domingo, 30 de agosto de 2015

Mezcal, vaso de luz y silencio (Diarios, 2015)

Rodajas de sandía, Rufino Tamayo

A la banda (César, el Pájaro y "Otero") Andrea, Karla, Dianita y Bibis, Lolita y Pedro con amor. 


LLEGADA matinal a Victoria de Durango, la pretérita Analco en lengua náhuatl, cielo amplio y diáfano, nubes a pincel, me pregunto por las veces al día en que los cargadores de maletas de la estación contemplan este horizonte tan nuevo pour moi. La pertenencia a un lugar comienza por sus azules.

LA CAMIONETA con el cartel “Azteca” lleva a todo volumen la banda sonora de una banda tradicional para bodas y festejos. Sus gentes miran hacia el frente con naturalidad, sin importarles un bache, el volantazo, la derrapada. El conductor estaciona en cada cuadra, con rumbo a las colonias, fraccionamientos y lugares de existencia común. Llama la atención el número incalculable de gorditas, tacos y elotes que uno puede degustar solamente con la vista.

LOS ESTADOS unidos mexicanos constituyen una república democrática que asienta sus principios constitucionales en los valores de la independencia nacional, la reforma y la revolución de 1910. A caballo entre la modernidad occidental y las raíces indígenas de un territorio que luce los colores del maíz. México tiene tantos estados como dedos en las manos. Ahora desde este norte tan singular, prístino y novedoso, es posible sentir de cerca el arraigo de una forma de ser y de estar en el mundo propiamente mexicano. Un país de contrastes, multitudes y añoranzas.

LA LEYENDA de la monjita enamorada cuya sombra puede contemplarse todavía en algún lugar del campanario, antes de lanzarse al vacío tras su espera agónica del amado, va más allá del reclamo turístico y la vox populi de los duranguenses. Volver la mirada a la vertical catedralicia tiene algo de fantasía elemental, de recomienzo del origen, de la materia ficcional que hila los ovillos de la historia.

MICHELADA nocturna en el pub céntrico de la ciudad. La bienvenida perfecta con el burbujeo complaciente que despabila cualquier síntoma de postración tras el trastoque horario, el cambio de dieta, agua, sueño, luz, horizonte y perspectiva. Entonces la música del dj suena como la primera vez. Desde la terraza uno siente el mundo como un instante diáfano que no cesa de anunciar su dulce extravío en la inmensidad reciente.  

LA COLONIA, el fraccionamiento, la calle y el hogar. Una cartografía esencial de Durango implica necesariamente el discernimiento personal constante a través del paseo cotidiano al atardecer, el circunloquio visual a hora punta del mediodía, la estadía continua por sus rincones anónimos. En taxi el conteo en pesos parece un símil de la acumulación de colores para el visitante. El tránsito acelerado entre sus semáforos nunca concluye en parada estable, siempre el arranque y la aceleración hacen que prosiga la sensación de continuidad incierta. Al volante, el chófer instala su pertenencia al lugar.

LOS CHIRRIONES habitan el desvelo melodioso permanente. Allá la guitarra, luego el acordeón, el paso a la trompeta, el puro estarse en la canción próxima. Los sombreros distinguen al ciudadano que celebra su existencia entre acordes y corcheas, por eso ellos preludian el momento de toda verdad, la neta de la neta, así no más el mariachi hace de la condición de mortal una virtud extrema.

LOS PERROS del norte de México también gruñen ante la presencia del extraño, sin embargo su paso es de una nocturnidad rotunda, resultan familiares a la vista mientras olisquean el pavimento con sus hambres antiguas, cruzan la intemperie lunar con aires de anonimato legendario, almas en pena que vagan desde el pasado de las páginas en blanco de Roberto Bolaño. Ellos relamen el tuétano de cada madrugada, aúllan al sigilo inmemorial, predestinan su ocaso desde la tiniebla más transparente.

MEZCAL: vaso de luz y silencio.

MEDIODÍA total en la falda luminosa de la Ferrería, poblamiento prehispánico a orillas del río del Tunal. Lugar eterno de la cultura Chalchihuite, arriba sobre nuestros pasos planea el águila mítica. Sombra viva que proviene de lejos. Petroglifos a la vista, la casa de los dirigentes, el camino bordea un milenio de mediodías postclásicos. Sudar bajo este cielo.

HACER DEDO con rumbo a casa en camioneta ajena. Baches, curvas, acelerones. La Hacienda de época. Alto horno de piedras azules, miles de quintales de fierro al día en contraste a la suavidad momentánea de la hierba mojada, tan verde. Así la historia siempre es múltiple y personal. Ahora las salas de élite donde habitó el terrateniente Don Juan Nepomuceno son pasto del turisteo, muy tristemente infrautilizadas por el mal gobierno del Estado.

LA BANDA platica de todo por todo al borde de la medianoche, los vasos rulan, chelas frías que se consumen hasta el clímax final, otro club de la serpiente -la joda cortazariana- que escribe sus anales propios en la tierra azteca. ¿Qué es la mexicanidad entonces? Se menta a Octavio Paz en el laberinto de su soledad, a la escuela de Frankfurt, a Glissant y el Caribe. Puertas adentro Internet es un ciberpastiche, la saturación de lo neutral, la puta mierda virtual del vacío futuro.

ELOTES al punto perfecto de mantequilla, mahonesa y chile. La sabrosura del maíz al estilo norteño, andarse con el comecome incesante, sacarle el jugo a la piña caliente, la mazorca de los dioses a la luz de la luna, el corazón de la tierra mordisqueado grano a grano.

PALACIO de los Gurza. Mirar al público a los ojos, reconocerse en la mirada distinta de un joven al fondo, volcar una crítica total, incisiva y kamikaze, en el ojo del huracán la incertidumbre sistemática de los males del mundo, el arte como sudario de los sentidos extraviados, la posibilidad y la inmanencia, estar-vivo-de-verdad conlleva todas las consecuencias del deseo. Colectivizar el arrojo y la compasión. Los trapecios de la creatividad son ilimitados.

YO entrevisté a José Revueltas dijo el bebedor de la mesa de la esquina en la taberna de tequilas, mezcales y demás líquidos supremos. Y se hizo el silencio alrededor.
ALEBRIJES en la trastienda del sueño: alegorías monstruosas que sumergen la mirada entre la fantasía y el espanto, la quimérica condición del otro lado.

LOS ZANCUDOS aprovechan cualquier ocasión para la mordedura esquiva de la carne, el pinchazo sanguinolento, el usufructo del rojo manantial, la picazón noctámbula que hiere, hierve y hiela las extremidades suficientes. La oscuridad del insecto es un continente a la deriva de los poros.

LA ABUELA de Súchil cabecea su longevidad con una dignidad solemne. A la mesa echa su rezo, contempla el alimento, lo bendice y digiere, lleva consigo en la memoria casi un siglo de vida. Cuanto de silencio a su alrededor, el cabello blanco, manos tendidas, a la espera del último viaje.      

SER zapatista por convicción: los indigenismos como vanguardia. Enmascarada la esperanza no hay fronteras futuras. La rebeldía no tiene precio, ni banderas, condición universal de la palabra iluminada. He soñado con tomar una camioneta a San Cristóbal de las Casas, tomarle el pulso a la república, insurreccionar la estadía bajo su sol.

LA SIERRA madre occidental, pacha mama Tarahumara, atravesada a 80 kilómetros por hora, en absoluta deserción de sus verdes colosales. La guagua implora una detención mínima a cada instante, túneles y puentes, el Baluarte cruzado con soberana templanza exhausta. ¿Desde cuándo estos peñascos, cimas y barrancas? A 3000 metros sobre el nivel del mar. Pensar ver al puma, al oso negro y al guajolote salvaje. Nada detiene un viaje a Mazatlán.

AZUL del Pacífico, la tibieza del agua entre manos, soñolienta pureza del oleaje. El mayor océano de la tierra by Wikipedia, el careto de Núñez de Balboa frente a frente 500 años después con 25 mil islas coloreando horizontes. El primer baño intensifica la reconciliación del salitre, la marítima bienvenida, los trasfondos invisibles del líquido arcano del otro lado aquí y ahora.

EL SUEÑO truncado de los boleros a mediodía. Limpia-zapatos-eternamente-a- la-espera. En la plaza nadie conoce mejor los kilometrajes del conciudadano. Ellos desempolvan cada paso ajeno, lustran el calzado igual que se respira a pulmón abierto, desquitan las gravedades, encaminan las horas nuevas en medio de la absoluta cotidianidad sideral.

UN ROBINSON junior, el pirado local que grita a las nubes y bucea en solitario la piscina natural. Cojea la noche, vagabundea arenales, hace crol huyendo de los guardacostas a primera hora del día. El joven rebelde sin causa esposado frente a la sorpresa de los turistas. Toda ciudad tiene a su loco particular, a sus carceleros, y a la pareja de amantes que asisten con puntualidad a cada suceso atemporal.  

HOTEL adentro el atardecer restalla más cerca. Los cuerpos contornean periplos íntimos, heliocentrismos de la carne, besuqueos de la galaxia más tangible. Hay toallas tendidas sobre el jardín interior. Y la primera chela de la noche es una catarata de infinitos.    


MAZATLÁN mon amour. El vaso de tejuino, la aguafruta, el caldo tlalpeño del mercado, el coco helado a medianoche, la marea alta y su luna in crescendo. Un agosto perfecto a pesar de las tanquetas militarizadas, los turistas gringos y el narcocorrido. Ir de la mano al borde del malecón, yacimiento del verano azteca.


Samir Delgado, 2015

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