de la totalidad, siguiendo a Claudio Magris por su civilización danubiana. Aquí mismo, el Júcar de mi cuaderno, en esencia, da sentido pleno a lo material.

LA gatita llora igual que un bebé cuando se pone a maullar bajo los pies. Se tumba de lado para ser acariciada en medio del pasillo. Ronronea infinita. Y cuando cierro la puerta del cuarto se me queja toda, acude en un plis plas presurosa a sus aposentos de la ventana.

CON el sol tibio del mediodia me crucé en la calle del casco histórico con el tren turístico. Era un revival de mis años infantiles. El espíritu de una era color amarillo chillón.

ME traje a casa junto a la talega del pan integral un cd de Nina Simone, desde entonces llevo noches indistintas en que la venero con devoción. También traje dos películas más que agotaron el escueto presupuesto del salario mensual veraniego: un film de Rossellini sobre Estronboli y la vida privada de Enrique VIII. Y un lujo añadido, el catálogo de pinturas de Gauguin.

VISITO cada noche al finalizar el laburo a los ángeles de agua que habitan en las dos fuentes del Parque central. Me refresco en la nocturnidad con el hilo fulgurante del buche del ganso provinciano. Una forma de arraigo desde los silencios marginales.

LOS CUCOS cantan a ciertas horas de la amanecida. Ellos no se dejan escuchar tan fácilmente como en las ceremonias puntuales de los relojes suizos. Lo tengo comprobado, ya escuché a dos bajo la duermevela de luz.

YA comienzo a sentir esta ciudad mía con la conciencia de fugacidad invertida: no por el viaje de llegada, sino por la futura inminencia de las partidas.

OMNIS enim color omnino mutatur in omnis /Cada color cambia del todo en otras cosas. Lucrecio

LA distancia entre los cuerpos como expresión sumaria de cada cultura. Así los británicos, los japoneses, evitando el roce a toda costa. Las puertas giratorias de los hoteles de mis islas garantizan un acceso individualizado a cada huésped.

LA gata establece una relación de sonidos para saber lo que hago. Ella que desconoce el concepto de horario. Igual que ve en la oscuridad por las características ópticas de su visión felina, también intuye las sombras que mis movimientos cotidianos proyectan en la casa. Una forma animal de hermenéutica.

LA maldición de las décimas sinfonías. Hay una suerte de tragedia que asola a los grandes maestros que acometen la décima sinfonía: Mahler, Beethoven, Schubert. Todos sucumbieron antes de acabar su décima.

UNA tarde de tormenta veraniega. Diecisiete horas de un lunes. Luz encendida del cuarto. Últimas páginas del libro de Pierre Michon sobre el poeta de Charleville, el chico de provincias que encumbró a la poesía en su sueño. Chispeo sobre los cristales. Relampaguea a lo lejos siempre, allí donde está el Paris de mis desvelos tardoadolescentes.

AGUA pura de manantial en botella de plástico azul. Las esencias básicas de Buenache de la Sierra.

NI un solo ciervo todavía en el cruce del tiempo. Bajan cada tarde a beber agua de río. Pronto llegará la berrea, el apareamiento salvaje que trajo a Bambi al mundo. Y el encañonamiento del cazador desde las sombras mortíferas de lo humano. A estas alturas, ¿quedarán Bambis en el reino Castilla?

DESTRIPÉ kilos de sardinas con mis propias manos. Sus corazones ocres pegajosos. Sus vientres cálidos coloreando el sumidero del mediodía. Como nunca antes devoré aquellas sardinas para darle un sentido moral a su martirio.

MEDIO pasaje a La Habana en la hucha. Que si, que no. También el ticket de bus para solo ida a Paris. Que si, que no. Un goce íntimo de libertad absoluta, el desafío a las ricas vetas de la predestinación. ¿Y si me quedo en Madrid?. Que si, que no. La vuelta a Canarias aparece como lo más improbable contra todo pronóstico. Que si, que no. Cualquiera que sea, será la más dulce de las conclusiones.

LLUEVE a cántaros. Frente a un capitel romano original. 1´20 euros la entrada para salvaguardarme de la lluvia en el museo de historia.

UNA trompeta simbólica en las ruinas del castillo. Atardecer inmaculado que reconcilia tantos tiempos perdidos. Los pasadizos de la ciudad a media luz, parainvernales, ofreciendo sus caldos nutricios para la ensoñación poética.

EXCURSIÓN. El silencio sepulcral del foro romano de Valeria.Búsqueda interior bajo la lluvia. Las divinidades del agua en el ninfeo campan a sus anchas.

PUEBLOS de Castilla. Baño ceremonial en el pantano de Contreras. Valverde del Júcar como reducto paisajístico de la memoria personal. Música árabe en la radio. Un pato muerto en la orilla. Sin truchas a la vista.

SALGO al atardecer con un apetito descomunal. A dentelladas prosigo en mi caminata. Y pienso ahora en aquellos perfumes que tanto faltan.

FINALES de agosto. La lluvia parece anticipar la llegada del otoño. Disfruto mucho de ls contrastes lumínicos en las tierras castellanas. Esta mañana había mucha gente en la calle comercial. La ciudad vuelve a su estado socionatural de ciudadanías.

A todo volumen y para mí solo el cd de Vinicio Capposela. ¿Y Atenas como destino?.

LA tradición no es historia, es la eternidad. Tremenda frase del director de una agrupación de música galega en la Plaza de la Merced.

HASTA en los gintonics hay una reliquia efímera. En su proceso de elaboración sucumben tres cubitos de hielo, el chorro puro de ginebra y el toque justo de tónica burbujeante.

FINAL del verano. En el sillón y al borde de la ventana. Afuera solamente pájaros.

LA obsesión creciente por un libro de Brusatin que trata sobre la historia de los colores. Su percepción teórica y las prácticas producidas en el ámbito artístico de cada época. ¿Acaso existen realmente los colores?.
TESIS. La conquista de las islas tuvo una oculta intención de apropiación de sus colores atlánticos ignotos.

LA tarea urgente del creador en las islas es la de afrontar el paisaje moral de su entorno absoluto devenido. Toda tentativa estética seria necesita un posicionamiento al respecto. Todo lo demás -profesor Sánchez Robaina- es pura cháchara.

UN órgano gótico renacentista en la Catedral. De pura casualidad me colé un domingo septembrino en el concierto inspirado en el siglo XV. Un milagro vivencial, hasta los ángeles se rallaron por la belleza acústica de los instrumentos antiguos. Mejor imposible para el recomienzo del viaje.

MI cerveza en compañía de Antonio Pérez en la taberna de siempre. Me habló de París, de su París. Del PC. Y hasta de De Vargas Llosa- mal por supuesto- y la admiración común por César Manrique. Inolvidable.

VER los momentos cruciales magnéticos de la singladura solar en la ciudad. Su esmalte universal en todas las cosas, mordidas por lo vivo.

UNA luz de buhardilla en los tejados septentrionales de la calle Alfonso VIII. Un solo instante de plenitud en los adentros vitales de la fachada medieval.

LA bruma sigilosa entre los almiares imaginarios deconstruidos de Castilla, a las seis y media de la morning conquense. Y la tristeza de los girasoles en su lejano mundo oleiforme. Un estado ruinoso panpolítico generalizado.

GUADALAJARA. Una ciudad avasallada por las sucursales bancarias, la avenida del ejército y el palacio del Infantado. La presencia trasnochada del Conde de Romanones y la Condesa de la Vega en sus jodidos bustos celestiales.

ME dice a la cara el señor jefe de sección cultural de la Junta de Castilla que la poesía aquí no entra.

EL vuelo taciturno de los cernícalos en la nocturnidad del Cerro del Socorro. Sus maniobras sorpresivas sobre la cabeza del cristo incólume. Ver la ciudad iluminada abajo como una ensoñación lejana. La boscosidad del camino inaccesible desde el coche. Un sensación de secretismo vacuo y dulce privilegio íntimo.

AMANECER en un centro comercial de Guadalajara a las nueve en punto con todas las tiendas cerradas. Fantasmagoria del futuro. Y acceder al toilette prácticamente de forma clandestina con el securita privado pisándote los talones. Ahí te quiero ver.

EN un banquito fuera de cobertura para cualquier gps. Justo en medio del parking de un hotel tryp y la N-320. El sinsentido de las estelas matinales en el cielo azul. La cochambre sucia de los terraplenes al borde de una feria. El runrun de los coches como única referencia auditiva. Los hierbajos de la nada bajo mis pies.
VEO a las chicas castellanas cruzar la acera con rumbo a una jornada laboral. El filtro del mercado que hace de la mujer optimizada estándar su mejor aval productivo. Las estadísticas oficiales nunca reflejan los sacrificios personales en el día a día de la conformación de las conciencias. El rodillo aplastante del capital que hace de esas chicas carne de cañón del sistema.

EN el semisotano del shopping center había una sala de gimnasio con tipos jóvenes haciendo músculo en las máquinas deportivas. No estaba lejos Saramago en su entrevisión de las ciudadelas del capitalismo.

UN órgano suena sobre la cantoría de la Catedral. Frente a mí el enrejado con pequeños arcángeles y seres mitológicos. A pesar del incómodo asiento de madera la sola presencia como oyente transporta a una situación límite, placentera, casi religiosa.

EL poeta no profesa más fe que la del lenguaje.

AL llegar a casa siempre tengo a la gatita en mis pies. Ella tan sola tras pasar larguísimas horas en completo silencio. Mis pies. Sus maullidos parecen que imploran atención. Es igual que tener un bebé en casa. Supongo que con el tiempo extrañaré sus ronroneos, arañazos, jugarretas y maullidos ultranocturnos.

ANOCHE volví a sentarme en las escalinatas de la Catedral. Había murciélagos a plena luz artificial. El gentío pasaba frente a una representación teatral con caballeros de época en un cómico duelo de mosqueteros y espadachines.

LA escritura según Claudio Magris vale para dale forma al vacío. Yo pienso en la seducción del fragmento instantáneo, las mínimas fulguraciones, el “frame of mind” óptico sensorial que también afronta las nadas de lo publicitario dictatorial.

EL espejo de los organistas. A la vista toda la sonoridad, sus volúmenes y cadencias. El movimiento de la cabeza de los organistas para un mismo compás. En el espejo se entrecruzan las miradas del ejecutante. Tal para cual.

LA mirada del títere. Su vitalidad fingida necesita del espectador que se hace testigo de la tramoya. Los ojos de la madera miniaturizados revelan la trascendencia de la corporalidad. Lo biopolítico de todo gesto.

TOLEDO 5 años después. Esta vez en auto por carreteras comarcales. Para ver un cuadro del Greco. Uno solo bastará.
Ya ando por la casa falsa del Greco. Dicen que llegó a Toledo Domenico Theotocipoli en 1577 para hacer el retablo mayor de Santo Domingo. Hay que ver el caballero de la mano en el pecho. Y el San Sebastián al que dediqué un poema. De momento decepción. Observo el San Bartolomé. ¿Quién carajo será el diablo Astaroth?


EL envenenamiento fallido de San Juan en el templo de Diana de Efeso. Curiosa imagen prototípica. Japoneses fotografiando a todos los santos y turistas españoles sacudiendo sus abanicos frente a los cuadros de El Greco. Él: precursor de los retratos civiles más allá de la corte madrileña.

ÓLEO sobre lienzo de la sorprendente Vista y Plano de Toledo hacia 1610 con el Alcázar de fondo. Hay un dios fluvial- El Tajo- y alegorías sobre el pasado romano. La aparición de la Virgen como referencia al obispo visigodo de Toledo. Años antes de la llegada de El Greco a Toledo, la corte se había trasladado a Madrid perdiéndose así la capitalidad del Reino. Tras su muerte se reavivó por medio de sus seguidores los motivos de santos siendo el más característico San Francisco. ¿Sabrá esto el Papa argento?

YA en la autovía de Castilla La Mancha para el camino de vuelta. La luz es la víctima de las permanencias necesarias.

UNA teoría propia sobre los colores del país castellano a base de ocres arcillosos, amarillo noble tostado y pasteles endorados. Negro solar abatiendo el otro lado de los guijarros de sus calles y las tejas de sus casas como lados distintos de una misma moneda temporal.

EN la cama abatido hasta el mediodía y buena parte de la sesión vespertina. Lunes de claroscuros con gestiones a la desesperada y ducha de agua fría, sandwich del supermarket y facebook anodino. Veo las próximas semanas en las hoces del río Júcar el comienzo de la trepidante orquestación de un funambulista.

LA gatita observa entre maullidos quejicosos desde el otro lado del cristal. ¿Qué espera, qué deseos la hacen mantenerse allí durante horas?.


TODOS somos romeos que caminos andamos. Gonzalo de Berceo.

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lunes, 9 de junio de 2014

Cuaderno del Río Júcar (I). Sobre un cuadro de Fernando Zóbel

Fernando Zóbel, El río Júcar X (La piedra del caballo), 1971


JAMÁS pensé que tendría fuerzas para estar un verano fuera de las islas. Tal vez la carencia del mar es soportable gracias al río. Su cromatismo verde azulado basta de sobra para mantener el hechizo. Me he prometido ir a la orilla del río Júcar todos los días como ceremonia mínima de manutención personal. No es baladí el peligro del embrutecimiento urbano. Así pasaron muchos meses en las islas que ni se olía el yodo marino. Queda claro que la peninsularidad también tiene sus enigmas, sus misterios, sus perlas.

HE comenzado este cuaderno antes de ferragosto, para seguir muy de cerca el continuum narrativo de las intuiciones cotidianas, las regiones interiores donde hay un cronómetro muy particular.

VIVO con una gatita blanquinegra, que se fugó la primera noche de casa para mi sorpresa. Ella está a mi cuidado en este ático del casco histórico de la ciudad. Con sus maullidos de cada día parece que habla, parece que se queja del calor, ella se queja del aburrimiento. Tras el disgusto de su extraña desaparición descubrí que andaba por los tejados nocturnos y volvió a su plato de comida con una naturalidad apabullante. Yo supongo que para ella desaparezco también inexplicablemente, entro y salgo de casa, igual que la gata en sus travesuras insospechadas.

MUY graciosas las fotografías de Antonio Saura en el álbum de familia. El retrato junto a Cortázar lo pondré con chinchetas in my bedroom. Casualmente en su propia casa, abandonada por completo, encontré una factura del agua a su nombre casi más de veinte años desde su muerte. Increíble, el artista permanece postmortem, sus cuadros siguen tan vigentes como las deudas pendientes con la compañía surtidora del agua municipal.

CRÍMENES de Cuenca en pleno verano: disparo a bocajarro con escopeta de caza en el Parque central y un posterior suicidio por ahorcamiento. Cuchillada en las inmediaciones del Huécar un sábado por la noche. Y hombre muerto en los toilettes de la estación de guaguas a primera hora, la misma en que yo llegué a la ciudad.

SIN contacto con las islas en casi toda la estancia castellano manchega. Me siento igual que uno de esos escaladores temerarios en los cerros de la era kárstica.

DURANTE la siesta sabatina, entre libros de Vila-Matas y Camilo José Cela, alguien se dedicó a tocar los timbres del zaguán de forma aleatoria. Parecía seguir una partitura del desorden con un mensaje oculto, un mecanismo extraño para desafiar a la nada. Varias veces sonó el portero de la casa con intensidad, nadie abría la puerta, el edificio parecía que estaba deshabitado a esa hora bruja. Una sensación extraña de privilegio me tuvo en vilo durante el suceso.


ESTA mañana dominical de camino al supermarket quise pasar delante del querubín marmóreo que bebe junto a un ganso el chorro de agua más sabroso de la ciudad. Y he pensado en su temporalidad uniforme, sagrada, celestial.

AQUELLO que más extraño en esta ciudad, las buenas librerías.

LISTA de la compra: mate, hojillas de afeitar, lavavajillas urgente, comida de gato, tinto de verano.

LAS CIGARRAS parecen formar parte de la banda sonora de una película de la nouvelle vague francesa.

EN PRÉSTAMO un libro sobre la historia de la España musulmana, está sobre la mesa del salón desde hace días, entreabierto a todas horas, habla del tiempo en que hubo califatos y reinos de taifas. Al Andalus.

PESCA tradicional de truchas en un río del norte. Los procedimientos, el trabajo artesanal con nasas de mimbre, la ceremonia de la muerte y de resurrección en la historia natural de los ríos del norte.

EL documental sobre los cuadernos de contabilidad de Manolo Millares me produce hemorragias intensas de nostalgia por la isla. He visto Las Canteras a través de sus episodios familiares: la playa como sustrato de la memoria colectiva. El mar siempre a la vista, como este río ahora que también lo fue para Millares en sus días de exilio.

CAFÉ americano para sobreponerme al calor de la nueva peninsularidad estival jamás imaginada. Se quita el calor con más calor. El sueño con más sueño.


EL cauce del río, lo persigo a todas horas. Sin cámara fotográfica, sin aspavientos mayores, sin más intención que el refresco de la vista a cada instante. Yo diría que es una forma de consuelo estético que alivia algo más que la quemazón del verano. Al borde vuelvo a encontrar el sentido acuático insular, el jardín húmedo donde hiela el agua. La piedra caliza rodeada por juncos y demás malezas vespertinas que ofrecen su refugio a la mirada. Sin místicas de bolsillo, lo dramático sería no ver el río teniéndolo delante, como sucede al acabarse el verano.


EN un bar de las afueras, en plena serranía. Tomo café solo. La barra típica de un local de esparcimiento vecinal, con trofeos, mapas y paisajes de la comarca. De pronto, distingo en la pared dos revólveres dentro de un marco de cristal. La dueña del cafetín cuenta que eran de maquis. Su padre albañil los encontró en unos tejados. Alguna vez fueron de verdad.

FOLELÉ.Dragonfly. Libélulas.

LA gatita araña el cristal una y otra vez cada noche. No sabe como entrar a la habitación. Maúlla con mucho sentimiento. A pesar de sus intentos por escalar la pared, ralla la madera y resopla sobre la ventana, no consigue su objetivo nunca. Así cada noche, con una persistencia felina verdaderamente admirable. Yo la observo, en completo silencio.

HABITAMOS un monolingüismo empequeñecedor. Limitante. Paroxista.

SUEÑO con volver a la isla, solo como visitante. Escribir sobre ellas desde la distancia. Nuevas mitologías.

LAS personas mayores son como las sombras en fuga de una sociedad. Benditas abuelas de todos los países de la tierra. Ellas cargan el peso del mundo en su mirada.

MI ropa por el suelo. Entre las tres maletas del cuarto. Sin lavar durante la semana, con lo mínimo cada día. Leyendo a Vila-Matas. Supliendo las carencias con la glotonería del nomadismo, su trepidante instantaneidad. Al pairo.

EL ODIO también necesita su tiempo. Un plus de energía que debemos aprender a gestionar personalmente, cada día y a su tiempo.

EN el momento de apagar la luz, un acto de feliz soberanía.

LA impagble generosidad del acordeonista de la calle Cervantes. Así gracias a él, cada nota matinal libera las mañanas castellanas de su acidez mortecina. El único que sueña aquí, el acordeonista de la Calle Cervantes, con emparisinar las mañanas de su vida.

HE visto mis manos iluminadas por el sol radiante a través de la ventanilla del coche. Tibieza pura. En momentos así de plenitud no se habla, un hilo sustancial de conciencia prende entre nuestros ojos y la realidad exterior. Es como un presentimiento en estado latente sobre la fragilidad vital, una encarnación lírica del estar vivo ahí.

ESCUCHO Red Hot Chili Peppers a todo volumen en los preámbulos de la tarde veraniega. Gimnásticamente. Al otro lado del cristal, siento que me contempla absorta la gatita, dueña y señora de la casa.

AGUA de río en una botella. Y unas hojas de té silvestre para la merienda. Regalos de la serranía. Y un cardo que me obsequié por su perfección estética.Inútil e inclasificable. Como el dios del verano manda.


EL OLOR del dinero tiene algo de familiar en los momentos tristes. Por eso el mundo está en bruta decadencia, la prueba de su irremediable perdición donde todo está en venta.

EL VIEJO matrimonio del piso de al lado discute. Al parecer la lavadora dejó de funcionar. Tarde o temprano, la obsolescencia toca a nuestra puerta.

SI hay un tema obsesivo en mis escritos- que debe haberlo si hay pulsión de obra- es, sin duda, la insularidad y el turismo. Yo que provengo de un archipiélago atlántico visitado por millones de personas al año. ¿Cómo escapar de semejante decorado?.

HAY muchas formas de hacer el amor. Siempre tiene algo de repetición y una parte de espontaneidad. Sin embargo, una de las experiencias que acrecientan el coito es el de la pura contención, el disimulo sistemático, follar confabuladamente. Siempre como un baile secreto.

UN día entero en la misma habitación con el mundo afuera sin mí. Una sensación de inmunidad pasajera que da más valor a los propósitos venideros. Emboscamiento de las horas del verano.

¿ALGUIEN pensó alguna maldita vez en contar la historia de Rocinante?

EL paisaje moral: las islas como aquel espacio depositario de la instrumentación humana: polución, destrucción, corruptelas. La palabra focaliza ese entramado ético, más allá de las bondades climáticas y las bellezas naturales.

UNA misma operación cotidiana antes de las ocho. La salida a la terraza para despedir el día, con la misma inercia alocada de las golondrinas.

SER el guardián de las arpilleras de Millares. Eso es de mi país, le dije a una amiga aquella tarde.

CURIOSO. Se quedan a dormir en el salón de casa Jean de Bethencourt y Gadifer de La Salle. Dos pibes normandos de hoy que están recorriendo Castilla a la aventura. Como quijotes de la carretera. ¿Cómo no iba a invitarles, a ofrecerles un merecido descanso?. Entre viajeros es algo connatural entenderse bien.

AL rescate de Felipe Orlando. Es raro que no apareció en el boom de la novela latinoamerica. Lo dice una noticia de la televisión española 24h.

IMPRESIONA escuchar en el templete de San Julián la interpretación de la banda de música sobre temas de Chueca y Verdi.

LOS tejados de barrio del Salvador en las horas de alta madrugada. Recuerdan a la etapa azul de Picasso o a los lienzos estrellados de Van Gogh. Cuadros pintados para noches así.

UN PÓSTER de la novena recreación romana del pueblo de Valeria en la pared del dormitorio. Me fascina el rojo tinto sangre del personaje que yace desnudo ante una muerte implacable. En su mirada hay un hálito de súplica y de martirio. Por su nobleza de casta no dudé un instante en arrancarlo de la pared, tenía que ser mío para todas las mañanas del verano. No hay cristiandad en él.

MINIMIZAR las comidas devuelve un sentido primario de la existencia que resta todas las pulsiones consumistas heredadas del modelo social.

AUNQUE el río, los domingos son regularmente apáticos y deprimentes. La obligación del descanso resulta agobiador. Las familias de paseo, comercios cerrados, vecinos con obras menores en sus patios. Todos los domingos son iguales en cualquier lugar.

EXPLAYADO. Un verano fulgurante en plena península castellana.

HAY días en la vida tristes. Aquellos en los que se toca fondo. Aquellos por los que entendemos el valor inconmensurable de la memoria de los días. Esos momentos en que nos dan cuenta de una muerte, de la pérdida de un ser querido, de un ángel que volvió a los confines de la eternidad.

CADA vez simpatizo más con la idea de la sincronicidad del mundo.

HICE tabulé, una ración de falafel y hummus de garbanzos. Una fiesta libanesa para los amigos en el mediodía del verano.

AL SOL una colada infinita de calcetines, ropa interior y camisetas de todos los colores. Suena de fondo un tema de jazz. Una nube sorpresa surge de la nada como la forma del mapa de España. Igual que el poema de Alberti. En su centro estoy yo. Bajo el sol.

HAY un tipo de ráfaga de luz, una bocanada de tibieza familiar, como de hamaca al borde de la playa, una tarde septembrina en mi memoria, que aparece de cuando en cuando. Es un especie de retazo fugitivo de hapiness personal. Se parece también a la hora del escritorio de aquellos mediodías tinerfeños. Con el tumulto universitario en el eco de los días. Ahí creo que está mi educación sentimental. En la luz, en la rebeldía.

HACER de las comidas una pausa necesaria y equilibrante para la básica alimentación. Descontaminarse el hábito consumista. Tomar un helado con la misma pulsión que hacer el amor. Sin obsesionarse con el cuerpo, he aprendido a minimizar la ingestión de comida basura, una manera de no dejar que la anatomía propia se parezca a un jardín descuidado.

DUCHA fría, el agua toda fría, y la desnudez en la cama de este ferragosto castellano.

CAFÉ Góngora a mediodía. Desde aquí con una taza de café americano se respira una señal mínima de la invernalidad de estos parajes.

VI a la musa Eleuthe en una muestra de óleos. Sonreía lasciva.

CADA día lo que tengo más claro es que las islas se sienten más cerca desde la distancia peninsular.

TUMBADO en la azotea durante tres días consecutivos. A pleno pulmón cada jornada veraniega mesetaria. El sol calienta con el vigor de la serranía, agrieta la roca, coagula los sedimentos del río Júcar.

UNA botella de agua traída desde Gandía. Único recurso marítimo del poeta en tierras de Castilla.

UN fragmento sonoro de la calle Carretería en la madrugada.

RON a buches con el sábado en cintura. Salí a la ciudad, sus contramuros invisibles derruidos.

HAY que controlar el interior de cada uno. Somos adentros.

SE parece en mucho el sentimiento de acabar un libro y una película. Es difícil que el actor y el poeta se desprendan realmente de su papel durante un tiempo esencial.

EL arte de la procrastinación, esa evasión aplazante de las tareas pendientes vale igualmente para la literatura.

LUNA llenísima en el clamor nocturno de la ciudad. Este verano de serranía se parece en algo al estío insular. Sobre todo cuando uno tropieza con los arroyos, las campanas de la tarde, ciertos momentos del mediodía. Con la luna pasa igual. Su magnetismo no entiende de geografías. Y hasta aquí también es capaz de mover las mareas interiores.

HELADO de vainilla, nata y chocolate con suave galleta casera. Una manera de recuperar los mejores sueños infantiles.

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Samir Delgado, Cuaderno del río Júcar, Inédito, 2013.