miércoles, 17 de septiembre de 2014

Arborescent. La imaginación pictórica de Greta Chicheri

Greta Chicheri. Casa en los árboles, 2014
Como no pude ver las imágenes inmediatamente,
me vi obligado a recordar lo que había hecho.
La memoria entró a formar parte del proceso.
David Hockney, 1982

LA imaginación, lo imaginario, lo imaginativo, aquello que a ojos del ser humano incrementa una evocación de la belleza en todos los tiempos ha movido el mundo. Lo que se ve y lo que no se ve. El poder revelatorio de la razón poética que ha descifrado las esencias perdurables de la historia: la intuición de María Zambrano con su eterna mirada penetrante ante los devenires de la realidad.
                                           
La vida está envuelta por las luces y las sombras de la imaginación. Somos seres imaginativos, lo imaginario es un atributo esencial del estar en el espacio de la vida. De ahí que la obra de Greta Chicheri prolongada en su estancia insular sea para cualquier observador un alarde fabuloso de invención cromática. Cada uno de los cuadros de esta exposición (pasada) en la madrileña Utopia Parkway está insuflado por el aura imaginario de una naturaleza reinventada para salvaguardar una parcela de boscosidad ante la hecatombe planetaria.

En la extensa, profunda y variada estela de las culturas y las sociedades, ha sido la pintura el fenómeno más atrayente para el quehacer imaginativo en la recreación artística. La pintura puede llegar a serlo todo cuando la amenaza de la publicidad masiva ensombrece los territorios que basculan dramáticamente en el mapamundi tardoglobal. Una historia de la humanidad con mayúsculas y en plural, está repleta de derivas pictológicas que ahondan todavía en lo oculto y lo lejano, las conquistas insomnes que han rebuscado en la trastienda de los océanos un destino para lo porvenir.

Las islas de Greta Chicheri, encarnadas en palmerales quiméricos son una certidumbre de lo que fue, la encarnación metabólica de los entrecruzamientos divinos y la saga mortal de los aventureros peregrinos nómadas emigrantes de la historia postvolcánica. Por ello, la artista es una superviviente, una soñadora, una creadora en las islas de la Macaronesia, cuyos orígenes remotos provienen de un mismo latido, de un mismo cielo vertebral, de una misma savia ecosistémica que permanece en el tiempo breve de las culturas humanas.

Su pintura tiene a la casa, que es el paisaje mismo, como un centro propio de gravedad, cada sombra de palmera es un vestigio lírico utópico. Más aún, sus curvaturas inundadas de color hacen que el silencio del cuadro multiplique la sensación de un escenario universal, singular y apoteósico, de lo múltiple y lo diverso. En los lienzos hay finisterres insulares, provenientes y provisorios, que durante siglos han ido forjando paisajes fundamentales para la memoria humana.

            Esta serie titulada Arborescent conjuga lo acuático turístico de un futuro agonizante y lo terso abismal de una estética de la sostenibilidad. El Atlántico tiene en los cuadros de Greta Chicheri un mapa propio, un corazón de tierra que flota a la deriva del progreso y la decadencia, la densidad orgánica vegetal telúrica y la finitud cosmológica de todas las postales.


Quiero decir, a fin de cuentas, que su obra es un país de luz,  una concavidad real del estar móvil, del ser en la vida, la plenitud incompleta desperdigada en sus imágenes, los vínculos oleiformes que hacen posible un azul protagónico.

La imaginación es lo único que hace posible la existencia de islas en las islas. Cada cuadro de la serie Arborescent es un hallazgo de las supremas totalidades del color en lo universal particular que constituye los sueños del mundo. Y Greta Chicheri, imagina desde hace tiempo que son, la pura y necesaria, realidad futura.


Samir Delgado
Cuenca-Madrid, 2014



GRETA CHICHERI
Nacida en La Coruña en 1982 y con residencia en Fuerteventura desde 2005.
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Europea de Madrid en 2004.
Exposiciones Individuales:
  • Arborescent, Galería Utopia Parkway, Madrid,  junio/julio 2014.
  • Fuerteventura, the endless summer, Galería Utopia Parkway, Madrid, septiembre/noviembre 2011. (Apertura ArteMadrid).
  • Poesía Muda, Centro de Arte Juan Ismael (CAJI), Pto. del Rosario, abril/mayo 2011.
  • Océano Mar, Castillo del Tostón, Cotillo, mayo 2010.
  • Paisajes desde la isla del viento, Castillo del Tostón, Cotillo, junio, 2006.

Exposiciones colectivas:
  • Utopia Ltd. , Galería Utopia Parkway, Madrid, enero-febrero, 2014
  • Jondo, Galería Utopia Parkway, Madrid, abril-mayo, 2013
  • XVI Premio Nacional de Pintura Enrique Lite, Universidad de La Laguna, Tenerife, diciembre 2012
  • Concurso Nacional de Pintura Casimiro Sainz, Sala “La Casona”, Ayto. Reinosa, Cantabria, 2012.
  • Colección permanente Casa Mané, Centro de Arte Canario, La Oliva, desde 2012.
  • Premio de Pintura Manolo Millares, Sala Caja Canarias, Santa Cruz de la Laguna, Tenerife, 2011.
  • Premio de Pintura Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria,  Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria, 2011.
  • Moya, Museum of Young Art, Viena, 2010.
  • El Artista y la Isla III, Centro de Arte Juan Ismael CAJI, Pto. del Rosario, 2010.
  • El Artista y la Isla II, Centro de Arte Juan Ismael CAJI, Pto. del Rosario, 2009.
  • El Artista y la Isla I, Centro de Arte Juan Ismael CAJI, Pto. del Rosario, 2008.
  • Semanas en el Jardín, Galería Utopia Parkway, Madrid, 2006.
  • Spanish Paradise, Galería Liquidación Total, Madrid, 2004.

Premios y menciones:
  • Tercer premio XVI Premio Nacional de Pintura Enrique Lite, Universidad de La Laguna, Tenerife, diciembre 2012
  • Mención de Honor XXXV Concurso Nacional de Pintura Casimiro Sainz, Sala “La Casona”, Ayto. Reinosa, Cantabria, 2012.
  • Seleccionada Premio de Pintura Manolo Millares, Sala Caja Canarias, Santa Cruz de la Laguna, Tenerife, 2011.
  • Seleccionada y Accésit Premio de Pintura Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria,  Museo Néstor, Las Palmas de Gran Canaria, 2011.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Livros, comboios, saudades (Cuaderno de viaje a Lisboa, y IV)


Nada sobreviverá depois do sono
Nada sobrevivirá tras el sueño

Al Berto

EN LA CATEDRAL. Los turistas españoles son guiados hacia el claustro gótico. Bajo el rosetón, el guía de oficio pregunta al aire por su simbología y representación. El más listo de la clase responde rápido y en castellano puro: dios, hombre, dios.

TRIDACMAS. Conchas con agua bendita provenientes del Indico. Na primera mitade de sei XX. Ascendencias visigodas, guirnaldas de luz soporíferas en las alturas inasibles. Mística de souvenir.

EL POETA Joao Rasteiro cuenta que nunca estuvo en as ilhas. Me enseña en los interiores de la Casa de la literatura las revistas de la oficina de la poesía, como si fueran reliquias de un ayer que no será nuevamente por la crisis económica mundial. Son tiempos muito difíciles para la cultura. Me pregunta por la república, por los poetas del surrealismo canario y hablamos de la entrevisión de Saramago sobre Iberia. Dos países que alguna vez, cuando todavía los hombres musitaban vocales originarias, tuvieron el mismo amanecer.

IGLEJA de Santa Cruz. Justo al lado de la Camara municipal. Dos lugares para un mismo cometido. El orden de la vida espiritual en la cidade- coraçao de Portugal.

AMALIA. Un compacto musical de la afamada intérprete de fado en un estanco de la Plaça. Por apenas 10 euros uno puede hacerse con los sentimientos más bellos y entrañables de un pais. La señora me ofrece una bolsa de plástico, un sello postal y su mejor bom dia de lunes, el único último, de mi estancia en Coimbra. En unos meses será la casa, el lugar, mi destino.

LISBOA de nuevo bajo los pies, a ritmo de street jazz en el muellito pequeño de la Praça. Los turistas fotografían el atardecer con Cristo O rei como horizonte absoluto.

EL VAQUERO cuelga en la buhardilla de la pensión. A solas, visto desde el exterior, como si no fuera propio, atestiguando que los unicornios todavía permanecen.

BELEM de noite. Dos boletos de ida y vuelta en el comboio que jamás llegará a su destino. Subir y bajar de tantos eléctricos como se pueda para llegar a Belem sin pagar. Y estarse en su noche profunda, con todo su esplendor a oscuras, con luces que imitan el firmamento.

LOS SKATERS de la Plaça Figueroa hacen su competición particular hasta altas horas de la noite. Los camiones de la basura rodean con lluvias diluvianas todas las esquinas. Los últimos turistas vuelven a casa. Allá lejos el Tajo, el río que se sueña cielo en Lisboa.

EU hablo portuñol dijo la bella Adriana en el 15E con destino a Cais de Soré. Una muchacha de Sao Vicente que sabía lo que era la Macaronesia. Ella sonreía cuando falamos de la pròxima estación, de las ilhas que se parecen, cuando su amiga caboverdiana asomaba los cabellos por la janela, imitando el viento.

PASTEL de nata y café com leite en la esquina del parque de Belem. Hay un reloj con horarios internacionales en su pared más grande. Tokio, NY, Paris, London. Ni rastro de Madrid a estas alturas. En este país atlántico se duerme en latidudes íntimas y soberanas.

VIAJE relámpago a Sintra. Los turistas parecen moscas en la sopa. Los intercambios fortuitos en el comboio favorecen encuentros imposibles, los vestigios de vidas pasadas que bajaron en destinos inexistentes, el eco de las voces que todavía pueblan estos vagones solitarios. Son las saudades invertidas.

LA ABUELA de Sintra esperaba su línea con una paciencia conmovedora. Sube las escaleras a paso de tortuga, se sienta en el andén. Musita algunas palabras que no están nada lejos de cuando fue niña. Ver así de pronto a una abuela de Sintra, con la misma sorpresa de un niña perdida, solitaria y ajena en la última estación de su vida.

BENFICA. La chica de Benfica luce camisa de verano. Sus pechos salen de órbita. Mira de reojo y a sabiendas, de que jamás un roce mínimo, una caricia posible, un solo minuto de soledad compartida. No obstante, para ella y para mí, el terremoto es insostenible.

GINJA de cerezas en la cantina Lord Byron. Y un lienzo de recuerdo only for you with de best watercolors about Sintra.

LA ESTAÇAO Restauradores no cierra nunca. Con cada comboio salen a Lisboa centenares de viajeros dispuestos a conseguir la mejor estancia de sus vidas. En la última hora siempre el café a sorbos, las panorámicas finales, los bultos en la pensión con destino a Sete Rios. Ser de un día para otro el viajero distinto entre el volumen inmenso estadístico de pasajeros. Unos que vienen y otros que se van. Lisboa in memoriam.

BUS a Madrid. Una chica australiana en el asiento de al lado. Se ríe de todo con facilidad. Delante un joven mozambiqueño con walkmans. Y alrededor varias familias con baby dispuestos a dar la noche con toses, llantos y suplicios. Cierro el cuaderno para su final. Aquí todos compartimos un mismo viaje, distintos asientos, tan cerca y a la vez, tan lejos. En momentos así, descubrimos que la noche de Lisboa ya es pasto de la memoria, tal vez lo más parecido a la eternidad. 

viernes, 5 de septiembre de 2014

Livros, comboios, saudades (Cuaderno de viaje a Lisboa, III)

Colher de Jardineiro (2001), Claes Oldenburg

Se nao havia nada
como é que surgiu alguna coisa?

Um caderno de trabalho de M. Wallestein


BEM VINDO. Aeroporto Sá Carneiro. Los mismos pasajeros, las mismas cosas que Madrid. Aires de un país en la primera hora. Sonoridades lusitanas. Los niños observan con igual indiferencia cada parada del comboio. Una relación antiturística de la primera infancia, la de todos estos niños, en su viaje a Oporto.

EU ESCOLHO de olhos fechados dice un cartelón digital publicitario. Me detengo ante las indicaciones orientativas do aeroporto para daltónicos. Somos seres lingüísticos, necesitados del signo, del symbol, de la marca que nos saque de las tinieblas reales de cada día.

LOS TÚNELES del metro se acompañan de chirridos sincrónicos, mensajes estándar de voz femenina. A la salida los verdes extracapitalinos resisten con sus edades imposibles.

SALIDA del hotel con destino a la Ribeira. Dois plátanos como sustento para la odisea. Cruce de la plaça da Liberdade. Catedral de Porto con bautizos multitudinarios. Turistas en peregrinación hacia el Duero de los cruzeiros. Gaviotas desleyendo el horizonte.

LA SEÑORA Cremilda pela cebollas en el escondinho do Barredo. A fuego lento las viandas obsequian sus frugalidades. Los turistas siempre. Pasan al comedor con suprema devoción: vinos verdes, croquetas de bacalao, exquisiteces patrias. Y la señora Cremilda deshoja las lechugas con la misma sofisticación de cada mañana.

EL PEQUEÑO Duarte en la tienda de antigüedades. Al fondo busca los livros de poesia que alguna vez fueron escritos. Para el pequeño Duarte todo cuanto hay a su alrededor es viejo y pasado. El muchacho de gafas prominentes y mirada esquiva ofrece todo lo que puede con educación. Su madre le mira con gracia. La suerte del pequeño Duarte está en los livros que no están, en la república que todavía no entiende, en las extrañas novedades de su infancia.

LIBRERIA LELLO. Escaleras hiperfotografidas. Verticalidad diáfana, recovecos de luz, reclamo cinematográfico. Entre las repisas de Lello algunos livros de poesia acantonados: los clientes suben y bajan imitando el juego de sus ángeles difuntos.

LA IGLESIA de las Carmelitas. Vitrales de plata con solemnidad nacional. Algo hay en la ostentosidad clerical que imanta los flashes de los visitantes, las nuevas curiosidades de la historia postfeligresa.

CERVEZA a buches en las lindes del Museu de arte. La tarde del Douro intuida a lo lejos. Las marejadas burbujeantes de una cerveza muy particular.

ANOCHECE la noche porteña. Un vaso de absenta entre manos. El tumulto seco y ardiente en la garganta. Las chispas que abducen el vientre. La risa, el desmayo, lo eufórico acrecentado con cada pestañeo. Y aquella chica turca, de Estambul, que me pregunta- a solas- mi lugar de procedencia. Final del cuento.

MÁS ALLÁ de las doce. Los chicos del hostel vociferan en la lejanía más próxima. Gaviotas que dan su último revuelo proceloso sobre los tejados. Solo para ellas, las noites de Oporto, son iguales a sus días. 

NEBLINA matinal a través de la janela. Un sueño espeso, contagioso y cargante sobre la almohada del hostel. Bolachas de sabor fresa y leite en brick de As Azores. El destino es una ducha de agua caliente irreversible. Los vapores del baño parecen la fiel continuación de las primeras luces en la Ribeira.

LOS DOMINGOS son horriblemente anónimos. En la parada de Aliados una pareja de españoles conversa con una paisana sobre los pormenores para llegar al Castillo con su bono bus. Todos acabamos en el mismo número con rumbo al Museu. La misma instantánea de todos los domingos en la parada de Aliados.

EL PODER evocativo del arte. Su enigma atrayente, los colores que insuflan realidades. Me gustó la escultura de Oldenburg en el museo Serralves. Y especialmente la obra del artista sirio Marwan con sus autorretratos irreverentes. Y también los trabajos de dos libaneses sobre la historia real de un piloto refugiado y las primeras expresiones canónicas del abstraccionismo árabe. Los siento como propios, de mi país también.

PORTO DO FOZ. El agua atlántica relumbra sus azules al compás de una procesión. Feliz coincidencia de la llegada. Desde un farallón íntimo el frío del agua acontece bien adentro. El chapuzón arreglatodo, la conmoción humedecente con los trasfondos salinos. Las uvas blanquidulces contrarrestan la ebullición de algas abisales alrededor.

BUS con destino a los interiores desconocidos de Portugal. La salida kilométrica brinda una panorámica inédita: agora Oporto, tan propia, de nadie más.

COIMBRA. Otra cidade para una vida nueva. Llegar a ella un domingo por la tarde, pisotear sus adoquines con una vaga sensación de ligereza. Cruzar el puente del río Mongarde, como quien hace suyo un traje que será decisivo.

UNA UNIVERSIDAD siempre cerca. Una atracción total. La facultad da letras con sus columnatas históricas. Las pintadas en los soportales de una rua en pendiente. Os corsarios das ilhas. Seguir la intuición con bocanadas hirientes, cada rua incrementando la emoción del viaje venidero. La certeza consciente, el sacrificio necesario, las saudades futuras.

LOS FADOS se parecen, igual o tanto, a las estrellas de Coimbra.

LIVRERIA Minerva. Un tropiezo fortuito, la noite parece que no acaba de terminar. Muchos gatos, las últimas mesas de la Praça do Comercio dejan el sitio a sus fantasmas. Y una bandera de Brasil incita al sueño delirante. Sé que volveré a estas coordenadas. Es una promesa y un deber. Coimbra mi nueva cidade adoptiva.

RÍO Mondego. Río Mondego. Río Mondego. Río Mondego. Río Mondego. Río Modengo.

PONTE de Santa Clara. Su agua bendita abajo. Tan negra como las nieves de la memoria.

FOTOGRAFIAS antiguas en mosaico colgadas en la pared frontal de la cafeteria Briosa. ¿Qué historias mínimas, fundamentales, tiene esta cidade que visito -ya para siempre- por primera vez?.

LAS LUCES en Coimbra deben ser muy silenciosas. Después de los fados trasnochados del weekend pocos esperan encontrarse a los estudiantes de capa negra un lunes cualquiera por la mañana. Sin embargo, la musicalidad de sus ruas, las sinergias arquitectónicas, la dulce serenata del río Mondego es intensa, soterrada y apabullante.

DICE el pintor gomero Luis Alberto entre sorbos de café, que el propio Cezanne pintó la montaña de Santa Victoria tropecientas mil veces, interpretándola como solo él quizo. Si había que quitar un árbol del natural, se quedaba fuera. Todos los matices son distintos. Abstraer muchas cosas. Así es la obra de arte.


EN BUS con las señoras mayores de Coimbra. Llevan sus bolsas del mercado, hablan de una amiga que se la llevaron en ambulancia y, así de repente, se detuvo el coraçao. La doña me sonríe, jubilosa y muy abuela, cuando le pregunto por el agua del Mondego. Muito frío, muito frío, para el coraçao.



Samir Delgado, Cuadernos de viaje (2014)