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lunes, 31 de marzo de 2025

"Las ruinas y la rosa", Andrés Sánchez Robayna (In memoriam)

 


Acaba de fallecer el poeta Andrés Sánchez Robayna, a los 72 años de edad y a causa de un infarto, en Islas Canarias. El autor visitó México por última vez el pasado otoño de 2023, asistiendo como invitado al festival poético de San Luis Potosí. La experiencia del viaje le había reconfortado y suponía una participación especial tras su jubilación como catedrático de la Universidad de La Laguna. 

México siempre estuvo presente en su imaginario personal y en su devenir como uno de los escritores de nuestro tiempo, fue gran amigo de Octavio Paz y durante la andadura de todos los números de la Revista Vuelta, formó parte de los colaboradores regulares desde la orilla volcánica del archipiélago canario. La firma del poeta y ensayista en las páginas de Vuelta se remonta a sus propios orígenes como escritor, un extracto de sus diarios aparece publicado en el número 111, febrero de 1986, trasladando a la revista mexicana el temple atlántico de su mirada a la luminosidad de las islas, con el acento puesto en la indagación del lenguaje como espacio de experiencia esencial y la vida propia revestida bajo la transparencia del sueño insular. 

Andrés Sánchez Robayna fue autor de una obra poética singular, títulos suyos como “La roca”, “Tinta” o “Clima”, pertenecientes a su etapa inicial en la Barcelona del boom literario, se reconocen a la par junto a otros poemarios más biográficos como “El libro, tras la duna” del año 2000, así como diferentes antologías que se han significado como un referente de su obra literaria en editoriales como Visor o Galaxia Gutenberg. Precisamente esta última ha publicado sus poesías completas y ha incluido en su catálogo los ensayos más recientes del escritor canario, que abundan en temáticas de gran sugestión como el vaso de agua y la llama de la vela, a lo largo de la historia del arte y la literatura. 

Estos libros, de amplitud y síntesis, recuerdan mucho a la prosa diáfana de Octavio Paz en su vertiente como ensayista, el propio Sánchez Robayna ha puesto de manifiesto en el que ha sido su último libro, que se acaba de publicar en Galaxia Gutenberg, titulado “Las ruinas y la rosa”, la trascendencia de la lectura de Octavio Paz en su cosmovisión personal, el canario rememora en la entrada de mayor longitud del libro, aquellos paseos con el Nobel mexicano por Madrid y Ciudad de México, la anexión a su poética que desde joven estuvo marcada por un poema que trataba sobre Tlatelolco en 1968. 

Paz y Sánchez Robayna mantuvieron una larga amistad y precisamente una conversación sobre Góngora motiva la rememoración del poeta mexicano, su agudeza discursiva y la pasión intelectual que ambos compartieron. A lo largo de la travesía académica de Andrés Sánchez Robayna, resaltan sus estudios sobre el Siglo de Oro y páginas dedicadas al misticismo de San Juan de la Cruz y Sor Juana Inés, suyo es el volumen titulado “Para leer Primero sueño” publicado en 1980 por FCE, la gran autora mexicana cuyo apellido Azuaje está vinculado a la isla de Gran Canaria, lugar natal de Sánchez Robayna. 

En las páginas de “Las ruinas y la rosa”, convergen fragmentos de toda clase, libro poliédrico donde lo filosófico y lo poético se entrelazan, apuntes y esbozos que en síntesis revelan la pasión del pensamiento humano ante lo complejo del vivir y del universo, latidos del escritor que interconectan memoria y sensación, análisis y experiencia, una dinámica escritural que pervivió en todos sus diarios publicados en México por el Fondo de Cultura Económica, de 1996 a 2016, con los títulos “ La inminencia”, “Días y mitos” y  “Mundo, año, hombre”. De hecho, en todas se comparte un elogio recurrente a lo fotosensible, a la luminosidad del vivir y a la temporalidad sentida universalmente desde la escritura. 

La soledad creativa de Andrés Sánchez Robayna en unas islas marcadas por la explotación turística de los últimos 50 años, se convierte en íntima compañera de equipaje para quien lee, en cualquier punto cardinal del planeta, las islas se vuelven comunes y los destellos de sabiduría académica se entremezclan con la evocación de la infancia en el archipiélago, un espacio geomántico que durante siglos ha sido lugar común de utopías y civilizaciones visitantes. La portada de “Las ruinas y la rosa” pertenece a un cuadro metafísico y auroral del pintor siciliano Salvatore Mangione, Salvo, fallecido en Turín hace diez años. 

Como Octavio Paz, fue la pintura un motivo de interés permanente en la obra del escritor Sánchez Robayna, en su último libro aparecen anotaciones sobre Paul Klee, Hopper, Kandinsky o Matisse, una constante que además fue vital en su bibliografía con textos memorables en colaboración con pintores como Antoni Tàpies, en el libro de ambos “Sobre una confidencia del mar griego”. El mar precisamente, motiva toda una vida de escritura poética y en su otro poemario último, “Por el gran mar”, se hace eterno, estando inspirado en el diálogo con su difunta esposa, Marta Ouviña, y que obtuvo el Prix Mallarmé por su traducción al francés en 2022. 

Lo sagrado, la atracción fascinante de los paisajes insulares, el hallazgo de la verdad humana en la experiencia del viaje y de la mirada, traslaciones cosmopolitas del existir, así como la muerte y el amor, forman parte de la obra literaria de un autor contemporáneo cuya procedencia canaria y atlántica, renueva los parentescos y similitudes que la lengua española reúne en la diversidad del continente americano, de hecho Sánchez Robayna firma uno de los libros esenciales, “Cuaderno de islas” (Lumen, 2011) donde lo fragmentario aborda la insularidad y lo transfronterizo de la condición humana, “todo es isla”. 

El autor canario investigó las vanguardias, mantuvo amistades de vital resonancia con autores como José Ángel Valente, difundió la labor de la traducción como puente entre culturas, llevó adelante una revista, “Syntaxis”, que recuperaba con su generación el aliento universal de la cultura desde las islas, en paralela conexión con la revista “Gaceta de arte” de los surrealistas canarios que padecieron el golpe militar franquista. Sánchez Robayna visitó naciones y universidades, como Octavio Paz, llevó su país allá donde fue. 

Y en su escritura pervive esa intensa radiación de los mediodías atlánticos, así presintió el final en su último libro: “celajes jaspeados, chillidos de gaviotas. Junto al mar.”       

S.D 2025


sábado, 9 de septiembre de 2023

Antonio Abdo, 28º-17

 

Antonio Abdo (1937-2023) In memoriam

La isla de La Palma se encuentra a 28 grados de latitud y 17 de longitud según el buscador de Google. Y allí mismo, en ese rincón occidental de la Macaronesia, vive Antonio Abdo desde casi siempre. Él sonríe durante nuestro encuentro fulgurante en una terraza de la capital palmera con un gesto de arabidad melancólica, pues lleva en sus adentros el legado espirituoso del país de los cedros.

            Antonio Abdo, que es autor reconocido ampliamente en el panorama cultural canario por su trayectoria teatral y una obra creativa consolidada, sonríe a todas luces. Él es un hombre de tablas, polifacético y humanista, de un porte tan familiar que salta a la vista en su compañía que se le quiere -muy mucho- en la isla bonita.

            Él, Antonio Abdo, y su compañera en la vida y en la creación, la actriz Pilar Rey, llevaron a cabo la fundación de la Escuela Municipal de Teatro y el Teatro Chico en la década de los 80. Por ahí empezó todo y más atrás todavía, “desde 1967”-dice con un soplo nemotécnico-, y por esto mismo resulta natural que un teatro de la ciudad lleve su propio nombre. Para él, el teatro “lo ha sido todo, un modo de vida para la realización como persona”, a partir de la vinculación con la radio- cuenta con entusiasmo- en una época en la que todavía no existían las redes sociales globales.

            La estela creativa de Antonio Abdo es variada y múltiple, su formación está arraigada en el autodidactismo y una experienca pedagógica con mucha solera en el mundo de la dramaturgia, especialmente en el campo de la voz, “que es lo que me interesa”, por eso mismo la versificación es una materia importante en su andadura como profesor y autor de textos teatrales. Junto a Pilar Rey, siempre al alimón y siempre juntos como un tándem estelar, han desarrollado importantes cursos de interpretación en lugares como México D.F o La Habana, así como recitales en vivo directo sobre textos del mismísimo Quevedo. Y en las islas, sus nombres están vinculados a la promoción de la juventud por medio de unos premios literarios tan reconocidos en las últimas décadas como el galardón Poeta Félix Francisco Casanova.

            Antonio Abdo apura su cigarro en el devenir de una hora intensa, rememorativa,  confidencial. Él, palmero de pro, discurre acerca de la veta poética que le nació allá por los años 50, en una tertulia tacorontera dinamizada por Otilia López Palenzuela- “que fue amiga de Loynaz”-, y donde compartió junto a otros artífices de la inquietud cultural del momento que fueron sumando -unos y otros-, desde la radio, la prensa y la literatura, una retahíla de apellidos incontenible para condensar aquellos años duros: Julio Tovar, Paco Pimentel, o el argentino Edmundo Esedín. Y a la pregunta necesaria y correspondiente, sobre el mar, como tema poético y como trasunto vital, habla con serena rotundidad, sobre un “mar que es antes que un encierro, un camino esencial de los isleños”, al igual que ese “cielo, el del norte- señala- de una transparencia y una claridad que invita a ver siempre el final de la isla”.

            En plena efervescencia de su libro más reciente, “Mi abuelo de Akkar”, su escritura representa una obra emotiva y trascendental, que conecta el imaginario insular con la raíz de aquellos árabes que ya aparecieron en poemas de Tomás Morales como un segmento particular y arraigado en la población insular que despertaba el exotismo de lo oriental. “Para mí, por haber conocido a mis abuelos de la parte árabe, lo árabe significa cariño.Es otro mundo mejor, que es como desearía que fuese el mundo”

            La despedida de Antonio Abdo se hace pausada, entrañable, acompasada como todo en sus coordenadas cotidianas. A media voz, con una sonrisa a lo Omar Sharif en su mejor papel, como un actor de cine que es poeta, a 28 grados de latitud y 17 de longitud, donde vive y como vive, en La Palma.

Samir Delgado
Publicado originalmente en 2014


viernes, 3 de marzo de 2023

Carta abierta para lectores del Frankfurter Allgemeine Zeitung, Le Monde, The Times, Correio da Manhá, Corriere della Sera y Expressen

 


“Gigantes y molinos en una isla atlántica”

Hay lugares auténticos en todos los destinos del archipiélago de Canarias, muchos turistas acuden a realizar senderismo en el Macizo de Anaga como una de las experiencias más singulares de su estadía en Tenerife. Los caseríos de Taborno y Afur, nombres de origen prehispánico en esta isla de la Macaronesia, son referentes tradicionales de las medianías de color azul atlántico, se ve el mar desde el bosque. Las casas permanecen a plena luz del día, como si fuera de noche, se sienten lejanamente cerca, como un eco de otros tiempos.

En la actualidad hay una pequeña vivienda que sufrió un deslizamiento del terreno por las lluvias de invierno y se encuentra cerrada. Sus habitantes fueron desalojados y permanecen a la espera de un regreso difícil. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha preferido sancionar y demoler el domicilio familiar, en lugar de buscar una alternativa, para que la experiencia dramática de una pérdida de hogar no sea el destino para un lugar tan bello. La casa de piedra había sido a principios de 1900 una tienda de víveres, según la tradición oral. Al pueblo de Taborno acudieron personalidades de la cultura europea que visitaban la isla. La casa cerrada fue en su día un regalo de bodas para los abuelos y allí nacieron siete ciudadanos naturales de Taborno. Dos grandes laureles fueron testigos del éxodo rural sufrido por esta familia de Anaga, la dureza de la vida bajo la dictadura de Franco obligó a buscar el pan y una vida mejor en la capital de la isla canaria.

Muchas décadas después, a comienzos del nuevo siglo, la casa del Montecillo, en Taborno, volvió a tener luz y agua, la vida de una familia es muy parecida a un árbol, las raíces crecen hacia la profundidad y las hojas mueren y renacen al sol. En esta casa se escribieron libros de poesía, hubo una biblioteca con hasta veinte años de historia y ahora la casa está cerrada, a toda costa se mantiene en pie porque es de piedra antigua, todavía resiste porque forma parte del caserío, aunque con la cuenta atrás de treinta días para ser demolida. No hay camino para tractores o máquinas del Ayuntamiento, solo se puede llegar a pie, los senderos guanches son milenarios. Para las autoridades debe ser la familia quien debe hacer escombros su propio hogar, de lo contrario tendrá que asumir treinta mil euros del coste de la demolición. Las piedras de una casa en Anaga son centenarias, no se ven tras la pared, como la memoria de todos los silencios.  

Europa no se imagina esta nueva aventura para Cervantes, con gigantes y molinos, según se mire. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife ha ordenado la demolición por emergencia de una casa pequeña, desde la cual se ve el mar y el Roque de Taborno. Muchos hoteles de la isla de Tenerife fueron ilegales, aunque ningún hogar puede ser ilegal, los sueños y la vida no entienden de leyes. Las escrituras de una casa se llaman “hijuelas”, cuentan la historia de sus moradores. Nunca antes sucedió algo parecido en Anaga, la casa del Montecillo puede ser un caso perdido, aunque tal vez sobreviva mucho más tiempo que la Fuente del Monumento a Franco, en la isla atlántica que sufrió el comienzo de la guerra civil española.

Los turistas van y vienen cada día, las nubes son las mismas en todos sus recuerdos. La casa de una familia también se parece a los archipiélagos, sus ventanas nacen al otro lado del fondo del mar, los rayos del sol tocan a la puerta. En la isla atlántica de Tenerife una casa vale igual que el paraíso,  no debe ser borrada del mapa, no hay leyes que puedan agredir el derecho a la vida y a la conservación de las raíces de un pueblo. 

Los seres humanos que habitan entre los volcanes son como islas también, se miran y se sueñan, compartiendo la luz del atlántico. En Anaga todas las casas provienen de muy lejos, como la cueva y el sendero, la vida participa en la gran historia del mar.  


Samir Delgado


(Texto en proceso de traducción)

Crédito de la fotografía: Turistas en Anaga, EL DÍA (2020)


 

viernes, 24 de febrero de 2023

“Taborno, la casa de nuestros abuelos”

 

El Montecillo, Taborno, isla de Tenerife

Carta abierta al Pleno del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife


Sr. Alcalde, D. José Manuel Bermúdez

Es un honor expresar el agradecimiento al Pleno del Ayuntamiento de la Ciudad de Santa Cruz de Tenerife por considerar en el orden del día, la vida y el acontecer de hoy en el caserío de Taborno, Anaga. Como vecino empadronado en la zona del Montecillo he sido testigo en los últimos veinte años, de la belleza y de la realidad de Taborno, estas palabras se escriben a miles de kilómetros de distancia, en México, como emigrante canario he sentido la nostalgia a diario por nuestras islas y desde el pasado año realizo los trámites de emigrante retornado para acompañar a mi familia y encontrar una nueva oportunidad para ofrecer a Canarias mi aportación como escritor y gestor cultural. Acabo de recibir un galardón literario del Gobierno de Canarias y estaré presente en primavera para solicitar de pleno derecho que se me considere como ciudadano, de la isla de Tenerife, ya que estar fuera no significa abandonar nuestra tierra y tras los sucesos del derrumbe parcial por lluvias de nuestra casa familiar en Taborno, he sentido la tristeza y la impotencia de un trato institucional muy alejado de lo que representa nuestra pertenencia a la hora europea.

La casa de mis abuelos, Don Cristóbal y Doña María, se ha visto afectada por una situación dramática, fue una herencia centenaria y regalo de bodas, allí nacieron todos sus hijos, en la casa de piedra que fue “ventita” tradicional a comienzos del siglo pasado y que luego quedó en la memoria de la familia bajo las penurias de la dictadura. Como muchos chicharreros de clase campesina y trabajadora los Delgado Perdomo, familiares de los Martín y de los Alonso, de arraigo ancestral en Taborno, fueron vecinos en los 60 de las barriadas de Santa Clara en la capital tinerfeña. Gracias al destino pudimos acondicionar la casa de piedra a comienzos del 2000, mi abuela, nacida en Afur, obtuvo ese regalo de la vida para volver a saludar a su Tía Emiliana, a Doña Margarita, yo conocí también al Tio Nino gracias al regreso de la familia a Taborno. Allí siguen las casas cuevas de Don Santiago y Doña Isabel, tíos de mi madre, que son una pervivencia de los antiguos moradores del Menceyato de Anaga, ojalá pueda usted visitarlas algún día, para conocer la vida y el devenir de un caserío que fue motivo de visita para personalidades como los viajeros franceses René Verneau y Sabino Berthelot.

Quiero decirle Sr. Alcalde, que es un desafío democrático para el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife el considerar qué hacer en estos momentos decisivos sobre la actualidad de Taborno, el correo postal y la atención sanitaria corresponde a dependencias laguneras, desde hace décadas puedo afirmar que el caserío ha padecido un abandono creciente de sus necesidades esenciales, además del Cierre de la Escuela Rural y de la imposición del Radar de Anaga en Zona ZEPA y Reserva de la Biosfera, el pueblo de Taborno ha seguido su costumbre de permanecer entre la bruma de sus atardeceres. Hay caminos vecinales sin drenaje óptimo y alcantarillado insuficiente, taludes y muros de zonas con camino público que merecen un mayor esfuerzo de seguridad y en general la señalética de todo el caserío está quemada por el sol. Hoy mismo tengo conocimiento de que la ampliación del camino público hasta el domicilio de Doña Pilar es insuficiente, hay mucha infraestructura por mejorar en el caserío, al menos una rampa para personas mayores o discapacitadas a la entrada de la Escuela es lo más razonable. Sr. Alcalde, en Taborno hay asistencia médica dos veces al mes, en pleno siglo veintiuno Taborno merece todo lo mejor, es una deuda de la capital tinerfeña con sus orígenes y con su destino.

La casa del Montecillo ha sido noticia en Televisión Canaria por el derrumbe parcial debido a las lluvias y por el desalojo de su morador, mi padre, ciudadano canario de pleno derecho y de ascendencia árabe. Su alojamiento desde hace un mes, ha sido una pensión en Santa Cruz con atención de los Servicios Sociales, ha estado la persona de la tercera edad, vecina de Taborno, pernoctando en literas junto a refugiados ucranianos, ciudadanos africanos que buscan una vida mejor en nuestras islas y hasta personas en situación de “sin techo”. Quisiera preguntar, Sr. Alcalde, qué fue de la oficina de atención a los damnificados por lluvias que desde el Ayuntamiento se anunció en 2017 para atender situaciones de emergencia. El protocolo institucional en este caso de Taborno ha sido preocupante, el desalojado no ha recibido atención psicológica y su derecho a una vivienda en alquiler o una plaza en residencia de la tercera edad es legítima.

No entendemos Sr. Alcalde, como vecinos de Santa Cruz, las causas de que la Concejala de Distrito me remita un mensaje por WhatsApp de no tener competencia en el caso del Montecillo y que corresponde a Urbanismo, sucediendo que por la situación de lejanía y de diferencia horaria mi único deseo como vecino empadronado era conocer el estado del camino público colindante con nuestra casa afectada. Hablar con los vecinos es lo menos que puede esperarse de un representante del Consistorio. También desde Urbanismo, Sr. Alcalde, se procede de modo unilateral para declarar un estado de emergencia y publicar en el BOE un dictamen de demolición, con solo tres días para dar respuesta de parte de los afectados. Estamos en el siglo XXI, no hay precedentes de actuaciones de este tipo en caseríos de Anaga y lo primero de todo, Sr Alcalde, es garantizar la seguridad y la integridad de las personas. Resulta alarmante que desde Urbanismo en apenas unos días promuevan un presupuesto de 30.000 euros para demolición y en años no hayan invertido en Taborno lo suficiente para resolver las grandes problemáticas del Caserío.

Nunca, Sr. Alcalde, pensé que como ciudadano de Santa Cruz de Tenerife, encontraría un trato hacia mis familiares tan doloroso. Mi madre, heredera de la casa de Taborno, a día de hoy padece una situación de enfermedad crónica y solo puede disponer del 30% de su capacidad pulmonar, no puede defenderse ante esta situación. Y mi padre, la persona desalojada, tiene más de 70 años y padece una inestabilidad emocional provocada por el desalojo y la situación de separación conyugal que le ha impedido afrontar este drama de modo íntegro. Ambos solo disponen de una pensión no contributiva, la precariedad económica de muchas familias canarias es la que muestran las estadísticas. Como ciudadano de Santa Cruz de Tenerife y ante la gravedad de la situación, he solicitado ayuda y comprensión, la respuesta al Dictamen de Urbanismo ha sido solicitar la rehabilitación del domicilio y la mejora del muro de contención, los caminos públicos de Taborno necesitan una inversión real y satisfactoria, este caso es uno de muchos que podrían suceder en Anaga y no es deseable que la política de la sanción y de la multa, del desalojo y la demolición sea la mejor forma de afrontar la realidad múltiple y compleja de la vida de los vecinos en Anaga.

Sr. Alcalde, en este Pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, rogamos a consideración el malestar vecinal por el cierre de los caminos tras el suceso en la casa del Montecillo, así como la asistencia y cobertura a una persona de la tercera edad desalojada de su domicilio, además de los dictámenes que desde Urbanismo se han realizado de modo insatisfactorio: primero emergencia y demolición, luego rectificación y que sean las personas afectadas las que arreglen todo, no se encuentra por ningún lado al Ayuntamiento democrático, sensible y accesible, cercano en sus servicios de atención al ciudadano. En este Pleno, se decide algo más que un caso aislado y particular, está en juego el papel de una institución como el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y su capacidad para comprender y dar respuesta, humanamente hablando, a la vida real y a los lugares que son el corazón de su historia y porvenir.

Mi deseo, Sr. Alcalde, es seguir siendo vecino de Taborno y de Santa Cruz de Tenerife, seguir escribiendo libros en la casa de los abuelos de Anaga, poder legar a los nietos un recuerdo familiar que conecta con las huellas ancestrales de nuestro pueblo. Por motivos de la situación en el norte de México, no he podido regresar a la isla a la mayor brevedad. Por la cultura árabe y la edad de mi padre, es necesario que se le explique de modo cercano la realidad de las leyes y los procedimientos a seguir. Agradezco que tome en consideración estas palabras y estimen en el Pleno la mejor resolución para todas las partes. 

Taborno es un lugar para convivir y compartir la belleza de un espacio natural y rural que es Reserva de la Biosfera, memoria y seña de identidad de Tenerife y Canarias.

Muchas gracias

lunes, 24 de enero de 2022

"Mise-en-abyme" Clausura de la exposición de Pedro Lezcano Jaén

 

Obra cortesía del artista Pedro Lezcano Jaén

Un abismo que se mira puede reflejarlo todo. La mirada humana se nutre tanto de la infinidad imaginada como de los límites exactos del mundo conocible. En plena era global de las tecnologías satelitales, la humanidad sigue abismada en su condición mortal y finita. La pandemia lo único que nos ha devuelto felizmente es el abismo de lo desconocido. Y tal vez el arte sea justamente aquello que sobrevive a todas las crisis civilizatorias. Tras la exposición artística “Objetos de tiempo” de Pedro Lezcano Jaén en el Paraninfo de la universidad, ya clausurada, hay una interrogación que puede hacerse sobre el papel de las bellas artes en el panorama cultural contemporáneo. La necesidad ética de la belleza es incuestionable y realmente la trascendencia pública de una exposición de arte, pasada o futura, nunca se podrá cuantificar en números.

Las vivencias de una visita a los museos constituyen un atributo de las libertades. A pesar del final de una exposición, queda el remanso de luz de la memoria de quienes sumaron esa experiencia del mundo y del abismo a sus vidas. Y la bondad radical del artista Pedro Lezcano Jaén aflora también cuando sus obras han sido descolgadas, rumbo al atelier de todos los días. No puede suceder que sus creaciones no prosigan ahora la senda internacional. Tal vez México, La Habana o Nueva York, es el designio del arte que desborda los sentidos y es capaz de donar perplejidad. La retrospectiva puso fin al silencio de un lustro, esperemos que en adelante la presencia del artista se multiplique y sea pródiga fuera del horizonte insular.

La clausura de “Objetos de tiempo” de Pedro Lezcano Jaén conlleva una triple renovación cíclica de espacios vacantes. Por un lado, comienza un nuevo compás de tiempo creativo para el quehacer futuro del artista, por otra parte, la sala de arte universitaria renueva su programación para dar sentido a la lógica institucional tan necesitada de vida real. Y en tercer lugar, el imaginario colectivo que se nutre de pervivencias y evocaciones, la memoria ciudadana, que es un factor de la vida pública esencial y un valor imprescindible del progreso, tendrá otro tiempo añadido de asimilación para fraguar el depósito social de reminiscencias que ha expandido el arsenal de imágenes de la obra de Pedro Lezcano Jaén. En cada una de sus piezas, los visitantes han podido encontrar un reflejo de la identidad fracturada de todas las vidas. El retrato de familia es universal. Una Lolita Pluma rediviva ha vuelto a recorrer las calles de la imaginación colectiva. El salitre desconcha superficies y cuerpos, los congéneres y las personas amadas un día desaparecerán de nuestras vidas. Los marcos que también combinaba en sus cuadros el artista palmero Cándido Camacho forman parte extra de la exposición, Y el artista insular ha vuelto a escena para pintar lo sagrado dentro de la cueva y sacar a la luz una verdad, la conciencia de estar vivos es lo que nos salva.    

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria atesora un circuito de arte actual de primera magnitud y la vida de los artistas y creadores insulares depende de ella. Esta muestra, comisariada por Laura García Morales, ha podido reunir toda la potencia de reivindicar más tiempo y más espacio para la vida artística insular, más allá del escaparate turístico unilateral que todo lo asimila y embadurna. Los cuadros han reflejado en el devenir de las sociedades el rostro múltiple y diverso de las culturas, y en las obras de Pedro Lezcano Jaén que nos han acelerado el pulso se puede extraer la hipótesis de que la sociedad canaria habita realmente en ellas. El arte como un espejo y un sudario, así como los personajes de Fernando Botero, agrandados por la luz de Medellín, también la bañista y los niños, los personajes familiares que Pedro Lezcano Jaén ha inmortalizado en su tiempo funesto de vida, atestiguan el signo crucial de los años democráticos de la Autonomía canaria. Unas islas que en su mayoría de edad comienzan a presentir la descomposición acelerada, donde el deterioro irreversible y la pérdida inexorable de memoria generacional evidencian el empacho del sistema del turismo de masas y el turbocapitalismo. La caducidad, lo putrefacto, aquello que va a desaparecer se palpa en el impacto cotidiano sobre las vidas y la representación de lo real que se hilvana bajo el imperio del consumismo de las grandes superficies comerciales, en la vida extraña de las autopistas, en el embrutecimiento social de la competitividad.

Pedro Lezcano Jaén, artista polifacético, ha dado un jaque mate al aburrimiento y al control de la vida social televisada, a la modorra del patio de recreo de ultramar que a pesar de reproducir los males del individualismo y de la banalidad, la pestilencia de la corrupción de décadas y el deterioro de su belleza natural, sigue conservando en su panorama artístico y en la vida ciudadana el lado más cosmopolita que ha latido siempre en su devenir histórico. La exposición “Objetos de tiempo” de Pedro Lezcano Jaén insta a seguir viviendo, a reflexionar y a tomar conciencia de la finitud de la vida. Como Manuel Millares que pintó lo más negro de la fatalidad para dejar espacio a la esperanza, en la pintura y las esculturas de Pedro Lezcano Jaén sobrevive   el aura y la invocación, el llamado al diálogo íntimo y a la rebeldía. El abismo permanece ante nuestros ojos y ha entrado el pelicano del cuadro por la ventana.         


Publicado originalmente en Canarias 7 

viernes, 20 de agosto de 2021

Esta luz que arde. Sobre “Pintura número 100. César Manrique in memoriam” Por Lucía Rosa González

 

Portada del libro 


Reseña, XXV Premio Internacional de Poesía Tomás Morales

Si en Celan las palabras transgredían la realidad para crearla, en el caso de “Pintura número 100. Manrique in memoriam”, el poeta atraviesa los lienzos del artista lanzaroteño, absorbe su esencia y traduce no el lienzo sino el impulso del instante contemplado. Los poemas de Samir Delgado dan testimonio de ese acto íntimo, profundo, como si viese los lienzos a través de un caleidoscopio. He aquí el enigma; cómo de hondo fue el encuentro con la obra de Manrique para que se proyecte en el poeta la necesidad vital de trascender poéticamente tal revelación existencial.

En “Pintura número 100 Manrique in memoriam”, Premio Internacional de Poesía Tomás Morales 2019, dividido en seis apartados muy significativos («el sueño», «la pintura», «los volcanes», «fósiles», «la isla» y «el artista»), el insaciable universo poético de Samir Delgado interpreta el arte de César Manrique que ahora es doblemente inmortal. 

En las intensas páginas de esta celebración poética da la sensación de que la sensibilidad del autor se anticipa a lo que los sentidos perciben. Y esta mirada imaginativa explosiona y acontece en un trance verbal como si la palabra no hubiera existido antes: “En una sola letra cabe el destino/ de todos los blancos de la nieve / La soledad del artista se alimenta / del fuego nocturno de las sombras”.

Porque la isla tiene manos y ojos, pero también la escultura o el cuadro y quien pinta la isla, una fusión tridimensional de seres que se transfiguran en sonido, ese otro ser que emerge y fluye con vida propia en la voz indispensable del autor que llega al rescate de la isla mediante el arte. Y es una voz que anda y respira y, si le cortaras las piernas que despliega, no trastocaría el rumbo porque ya es raíz germinada y bebe la ebriedad de la llama en la matriz de la isla engendrada.

Tal celebración sonora del color da paso a la herida del color, como si Samir rasguñara la sustancia de la luz que desprenden los seres que pueblan la mente poderosa de Manrique y los engullera; ¡no!, como si los mordiera y nos los devolviera trascendidos por medio de la saliva de la memoria: “Las manos de César encienden el lenguaje secreto de la noche de un bosque en las estrellas”.

Esta luz que arde en los primeros apartados de “Pintura número 100” se condensa y oscurece en “Los volcanes”, pero no se cierra del todo para dar paso al silencio, y en este ambiente de indagación en la negrura, la potencia de la lava aparece sin nombrarla y sucede y se entrega desnuda al lenguaje. Hay un encontronazo vibrante del paisaje con las palabras; un ejercicio de mimetización recíproca del lienzo con el paisaje y del paisaje con el cuadro, procedimiento visible en los poemas “Quemadas”, “Soo”, “Tinecheide” o “Tobas”. 

Con un lenguaje desgarrado irrumpe el clímax en el conjunto de poemas de “Fósiles”, animales ancestrales empotrados en la lava que recreó Manrique, quien afirmaba que “la muerte que es las huellas de la vida es vida también”. Conmueve el poema “Torso enterrado”, colores sobrios, duros en el cuadro de Manrique, que en las páginas habitadas por “El torso” en Samir se tornan abrupto silencio, silencio estrujado: “El sueño de un pergamino de la lluvia en la noche del espanto que maúlla al olivar este silencio cielo arriba”, sucesión de imágenes que se besan encadenadas, sin tregua, en las que se presiente el conflicto, el duelo del arte que se revuelve a trozos en el interior de la tierra. 

Pero algo que es para siempre debería estar vivo, en lo oscuro; quebrado el aliento, brega el arte, se desprende de labios, pechos, mente, desenterrando al fin el alma que permanece sin los huesos en la voz tan personal y necesaria del poeta que va del drama del enterramiento a la percepción de la muerte, de la que extrae no el bramido sino el timbre del bramido, su eterna resonancia. 

Y además erupciones, lava que se derrumba y entra en ti como el hambre; versos eléctricos lo mismo que chispazos para que te vires y vuelvas de nuevo a leer el texto. Esa es la poesía de Samir Delgado. Y el poeta en su interior como las venas: “Llévate contigo la naranja y el volcán porque después de ti toda la luz volverá a ser la lluvia”.  


Lucía Rosa González, poeta y dramaturga

Los Llanos de Aridane, La Palma, 2021




domingo, 27 de diciembre de 2020

"El milagro de pintar versos de lava" Reseña del libro “Pintura número 100”


Reseña del libro “Pintura número 100” XXV Premio de Poesía Tomás Morales
Por María Jesús Alvarado


¿Qué fue primero? ¿La isla -volcán, viento, luz, memoria-, la pintura o la poesía? El milagro del arte ocurre cuando todo ello se confunde, cuando el poeta se convierte en materia y pinta el paisaje con sus versos. El orden no importa, tampoco la lógica ni el tiempo. César Manrique (1919-2019) fechó su Pintura nº100 en 1962, cuando ya había visto, sentido y respirado mucha isla. Samir Delgado la convierte en poesía cuando César cumple cien años, cuando es más pintura, más lienzo, más isla.  Porque el artista no muere nunca, crece con su obra cada día que pasa, y cualquiera que se acerque a ella, sea ahora o en cien años más, tendrá el privilegio de transitar por su paisaje como si fuera el momento en que la lava bullía desde las profundidades de la tierra para cubrir de negro y rojo la superficie de Lanzarote, y entenderá que los árboles puedan enraizar en el cielo y crecer hacia la tierra, buscando el fuego.

La contemplación emocional consciente del arte nos conecta con nuestra esencia más profunda y con la infinitud del universo. Conseguirlo a través de un recorrido de versos que nos la describen es también un arte. Y eso es lo que hace el poeta Samir Delgado, que practica la contemplación del arte con una mirada amplia, sencilla e íntima, consiguiendo que nuestra visión de las obras y artistas a los que nos convoca, aun siendo conocidos, se torne totalmente nueva y entusiasmada tras la lectura de sus versos.

Con este poemario, Samir Delgado no se limita a acercarnos a la Pintura nº100 de Manrique, sino que nos hace caminar por toda su obra pictórica y a través de ella homenajea con asombro y admiración la naturaleza volcánica de Lanzarote y el sueño de un artista que consiguió contagiarnos y convertirlo en el sueño de todos para este archipiélago tan necesitado de realidades que lo salven de sí mismo.

Precisamente “El sueño” es el título de la primera parte de este libro, que sigue con “La pintura”, “Los volcanes”, ¨Fósiles”, “La isla” y “El artista”. A través de cada uno de estos apartados, los versos de Samir Delgado nos llevan a redescubrir los lugares de la isla: Femés, Soo, Timanfaya, Las salinas, Famara, como si fuésemos el propio Manrique cuando los recorrió y se impregnó de ellos por primera vez, y nos conecta a su vez con su espíritu universal y cosmopolita, llevándonos a lugares tan diversos y dispersos como Atenas, Altamira, El Támesis, Venecia, Laussane, África, Amazonas, La Gran Manzana, Central Park, Lexington Avenue o el cine Princesa. La isla de Lanzarote como epicentro de un movimiento que nos conecta con la vida que late en cualquier rincón del planeta, y con la muerte, que puede sorprendernos en cualquier momento, como sorprendió a César en su BMW735i. Solo por sorpresa podía irse ese hombre que se atrevía a jugar con el viento pero incapaz de representar la guerra. 

Pintura nº100 nos adentra, verso a verso, entre cenizas y asombro, en una isla que arde y que nace en cada nueva mirada que la cubre. Una isla que se ve a sí misma desde fuera y desde dentro. Atlántico bañando la memoria. Viento africano que acaricia el espanto del fuego. Luz convertida en tierra negra, en sal, en huella. Negro que arde para envolver la isla en silencio permanente. Eso y mucho más es el milagro de Lanzarote, lo que esta Pintura número 100 de Manrique y Delgado no quiere que olvidemos. 


Publicado originalmente en el periódico Canarias 7, Islas Canarias


 

lunes, 21 de diciembre de 2020

“De la naturaleza artística a la nebulosa lírica: una ruta bidireccional” Reseña de Noel Olivares

 



Reseña del libro “Pintura número 100” XXV Premio de Poesía Tomás Morales


La entrega literaria de Samir Delgado “Pintura número 100” (César Manrique in memoriam), obra ganadora del XXV Premio Internacional de Poesía Tomás Morales (2019) recorre el universo manriqueño con formidable aliento poético en correspondencia con la versatilidad de la obra del artista lanzaroteño. Dividido en seis secciones, el libro conforma una topografía y una cosmogonía entre arte y poesía, territorios colindantes y extensivos, concluyentes. La lectura de la isla que en César se vuelve epicentro de un mundo dentro de otro a través de materiales tangibles, Samir Delgado lo transforma por medio de la palabra en otros mundos dentro de este (Éluard) con la materia del verso, heraldo fidedigno del espíritu.

Pintar la isla para recobrarla, escribir la isla para habitarla, Samir Delgado inició un buen día su exilio voluntario del archipiélago canario en busca de su destino (easy rider). Y tras su etapa conquense, primera estación donde dejó su impronta de revolucionario de las artes, alcanzó suelo mexicano, el mítico horizonte que acogió a tantos refugiados de la tragedia española del siglo veinte. Desde México, Samir Delgado está más presente que nunca a través del continente de los sueños con el archipiélago que lleva en la sangre. Y la prueba de esto reside en su titánico quehacer literario de ejercicio poético y labor crítica de los últimos años con excelentes libros como la trilogía precedente sobre arte y artistas: Galaxia Westerdahl, Las geografías circundantes (Tributo a Manuel Millares) y Jardín Seco -publicado por la editorial madrileña Bala Perdida- en torno a la obra de Fernando Zóbel.

Este volumen dedicado a la nebulosa estelar del gran César Manrique en el centenario de su nacimiento es un virtuoso homenaje en verso que traduce el espíritu de un creador inigualable desde la intensidad de un poeta en plenitud de sus facultades. El resultado bien a la vista está y el lector revive a través de estos poemas un itinerario sembrado de elementos icónicos representativos de un singular mundo artístico. Versos de fuego grabados en los surcos de la piedra, en el alma del paisaje que borbotea el aliento de los volcanes como “las piedras que siempre dicen la verdad después de la lluvia”. La soledad del artista, la soledad del poeta “se alimenta del fuego nocturno de las sombras” pero hay mucha luz en los versos de Samir y en el universo de César, -y mucha sombra en el anverso-, reflejos pintados porque aún persiste “muy lejos todo el sol/para después de la muerte”.

Las manos del pintor y las manos del poeta “encienden el lenguaje secreto de la noche de un bosque en las estrellas” y así los universos duales se corresponden y superponen fusionándose en explosiones infinitas desde la noche de los tiempos hasta el día sin fin. En la serie “Fósiles” (sección cuarta del libro) encontramos poderosos ecos del pasado, el pasado que nos habla con un verbo aplastante, permutativo, versos que son versículos enroscados como enredaderas en llamas, vestigios de un mundo paleontológico, testamento y testimonio de la muerte en poemas como Torso enterrado, Pájaro aplastado, Toro calcinado, Fósil anfibio. En la sección quinta “La isla”, el ser errante, alegoría del destino humano, reconoce su soñado renacimiento, encarna la isla y cierra los ojos para verla nacer dentro de sí jugando con el viento, juguete y jugador, comodín atemporal del universo.

Y llegamos al epílogo, un mundo verdadero frente a un mundo de imitación, “el engranaje turístico global”, ante la hora de la verdad, la hora del despojamiento de las máscaras, de la velocidad de la luz y la velocidad terrestre más allá del aire muerto para el desaliento del pájaro y el estigma de la flor de volcán. El poema BMW735i, una obra emblemática de César que simboliza su destino de “ser contemporáneo del futuro” define ese momento a partir del cual el artista entra en la inmortalidad: “Toda/ la sangre/ de un solo/cuerpo/detenida/al margen/de la circulación/el único instante/ del ángel”.

Pintura y poesía, éxtasis y vértigo, satélites, cometas, semillas y frutos, contorsionismos de arte y espacio, letra y claroscuros, huellas en el camino “la huella de un diente de sol” rastrean el devenir de las raíces en el cielo, el itinerario del artista perdido en los caminos del bosque de la existencia. César Manrique, a través de su legado encontró a su poeta, el artista de los sueños que da la réplica, el filósofo que argumenta y el profeta que anuncia: todo orden será superado por su perfectibilidad. En el poema “Solo en arena negra” de la primera sección (El sueño) círculo perfecto, leemos: “Al pintar la isla otra voz dirá entonces el nombre del origen de la caldera y la cárcava y el primer fuego”. Y más allá de la simbiosis de los lenguajes el corazón planea como un pájaro camino de una desierta lejanía indescifrable.


Publicado originalmente en Diario de Avisos, Suplemento cultural "El Perseguidor"

lunes, 14 de septiembre de 2020

La última carta de Pedro Lezcano

Fotografía cortesía de Maribel Lacave, 1981

Firmada en el mes de agosto de 2002, en la víspera insospechada de su muerte por venir, el poeta Pedro Lezcano escribe en su ordenador, al que denomina juguete informático, una última carta a su amiga Maribel Lacave, autora canaria residente en Chile. Tras décadas de amistad, confiesa que quiere contarle como era aquel ahora suyo, tan distinto al de otro ayer, octogenario y maltrecho. Estaba comenzando un nuevo siglo, el poeta Pedro Lezcano había nacido en Madrid y habían pasado muchos otros veranos ante sus ojos, los más oscuros del franquismo y también los veranos de la democracia. Suya era la isla submarina, la que se encuentra bajo el agua, la de los poemas que escribió durante toda una vida.

Dice Pedro Lezcano en su carta que pensaba que morir era otra cosa, y celebra el mar y la luz, la maravilla inalcanzable del mundo en la casa de Santa Brígida. Hay fotografías de familia en esa última carta que Maribel Lacave conserva como oro en paño en su casa de Chiloé, en los sures del mundo que se han convertido en la otra isla de la poeta canaria, autora de libros necesarios en la literatura de nuestros días. Y le dice Pedro Lezcano a su lejana amiga, a quien prologó libros suyos con otras cartas, que a pesar de guardar luto por su cuerpo envejecido sigue luchando por amar la vida. Habla de Chile, de cuando fue en viaje semi clandestino para cumplir con la tarea de auxiliar con recaudaciones monetarias de solidaridad a los sindicatos chilenos que padecían la crueldad despiadada de la dictadura de Pinochet.

Y es que Pedro Lezcano fue un hombre pacifista y de letras, amante de los libros y de la humanidad, ajedrecista y micólogo, poeta dibujante que supo de imprentas y de dramaturgia, de revistas y tribunas. Y fue además el escritor nacido en Madrid que hizo de la insularidad su predestinación. El augurio de haber llegado al mundo en tierra continental le hizo descubrir los secretos del volcán, admira a los modernistas y sus conocimientos de filosofía pura le acercan a la cultura como el lugar desde el que vivir, desde el lado iluminador del pensamiento crítico, de la rebeldía de ideales.

Ya es un clásico en la tradición insular de la poesía aludir a la Antología Cercada que compartió con los hermanos Millares Sall, el poema de la maleta de los años 80 llevado a cómic y musicalizado por el Taller Canario -Rogelio Botanz es su mejor recitador-, libros suyos forman parte esencial de las bibliotecas públicas de las islas y como Presidente del Cabildo de Gran Canaria, durante el primer lustro de los años 90, demostró que la poesía también deber entenderse con los imperativos de la vida pública. Tras años de militancia política en la izquierda fue de los diputados canarios que defendió la autodeterminación de los pueblos, el derecho democrático que debía ser ejercido para el progreso de una sociedad. De hecho, igual que otros poetas canarios, como Francisco Tarajano y Agustín Millares, fue defensor de la clase trabajadora.  Amigo del Sahara y de Cuba, de Nicaragua, de los pueblos que tejen la esperanza de sus días, frente a un sistema que lleva al planeta hacia la fatalidad y el colapso.

En la última carta que Pedro Lezcano escribe a la poeta canaria Maribel Lacave, cuyos versos considera un faro de honestidad, sabía que conservaba la lucidez aunque en los atardeceres sombríos de la edad esa clarividencia podía ser fatídica. Escribe de su paraíso, que era bañarse en la costa de la isla con toda suerte de azares. Y le pide que le cuente de aquellas tierras mapuches, del otro lado del mundo, y que regrese pronto, porque se le estaban acumulando los abrazos sobre el mar. Y firma, de puño y letra, la última carta, fe de vida.


Publicado originalmente en el periódico Canarias 7

13 de septiembre de 2020

 

 

domingo, 30 de abril de 2017

Sobre un tablero de ajedrez (Poema de homenaje a la revista Gaceta de Arte)

Máquina infernal,Óscar Domínguez (1906-1957)

Gaceta de Arte (1932-1936) revista de la generación surrealista de las islas en la II República Española


Qué profundo correr por mares de silencio
Domingo López Torres


AQUEL VERANO detuvo el timbre cosmopolita
de los despertadores. Acuartelados pelotones
de alfiles negros pisotearon los túmulos de luz
con su alquimia sonora. Fue un jaque mate fallido.
Todavía las pajaritas surrealistas asoman el rabillo
de sus ojos por las cerraduras líquidas de la historia.

Samir Delgado,Banana Split, 2010

lunes, 19 de diciembre de 2016

La capilla atlántica de Manuel Padorno en Madrid

La luna del mediodía, Capilla atlántica
2000. Acrílico sobre cartulina. 36 x 51 cms.

Poemas inéditos, trípticos oceánicos, restos fósiles de la Playa de Las Canteras en Madrid. Las obras completas de Manuel Padorno que han comenzado a ser editadas por Pre-Textos tienen su otro lado en la nave de varias plantas localizada en San Sebastián de los Reyes, lugar escogido por los herederos del escritor nacido en Tenerife en 1933, que han conservado buena parte del legado pictórico y literario tras su fallecimiento en 2002. Y es que el futuro del árbol de luz, del nómada urbano, del ingenio padorniano está garantizado y más vivo que nunca, para mayor gloria además del imaginario de la insularidad atlántica que representa el conjunto total de una obra poética esclarecedora y vislumbrante del transcurso de la democracia y la autonomía en Canarias.

Manuel Padorno significó mucho en su periplo de vida para los demás,  para las islas y para el entorno literario que animó junto a Josefina Betancor en la mítica editorial JB. Los hallazgos de su escritura volcada en el universo simbólico del azul atlántico otorgaron a la poesía en español contemporánea un pico de alcance filosófico que desentrañó una deriva lírica personalísima y de enorme potencial expresivo, difícilmente reducible a las tendencias de la experiencia y de la conciencia, más a caballo entre el pulso epistémico y un punto de inflexión tardío en torno a la interrogante permanente sobre la conformación de la proyección creativa del poeta en el espacio universal de la isla y del propio decurso de la modernidad.

Cuando en 1978 se anunció la exposición de su obra gráfica en la sala del cine Griffith de Madrid ya el poeta desarrollaba en su adentro el camino hacia una metafísica de la luz, el cosmorama esencial de una insularidad desentrañada en su visión tricontinental, a través de declaraciones como la del Manifiesto de El Hierro y los posteriores textos sobre la identidad de la comarca atlántica. Más tarde vendría la residencia definitiva en Las Palmas de Gran Canaria, el colofón absoluto para una producción estética del artista que todavía espera una importante retrospectiva, el reconocimiento definitivo de todos los públicos y de la crítica especializada, el anclaje natural de su cosmovisión novoedénica al devenir histórico de la sociedad canaria actual. 

La aspiración universal de la recreación padorniana del mundo está vinculada a los paisajes con un aura superviviente al merchandising del turismo de masas. Su nube rosa, la pirámide y el vaso, la gaviota de luz contienen unos parámetros éticos que resuelven las múltiples problemáticas derivadas de la pérdida de valores patrimoniales y la crisis ecológica sin precedentes del nuevo milenio, todo ello junto al incuestionable derecho a la libre creación del poeta, la soberanía individual y el anhelo de otro lado heredado del pensamiento utópico.

La imagen y el verbo poético de Manuel Padorno ofrecen a las nuevas generaciones el ejemplo de una continuación fértil y productiva, a nivel creativo, para la reflexión del curso de la historia y el lugar de las islas en el planeta, la feliz determinación insular del paisaje atlántico y la epifanía de un nomadismo irreverente. Él experimentó a todas luces el metabolismo del lenguaje, la psicogeografía urbana, los métodos de búsqueda, hallazgo y extravío de los sentidos a pie de playa, sus cuadros y sus libros, ontología resumida ahora en su memorial de vida, la capilla atlántica de Madrid.

*Publicado en el suplemento El Perseguidor, Diario de Avisos, diciembre 2016, Canarias