sábado, 31 de diciembre de 2016

Catedrales (Poema de año nuevo/ New Year's poem/ Neujahrsgedicht)

Leonid Afrémov

Catedrales

               SUENAN las campanadas de la noche vieja
               para la despedida del milenio con fuegos artificiales.
               Discurso del rey. Cena familiar. Felicitaciones.
               Pero mañana todo seguirá exactamente igual
               como en el pequeño acuario del restaurante chino.

              Cathedrals

 SOUND bells of the old night
              For the millennium farewell with fireworks.
              Speech of the king. Family dinner. Congratulations.
              But tomorrow everything will remain exactly the same
              As in the small aquarium of the Chinese restaurant.


 kathedralen

Es erklingen die Glockenschläge der Sylvesternacht
für den Abschied des Jahrtausend mit Feuerwerk.
            Rede des Königs. Abendessen mit der Familie. Glückwünsche.
           Doch morgen wird alles genau so weitergehen
           in dem kleinen Aquarium des chinesischen Restaurants
               


            Samir Delgado, del libro Banana Split (2010)




lunes, 19 de diciembre de 2016

La capilla atlántica de Manuel Padorno en Madrid

La luna del mediodía, Capilla atlántica
2000. Acrílico sobre cartulina. 36 x 51 cms.

Poemas inéditos, trípticos oceánicos, restos fósiles de la Playa de Las Canteras en Madrid. Las obras completas de Manuel Padorno que han comenzado a ser editadas por Pre-Textos tienen su otro lado en la nave de varias plantas localizada en San Sebastián de los Reyes, lugar escogido por los herederos del escritor nacido en Tenerife en 1933, que han conservado buena parte del legado pictórico y literario tras su fallecimiento en 2002. Y es que el futuro del árbol de luz, del nómada urbano, del ingenio padorniano está garantizado y más vivo que nunca, para mayor gloria además del imaginario de la insularidad atlántica que representa el conjunto total de una obra poética esclarecedora y vislumbrante del transcurso de la democracia y la autonomía en Canarias.

Manuel Padorno significó mucho en su periplo de vida para los demás,  para las islas y para el entorno literario que animó junto a Josefina Betancor en la mítica editorial JB. Los hallazgos de su escritura volcada en el universo simbólico del azul atlántico otorgaron a la poesía en español contemporánea un pico de alcance filosófico que desentrañó una deriva lírica personalísima y de enorme potencial expresivo, difícilmente reducible a las tendencias de la experiencia y de la conciencia, más a caballo entre el pulso epistémico y un punto de inflexión tardío en torno a la interrogante permanente sobre la conformación de la proyección creativa del poeta en el espacio universal de la isla y del propio decurso de la modernidad.

Cuando en 1978 se anunció la exposición de su obra gráfica en la sala del cine Griffith de Madrid ya el poeta desarrollaba en su adentro el camino hacia una metafísica de la luz, el cosmorama esencial de una insularidad desentrañada en su visión tricontinental, a través de declaraciones como la del Manifiesto de El Hierro y los posteriores textos sobre la identidad de la comarca atlántica. Más tarde vendría la residencia definitiva en Las Palmas de Gran Canaria, el colofón absoluto para una producción estética del artista que todavía espera una importante retrospectiva, el reconocimiento definitivo de todos los públicos y de la crítica especializada, el anclaje natural de su cosmovisión novoedénica al devenir histórico de la sociedad canaria actual. 

La aspiración universal de la recreación padorniana del mundo está vinculada a los paisajes con un aura superviviente al merchandising del turismo de masas. Su nube rosa, la pirámide y el vaso, la gaviota de luz contienen unos parámetros éticos que resuelven las múltiples problemáticas derivadas de la pérdida de valores patrimoniales y la crisis ecológica sin precedentes del nuevo milenio, todo ello junto al incuestionable derecho a la libre creación del poeta, la soberanía individual y el anhelo de otro lado heredado del pensamiento utópico.

La imagen y el verbo poético de Manuel Padorno ofrecen a las nuevas generaciones el ejemplo de una continuación fértil y productiva, a nivel creativo, para la reflexión del curso de la historia y el lugar de las islas en el planeta, la feliz determinación insular del paisaje atlántico y la epifanía de un nomadismo irreverente. Él experimentó a todas luces el metabolismo del lenguaje, la psicogeografía urbana, los métodos de búsqueda, hallazgo y extravío de los sentidos a pie de playa, sus cuadros y sus libros, ontología resumida ahora en su memorial de vida, la capilla atlántica de Madrid.

*Publicado en el suplemento El Perseguidor, Diario de Avisos, diciembre 2016, Canarias

lunes, 12 de diciembre de 2016

Cuaderno de Mayrit (Sobre un cuadro de Antonio López)

Antonio López. Lavabo y espejo, 1967. Museum of Fine Arts, Boston

Amo todo cuanto me abandona

Gamoneda


A Ángeles & Santi

MADRID como tránsito necesario again: la muda de piel. Barajas acaba siendo un metapaisaje con cierta dosis de nostalgia íntima, todavía en el recuerdo las primeras impresiones del hongo intergaláctico, mirada perdida con zumbido interior, rostros anónimos y pasadizos satelitales. No obstante al tiempo pasado lo dotamos de esa nebulosidad interior, el transcurso real de todo es memoria compartible. La interconexión constituye el horizonte.

EQUIPAJES. Siempre hay una primera maleta, todo aquello que se lleva uno consigo, lo propio. Deshacerse de papeles, ropa, objetos varios, comunidades de cosas en el trasiego interminable de una mudanza intercontinental parece una epopeya truncada. Nada que pueda formar parte del viaje extraña lo anterior, convertimos lo pasajero en totalidad. Las maletas son una apariencia dinámica del movimiento del yo, aparición de sí.

UN MAPA del metro como documento órfico, el tiralíneas de colores que da vida al inframundo subterráneo, sumergirse en su deambulear sincronizante junto a otros congéneres del Madrid en plural, multiversico, conjunción de  pasadizos, escaleras, plataformas. El hiperdestino cotidiano.

CASA de poeta y fotógrafo, metro del barrio de la Concepción, a la llegada dos gatas gatunas, libros y más libros en el porvenir, fraternidad infinita y trasiegos comunes, cáscaras de mandarina en el bolsillo de la chaqueta. Reconocer en un santiamén ciertas estrellas del pasado, un mismo cielo, la bocanada de oxígeno renovadora, el diálogo trascendental con el semejante, la mano tomada de la compañera presentida a cada paso sucedido. De fondo suena Royksopp, so easy.

HOJAS secas por doquier, imagen de pretéritos, repetición del oleaje, acera otoñal de Madrid.

UN CUADRO de Antonio López vale para revalidar la intuición de que el verdadero paisaje es ya la pintura misma, la vida del cuadro no sustituye a la realidad, equívoco total. En la obra pictórica hay un tempo distinto, por cuanto más habitable y duradero, allegado a la materialidad historizada, contemplante, crónica con la que trabaja esencialmente lo mental, espacio diacrónico, territorio de la nubilidad del símbolo.

HUMMUS, mahshi, zahatar. Nada más llegar a Mayrit el sabor de lo familiar íntimo, bondades del paladeo infantil, té: la vida misma. Un paseo por los alrededores de la mezquita en la M30. Un verde relumbrante. Compartir con los poetas árabes una velada más en esta ciudad significa retomar el otro yo, ese con el que no puedo hablar nunca en su idioma pero está a cada paso, medialuna a la par, nunca lejos.

BOJEO del atardecer, la permanencia del sunset en todo memorial, afuera un jardín vecinal con cedro del atlas, meridiano de la estadía, intermedio supremo sideral.


Samir Delgado, Cuadernos de viaje (2016)  

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Humboldt en el Orinoco (Del libro Las geografías circundantes.Tributo a Manuel Millares)



                                                                                [Arpillera, 1969]

                                               Lo imposible, al actuar sobre lo posible
                                                                engendra un posible en la infinidad

                                                                                                                LEZAMA LIMA
        

I                                                                                                           

EL SUEÑO
de cabalgata
mágico alígera
sobre adoquines
novomúndicos

la guayana
lienzo del numen
transoceánico

                                 (viento en popa)

        

II

EN EL ATELIER consciente
los brochazos carmesíes
retozan alucinógenas
transparencias fortuitas

el viaducto mental emergente
eclosiona su isla non trubada
con desbandada de aves final


         III

TROPICAL travelling postlunar
(palmerales & solarium)

Von Orinoco zum Amazonas
Humboldt versus Núñez de Balboa

                                             (81 x 100 cm)



Samir Delgado, Las geografías circundantes. Tributo a Manuel Millares, 2016

lunes, 31 de octubre de 2016

La vida propia. Reseña de los Diarios del poeta Andrés Sánchez Robayna (1980-2007)

Los diarios de Andrés Sánchez Robayna




Un baño en la playa, caminatas nocturnas, horas de jardín. Cada página de la reciente publicación de Andrés Sánchez Robayna (Las Palmas, 1952) muestra un carrusel de vivencias múltiples que rebasan absolutamente la pura anotación fechada, el soliloquio del minutario al uso, el cronograma del asidero personal, ofreciendo un caudal de referencias paradigmáticas para conocer de cerca la trayectoria cosmovisional de un poeta de las islas cuya vocación diarística invoca a todas luces “el instante en que ardimos con el mundo”.


Tras sus anteriores entregas de la década del 80 con “La inminencia”, donde se percibían ya de lejos los años de estadía estudiantil en Barcelona junto a una llamativa reiteración del espacio de la playa como lugar trascendental de experiencias del poeta, y después de “Días y mitos” que alcanzaba hasta el año 2000 con un mosaico iluminador del territorio de la madurez en el que sobresale otro lugar de tránsito simbólico como es el bosque- con Bandama de fondo, Stonehenge, la campiña inglesa- el autor brinda nuevamente ahora la conjunción cronológica de una mirada singular, que es capaz de entremezclar la constante pulsión creativa y el halo docente del oficio añadido a la tarea de la traducción poética desde el taller que dirige hace décadas en la Universidad de La Laguna.


El diario “Mundo, año, hombre” de Sánchez Robayna jalona una visión panorámica de la vida, bajo la advocación de San Isidoro de Sevilla, sobre la primera década rutilante de un principio de siglo que amenazaba con su incertidumbre total y que desvela por fin el itinerario de viajes a destinos anhelados por el autor como Grecia- en varios trips- y toda Cuba- su “luz nuestra” y Lezama in memoriam-, con una suerte de traslación memorable de tientos reflexivos en torno a los paisajes de cada viaje que consuman una bionarrativa de temple mesurado y colofón meditativo que hace del nuevo volumen de sus diarios un recuento soberano del existir, de una vida propia que interpela de forma atrayente al ciudadano lector, repleta de haces de luz sobre ámbitos como la pintura- vuelven Klee, Tàpies, Chillida, Oramas- a la vez que consuma el magnetismo liberador del memorial compartido como una travesía hacia el autoconocimiento y la indagación crítica de los aconteceres de la experiencia en una cartografía global -sabedora de los derroteros del turismo de masas- que asume la complejidad hermenéutica de la condición esencialmente lingüística del ser humano, asomándose el autor a cuestiones de plena actualidad como el estudio científico del cerebro, los agujeros negros y la propia invisibilidad de la poesía.


Y es que a través de su escritura diarística, Andrés Sánchez Robayna vislumbra desde su soledad abierta un diálogo permanente con otras figuras del pensamiento y la creación lírica siempre presentes como el gallego José Ángel Valente y el repaso consciente a otros diaristas de excepción como Valéry, Amiel, Gide, Jünger , Prado Coelho, Cioran. Cada entrada anual de “Mundo, año, hombre” aclimata el tintero a la manera de susurrante quehacer trascendental, aquí aparecen con mayor repetición la luna, el jardín, las nubes, el “rito del atardecer” con el hallazgo del rayo verde, vuelven a darse cita los sueños personales, audiciones preferidas y lecturas varias, todo un abanico de enumeraciones que desbrozan la polución del devenir inexorable de las horas con una luz intermitente, crítica respecto a cuestiones como la perversión del lenguaje y el modus vivendi de la política oficial, so pena de aclamar para sí el retiro, refugio de “la casa abrigadora”, espacio entre el recuerdo y la esperanza.


El testimonio del poeta, dícese “colector de signos” es un genuino bastión en penumbra de la gravitación interrogante del yo, en una realidad dañada por la irreversibilidad medioambiental y las consecuencias desastrosas de la geopolítica mundial. Es la obra diarística de Sánchez Robayna una conciencia debeladora del mundo de la vida -lebenswelt diría Habermas- que resulta atenazado en todas las esferas de la existencia por la racionalización extenuante de una promesa de modernidad todavía inconclusa en el ojo del huracán de la debacle contemporánea.
Este libro a fin de cuentas es un obsequio tardío del autor, que reaviva a manos llenas el campo de visión sobre las confluencias en el panorama actual del pensamiento, con despedidas clave a figuras relevantes como Maurice Blanchot, Haroldo de Campos, el profesor José Manuel Blecua, el amigo Eugenio Granell, de Cartier-Bresson a Czeslaw Milosz, así como la celebración de amistades como Kostas Tsirópulos, François Wahl, Edmond Amran El Maleh, Alejandro Cioranescu, junto a la concurrencia a eventos del momento como el pasado centenario de Cernuda y viajes incesantes hasta Agadir, México, Cartagena de Indias, Berlín.


Todo en volandas y bajo el influjo de un diapasón clarividente en el que Tegueste, la isla, el “solar atlántico”, aparece y desaparece, el mar –“sí, madre longeva”- testigo de los momentos pasados en familia con M. y el testimonio del hijo que crece, a pie de playa y callao en mano, el legado del poeta: “pan eterno, belleza, jade fulvo”.
Samir Delgado, publicado en El Perseguidor, Diario de Avisos, 30 /10/2016
Islas Canarias

viernes, 21 de octubre de 2016

Air Berlin II (Cuaderno de viajes)

Walter Benjamin," Infancia en Berlín hacia 1900"

Importa poco no saber orientarse en una ciudad.
Perderse, en cambio, en una ciudad
como quien se pierde en el bosque,
requiere aprendizaje

Benjamin


SUEÑOS interrumpidos a medianoche, la extrañeza onírica de la intemperie, el tiempo íntimo que prosigue un tic-tac infranqueable. A la hora de erguirse ante la inminencia de la luz, la decisión soberana, el gutenmorgen particular de gaviotas lejanas. Vuelta la vista más allá del jardín, la tibia intermitencia de los indicios de vida, lunes en la universitat.


LAS CALLES berlinesas tienen carriles invisibles que suelen frecuentar una mayoría alucinante de blond girls en bicicleta. Amanece entonces la ciudad con parsimonia novelesca, pedaleo incesante y vértigo de la rueda, olor del pan fresco en las inmediaciones de la estación donde se inicia todo viaje comarcal. Giro a la izquierda en la Friedrichstrasse para dar con el Spree, humedad alígera del estarse allí. Desde la silla profanada de un irish pub todavía cerrado, contemplo la rodaja perfecta del sol, totalidad de su luz, que los viandantes fotografían con móvil en una incierta ceremonia de cálculo y exterminio del azar.

SCHWALBEN. Pequeñas golondrinas propias, reparto de migas de galleta a su desbandada cotidiana, como una tarea de citizen berlinés recién llegado, un diálogo mudo que hace íntima esa hora candeal.

BRECHT platz a las siete de la mañana, una épica casualidad del encuentro del sencillo monumento dedicado al autor de la ópera de los tres centavos. Al lado mismo aparece el Berliner Ensenmble con funciones de una obra de un Peter Handke reconocible en su retrato. Hay inscripciones sobre granito con las citas más conocidas de Brecht, la lectura en panorámica de palabras enigmáticas como socialismus, mientras unos obreros comienzan a prepararse para el laburo semanal a escasos metros. Un niño llama a su padre desde la terraza superior. La mañana clarea, desborda su centro, aclimata la acera única de la Brecht platz.

LA PLUMA de cuervo que pende de la solapa izquierda, autodescubierta a posteriori, tras ser hecha propia en un momento olvidado de la noche anterior: amuleto berlináutico.

EL CENTRO de toda ciudad para el guarecimiento del poder. Seguir al dedillo uno de los márgenes del río Spree, inercia consuetudinaria, para alcanzar el punto cero de la república federal. La trasera del Bundestag esconde pilares de piedra monumental con signos todavía visibles del Reich. Y como sucede con otras ubicaciones con delirios de grandeza-emplazamientos reales, sitios de majestad- hay un tipical park cercano donde una paz asilvestrada vale como esa distensión administrada, esparcimiento calculado, promedios de libertad concedidos para que la asfixia no alcance su clímax histórico. El Tiergarten tiene pequeños rinconcitos para la huida inmediata, el escarceo simbólico, lo protorromántico perdurable, de toda sombra propia que intuye muy de lejos el peso abrumador del poder.

BAÑO salvífico con un rainbow particular, sol coruscante también, sobre los aledaños del césped que abrigan a la amazona ecuestre del Tiergarten. Los insectos verdes ascienden por codos y rodillas frente a la extrañeza común. El seseo de los aspersores inclina la conciencia a un letargo manso, alivianado, transicional para el mediodía.


BUNDESTAG en hora punta. Una cola constante a la entrada del complejo gubernamental. Cerca de la France Platz un guardia recrimina mi conducta con absolutismo total, todo por acercarme a la fuente más cercana de la embajada gringa, only for feel the water in my hands. Máxima seguridad controladora del trajín de turistas en las inmediaciones despampanantes de la usa embassy. Al subir entre colegiales y curiosos por el ingenioso armazón de cristales, se siente el calor riguroso de la cápsula histórica. A pesar de los crímenes del nazismo ese punto oscuro de lesa humanidad parece superarse con disciplina germana. No se puede ser capaz de lo mejor sin también llevar consigo lo peor. A fin de cuentas el Bundestag parace el triunfo del continuismo aliado sin que apenas quede una sola huella de la utopía socialista, más allá de los callejeros y de los monumentos de guide tourist.

CAMINAR Berlín es perseguir la sombra de la RDA.

LA ISLA tiene algo de Berlín también, un parentesco constituido a través del flujo continuo de visitantes de germania durante medio siglo, pasajes urbanos de konditorei y terraza cervecera. La propia cercanía del idioma, fonéticamente reconocible, otorga una familiaridad íntima. Hasta tuve un noséqué de amistosa compasión por un joven historiador de arte que defendía la ubicación estrambótica de un museo de Dalí en la Postdamer platz. A ratos me veo en bicicleta a mí mismo con una naturalidad elemental por la vena aorta berlinesa.

EL CHECKPOINT Charlie. La extravagancia hiperturística a pleno pulmón, los dos soldaduchos disfrazados con bandera yanki todavía jadean histriónicamente el convencimiento de su autoridad, madrededios.

KANSTRASSE hasta el final en agónica extrañeza con rumbo a la flixbus, el peso de las maletas a la espalda no impide disfrutar de una alocada fuga hacia el extrarradio. Lo dijo Benjamín en sus recuerdos de Berlín hacia 1900. Importa poco no saber orientarse en una ciudad. Perderse, en cambio, en una ciudad como quien se pierde en el bosque, requiere aprendizaje. A contrapelo de los reflujos turísticos, sabiéndose uno protagonista de una evacuación personal que dejaría en la ciudad una huella absolutamente impoluta. Soy aquel que habita el silencio de Heine.

EL VIAJE como experiencia de sentir al otro como un semejante en la breve sobreabundancia del tiempo entretejido desde el movimiento individual. Cada pasajero en su sueño propio ocupa los asientos con un halo de pertenencia misericordiosa. Me pareció ver uno de los monumentos de Leipzig bien entrada la noche en los giros de volante estratégicos del chofer alemán. Al llegar a la Hauptbahnhof de Francfort volví a sentir la sucesión del instante pasado que me trajo dos años después, a esta otra ciudad propia que aúna bajo un mismo cielo santuarios neocapitalistas y semanas goethianas internacionales.


LA NATURALEZA nunca deja de ser naturaleza, más aun para quien viene como visitante a una ciudad ajena donde cada trozo de parque resulta vital. En el epicentro de Francfort mirar arriba significa acercarse a una idea de infinito por vía negativa: el roce milimétrico de las bóvedas acristaladas de los rascacielos bancarios sobre un azul desconchado, casi en parcelas, que parece tener propietarios a pesar de su luminosidad radiante, perpendicular a las aguas del Main. Junto al parque, en los claros de bosque simbólicos, suele encontrarse el refugio accesible de una escultura que muestra el lado humano de cualquier pasado. El cielo, los parques y cada escultura hacen en conjunto más habitable una ciudad fortaleza, financiera hasta el tuétano, la otra Francfort sin Goethes.

CLAVIJO. El visionado en el instituto Cervantes del film sobre Clavijo y Fajardo, rodada en 1970 por Marcel Ophols, pone a la vista el impacto atractivo que la figura del lanzaroteño debió irradiar desde entonces. Diálogos incisivos, a veces interminables entre los personajes de época, que lograban una atmósfera dramática de enorme poder evocativo. Llaman la atención los escasos recursos de escenografía y los primeros planos de Clavijo y Beaumarchais, aunque la muerte del protagonista por caprichosa estocada taurina con música arabesca ofrecía un toque final pintoresco al desenlace goethiano. No hay que olvidar la muerte longeva de Clavijo absolutamente silenciada en la cinta alemana que ojalá pueda proyectarse alguna vez en la isla del personaje inmortal.

CUANDO el isleño sale al exterior tiene en su exotismo una fuente inagotable de supervivencia. Puede flirtear con los oriundos del lugar sabiéndose único, a la vez que puede encontrar en el latinoamericano a un paisano no tan lejano como al propio ciudadano español que resulta ser un semejante recién descubierto fuera.

LAS FOTOGRAFÍAS que no fueron permanecen en el recuerdo como una promesa incumplida. Ese instante vivencial en-el-que-se-ve la foto, al momento en el que refrena el impulso de ejecución necesaria y el cuadro asimilado se volatiliza frente al objetivo inexistente. Duele tanto como el suceso de extravío de un carrete en el pasado reciente. Vi a la chica árabe tomando un ejemplar de literatura alemana en los armarios públicos de la ciudad, vi a los tipos jóvenes del banco central europeo pasear durante una mañana en el parque con sus dos soledades a cuestas, vi al señor berlinés tomando los últimos rayos solares de su vida en el Tiergarten, vi a la madre alemana con gemelos en su paseo matinal, la vida toda en el rostro de aquellos bebés. Y vi a aquel joven budista implorando cánticos espirituales a las ocho de la mañana. Ante cada entrevisión la carencia de soporte no significa la pérdida absoluta del enfoque.



Samir Delgado (Cuadernos de viajes, 2016)

lunes, 10 de octubre de 2016

Air Berlin I (Cuaderno de viajes)

Thomas Struth (2012) - Tokamak Asdex Upgrade Interior 2
 
y lo llenan todo
la antigua noche y la perpetua sombra

Heine


LAS ÚLTIMAS imágenes de la isla retenidas del andén de la autopista, el núcleo de imágenes secundarias, marginales, del viejo parterre con vallas que decora los aledaños del parking del aeropuerto Reina Sofía: latas oxidadas, envoltorios putrefactos, desechos a tutiplé de la civilización turística que todo lo dice de sí en sus huellas: excrecencias de la hecatombe a la luz del mediodía.


DURANTE LA ESPERA del vuelo de Air Berlin contemplo con escrupulosa atención los rostros de los pasajeros que pronto serán los acompañantes de la incursión aérea común, sin nada más que ver uno con otros. Detengo la vista sobre el mundillo alrededor de los turistas de excepción en silla de ruedas que requieren toda la protección de los servicios aeroportuarios. Y las jóvenes alemanas que han disfrutado de sus días de playa, de shopping, de dance floor en Playa de las Américas. ¿Qué isla llevan consigo, qué mar, más allá de sus dispositivos de memoria? 
 

POR PRIMERA vez retorno con ellos, junto a los habitantes efímeros, de Turisneyland. La pareja sempiterna de jubilados que comparten asientos apenas intercambian una sola palabra. El ir y venir de las azafatas hace que el jugo de tomate con ración de sal y pimienta tenga un sabor ceremonial durante el vuelo, la comensalidad necesaria que reúne la placidez momentánea del tentempié con el sentido de vacío que supone literalmente la travesía del atlántico medio a ochocientos kilómetros por hora. 
 

DESDE LA VENTANILLA una panorámica clínica del algarve portugués y la costa francesa de la Rochelle. Regalos inesperados, ensueño repetido, nuevas visitas a un espacio imaginario que forma parte íntima de la memoria viajera. Y para colmo descubrir Deutschland otra vez entre las nubes pletóricas que ensombrecen a los bosquecillos adormilados de un cuento medieval germano, muy a lo Enrique de Ofterdingen de Novalis.


UNA VEZ aterrizado la convulsión del Berlin Tegel se hace notar con una auténtica avalancha de rostros que se cuelan entre las puertas giratorias, los vanos ilusorios que teletransportan a las otras ciudades por visitar: Dusseldorf, Viena, Stuttgart, Francfort del Meno.


HACERSE con la ciudad en un santiamén. Bajarse en la Hauptbahnhof después de varias escalas en la guagua de turno para descifrar de buenas a primeras el atardecer entre las columnatas de la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la reunificación alemana. Gentío alrededor, músicas de fondo, un cielo propio. Al cabo de una caminata sin rumbo fijo aparece de sopetón la estatua de Humboldt en la universitat, jardines en sombra. Encuentro de frente las taquillas recién abiertas del Gorka Theater, simulo ser un espectador más, usando de forma clandestina el servicio de abrigos, risas y fiestas con la auxiliar, dejo allí el petate a cambio de una llavecita, merodeo hasta confundirme de lleno entre las parejas de ciudadanos que disfrutaran una velada dominical. Yo vuelvo a la ciudad, a quemarropa, al tablado de la verdadera realidad del río Spree.


CRUZAR el puente Liebknecht junto a las siluetas cívicas que recorren el sentido único de la vidastrasse, abajo nada más que el agua de río con grumos de pesadumbre antiquísima, los paseantes se hacen selfies a diestro y siniestro con el eco techno de las terrazas cercanas. Doblando una esquina aparece la señal que lleva hacia la Biblioteca del Estado. Pienso entonces en estas mismas fachadas, edificios, que tuvo que ver Walter Benjamin en sus paseos berlineses. Es de noche ya: la torre de televisión de la Alexanderplatz es un pináculo posmoderno que parpadea su láser sobre el absoluto del negro.


NUNCA leí un poema de Heine, sin embargo el hallazgo de una graciosa estatua con su nombre vale como un lugar inesperado del reclamo de sí mismo, el vericueto apropiado, el duro camastro al raso para conciliar con todo derecho un sueño indispensable. Desde la horizontalidad plena del estarse echado allí, a solas con la noche berlinesa, los ecos lejanos del tranvía, ciclistas que cruzan por inercia y voltean la cabeza frente al cuerpo extraño, y ese silencio cómplice que facilita la duermevela del sigilo, el aberrunto del amanecer, un rocío a manos llenas. 
 
(…)

Samir Delgado, 2016

lunes, 3 de octubre de 2016

Fuerteventura, la isla descifrada

Ejemplares del libro "Cifra", de Francisco León y Mercedes Pintado Brage (2016)

Reseña del libro “Cifra” con textos de Francisco León y fotografías de Mercedes Pintado Brage, Colección Piedra y Cielo, Islas Canarias, 2016.


La tradición no es solamente un legado proveniente del tiempoatrás sino que también define igualmente el horizonte común de lo porvenir que atañe a una pluralidad de vidas, de voces, de huellas. Como dijo Gadamer, la tradición es aquel umbral de lo vital palpitante que define las interpelaciones del hábitat histórico para una comunidad de seres que comparten un espacio de signos, de cifras, de rostros. 

Y si ese lugar es una isla, con una tradición propia de alcance ancestral, que se redefine a sí misma continuamente a partir de la interconexión de confluencias, de la escritura desvelada en su paisaje total y de la propia biografía de su acontecer cultural visitado, entonces encontramos un hilo de Ariadna ejemplar para redescubrir en Fuerteventura a la más vieja de las islas atlánticas, un territorio propiciador para el desentrañamiento de una tradición insular, con mayúsculas indistintas que pueden circundar tanto el Caribe como la Polinesia, toda ella silueta y metáfora de una condición insular, que puede llegar a ser descifrada y que permanece a ojos del visitante con todo su potencial seductor y hechizante, como le gustaba fruta en mano a Lezama Lima. 
 
Y así ocurre que la edición reciente del libro “Cifra”, dentro de la Colección Piedra y Cielo, con textos del poeta Francisco León y fotografías de la autora Mercedes Pintado Brage, supone un hecho literario feliz que abunda en la tradición del libro de viajes a una isla canaria, del verano como estación predilecta para los itinerarios existenciales y la compaginación de la palabra y la imagen para experimentar, en simbiosis conjunta, el proceso hermenéutico de una estadía en Fuerteventura, la isla-esqueleto, a la que acudieron en su día célebres visitantes como Olivia Stone y Miguel de Unamuno. 
 
El libro “Cifra” es una rara avis que intensifica el regusto de cualquier bibliófilo, a medio camino entre el almanaque y un mapa del tesoro, el libro- objeto y la reliquia para coleccionistas, con sus escasos cincuenta y cinco ejemplares numerados a mano, que cuentan el viaje post-iniciático, confidencial y de eternos retornos, del poeta canario a la isla, del habitante insulario al solar atlántico, conjugando fotografías y textos de resolución exquisita, eclipsantes, abrigados por una corriente de conciencia debeladora, que sumerge al lector cómplice en el laberinto de analogías que solo una isla -tótem naturístico- es capaz de sintetizar dentro de sí misma con vocación de esplendor, entre los márgenes de luz colindante y la preponderancia simbólica de una geografía auroral.

La lectura del libro “Cifra” conlleva una cascada de visitas implícitas, el juego manual con su estructura de pliegues acrecienta el placer de cada viaje repetible, ya que ninguna lectura resultará similar a la anterior. Así el poeta acierta como conductor improvisado de una odisea revelatoria- y además de qué manera- con el planteamiento interrogativo que afronta el pórtico insular y la exhortación íntima a la aparición del libro como un material de epifanías. 

Su final es concluyente, deseable y necesario, al dar pie a la esperanza utópica de otras islas posibles, en este tiempo-mercancía de agnosia colectiva, de colapso de la experiencia bajo el influjo del turismo de masas, de todo incluido en la cadena de resorts y colofones de piña colada, del que escapa el poeta por la gracia de la escritura actuante, con soporte liberador y pulsión contemplativa, revisadora del diálogo interiorizado con la naturaleza libro de raigambre filosófica- incluye citas directas de Hans Blumenberg- para el despliegue de su cantera de enigmas ante el disfrute del ciudadano lector, más allá del escaparate típico de exuberancias prefabricadas que denostó para siempre jamás Dereck Walcott en su discurso de Estocolmo.

El libro “Cifra” es un regalo para el goce estético y la toma de conciencia ecológica, para el acercamiento público a las poéticas contemporáneas sobre la insularidad y muy especialmente para contrarrestar con novedades de este tipo el clínico estado de postración en el que permanece el panorama cultural de las islas y el circuito literario de provincias. 
 
Los poemas en prosa de Francisco León y las fotografías de Mercedes Pintado Brage conceden la posibilidad de otras islas, en un viaje renovado a los páramos mahoreros, a los aledaños mágicos de Tindaya, la misma isla que en agosto de 1996, hace ya veinte años, apuntaba en su diario Andrés Sánchez Robayna, en otra visita de poeta cuyo testimonio da pie a que prosigan las tentativas descifrantes, entre viejos paisajes y nuevas poéticas, sobre una isla tan universal como Fuerteventura donde “este tosco primitivismo es tal vez lo más nuestro1”.


Samir Delgado,
Octubre 2016


1 Andrés Sánchez Robayna, Días y mitos, Diarios, FCE, 2002, (pág. 43)

lunes, 26 de septiembre de 2016

“Las abejas que golpeaban los cristales”, Relato sobre la visita de Charles Piazzi Smyth al Teide

Charles Piazzi Smyth: The Great Comet of 1843


Las Islas Canarias son la zona ultrasensible del planeta
André Breton


Nadie jamás imaginó en la isla de las maldiciones que una mañana veraniega de 1856 zarparía desde Southampton la más célebre incursión astronómica capitaneada por Charles Piazzi Smyth, un egiptólogo de pésima reputación que soñaba con la posibilidad de cruzar el atlántico de camino a la estrellas.

A bordo del buque Titania, la expedición científica había sido patrocinada por acaudalados británicos que sentían la tentación de ganarse la inmortalidad costeando los aparatosos catalejos ópticos y primitivos telescopios de la época que estaban fabricados con la finalidad de acariciar los cráteres lunares.

Una vez pisaron tierra, tras hospedarse en un hotel del Puerto de la Cruz, pasaron por una infinidad de turbulencias y costosos desplazamientos en burros hasta las Cañadas del Teide. Todos los resultados científicos logrados por la arribada de Charles Piazzi Smyth supusieron un avance notorio para la captación de imágenes nocturnas, llegando incluso a conseguir para mayor gloria de las islas, tan celebradas por la mitología grecolatina, que en la propia superficie lunar se bautizaran los picos de Tenerife.

Como no podía ser de otra manera, a nuestro observador distinguido le acompañaba su esposa Jessie Duncan, remota descendiente de Hipatia de Alejandría y Madame Châtelet, todas aquellas mujeres computadoras del harén de Pickering y las primeras astrónomas de la Royal Society, la mirada femenina sobre el universo que durante milenios fue silenciada bajo los impedimentos de la cultura oficial en las cortes de la sabiduría.

Y es que nadie jamás imaginó que fuera la propia hermana de Tycho Brahe la que durante las oscuras noches del siglo XVI registró el cálculo de las órbitas planetarias, tampoco que Aspasia de Mileto fuera una de las grandes artífices de la retórica griega y mucho menos aún que el descubrimiento astronómico de los púlsars fuera un hallazgo de Jocelyn Bell, aquellos faros celestes que hipnotizaron a Carl Sagan como un polvo de estrellas de infinita edad cósmica.

Ahora todo el mundo contempla extasiado el impresionante complejo astronómico en las Cañadas del Teide, la isla de las maldiciones acoge una gran multitud de científicos que podrán indagar en las espirales galácticas que laten a millones de años luz, pero en el revés de los tiempos, siempre quedará entre el eco de los grandes relatos de la humanidad, el zumbido inquietante de las abejas que golpeaban los cristales.



Samir Delgado (2009) 

Relato finalista VI Concurso Universitario de Relato Breve Día del Libro, Universidad de La Laguna.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Ciudad atlántica /Atlantische Stadt (Plaquette de poemas para leer en Berlín)

Gerhard Richter: Familie am Meer (Family at the Sea), 1964

[Ciudad atlántica]


Un sol con sabor a naranja amarga. Lejos siempre otra isla.
Las vértebras del tiempo crujen dislocadas sobre las azoteas
de algodón sucio. Reina el horario de la ponzoña electrónica.
Solamente el sueño de los nenúfares calmará esta sed de olas.


[Atlantische Stadt]

Eine Sonne mit Geschmack nach bitterer Orange. Fern immer andere Insel. Die Wirbel der Zeit knirschen verschoben auf den flachen Dächern aus schmutziger Watte. Es herrscht der Termin des elektronischen Giftes. Allein der Traum der Seerosen wird diese Durst nach Wogen lindern.



[Sobre el tablero de ajedrez]
Qué profundo correr por mares de silencio

Domingo López Torres

Aquel verano detuvo el timbre cosmopolita
de los despertadores. Acuartelados pelotones
de alfiles negros pisotearon los túmulos de luz
con su alquimia sonora. Fue un jaque mate fallido.
Todavía las pajaritas surrealistas asoman el rabillo
de sus ojos por las cerraduras líquidas de la historia.


[Auf dem Schachbrett]

Wie tiefsinnig über Meere der Stille zu laufen

Domingo López Torres

Jener Sommer stellte den kosmopolitischen Ton der Wecker ab. Kasernierte Kommandos schwarzer Läufer trampelten über die Lichtgräber mit ihrer klingenden Alchemie. Es war ein missglücktes Schachmatt. Die surrealistischen Vögelinnen versenken noch ihre Augenwinkel durch die flüssigen Schlösser der Geschichte.



[Naturaleza muerta]


Con la amanecida varios grupos de turistas sajones
alcanzaban con fatigas las cumbres kilométricas de la isla.
Tras largos siglos de expediciones clavaron sus banderas
sobre las piedras del castillo estrellado. La jornada diaria
transcurre entre las computadoras que calculan la vida del sol.
Y a pocos metros: la triste alfombra de bencomias y codesales.


[Stilleben]


Mit dem Tagesanbruch erreichten verschiedene Gruppen britischer Touristen voller Mühe die kilometergroßen Gipfel der Insel. Nach langen Jahrhunderten der Expeditionen rammten sie ihre Flaggen zwischen die Steine der gesternten Burg. Die tägliche Arbeit läuft ab zwischen den Rechnern, die das Leben der Sonne kalkulieren. Und wenige Meter weiter: der triste Teppich der Bencomias und Codesos.


[Bosque de luz]


Eterno retorno en la Playa de Las Canteras.
Un sol apolíneo enjoya el umbral de la ventana.
Papeles asilvestrados sobre el escritorio matinal.
El bullicio costero con su gramática luminiscente
acompaña las volutas fugaces del primer cigarrillo.
Padorno poda los ramajes solares sobre un lienzo
                                                                                 verdoso
                                                                                                azul
                                                                                                        cyan

  
[Wald aus Licht]


Ewige Wiederkehr am Strand von Las Canteras.
Eine apollinische Sonne verziert den Fensterrahmen.
Verwilderte Papiere auf dem morgendlichen Schreibtisch.
Die Geräusche der Küste begleiten mit ihrer strahlenden
Grammatik die flüchtigen Kringel der ersten Zigarette.
Padorno beschneidet die Sonnenzweige auf einer
                                                                                       grünlichen
                                                                                                    blauen
                                                                                                           cyan

[Flores estrelitzias]
Sobre un óleo de Juan Hernández

Dejaste los pinceles para siempre.
Sólo te queda, ahora, morir

Andrés Sánchez Robayna


I

Boceto de jarrón en lienzo virginal.
Un niño entra corriendo a toda prisa
en la habitación del fondo. Trementina.


II

Pincel azul tenue con dispersión aglomerante.
El niño lleva tiempo haciendo alocadas travesuras
de un querubín desenfrenado. Pausa prolongada.


III

Remate final con flores estrelitzias naranja ámbar.
Sobre el horizonte un colorido cementerio de piruetas.
El niño lloraba.


[Strelitzienblüten]
Über ein Ölbild von Juan Hernández

Du hast die Pinsel für immer liegen gelassen.
Jetzt bleibt dir nur noch zu sterben

Andrés Sánchez Robayna

I

Entwurf eines Kruges auf jungfräulicher Leinwand.
Ein kleiner Junge kommt eilig rennend hinein
in das Zimmer ganz hinten. Terpentin.


II

Sanft blauer Pinselstrich mit sich ballender Dispersion.
Der kleine Junge treibt schon lange den übermütigen Unfug
eines losgelassenen Cherubim. Längere Pause.


III

Endgültiger Abschluss mit Strelitzienblüten in orange-bernstein.
Am Horizont ein farbenfroher Friedhof ausPirouetten.
Der kleine Junge weinte.


[Souvenir de París]
Sobre un óleo de Óscar Domínguez


Y pese a todo permanece
la magia
en lo que sobrevive

Lázaro Santana: Rosso fiorentino
  
I

Ligero perfume trasnochado de la Place Blanche.
La paleta tiembla al compás de una excavadora telúrica.
Brochazos fugitivos. Suena el timbre en la oscuridad.


II

Retorno en seco. Al fondo un pescador solitario.
Hay carcoma onírica en las puntas de sus zapatos.
Larga espera. Pincel fino. Las mariposas a salvo.


III

Afuera hiere la vista. Túnel subterráneo a lo ancho.
Aleteo de insectos primitivos. Pulso enérgico. Risas.

Última hora: París entre los dientes.


[Souvenir aus Paris]
Über ein Bild von Oscar Domínguez

Und trotz allem bleibt
die Magie
 in dem, was überlebt.

Lázaro Santana: Rosso fiorentino


I

Leichtes, übernächtigtes Parfüm der Place Blanche.
Die Palette zittert im Takt eines tellurischen Baggers.
Flüchtige Pinselstriche. Es läutet die Klingel in der Dunkelheit.


II

Plötzliche Rückkehr. In Hintergrund ein einsamer Fischer.
Es ist Traumfäulnis an seinen Schuhspitzen.
Langes warten. Feiner Pinsel. Die Schmetterlinge in Sicherheit.


III

Außen verletzt den Blick. Unterirdischer Tunnel in der Breite.
Flattern primitiver Insekten. Energischer Puls. Lachen.

Letzter Augenblick: Paris zwischen den Zähnen.



[Lanzarote Sky]
Para las vacaciones de verano recomiendo Lanzarote
que se parece mucho al planeta Marte

Michel Houellebecq: El mundo como supermercado
  
I

Arrecife al atardecer huele a fuertes aletazos de fragancia marina y la quemazón del solajero desperdigado entre Valterra y Tinasoria. Desde las crónicas normandas hasta los últimos afiches turísticos Parece que nada cambió en la piedra volcánica de la legendaria isla de Lanzarote. Ella permanece aisladamente impoluta. A su lento ritmo Geológico. Sin embargo los periódicos no dicen que los camellos lloran de noche. Que hay palmeras que titubean muertas de pena en la Playa del Reducto. Y que las gaviotas abandonaron hace tiempo las faluas del Charco San Ginés.


II

Femés definitivamente es un pueblo de papel
que desaparece del mapa
cuando presiente la luz roja de las videocámaras.   


[Lanzarote Sky]


Für die Sommerferien empfehle ich Lanzarote
das sich sehr dem Planeten Mars ähnelt.

Michel Houellebecq: Die Welt als Supermarkt


I

Gegen Abend stinkt Arrecife nach den starken Flossenschlägen der Seegerüche und den verstreuten Sonnenbränden zwischen Valterra und Tinasoria. Seit den ersten normannischen Chroniken bis zu den letzten touristischen Plakaten scheint, dass sich nichts verändert hat im vulkanischen Gestein der sagenumwobenen Insel Lanzarote. Sie bleibt abgesondert unbefleckt. In ihrem langsamen geologischem Rhythmus. Trotzdem schreiben die Zeitungen nicht, dass die Kamele nachts weinen. Dass es Palmen gibt, die todtraurig am Strand von El Reducto taumeln. Und dass die Möwen schon vor langer Zeit die Barkassen des Charco San Ginés verlassen haben.


II

Femés ist, endgültig, ein Ort aus Papier,
der von der Landkarte verschwindet,
wenn er das rote Licht der Videokamaras vorausahnt.




Samir Delgado, del libro Banana Split  (2010)
(Versiones al alemán de Karl J. Müller)