martes, 23 de diciembre de 2014

Las necesidades interiores (Diarios, bocetos, excursus)


Y aun cuando tales fenómenos se presenten al espectador 
de una manera confusa pueden sin embargo, 
en base a su necesidad interior, ser reducidos a una misma raíz.

Kandinsky, Punk und linie zu fläche


LA CASA. Un espacio básico íntimo que deseamos compartir inmediatamente. Con sus duendes recién nacidos para el verano. Levantarse de la cama una mañana de sábado en una casa nueva. Saber que has llegado. Abrir sus ventanas al prójimo para hacer del mundo un alrededor.

HAY NIÑOS jugando al otro lado. Corren, lloran, dicen cosas que no alcanzo a comprender. Ellos son la marea de lo vívido, un despertador privado que me hace recordar la importancia irremediable de cada amanecer.

VODKA caramelo para los amigos. Un perro fiel que sueña sobre el sofá con huesos imborrables. La noche acumula para sí los cierzos de luna futura.

CIRUELAS caídas en el camino. La fuente constante otra. Sobre los verdes un rojo de amapola. Suave ventolera atardece. Luz ambigua del cerro. El instante también hace sus memorias.

LA IMAGEN de un pibe indígena latinoamericano jugando con globos de colores en la fuente del ángel. Sonríe ensimismado con burla infantil, él solo. Nada dice el querubín entre los chorros alocados del agua fresca. Su música eterna.

UN SUEÑO en la carretera con volantazo al límite. El auxilio espontáneo del instinto personal de supervivencia. La segunda vez que procuro un salvamento in extremis como copiloto. El ángel que me aguarda sabe lo que hace. Entonces el sueño calmo prosigue.

EL BÚHO nival con su cielo amarillo me guiñaba el domingo. En la extrañeza horrible de la marabunta humana. Los días del mercado deben ser un suplicio animal. Sus noches presas, convictas, arrebatadas por unos grilletes malditos que no me hacen puta gracia.

UN ENTIERRO en marcha. El coche fúnebre detenido en la puerta de la iglesia. Campanas que suenan como propias siempre. El último viaje del ciudadano caído por la patria de la costumbre. No habrá más inviernos en su nueva eternidad.

Pero que puede hacer un turista sino justamente llorar
                                                                                                     (Hiroshima mon amour)

APAGAR la televisión por la noche. Sentir el acrecentamiento de su vacío, los nuevos marcos de posibilidad, la amplitud de la luz nocturna alrededor. Y acostarse, dejarse anular también.

UN DESASTRE el Oriente Medio de mi padre. Insoportable la situación en Irak. Nada más temible para un siglo que empezó hace nada que sus guerras inteligentes.


EL MUNDIAL de fútbol ineludible. Es una forma de permanencia en el pasado, un vínculo con las experiencias juveniles, el recuerdo de un amigo difunto con su diez a la espalda. Me planté frente al televisor como un hincha más de esos que acampan en la calle mientras juega la selección brasileira.

LEO un pasaje al azar de Josep Plá. Me sorprende la agudeza de sus descripciones sobre la Calella en el año de 1919. Casi un centenar dentro de poco después. Habla de su país. Cuenta que vuelven a estar en verano. Hace un viento gregal académico que ha pasado por Grecia. Y el otro viento es más africano, turbulento y de mucho ruido con pocas nueces. Dice Plá que no necesitan despedirse de estos vientos pues los lleva en la sangre con la tramontana. Así acaba el Quaderno gris, con una despedida también, antes de partir de viaje pasado mañana, a Paris.


TARDE dominical. Sentado en un viejo murete, escucho los pájaros. Toda la luz enseda sus horas. En los caserones nada. Sus gentes habitan el desconcierto urbano. Parece el signo de una tragedia invisible y desconocida. Nadie sabe jamás el recuento horripilante de tantas casas abandonadas. Juntas y a la vez.

DOS chicas castellanas sacan retratos de sí mismas en el atardecer. Sonríen pueriles. Cada fotografía mezcla una sonrisa y el trasfondo del paisaje. Podría haber cortinas negras tras ellas indiferentemente. Su pretexto no está fuera de ellas.

CADA PERRO tiene su mundo. Una casa, un hábitat, un rincón para el sueño.

ESCUCHÉ la primera cigarra del verano. Ella sola comenzó el clamor venidero de los bosques. Fue de repente y sin avisar. La primera que otorga su canto estival para mí solo.

TODOS LOS DÍAS pienso en la comida. Me gusta la organización básica de lo comestible. Siempre con la rebaja, el ahorro, la despensa mínima. No me preocupa casi nada la ingestión ocasional de carnes. Aunque están fuera de la dieta personal. Después de todo, se trata de disfrutar de lo matérico.

HAY VECES en que cierro los ojos como si fuera ciego. Intento escuchar el mundo, así de sopetón. Caigo en la cuenta del valor inconmensurable de la vista para ser. Es un órgano supremo. También debemos aprender  sentir distinto. Educar el tacto y el oído con la certeza de absolutos. Ser dioses por derecho propio.

EL ARTE de la improvisación en el siglo XVI al servicio de un homenaje a El Greco. Primero desde el órgano del evangelio y después desde el otro órgano de la epístola. La felicidad de una particular tarde sabatina.

NADAR a contracorriente en el río. Sus verdes acuíferos alrededor. El peso del agua en el cuerpo. Nadar a solas, en la penumbra calmosa del mediodía. Sentir abajo la profundidad inaudita, las galerías fluviales, los soportales del dulce frío. Entonces el sol parece recién puesto. Los peces mordisquean los pies descalzos, el sueño se impone en la superficie. Nada más lejos que las aguas interiores.

EL COLOR tibio de las vidrieras de una catedral a las nueve de la noche. Su resplandor anquilosado, la magna luminiscencia de sus astros apagados. Unum ex Septem. El enrejado noble de enfrente. Los adentros indeterminados, sus mausoleos sacros, los puntos cardinales de la santidad avecinada en el templo. Sus angelotes en permanente ditirambo.

UN DOCUMENTAL sobre la cueva de Altamira. Al parecer los bisontes fueron pintados por una misma mano, en menos de un mes. Grisalla del tiempo. Casi veinte mil años atrás. ¿A dónde fuiste artista de la prehistoria del mundo?

UNA FIESTA duradera. Los conciertos de los Rolling desde aquel 1976 iniciático. Así ocurre que no se puede hablar de democracia sin tener a los Rolling en mente. No por la música, tampoco por las pintas o el espectáculo en los estadios multitudinarios. Sino por sus vísperas, el instante antes de la primera corchea, cuando escenario todavía no chispeó un solo vatio. Cuando todo está aún por suceder, mientras se esperan las partes de una sola vez.

TAKING A SHOWER. Hay que dejar que el cuerpo asiente sus vapores, consolidar las pompas relajantes de la musculatura, volcarse en un sillón con la luz de mesilla, música de Elvis Costello en la radio de pura casualidad, y un extraño recuerdo de hotel en Puerto Rico con amigos del colegio. No es que cambien los tiempos, a decir verdad, somos nosotros quienes atravesamos los diferentes modos de estar fuera del agua.

LOS BARQUITOS de papel atraviesan el río con parsimonia. Desde un puente los vecinos observan la carrera. El viento sopla caprichosamente hacia ambos lados. Cae la noche. Al fin las luces brillan para su constitución de lejanías.

VIERNES noche en casa. Por fin veo el final de Novecento sin interrupciones, de corrido y sin pausas. Bertolucci lo sabía, el patrón sigue vivo. Pero la bandera roja ondeaba en volandas hacia campo abierto.

UN GRADO de seriedad cotidiana nos hace bien para todos los quehaceres. Sin alcanzar la solemnidad, tan solo un ápice de mutismo selectivo, la cavilación sincera sobre lo que acontece, asimilar el vértigo con todas sus consecuencias. Aprender  estarse plenamente.

LA miro y se acelera el pulso. Sonrisas cómplices, papelitos con mensajes, igual que en el colegio, las primeras veces. ¿Hasta dónde llegar?

IMPORTANCIA de la cena. La ingestión de materia, calmarse las tripas, masticar el alimento de lo exterior, cuidarse ante las nadas venideras.

AGUASAL en botella. Un trago cada mañana para la reconciliación íntima del autoexilio insular. La añoranza postrada del oleaje atlántico lejos siempre lejos. Ahora es el tiempo de continuar el camino hacia uno mismo. Atrincherarse ante lo que venga, tomarse en serio cada página en blanco. Misión del poeta.

¿PARA qué necesitar la fe? Desde hace un tiempo andas colgado como una hoja suelta, dando bandazos de puro azar, apelando a la buena estrella. Así cualquier conclusión es dulcísima. El otro lado de la fe.


LOS GUEPARDOS a la caza del Ñú. Sus instantes finales, la derrota por la ley del más fuerte. Y las hienas y los buitres al acecho. La velocidad del guepardo con su virtuosa gran debilidad.

UNA CAMA. Ese lugar en el que desaparecemos de lo existente. La he colocado junto al fondo de la habitación, como una réplica del cuadro de Van Gogh. La silla, las botas y un cuadro de isla. Ser consciente de la importancia del tránsito a los nuevos horizontes.

EL ODIO es una virtud si se acompaña de la dosis perfecta de ternura.

LA IDEA OBSESIVA, recurrente y posesa de un espacio imaginario que mezcle lo insular afroatlántico con la meseta castellana continental. Una isla-mundo con ríos, acantilados, cerros y playas. Todo junto en la memoria, una idea proveniente de mi particular mito vivencial.

LEO la novela de mi amigo Kirmen Uribe titulada “Lo que mueve el mundo”. Y me pregunto  por el verbo novelar, su conjugación entre lo mínimo y lo universal.

ROPA SUCIA. Losa por hacer. Las camas desvestidas. La despensa agotada. No milk, no bread, no juice. La música a todo volumen. Así tan feliz, uno mismo se es.

UNA VELA de incienso en el regazo dominical. Las tortugas del cuadro vigilan la isla de la lejanía, del alejamiento, del estar alejado cada vez más. ¿Qué están haciendo en casa conmigo? Pienso en dejarlas marchar, que sigan sus nados naturales, fuera de toda regla.

UNA TELARAÑA dentro de la lamparita. Ni rastro del espécimen. En cualquier lugar de la casa habrá quedado su cadáver. Solo las huellas permanecen.

ESCRIBIR poemas sobre el sol. Solamente el sol con sus historias propias. Los soles que han sido para otros hombres, otras culturas, otras civilizaciones. Recontar cada una de las llamaradas totales, sus tormentas apocalípticas, los conflictos gaseosos invisibles. Un sol como hecho poético. Solaridad del verbo.

LA CIUDAD siempre presente, al través del cuaderno. Con sus energías densas, sus pausas intermedias, los colapsos sucedidos. 

UN GATO, el mirlo y la casa con jardín en una mañana mínima. Todo lo universal en pocos minutos de tránsito. La tibieza pura del sol que nada sabe de horarios. Tan lejos sus estropicios ultramagmáticos, incalculables y mayúsculos, para llegar en estos momentos a templar los espacios de imposible convivencia entre el poeta que contempla bajo el sol a un gato, el mirlo y la casa con jardín. 
 
 
 Samir Delgado, Diarios, 2014

 

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