lunes, 31 de marzo de 2025
"Las ruinas y la rosa", Andrés Sánchez Robayna (In memoriam)
sábado, 9 de septiembre de 2023
Antonio Abdo, 28º-17
La isla de La Palma se encuentra a 28 grados de latitud y 17 de longitud según el buscador de Google. Y allí mismo, en ese rincón occidental de la Macaronesia, vive Antonio Abdo desde casi siempre. Él sonríe durante nuestro encuentro fulgurante en una terraza de la capital palmera con un gesto de arabidad melancólica, pues lleva en sus adentros el legado espirituoso del país de los cedros.
Antonio Abdo, que es autor reconocido ampliamente en el panorama cultural canario por su trayectoria teatral y una obra creativa consolidada, sonríe a todas luces. Él es un hombre de tablas, polifacético y humanista, de un porte tan familiar que salta a la vista en su compañía que se le quiere -muy mucho- en la isla bonita.
Él, Antonio Abdo, y su compañera en la vida y en la creación, la actriz Pilar Rey, llevaron a cabo la fundación de la Escuela Municipal de Teatro y el Teatro Chico en la década de los 80. Por ahí empezó todo y más atrás todavía, “desde 1967”-dice con un soplo nemotécnico-, y por esto mismo resulta natural que un teatro de la ciudad lleve su propio nombre. Para él, el teatro “lo ha sido todo, un modo de vida para la realización como persona”, a partir de la vinculación con la radio- cuenta con entusiasmo- en una época en la que todavía no existían las redes sociales globales.
La estela creativa de Antonio Abdo es variada y múltiple, su formación está arraigada en el autodidactismo y una experienca pedagógica con mucha solera en el mundo de la dramaturgia, especialmente en el campo de la voz, “que es lo que me interesa”, por eso mismo la versificación es una materia importante en su andadura como profesor y autor de textos teatrales. Junto a Pilar Rey, siempre al alimón y siempre juntos como un tándem estelar, han desarrollado importantes cursos de interpretación en lugares como México D.F o La Habana, así como recitales en vivo directo sobre textos del mismísimo Quevedo. Y en las islas, sus nombres están vinculados a la promoción de la juventud por medio de unos premios literarios tan reconocidos en las últimas décadas como el galardón Poeta Félix Francisco Casanova.
Antonio Abdo apura su cigarro en el devenir de una hora intensa, rememorativa, confidencial. Él, palmero de pro, discurre acerca de la veta poética que le nació allá por los años 50, en una tertulia tacorontera dinamizada por Otilia López Palenzuela- “que fue amiga de Loynaz”-, y donde compartió junto a otros artífices de la inquietud cultural del momento que fueron sumando -unos y otros-, desde la radio, la prensa y la literatura, una retahíla de apellidos incontenible para condensar aquellos años duros: Julio Tovar, Paco Pimentel, o el argentino Edmundo Esedín. Y a la pregunta necesaria y correspondiente, sobre el mar, como tema poético y como trasunto vital, habla con serena rotundidad, sobre un “mar que es antes que un encierro, un camino esencial de los isleños”, al igual que ese “cielo, el del norte- señala- de una transparencia y una claridad que invita a ver siempre el final de la isla”.
En plena efervescencia de su libro más reciente, “Mi abuelo de Akkar”, su escritura representa una obra emotiva y trascendental, que conecta el imaginario insular con la raíz de aquellos árabes que ya aparecieron en poemas de Tomás Morales como un segmento particular y arraigado en la población insular que despertaba el exotismo de lo oriental. “Para mí, por haber conocido a mis abuelos de la parte árabe, lo árabe significa cariño.Es otro mundo mejor, que es como desearía que fuese el mundo”
La despedida de Antonio Abdo se hace pausada, entrañable,
acompasada como todo en sus coordenadas cotidianas. A media voz, con una
sonrisa a lo Omar Sharif en su mejor papel, como un actor de cine que es poeta,
a 28 grados de latitud y 17 de longitud, donde vive y como vive, en La Palma.
viernes, 3 de marzo de 2023
Carta abierta para lectores del Frankfurter Allgemeine Zeitung, Le Monde, The Times, Correio da Manhá, Corriere della Sera y Expressen
“Gigantes y molinos en una isla atlántica”
Hay lugares
auténticos en todos los destinos del archipiélago de Canarias, muchos turistas acuden
a realizar senderismo en el Macizo de Anaga como una de las experiencias más
singulares de su estadía en Tenerife. Los caseríos de Taborno y Afur, nombres
de origen prehispánico en esta isla de la Macaronesia, son referentes
tradicionales de las medianías de color azul atlántico, se ve el mar desde el
bosque. Las casas permanecen a plena luz del día, como si fuera de noche, se
sienten lejanamente cerca, como un eco de otros tiempos.
En la actualidad
hay una pequeña vivienda que sufrió un deslizamiento del terreno por las
lluvias de invierno y se encuentra cerrada. Sus habitantes fueron desalojados y
permanecen a la espera de un regreso difícil. El Ayuntamiento de Santa Cruz de
Tenerife ha preferido sancionar y demoler el domicilio familiar, en lugar de
buscar una alternativa, para que la experiencia dramática de una pérdida de
hogar no sea el destino para un lugar tan bello. La casa de piedra había sido a
principios de 1900 una tienda de víveres, según la tradición oral. Al pueblo de
Taborno acudieron personalidades de la cultura europea que visitaban la isla.
La casa cerrada fue en su día un regalo de bodas para los abuelos y allí
nacieron siete ciudadanos naturales de Taborno. Dos grandes laureles fueron
testigos del éxodo rural sufrido por esta familia de Anaga, la dureza de la
vida bajo la dictadura de Franco obligó a buscar el pan y una vida mejor en la
capital de la isla canaria.
Muchas décadas
después, a comienzos del nuevo siglo, la casa del Montecillo, en Taborno,
volvió a tener luz y agua, la vida de una familia es muy parecida a un árbol,
las raíces crecen hacia la profundidad y las hojas mueren y renacen al sol. En
esta casa se escribieron libros de poesía, hubo una biblioteca con hasta veinte
años de historia y ahora la casa está cerrada, a toda costa se mantiene en pie
porque es de piedra antigua, todavía resiste porque forma parte del caserío,
aunque con la cuenta atrás de treinta días para ser demolida. No hay camino
para tractores o máquinas del Ayuntamiento, solo se puede llegar a pie, los
senderos guanches son milenarios. Para las autoridades debe ser la familia
quien debe hacer escombros su propio hogar, de lo contrario tendrá que asumir
treinta mil euros del coste de la demolición. Las piedras de una casa en Anaga
son centenarias, no se ven tras la pared, como la memoria de todos los
silencios.
Europa no se
imagina esta nueva aventura para Cervantes, con gigantes y molinos, según se
mire. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha ordenado la demolición por
emergencia de una casa pequeña, desde la cual se ve el mar y el Roque de
Taborno. Muchos hoteles de la isla de Tenerife fueron ilegales, aunque ningún
hogar puede ser ilegal, los sueños y la vida no entienden de leyes. Las
escrituras de una casa se llaman “hijuelas”, cuentan la historia de sus
moradores. Nunca antes sucedió algo parecido en Anaga, la casa del Montecillo
puede ser un caso perdido, aunque tal vez sobreviva mucho más tiempo que la Fuente
del Monumento a Franco, en la isla atlántica que sufrió el comienzo de la
guerra civil española.
Los turistas van y vienen cada día, las nubes son las mismas en todos sus recuerdos. La casa de una familia también se parece a los archipiélagos, sus ventanas nacen al otro lado del fondo del mar, los rayos del sol tocan a la puerta. En la isla atlántica de Tenerife una casa vale igual que el paraíso, no debe ser borrada del mapa, no hay leyes que puedan agredir el derecho a la vida y a la conservación de las raíces de un pueblo.
Los seres humanos que habitan entre los volcanes son como islas también, se miran y se sueñan, compartiendo la luz del atlántico. En Anaga todas las casas provienen de muy lejos, como la cueva y el sendero, la vida participa en la gran historia del mar.
Samir Delgado
(Texto en proceso de traducción)
Crédito de la fotografía: Turistas en Anaga, EL DÍA (2020)
viernes, 24 de febrero de 2023
“Taborno, la casa de nuestros abuelos”
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| El Montecillo, Taborno, isla de Tenerife |
Carta abierta al Pleno del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife
Sr.
Alcalde, D. José Manuel Bermúdez
Es un honor expresar el
agradecimiento al Pleno del Ayuntamiento de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife
por considerar en el orden del día, la vida y el acontecer de hoy en el caserío
de Taborno, Anaga. Como vecino empadronado en la zona del Montecillo he sido
testigo en los últimos veinte años, de la belleza y de la realidad de Taborno,
estas palabras se escriben a miles de kilómetros de distancia, en México, como
emigrante canario he sentido la nostalgia a diario por nuestras islas y desde
el pasado año realizo los trámites de emigrante retornado para acompañar a mi
familia y encontrar una nueva oportunidad para ofrecer a Canarias mi aportación
como escritor y gestor cultural. Acabo de recibir un galardón literario del
Gobierno de Canarias y estaré presente en primavera para solicitar de pleno
derecho que se me considere como ciudadano, de la isla de Tenerife, ya que
estar fuera no significa abandonar nuestra tierra y tras los sucesos del
derrumbe parcial por lluvias de nuestra casa familiar en Taborno, he sentido la
tristeza y la impotencia de un trato institucional muy alejado de lo que
representa nuestra pertenencia a la hora europea.
La casa de mis abuelos,
Don Cristóbal y Doña María, se ha visto afectada por una situación dramática,
fue una herencia centenaria y regalo de bodas, allí nacieron todos sus hijos,
en la casa de piedra que fue “ventita” tradicional a comienzos del siglo pasado
y que luego quedó en la memoria de la familia bajo las penurias de la dictadura.
Como muchos chicharreros de clase campesina y trabajadora los Delgado Perdomo,
familiares de los Martín y de los Alonso, de arraigo ancestral en Taborno,
fueron vecinos en los 60 de las barriadas de Santa Clara en la capital
tinerfeña. Gracias al destino pudimos acondicionar la casa de piedra a
comienzos del 2000, mi abuela, nacida en Afur, obtuvo ese regalo de la vida
para volver a saludar a su Tía Emiliana, a Doña Margarita, yo conocí también al
Tio Nino gracias al regreso de la familia a Taborno. Allí siguen las casas
cuevas de Don Santiago y Doña Isabel, tíos de mi madre, que son una pervivencia
de los antiguos moradores del Menceyato de Anaga, ojalá pueda usted visitarlas
algún día, para conocer la vida y el devenir de un caserío que fue motivo de
visita para personalidades como los viajeros franceses René Verneau y Sabino
Berthelot.
Quiero decirle Sr.
Alcalde, que es un desafío democrático para el Ayuntamiento de Santa Cruz de
Tenerife el considerar qué hacer en estos momentos decisivos sobre la
actualidad de Taborno, el correo postal y la atención sanitaria corresponde a
dependencias laguneras, desde hace décadas puedo afirmar que el caserío ha
padecido un abandono creciente de sus necesidades esenciales, además del Cierre
de la Escuela Rural y de la imposición del Radar de Anaga en Zona ZEPA y
Reserva de la Biosfera, el pueblo de Taborno ha seguido su costumbre de
permanecer entre la bruma de sus atardeceres. Hay caminos vecinales sin drenaje
óptimo y alcantarillado insuficiente, taludes y muros de zonas con camino
público que merecen un mayor esfuerzo de seguridad y en general la señalética
de todo el caserío está quemada por el sol. Hoy mismo tengo conocimiento de que
la ampliación del camino público hasta el domicilio de Doña Pilar es
insuficiente, hay mucha infraestructura por mejorar en el caserío, al menos una
rampa para personas mayores o discapacitadas a la entrada de la Escuela es lo más
razonable. Sr. Alcalde, en Taborno hay asistencia médica dos veces al mes, en
pleno siglo veintiuno Taborno merece todo lo mejor, es una deuda de la capital
tinerfeña con sus orígenes y con su destino.
La casa del Montecillo ha
sido noticia en Televisión Canaria por el derrumbe parcial debido a las lluvias
y por el desalojo de su morador, mi padre, ciudadano canario de pleno derecho y
de ascendencia árabe. Su alojamiento desde hace un mes, ha sido una pensión en
Santa Cruz con atención de los Servicios Sociales, ha estado la persona de la
tercera edad, vecina de Taborno, pernoctando en literas junto a refugiados
ucranianos, ciudadanos africanos que buscan una vida mejor en nuestras islas y
hasta personas en situación de “sin techo”. Quisiera preguntar, Sr. Alcalde,
qué fue de la oficina de atención a los damnificados por lluvias que desde el
Ayuntamiento se anunció en 2017 para atender situaciones de emergencia. El
protocolo institucional en este caso de Taborno ha sido preocupante, el
desalojado no ha recibido atención psicológica y su derecho a una vivienda en
alquiler o una plaza en residencia de la tercera edad es legítima.
No entendemos Sr.
Alcalde, como vecinos de Santa Cruz, las causas de que la Concejala de Distrito
me remita un mensaje por WhatsApp de no tener competencia en el caso del
Montecillo y que corresponde a Urbanismo, sucediendo que por la situación de
lejanía y de diferencia horaria mi único deseo como vecino empadronado era
conocer el estado del camino público colindante con nuestra casa afectada.
Hablar con los vecinos es lo menos que puede esperarse de un representante del
Consistorio. También desde Urbanismo, Sr. Alcalde, se procede de modo
unilateral para declarar un estado de emergencia y publicar en el BOE un
dictamen de demolición, con solo tres días para dar respuesta de parte de los
afectados. Estamos en el siglo XXI, no hay precedentes de actuaciones de este
tipo en caseríos de Anaga y lo primero de todo, Sr Alcalde, es garantizar la
seguridad y la integridad de las personas. Resulta alarmante que desde
Urbanismo en apenas unos días promuevan un presupuesto de 30.000 euros para
demolición y en años no hayan invertido en Taborno lo suficiente para resolver
las grandes problemáticas del Caserío.
Nunca, Sr. Alcalde, pensé
que como ciudadano de Santa Cruz de Tenerife, encontraría un trato hacia mis
familiares tan doloroso. Mi madre, heredera de la casa de Taborno, a día de hoy
padece una situación de enfermedad crónica y solo puede disponer del 30% de su
capacidad pulmonar, no puede defenderse ante esta situación. Y mi padre, la
persona desalojada, tiene más de 70 años y padece una inestabilidad emocional
provocada por el desalojo y la situación de separación conyugal que le ha
impedido afrontar este drama de modo íntegro. Ambos solo disponen de una
pensión no contributiva, la precariedad económica de muchas familias canarias
es la que muestran las estadísticas. Como ciudadano de Santa Cruz de Tenerife y
ante la gravedad de la situación, he solicitado ayuda y comprensión, la respuesta
al Dictamen de Urbanismo ha sido solicitar la rehabilitación del domicilio y la
mejora del muro de contención, los caminos públicos de Taborno necesitan una
inversión real y satisfactoria, este caso es uno de muchos que podrían suceder
en Anaga y no es deseable que la política de la sanción y de la multa, del
desalojo y la demolición sea la mejor forma de afrontar la realidad múltiple y
compleja de la vida de los vecinos en Anaga.
Sr. Alcalde, en este
Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, rogamos a consideración el
malestar vecinal por el cierre de los caminos tras el suceso en la casa del
Montecillo, así como la asistencia y cobertura a una persona de la tercera edad
desalojada de su domicilio, además de los dictámenes que desde Urbanismo se han
realizado de modo insatisfactorio: primero emergencia y demolición, luego
rectificación y que sean las personas afectadas las que arreglen todo, no se
encuentra por ningún lado al Ayuntamiento democrático, sensible y accesible,
cercano en sus servicios de atención al ciudadano. En este Pleno, se decide
algo más que un caso aislado y particular, está en juego el papel de una
institución como el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y su capacidad para
comprender y dar respuesta, humanamente hablando, a la vida real y a los
lugares que son el corazón de su historia y porvenir.
Mi deseo, Sr. Alcalde, es seguir siendo vecino de Taborno y de Santa Cruz de Tenerife, seguir escribiendo libros en la casa de los abuelos de Anaga, poder legar a los nietos un recuerdo familiar que conecta con las huellas ancestrales de nuestro pueblo. Por motivos de la situación en el norte de México, no he podido regresar a la isla a la mayor brevedad. Por la cultura árabe y la edad de mi padre, es necesario que se le explique de modo cercano la realidad de las leyes y los procedimientos a seguir. Agradezco que tome en consideración estas palabras y estimen en el Pleno la mejor resolución para todas las partes.
Taborno es un lugar para convivir
y compartir la belleza de un espacio natural y rural que es Reserva de la
Biosfera, memoria y seña de identidad de Tenerife y Canarias.
Muchas gracias
lunes, 24 de enero de 2022
"Mise-en-abyme" Clausura de la exposición de Pedro Lezcano Jaén
Un abismo que se mira puede reflejarlo
todo. La mirada humana se nutre tanto de la infinidad imaginada como de los
límites exactos del mundo conocible. En plena era global de las tecnologías satelitales,
la humanidad sigue abismada en su condición mortal y finita. La pandemia lo
único que nos ha devuelto felizmente es el abismo de lo desconocido. Y tal vez
el arte sea justamente aquello que sobrevive a todas las crisis civilizatorias.
Tras la exposición artística “Objetos de tiempo” de Pedro Lezcano Jaén en el
Paraninfo de la universidad, ya clausurada, hay una interrogación que puede
hacerse sobre el papel de las bellas artes en el panorama cultural
contemporáneo. La necesidad ética de la belleza es incuestionable y realmente la
trascendencia pública de una exposición de arte, pasada o futura, nunca se podrá
cuantificar en números.
Las vivencias de una visita a los
museos constituyen un atributo de las libertades. A pesar del final de una
exposición, queda el remanso de luz de la memoria de quienes sumaron esa
experiencia del mundo y del abismo a sus vidas. Y la bondad radical del artista
Pedro Lezcano Jaén aflora también cuando sus obras han sido descolgadas, rumbo
al atelier de todos los días. No puede suceder que sus creaciones no prosigan
ahora la senda internacional. Tal vez México, La Habana o Nueva York, es el designio
del arte que desborda los sentidos y es capaz de donar perplejidad. La
retrospectiva puso fin al silencio de un lustro, esperemos que en adelante la
presencia del artista se multiplique y sea pródiga fuera del horizonte insular.
La clausura de “Objetos de tiempo”
de Pedro Lezcano Jaén conlleva una triple renovación cíclica de espacios vacantes.
Por un lado, comienza un nuevo compás de tiempo creativo para el quehacer
futuro del artista, por otra parte, la sala de arte universitaria renueva su
programación para dar sentido a la lógica institucional tan necesitada de vida
real. Y en tercer lugar, el imaginario colectivo que se nutre de pervivencias y
evocaciones, la memoria ciudadana, que es un factor de la vida pública esencial
y un valor imprescindible del progreso, tendrá otro tiempo añadido de
asimilación para fraguar el depósito social de reminiscencias que ha expandido el
arsenal de imágenes de la obra de Pedro Lezcano Jaén. En cada una de sus piezas,
los visitantes han podido encontrar un reflejo de la identidad fracturada de
todas las vidas. El retrato de familia es universal. Una Lolita Pluma rediviva ha
vuelto a recorrer las calles de la imaginación colectiva. El salitre desconcha superficies
y cuerpos, los congéneres y las personas amadas un día desaparecerán de
nuestras vidas. Los marcos que también combinaba en sus cuadros el artista
palmero Cándido Camacho forman parte extra de la exposición, Y el artista
insular ha vuelto a escena para pintar lo sagrado dentro de la cueva y sacar a
la luz una verdad, la conciencia de estar vivos es lo que nos salva.
La ciudad de Las Palmas de Gran
Canaria atesora un circuito de arte actual de primera magnitud y la vida de los
artistas y creadores insulares depende de ella. Esta muestra, comisariada por Laura
García Morales, ha podido reunir toda la potencia de reivindicar más tiempo y
más espacio para la vida artística insular, más allá del escaparate turístico
unilateral que todo lo asimila y embadurna. Los cuadros han reflejado en el
devenir de las sociedades el rostro múltiple y diverso de las culturas, y en
las obras de Pedro Lezcano Jaén que nos han acelerado el pulso se puede extraer
la hipótesis de que la sociedad canaria habita realmente en ellas. El arte como
un espejo y un sudario, así como los personajes de Fernando Botero, agrandados
por la luz de Medellín, también la bañista y los niños, los personajes familiares
que Pedro Lezcano Jaén ha inmortalizado en su tiempo funesto de vida, atestiguan
el signo crucial de los años democráticos de la Autonomía canaria. Unas islas
que en su mayoría de edad comienzan a presentir la descomposición acelerada, donde
el deterioro irreversible y la pérdida inexorable de memoria generacional
evidencian el empacho del sistema del turismo de masas y el turbocapitalismo. La
caducidad, lo putrefacto, aquello que va a desaparecer se palpa en el impacto cotidiano
sobre las vidas y la representación de lo real que se hilvana bajo el imperio
del consumismo de las grandes superficies comerciales, en la vida extraña de las
autopistas, en el embrutecimiento social de la competitividad.
Pedro Lezcano Jaén, artista
polifacético, ha dado un jaque mate al aburrimiento y al control de la vida
social televisada, a la modorra del patio de recreo de ultramar que a pesar de
reproducir los males del individualismo y de la banalidad, la pestilencia de la
corrupción de décadas y el deterioro de su belleza natural, sigue conservando
en su panorama artístico y en la vida ciudadana el lado más cosmopolita que ha latido
siempre en su devenir histórico. La exposición “Objetos de tiempo” de Pedro
Lezcano Jaén insta a seguir viviendo, a reflexionar y a tomar conciencia de la
finitud de la vida. Como Manuel Millares que pintó lo más negro de la fatalidad
para dejar espacio a la esperanza, en la pintura y las esculturas de Pedro
Lezcano Jaén sobrevive el aura y la invocación, el llamado al diálogo
íntimo y a la rebeldía. El abismo permanece ante nuestros ojos y ha entrado el
pelicano del cuadro por la ventana.
Publicado originalmente en Canarias 7
viernes, 20 de agosto de 2021
Esta luz que arde. Sobre “Pintura número 100. César Manrique in memoriam” Por Lucía Rosa González
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| Portada del libro |
Reseña, XXV Premio Internacional de Poesía Tomás Morales
Si en Celan las palabras transgredían la realidad para crearla, en el caso de “Pintura número 100. Manrique in memoriam”, el poeta atraviesa los lienzos del artista lanzaroteño, absorbe su esencia y traduce no el lienzo sino el impulso del instante contemplado. Los poemas de Samir Delgado dan testimonio de ese acto íntimo, profundo, como si viese los lienzos a través de un caleidoscopio. He aquí el enigma; cómo de hondo fue el encuentro con la obra de Manrique para que se proyecte en el poeta la necesidad vital de trascender poéticamente tal revelación existencial.
En “Pintura número 100 Manrique in memoriam”, Premio Internacional de Poesía Tomás Morales 2019, dividido en seis apartados muy significativos («el sueño», «la pintura», «los volcanes», «fósiles», «la isla» y «el artista»), el insaciable universo poético de Samir Delgado interpreta el arte de César Manrique que ahora es doblemente inmortal.
En las intensas páginas de esta celebración poética da la sensación de que la sensibilidad del autor se anticipa a lo que los sentidos perciben. Y esta mirada imaginativa explosiona y acontece en un trance verbal como si la palabra no hubiera existido antes: “En una sola letra cabe el destino/ de todos los blancos de la nieve / La soledad del artista se alimenta / del fuego nocturno de las sombras”.
Porque la isla tiene manos y ojos, pero también la escultura o el cuadro y quien pinta la isla, una fusión tridimensional de seres que se transfiguran en sonido, ese otro ser que emerge y fluye con vida propia en la voz indispensable del autor que llega al rescate de la isla mediante el arte. Y es una voz que anda y respira y, si le cortaras las piernas que despliega, no trastocaría el rumbo porque ya es raíz germinada y bebe la ebriedad de la llama en la matriz de la isla engendrada.
Tal celebración sonora del color da paso a la herida del color, como si Samir rasguñara la sustancia de la luz que desprenden los seres que pueblan la mente poderosa de Manrique y los engullera; ¡no!, como si los mordiera y nos los devolviera trascendidos por medio de la saliva de la memoria: “Las manos de César encienden el lenguaje secreto de la noche de un bosque en las estrellas”.
Esta luz que arde en los primeros apartados de “Pintura número 100” se condensa y oscurece en “Los volcanes”, pero no se cierra del todo para dar paso al silencio, y en este ambiente de indagación en la negrura, la potencia de la lava aparece sin nombrarla y sucede y se entrega desnuda al lenguaje. Hay un encontronazo vibrante del paisaje con las palabras; un ejercicio de mimetización recíproca del lienzo con el paisaje y del paisaje con el cuadro, procedimiento visible en los poemas “Quemadas”, “Soo”, “Tinecheide” o “Tobas”.
Con un lenguaje desgarrado irrumpe el clímax en el conjunto de poemas de “Fósiles”, animales ancestrales empotrados en la lava que recreó Manrique, quien afirmaba que “la muerte que es las huellas de la vida es vida también”. Conmueve el poema “Torso enterrado”, colores sobrios, duros en el cuadro de Manrique, que en las páginas habitadas por “El torso” en Samir se tornan abrupto silencio, silencio estrujado: “El sueño de un pergamino de la lluvia en la noche del espanto que maúlla al olivar este silencio cielo arriba”, sucesión de imágenes que se besan encadenadas, sin tregua, en las que se presiente el conflicto, el duelo del arte que se revuelve a trozos en el interior de la tierra.
Pero algo que es para siempre debería estar vivo, en lo oscuro; quebrado el aliento, brega el arte, se desprende de labios, pechos, mente, desenterrando al fin el alma que permanece sin los huesos en la voz tan personal y necesaria del poeta que va del drama del enterramiento a la percepción de la muerte, de la que extrae no el bramido sino el timbre del bramido, su eterna resonancia.
Y además erupciones, lava que se derrumba y entra en ti como el hambre; versos eléctricos lo mismo que chispazos para que te vires y vuelvas de nuevo a leer el texto. Esa es la poesía de Samir Delgado. Y el poeta en su interior como las venas: “Llévate contigo la naranja y el volcán porque después de ti toda la luz volverá a ser la lluvia”.
Lucía Rosa González, poeta y dramaturga
Los Llanos de Aridane, La Palma, 2021
domingo, 27 de diciembre de 2020
"El milagro de pintar versos de lava" Reseña del libro “Pintura número 100”
Reseña del libro “Pintura número 100” XXV Premio de Poesía Tomás Morales
Por María Jesús Alvarado
lunes, 21 de diciembre de 2020
“De la naturaleza artística a la nebulosa lírica: una ruta bidireccional” Reseña de Noel Olivares
Reseña del libro “Pintura número 100” XXV Premio de Poesía Tomás Morales
lunes, 14 de septiembre de 2020
La última carta de Pedro Lezcano
Firmada en el mes de agosto de 2002, en la víspera insospechada de su muerte por venir, el poeta Pedro Lezcano escribe en su ordenador, al que denomina juguete informático, una última carta a su amiga Maribel Lacave, autora canaria residente en Chile. Tras décadas de amistad, confiesa que quiere contarle como era aquel ahora suyo, tan distinto al de otro ayer, octogenario y maltrecho. Estaba comenzando un nuevo siglo, el poeta Pedro Lezcano había nacido en Madrid y habían pasado muchos otros veranos ante sus ojos, los más oscuros del franquismo y también los veranos de la democracia. Suya era la isla submarina, la que se encuentra bajo el agua, la de los poemas que escribió durante toda una vida.
Dice Pedro Lezcano en su carta que pensaba que morir era otra cosa, y celebra el mar y la luz, la maravilla inalcanzable del mundo en la casa de Santa Brígida. Hay fotografías de familia en esa última carta que Maribel Lacave conserva como oro en paño en su casa de Chiloé, en los sures del mundo que se han convertido en la otra isla de la poeta canaria, autora de libros necesarios en la literatura de nuestros días. Y le dice Pedro Lezcano a su lejana amiga, a quien prologó libros suyos con otras cartas, que a pesar de guardar luto por su cuerpo envejecido sigue luchando por amar la vida. Habla de Chile, de cuando fue en viaje semi clandestino para cumplir con la tarea de auxiliar con recaudaciones monetarias de solidaridad a los sindicatos chilenos que padecían la crueldad despiadada de la dictadura de Pinochet.
Y es que Pedro Lezcano fue un hombre pacifista y de
letras, amante de los libros y de la humanidad, ajedrecista y micólogo, poeta
dibujante que supo de imprentas y de dramaturgia, de revistas y tribunas. Y fue
además el escritor nacido en Madrid que hizo de la insularidad su predestinación.
El augurio de haber llegado al mundo en tierra continental le hizo descubrir los
secretos del volcán, admira a los modernistas y sus conocimientos de filosofía
pura le acercan a la cultura como el lugar desde el que vivir, desde el lado
iluminador del pensamiento crítico, de la rebeldía de ideales.
Ya es un clásico en la tradición insular de la poesía aludir a la Antología Cercada que compartió con los hermanos Millares Sall, el poema de la maleta de los años 80 llevado a cómic y musicalizado por el Taller Canario -Rogelio Botanz es su mejor recitador-, libros suyos forman parte esencial de las bibliotecas públicas de las islas y como Presidente del Cabildo de Gran Canaria, durante el primer lustro de los años 90, demostró que la poesía también deber entenderse con los imperativos de la vida pública. Tras años de militancia política en la izquierda fue de los diputados canarios que defendió la autodeterminación de los pueblos, el derecho democrático que debía ser ejercido para el progreso de una sociedad. De hecho, igual que otros poetas canarios, como Francisco Tarajano y Agustín Millares, fue defensor de la clase trabajadora. Amigo del Sahara y de Cuba, de Nicaragua, de los pueblos que tejen la esperanza de sus días, frente a un sistema que lleva al planeta hacia la fatalidad y el colapso.
En la última carta que Pedro Lezcano escribe a la poeta
canaria Maribel Lacave, cuyos versos considera un faro de honestidad, sabía que
conservaba la lucidez aunque en los atardeceres sombríos de la edad esa
clarividencia podía ser fatídica. Escribe de su paraíso, que era bañarse en la
costa de la isla con toda suerte de azares. Y le pide que le cuente de aquellas
tierras mapuches, del otro lado del mundo, y que regrese pronto, porque se le
estaban acumulando los abrazos sobre el mar. Y firma, de puño y letra, la
última carta, fe de vida.
Publicado originalmente en el periódico Canarias 7
13 de septiembre de 2020
domingo, 30 de abril de 2017
Sobre un tablero de ajedrez (Poema de homenaje a la revista Gaceta de Arte)
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| Máquina infernal,Óscar Domínguez (1906-1957) |
lunes, 19 de diciembre de 2016
La capilla atlántica de Manuel Padorno en Madrid
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