domingo, 1 de noviembre de 2026

Las constelaciones secretas de Lilia Carrillo en una galería de Nueva York

 


Todas las brújulas señalan al norte. El magnetismo del planeta hace que las agujas se muevan como un juguete excepcional para la imaginación. En este recién llegado noviembre, en la Sierra Madre Occidental se puede voltear la mirada hacia las cataratas que forma la lluvia, el agua sobre el verde sugiere paraísos de luz que sorprenden en un instante irrepetible.

Así sucede en muchos lugares de Durango que deben ser visitados, al menos una vez en la vida, como la Cascada del Salto del Agua Llovida o las Tres cascadas de Piaxtla que se recomiendan en los motores de búsqueda de Google. Sin embargo, ninguna imagen puede sustituir a la mirada directa que se hace huella deslumbrante en la memoria. La naturaleza obsequia sus mejores diamantes y una parte esencial de todas las culturas se nutre del tiempo y de los espacios como un verdadero imán. Hay muchos momentos que serán recordados, porque unas agujas marcaron el destino seguro hacia la realidad de aquellos territorios de felicidad alcanzada que representan lo más importante de años y décadas en la vida.

Ya entrado el otoño, en estas geografías del norte mexicano se pueden apreciar los atardeceres con una densidad excepcional. Los relumbres de sol a cierta hora inyectan su tinta ígnea a las nubes, los limbos de blancura y la quimera del celeste tienden hacia rojos carmín, no son pocas las fotografías anónimas que circulan en las redes sociales con cielos de Durango que cautivan y asombran por su belleza. Son las constelaciones secretas.

Sin duda, lo más parecido a estos espejismos se halla en la pintura del pasado y del presente. Y es que multitud de artistas han volcado sus colores en el lienzo para dialogar con la experiencia de quien mira, esa posibilidad del arte para mirar los colores de otras épocas y sueños. Por eso mismo, los cuadros hacen que la imagen multiplique sus efectos, como unos eclipses de antaño que vuelven a la actualidad. Es una riqueza tremenda, la del patrimonio visual que no conoce fronteras, como las aguas gélidas del Polo norte, cuyos paisajes pueden imaginarse o ser leídos en las bibliotecas. Un lugar con libros es un oasis de cultura que conserva un espacio libre para el conocimiento, a menos que se cierren por la incompetencia de los gobiernos municipales que miden con calculadoras el futuro de la gente.

En el umbral del calendario que señala el Día de Muertos, se puede disfrutar de la oscuridad de la noche con un sentido de la trascendencia terrenal que lleva a imaginar espectros y leyendas del más allá. La infancia es un divino tesoro y se nutre de la curiosidad en todas las generaciones. Justamente, ese poder para incentivar la magia de las miradas es intemporal, no puede erradicarse con recortes a museos y bibliotecas, ya que todo el mundo debería ejercer la libertad de soñar. Los píxeles no pueden sustituir a los verdaderos colores que confeccionan las obras de arte, ya que están hechas por seres humanos, así como tampoco la Inteligencia Artificial tendrá jamás la facultad de hacer literatura. Las novelas que han ganado premios y se sospecha de ellas tras ser escritas por IA ponen de manifiesto que la verdadera potestad está en los lectores, no se puede engañar a la creatividad.

En tiempos de crisis, la cultura afrontó situaciones complejas y encontró los caminos, como las brújulas que señalan al norte. En el arte mexicano, una mujer como Lilia Carrillo asumió la decisión de pintar por ella misma y fabricar cartografías interiores, capaces de irradiar luz y sombra desde la materia plástica. Hay pinturas suyas inspiradas en la llamada Zona del Silencio, una geografía a la que pertenece Durango, con sus paisajes desérticos, boscosos y de sierra. Es un mundo pictórico que en el Museo de Arte Abstracto de Zacatecas se puede disfrutar, a pesar de la distancia y de carreteras inseguras que no garantizan la libertad de viajar y de vivir. En este norte mexicano, se comparte una tradición de arte contemporáneo que en pocas regiones del planeta atesora un caudal tan benefactor de colores y formas. Si se quiere un progreso real en el desarrollo de la vida colectiva, renovar museos y bibliotecas es la mejor receta para revivificar los imaginarios y el potencial de la creatividad. Los jóvenes duranguenses se merecen un futuro con posibilidades para expandir sus virtudes desde el cine, el diseño, la plástica y la escultura, las letras y la cultura de vanguardia.

Una exposición titulada “Mañana de octubre” de la artista mexicana Lilia Carrillo será inaugurada dentro de unas semanas en una galería de Nueva York. La vigencia del arte pone de manifiesto que seguirán pasando los siglos y siempre las imágenes compartidas dotarán a la sociedad del derecho a imaginar. Muchas pinturas suyas son magnéticas, recrean acantilados o claros de bosque, estrellas antiguas y mares sin nombre, ojos de cíclopes mitológicos o animales de eras remotas. Su papá fue aviador y apenas pudo contar con él desde su infancia, la mamá de Lilia Carrillo llegó a ser impulsora de una de las tertulias culturales más concurridas en la Ciudad de México del mediosiglo pasado. Mirar sus cuadros se parece a observar el epicentro de una hoguera o el filo intangible de una nube, la maravilla de pintar se hizo su oficio y un accidente al caer del andamio perjudicó gravemente la salud de la artista. Fue otra Frida del arte, compartió el designio de la creación junto a Manuel Felguérez y su pintura nos recuerda que en todo lo minúsculo hay formas eternas que desvelan la magia y la complejidad de la existencia. 

Cada 2 de noviembre, en algún lugar de otros nortes, las velas del cumpleaños de Lilia Carrillo seguirán alumbrando a sus constelaciones secretas, así es como se titula un catálogo de sus mejores cuadros que se encuentra perdido en una biblioteca duranguense. Llegar a ver las cataratas y tocar el firmamento será posible para los ojos que miren a través de la abstracción lírica de la artista. Como ella, muchos nuevos valores del pincel prosiguen la senda de la creatividad y nadie podrá borrar ese don, los libros y las pinturas son como el agua de la vida.


miércoles, 7 de mayo de 2025

“En las islas la poesía es un hiperenlace” Entrevista en el 5º Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía




Entrevista con Ulises Paniagua, director del 5º Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía

Continuamos con esta serie de entrevistas, realizadas a algunas y algunos integrantes del Quinto Coloquio Internacional de Poesía & Filosofía, acerca de su perspectiva sobre la poesía, la filosofía, la relación entre ambas disciplinas, así como su quehacer ante los eventos del mundo contemporáneo.

Toca el turno, desde Islas Canarias (aunque radicado en México) al escritor Samir Delgado, quien nos brinda sus estupendas reflexiones. Te invitamos a leerlo.

Y recuerda que "sensibilidad es pensamiento".

***

Entrevista a Samir Delgado 

(Islas Canarias)

1. Lo primero que quiero preguntar, es: ¿tienes un concepto definido de lo que es la poesía?, ¿has logrado hacerte de una definición propia a través de leerla y escribirla?

En las islas, la poesía es un hiperenlace que conecta con el devenir histórico y el proceso civilizatorio de Occidente, nuestro mapa natural es de agua y arena, la extensión solar del Sahara y el rumbo azul a las Américas. De ahí que nuestro horizonte se constituyó a partir de su origen, en mito poético, evocación paradisíaca. Los primeros documentos poéticos provienen de esa vértebra inmemorial, la poesía es consustancial a las islas. Una definición propia tendría que hacerla por la vía del descarte. No es poesía todo aquello con pretensión mercantil, stock en oferta, solapas y manojos de lirismo egolátrico emanado del capitalismo tardío. En las islas contamos con el alelamiento del otro lado que pintó y soñó Manuel Padorno, autor mayor de la poesía canaria. Y el caracol nocturno en un rectángulo de agua es la mejor definición, Lezama dixit. Para mí la poesía es toda la soledad, la edad de los soles, sol y edad, tiempo íntimo de astros, órbitas que dialogan en su milagro de luz.     

2. ¿Esa concepción fue diferente en algún momento? Es decir, ¿tuviste algún criterio distinto al respecto de la poesía en otra época de tu vida?

Bécquer, con velas a medianoche, fue mi lectura adolescente, cuando se dormía en casa, apagada la televisión, 19 años. Era un dispositivo poliético sin consciencia del oficio por venir. Más tarde Baudelaire y las manifestaciones estudiantiles, el descubrimiento de la poesía canaria: Lezcano, Pedro García Cabrera, los hermanos Millares Sall. Realmente la confluencia de voces es un recorrido necesario, la mayor ebriedad posible de lecturas potencia nuestra pluralidad, democratiza lo poético, lejos de parroquias y sectarismos, tan abundantes en la poesía española. Hoy leer poesía vasca o catalana me parece la mejor instrucción, voces indígenas del planeta, archipiélagos todos del acontecer humano. Recuerdo el impacto de una visita a la biblioteca de Brooklyn, clavado el espinazo aún mojado por la lluvia durante más de cinco horas bajo la estantería de Poetry books, y leer en inglés lo que se podía, sentir eso, susurros de otras vidas, alteridades sonámbulas y peregrinas, una suerte de nomadismo poético. La poesía es la mejor diplomacia, los ministerios de cultura en el mundo deberían unirse, una interconexión planetaria que devuelva el sentido vital a las sociedades.

3. ¿Crees que exista una relación cercana, profunda, entre poesía y filosofía, o consideras que no tienen liga alguna?

Hay que volver a encender las hogueras en la noche de la tribu. Ir más al cine, discutir lo visto, retornar a las tertulias de café. Es una sinergia esencial la ligazón entre poesía y filosofía, toda obra poética lleva consigo una cosmovisión, la Weltanschauung, una filosofía. Incluso los sistemas filosóficos pueden leerse como un conjunto de poemas; yo tuve asignaturas de metafísica y ontología, estética y filosofía del lenguaje, el Tractatus de Wittgenstein es poesía vienesa, la Rayuela de Cortázar suma ambas en prosa, yerba mate. Siempre odié a Vargas Llosa, no leer ni un reglón suyo fue un acto poético, Marcuse lo dijo todo en su obra “El hombre unidimensional”, como Whitman en sus “Leaves of grass”. En casa siempre me acusaron de haber estudiado una carrera inútil, sin salida. Vivo de escribir desde entonces, las torres de libros de poesía y filosofía se han entremezclado en mi escritorio durante dos décadas. Los libros me salvaron del silencio zombie posmoderno.  

4. ¿Piensas que existen poetas, que hayas leído, que logren un verdadero planteamiento filosófico en alguno de sus textos? ¿De qué forma lo hacen?

Pizarnik, la conciencia de la existencia llevada al extremo es un corpus filosófico, igual sucede con Lorca, no se puede entender Nueva York y el estado del mundo sin sus versos. Toda la bazofia poética publicada en las redes no deja de ser también la miseria de la filosofía. Escribir es algo performativo, somos palabras heridas de ecos, polifonías circunavegantes. En Canarias, la poesía de la Autonomía tiene un punto de arranque para un filosofar futuro de la condición insular, los líquenes sembrados prosiguen la estela cosmopolita de lo transfronterizo, por eso desde las islas el siglo 22 ya debe empezar a pensarse, las ciudades continentales están colapsadas, es la saturación del milenio. Y claro que hay poetas filósofos; hace un mes falleció Andrés Sánchez Robayna, su último libro “Las ruinas y la rosa” es un paradigma: fragmentariedad, caleidoscopio existencial, sabiduría interrogante.

5. ¿Consideras que existen filósofas o filósofos, que hayas estudiado, que logren un grado poético en algunos de sus párrafos o sus ideas? ¿De qué modo?

Todas las veces que he estado en París he querido ver a Gaston Bachelard cruzando la sombra de los bulevares. Ahora me interesa sobre todo la obra de los caribeños, de Antonio Benítez Rojo a Édouard Glissant, la pena es que en las facultades españolas se lee a Deleuze como mucho, y no hay noticias de la Poétique de la relation del martiniqués; se publicó en 1990, y ya van tres décadas de retraso. Es la herencia residual que persiste en el imperio. Los planes de estudios europeos son mierda para las moscas. Y la clase profesoral perpetúa el hedor con sus clases de media hora, es el fracaso de la modernidad. Sin embargo, el autodidactismo es un salvavidas, fue en Internet donde descubrí tratados de filosofía feminista que hablaban de escupir a la cara a Hegel, existen filósofas y estoy con ellas, la Ilíada hoy y siempre fue poesía biopolítica, dejémonos de tonterías con la división de disciplinas en compartimentos estanco. Leer a Ortega y Gasset, a Lledó, a Zambrano, discutirlos y entenderlos más allá de la España monárquica, es un ejercicio poético de ciudadanía futura.

6. ¿Piensas que exista la poesía más allá de la palabra, o es un asunto exclusivamente escrito?

El silencio después de Auschwitz está superado, así como también el camposanto recitado por Edgar Lee Masters. La poesía siempre trasciende la palabra porque las palabras son imágenes, cosas de verdad, alientos que se intercambian entre los siglos y las naciones, la poesía es la crítica de la razón impura. Y es providencial que se vuelva a escribir de nuevo, aunque sea en WhatsApp, articular palabras es un acto poético por naturaleza, aunque son los ojos quienes hablan y escuchan, somos seres mirantes, habitamos palabras. Hoy en día se requiere urgentemente la apertura “24 horas” de los museos y las bibliotecas, acceso libre y gratuito, universal: la humanidad está en juego.   

7. ¿Cómo contemplas el estado del mundo actual y cómo pinta el futuro para los tuyos y el planeta, según tus ojos?

Hay razones para la esperanza, no soy amigo de los pesimismos conformistas, y mucho menos de las euforias de la realpolitik que legitiman el consumismo total y la barbarie a escala planetaria. Confío siempre en que regresen los adoquines al cielo. Yo provengo de las islas del turismo masivo, de la ecodepredación sistemática, de la carnicería multicultural, por eso mismo ejerzo el derecho a la disidencia contra el capital: amo los bosques de Sajonia y el desierto del Sahara, me proclamo boricua por mis acentos y quereres. Me declaro abiertamente posfeminista, apóstata y filibustero, sesentayochista. Detesto a los poetas indistintos de gorgorito para “like”, gentes que escriben sin saberse qué votan, ausentes de la polis. A fin de cuentas soy un descendiente de fenicios y guanches, como le dije una vez al artista Martín Chirino en Madrid, la pertenencia a lo múltiple y diverso es un goce de por vida. 

8. ¿Crees que poetas y filósofos deben contribuir a la construcción de un futuro mejor, sin una obligación propiamente, o no tienen ninguna relación con ello? Si la respuesta es sí, ¿de qué forma pueden hacerlo?

Sí es un nuevo imperativo categórico ser rebeldes. Ernst Bloch defendía en “Das Prinzip Hoffnung” la idea de actuar en función de la correspondencia ética con las futuras generaciones, el planeta tiene quien se lo cargue las 24 horas y quien lo defienda también, la cuestión es saberse de un bando o del otro. Tal vez sean nuevas variantes de la lucha de clases: turistas y nativos, despilfarradores y decrecentistas, peatones del mundo unámonos contra las autopistas y los parkings. Se me ocurre que sería providencial que exista un Speaker-Corner en cada parque, que se impartan asignaturas en los colegios sobre la participación en asambleas vecinales y en los sindicatos, horizontalizar las esferas de la vida, desplumar poco a poco al poder, que filosofar sea también uno de los primeros auxilios frente a la hecatombe mundial.    

9. ¿La poesía y la filosofía se encuentran, en tu opinión, en el día a día? Si es así, ¿de qué forma lo hacen?

Volver a pensar todo otra vez es el gran desafío. En las islas tenemos un tiempo geológico de los volcanes, la historia es un chasquido de dedos y solamente el arte es capaz de asumir ese diálogo vital, de ahí que obras artísticas como las de César Manrique o Manuel Millares desplieguen un atractivo esencial para que lo poético y lo filosófico se conjuguen, en mi caso he escrito libros sobre cada uno de ellos. Un pulso poético sin un aliento filosófico puede quedar en papel mojado, y lo mismo del razonamiento conceptual que no consiga ingeniar imágenes poéticas en su armazón teórico. Las islas en el fondo han sido un laboratorio civilizatorio, hemos sido origen de procesos traumáticos y también liberadores. Lo dijo André Breton, las islas son lo ultrasensible del planeta. Justamente los coloquios, foros y congresos, los festivales, mantienen el pulso de la vida, del pensamiento y de la creación, acercando orillas y miradas ante un mundo escaparatizado donde reinan maniquíes y códigos de barras, la utopía neoliberal ha tenido éxito y su desenlace es el acribillamiento del globo terráqueo.   

10. ¿Quieres compartir un mensaje poético o filosófico para el futuro próximo? Muchas gracias.

“Todo era una isla con millones de años luz” (“Banana Split”, Samir Delgado, 2010). 

Gracias a ustedes.

***

Samir Delgado 

(Islas Canarias, 1978) 

Poeta y crítico de arte, Licenciado en Filosofía, miembro fundador de la Revista Trasdemar de Literaturas Insulares y del proyecto “Leyendo el turismo”. Entre su obra poética destacan “Banana Split”, “Galaxia Westerdahl”, “Las geografías circundantes”, “Jardín seco”, “Pintura número 100”, “La carta de Cambridge” (Prix International de Littérature Antonio Machado), “Los poemas perdidos de Luis Cernuda”. “Antes de la cosecha” (Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente) y “País natal” (El sastre de Apollinaire, Madrid 2024). Es autor del ensayo "Turisferia" (Colección Clavijo y Fajardo, Gobierno de Canarias, 2023).

.

lunes, 31 de marzo de 2025

"Las ruinas y la rosa", Andrés Sánchez Robayna (In memoriam)

 


Acaba de fallecer el poeta Andrés Sánchez Robayna, a los 72 años de edad y a causa de un infarto, en Islas Canarias. El autor visitó México por última vez el pasado otoño de 2023, asistiendo como invitado al festival poético de San Luis Potosí. La experiencia del viaje le había reconfortado y suponía una participación especial tras su jubilación como catedrático de la Universidad de La Laguna. 

México siempre estuvo presente en su imaginario personal y en su devenir como uno de los escritores de nuestro tiempo, fue gran amigo de Octavio Paz y durante la andadura de todos los números de la Revista Vuelta, formó parte de los colaboradores regulares desde la orilla volcánica del archipiélago canario. La firma del poeta y ensayista en las páginas de Vuelta se remonta a sus propios orígenes como escritor, un extracto de sus diarios aparece publicado en el número 111, febrero de 1986, trasladando a la revista mexicana el temple atlántico de su mirada a la luminosidad de las islas, con el acento puesto en la indagación del lenguaje como espacio de experiencia esencial y la vida propia revestida bajo la transparencia del sueño insular. 

Andrés Sánchez Robayna fue autor de una obra poética singular, títulos suyos como “La roca”, “Tinta” o “Clima”, pertenecientes a su etapa inicial en la Barcelona del boom literario, se reconocen a la par junto a otros poemarios más biográficos como “El libro, tras la duna” del año 2000, así como diferentes antologías que se han significado como un referente de su obra literaria en editoriales como Visor o Galaxia Gutenberg. Precisamente esta última ha publicado sus poesías completas y ha incluido en su catálogo los ensayos más recientes del escritor canario, que abundan en temáticas de gran sugestión como el vaso de agua y la llama de la vela, a lo largo de la historia del arte y la literatura. 

Estos libros, de amplitud y síntesis, recuerdan mucho a la prosa diáfana de Octavio Paz en su vertiente como ensayista, el propio Sánchez Robayna ha puesto de manifiesto en el que ha sido su último libro, que se acaba de publicar en Galaxia Gutenberg, titulado “Las ruinas y la rosa”, la trascendencia de la lectura de Octavio Paz en su cosmovisión personal, el canario rememora en la entrada de mayor longitud del libro, aquellos paseos con el Nobel mexicano por Madrid y Ciudad de México, la anexión a su poética que desde joven estuvo marcada por un poema que trataba sobre Tlatelolco en 1968. 

Paz y Sánchez Robayna mantuvieron una larga amistad y precisamente una conversación sobre Góngora motiva la rememoración del poeta mexicano, su agudeza discursiva y la pasión intelectual que ambos compartieron. A lo largo de la travesía académica de Andrés Sánchez Robayna, resaltan sus estudios sobre el Siglo de Oro y páginas dedicadas al misticismo de San Juan de la Cruz y Sor Juana Inés, suyo es el volumen titulado “Para leer Primero sueño” publicado en 1980 por FCE, la gran autora mexicana cuyo apellido Azuaje está vinculado a la isla de Gran Canaria, lugar natal de Sánchez Robayna. 

En las páginas de “Las ruinas y la rosa”, convergen fragmentos de toda clase, libro poliédrico donde lo filosófico y lo poético se entrelazan, apuntes y esbozos que en síntesis revelan la pasión del pensamiento humano ante lo complejo del vivir y del universo, latidos del escritor que interconectan memoria y sensación, análisis y experiencia, una dinámica escritural que pervivió en todos sus diarios publicados en México por el Fondo de Cultura Económica, de 1996 a 2016, con los títulos “ La inminencia”, “Días y mitos” y  “Mundo, año, hombre”. De hecho, en todas se comparte un elogio recurrente a lo fotosensible, a la luminosidad del vivir y a la temporalidad sentida universalmente desde la escritura. 

La soledad creativa de Andrés Sánchez Robayna en unas islas marcadas por la explotación turística de los últimos 50 años, se convierte en íntima compañera de equipaje para quien lee, en cualquier punto cardinal del planeta, las islas se vuelven comunes y los destellos de sabiduría académica se entremezclan con la evocación de la infancia en el archipiélago, un espacio geomántico que durante siglos ha sido lugar común de utopías y civilizaciones visitantes. La portada de “Las ruinas y la rosa” pertenece a un cuadro metafísico y auroral del pintor siciliano Salvatore Mangione, Salvo, fallecido en Turín hace diez años. 

Como Octavio Paz, fue la pintura un motivo de interés permanente en la obra del escritor Sánchez Robayna, en su último libro aparecen anotaciones sobre Paul Klee, Hopper, Kandinsky o Matisse, una constante que además fue vital en su bibliografía con textos memorables en colaboración con pintores como Antoni Tàpies, en el libro de ambos “Sobre una confidencia del mar griego”. El mar precisamente, motiva toda una vida de escritura poética y en su otro poemario último, “Por el gran mar”, se hace eterno, estando inspirado en el diálogo con su difunta esposa, Marta Ouviña, y que obtuvo el Prix Mallarmé por su traducción al francés en 2022. 

Lo sagrado, la atracción fascinante de los paisajes insulares, el hallazgo de la verdad humana en la experiencia del viaje y de la mirada, traslaciones cosmopolitas del existir, así como la muerte y el amor, forman parte de la obra literaria de un autor contemporáneo cuya procedencia canaria y atlántica, renueva los parentescos y similitudes que la lengua española reúne en la diversidad del continente americano, de hecho Sánchez Robayna firma uno de los libros esenciales, “Cuaderno de islas” (Lumen, 2011) donde lo fragmentario aborda la insularidad y lo transfronterizo de la condición humana, “todo es isla”. 

El autor canario investigó las vanguardias, mantuvo amistades de vital resonancia con autores como José Ángel Valente, difundió la labor de la traducción como puente entre culturas, llevó adelante una revista, “Syntaxis”, que recuperaba con su generación el aliento universal de la cultura desde las islas, en paralela conexión con la revista “Gaceta de arte” de los surrealistas canarios que padecieron el golpe militar franquista. Sánchez Robayna visitó naciones y universidades, como Octavio Paz, llevó su país allá donde fue. 

Y en su escritura pervive esa intensa radiación de los mediodías atlánticos, así presintió el final en su último libro: “celajes jaspeados, chillidos de gaviotas. Junto al mar.”       

S.D 2025


sábado, 1 de febrero de 2025

Un infierno tejido de lana, la isla se reproduce

Ateneo Crítico IV (2024)

 

UN INFIERNO TEJIDO DE LANA, LA ISLA SE REPRODUCE*


A José Luis Escohotado en su 90 cumpleaños  

La barbarie tiene sus propios números, autores y testigos. Es una totalidad verdadera. Quien padece el sufrimiento y la aflicción en el devenir de la historia lega a la posteridad un anonimato visitable  —únicamente tal vez — por medio del eco difuso de la palabra y de los haces de luz diferida de la imagen. Es la sobrevivencia del arte. Si según Breton, las islas son la zona ultrasensible del planeta, las nuevas sombras del autoritarismo también planean amenazantes sobre los puntos geodésicos de la biodiversidad.

La traducción de las formas de la crueldad, el espanto y la tortura es una lejanía insondable. Vivir el infierno no suele tener un camino de retorno. Irak, Afganistán, Siria o Palestina son los nombres innombrables de los tardolocaustos. Los 1.100 kilómetros del muro fronterizo entre México y Estados Unidos contraen la historia hacia escalas de experiencia del bajo medioevo, el silencio de las cruces de las tumbas pertenece a los cien mil desaparecidos del contrabando de las almas migrantes.

La conmiseración proveniente de la pérdida del sentido, de la irracionalidad caótica, del padecimiento extremo, es una lástima latente en las formas extrañas y necesarias de la otredad que constituye el vaso conductor de lo último humano resistente en los tiempos de la hecatombe planetaria del capital. Antonio Saura, pintor de multitudes y soledades extrañas, en su líbelo Contra el Guernica odiaba el traslado de la pieza picassiana al Reina Sofía en 1981, por su normalización democrática del duelo y la injusticia. En las islas, hay una serie pictórica tardía en la obra del artista Pedro González, emigrante en Venezuela y retornado a las islas hasta su fallecimiento en 2016, de alrededor de 15 cuadros, que estuvo dedicada al drama de la emigración y las pateras panafricanas. El pintor pintó el dolor, la extremaunción, los desastres que se intuyen en la mirada cegada de los miles de desaparecidos sin nombre en las aguas del atlántico. Sus cuadros sobre filas eternas de coches en el paraíso —haciendo el cementerio de la isla—, la polución insostenible a orillas del volcán dormido, también reflejan un testimonio reflectante sobre el destrozo literal y desmedido con que el modelo de desarrollo turbo-turístico se ha implantado en las islas durante los últimos 60 años.

En un archipiélago se anticipan y postergan los utensilios de la dominación, las artimañas del poder, el infarto crónico de las esperanzas. A semejanza de los peligros que aglutina el permafrost —la capa del subsuelo de la tierra— que se está fundiendo por el cambio climático, los territorios de ultramar contienen en su devenir histórico las huellas de los mecanismos salvajes de predominio, las formas primigenias de la saturación y de la adversidad. La experiencia de la contradicción, del problema estructural, del desfase deteriorante, se desliza en la actualidad de las autopistas y los centros comerciales, con la misma velocidad que conllevó el proceso de conquista y de expoliación durante el tránsito del neolítico al siglo XV en Canarias.

La insularidad se bate entre la prisión y lo cósmico. Este espacio geomántico de lo finisecular —de cemento y alisio— que ha sido puente paradigmático de los tránsitos civilizatorios, trampolín colonial y aduana del tráfico de esclavos y de mercancías durante siglos, no es ajeno a los síntomas del porvenir predecible de una crisis global sin precedentes. Hay una suculenta equivalencia entre el deshielo invisible de los glaciares —islas del nimbo— con el peso de absorción de lo vivo que producen las pantallas de la telefonía móvil y del ordenador portátil. Son las nuevas alienaciones, el entfremdung del pixel, la banalidad de lo neutro, la migración de la mirada humana hacia el absurdo, la inversión del firmamento que hace eclosionar lo muerto en todas las dimensiones de lo real, el neofascismo que impera bajo el aturdimiento masivo del espectáculo. En la fricción sistemática del desorden evolutivo, el instante de la adaptación se muestra en el armisticio pactado de entregarse a las arenas movedizas de lo políticamente correcto.

La promesa del progreso de la modernidad no es que haya estallado en añicos, sino que más bien sigue siendo el único salvoconducto de los desposeídos. La fase primitiva de la universalización de la extorsión y de la plusvalía se ha proyectado hacia un canibalismo virtual deshuesante de las identidades, capaz de segmentar alienaciones cotidianas cuyo espejismo social apenas se vislumbra en la cifra de suicidios, tristeza y malversación social de las libertades y del derecho a la felicidad. La institucional jaula de hierro se ha expandido a un infinito de mundos interiores de la vida bioconsumible, la socialdemocracia europea atinó bien en su diana histórica para el desmontaje de la utopía en piezas accesibles de confort individual y préstamos bancarios.

El muro, la estructura impositiva, la separación de la vida de la propia vida, se puede rastrear tras el imperio del souvenir y la postal de la era de los permisos veraniegos para el viaje familiar. Como sucedió antes, el cambio climático no se podrá prevenir finalmente, así como tampoco se pudo frenar la tala de bosques insulares y de generaciones humanas en el pasado postrero — el vaciado de verdes y de ojos— que facilitó el combustible histórico y la carne de cañón para la fase iniciática del expansionismo europeo al Nuevo Mundo. Lo dijo el pensador cubano Antonio Benítez Rojo — en su ensayo La isla que se repite de 1989—,  los orígenes del capital se remontan a la acumulación de la flota y a la explotación del monocultivo del azúcar en el Caribe.

 Las islas desde entonces se repitieron, el mestizaje y la confluencia de sangres donó también un halo de esperanza, identidades criollas y pluralidades. Un dispositivo democrático late en el recuento de la diversidad, a pesar del rodillo uniformador que proviene de lejos, es así que en el paraíso soñado  —de las islas afortunadas— se suceden los mitos y también los horrores. En plena era digital, la abundancia de imágenes sobre la depredación y el exterminio no salva a las víctimas de su duelo mortal, el espectáculo requiere una suspensión, un silencio atronador, cuyo desenlace no suele ser equidistante de la nada. La crueldad ha sido una de las formas manifiestas de la prolongación del drama volcánico a la dimensión humana, lo no comparable. Sin embargo, en los siglos insulares —resumen apoteósico del devenir de la rueda—, la maravilla y la sinrazón han caminado de la mano, en una dialéctica sorpresiva que resucita tanto el ensueño del vivir como la  perpetuación de lo enfermo.  

Los millones de trabajadores alemanes que desde la caída del Muro de Berlín han visitado en masa los archipiélagos de Canarias y Baleares, representan una conexión histórica de un simbolismo revelador, la maquinaria del monocultivo siguió su lógica del beneficio y de la acumulación, en tierras ya no incógnitas de la Europa que sufrió el fascismo. A la maqueta del trazado urbano castellano en la ciudad colonial de la periferia afroatlántica que se mimetizó a lo largo del continente americano —la plaza y las iglesias de la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna—, le siguió el emporio hotelero de la industria del sol en la ciudad neogénica—San Bartolomé de Tirajana—, donde la turboconstrucción privada del espacio de vida vacacional de la clase turista internacional se instaló entre la herencia condal del limítrofe reducto de las dunas del desierto sahariano.

Tras la muerte de Francisco Franco, el dictador que empezó el golpe militar contra la II República en la Comandancia de Santa Cruz de Tenerife, las islas retomaron su papel protagónico entre las estelas y los rumbos del mapamundi, siendo escenario del cúmulo exponencial de irracionalidad y de imposición que subyace a la maquinaria reproductiva del poder en la era de la turificación universal de la existencia, la ficción del paraíso refrenado en la estadía recreativa del touroperador que ofrece las últimas bondades de la experiencia de vivir en el planeta.

Hoteles, discoteca y playa fue la ecuación del capital para encauzar el dolor acumulado de las guerras mundiales en la Europa del XX. Es el Caribe que se volvió origen y destino de la división del mundo por banderas, del suceso del descubrimiento se pasó al acontecer transnacional del mercado hacia su predestinación civilizatoria de un futuro donde todavía las lenguas conservan su fe de vida. Las guerras en el Oriente Medio parecen eclosionar de las mismas hogueras  milenarias de las Cruzadas. El despojo del Amazonas, la pobreza infantil universalizada, el feminicidio, los muros y las vallas electrificadas son las Nuevas Indias, la Aldea Global, el retroceso permanente de la bomba de relojería y el reconteo de las extinciones masivas.

Las islas representan la condición náufraga y cosmopolita de la humanidad. Llevan en sí mismas la raíz y el brote, la huella y el símbolo, el color y la forma. El infierno tejido de lana es un verso del poeta canario Félix Francisco Casanova, joven universitario, amante del rock y de la literatura, que con 19 años encontró la muerte en la bañera de su casa de Santa Cruz de Tenerife. Y le sigue al verso, otro más — intuición y vértigo de la historia que empezaba tras él con la democracia y todos los sueños que podían volver a florecer y a romperse, como el filo del agua en el silencio de la noche—, la isla se reproduce.   

 *Texto originalmente publicado en el volumen Ateneo Crítico IV, Ateneo de La Laguna, Tenerife, 2024


Samir Delgado, México

    

domingo, 18 de febrero de 2024

Antonio Machado, Escultura de Pablo Serrano, bronce fundido

 




ESCULTURA de Pablo Serrano
bronce fundido: 16 x 9 x 10 cm
Número de registro AS11447
Legado de Juana Francés de la Campa, 1991
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid
ANTONIO MACHADO, 1966


EL poeta Ángel González lee su discurso de la
Academia en torno al discurso inacabado de
Machado que se quedó verdaderamente solo. A fin
de cuentas las otras soledades del poeta leído son una
expresión sumaria de la condición cósmica del ser
humano. El habitante de la absoluta soledad
insondable del universo. Así sucede que los países
que no cuidan a sus poetas no los merecieron nunca,
incluso dejarán de ser países para siempre de no
corresponder a tiempo el legado de sus poetas. Como
los ayeres truncados de Machado cuyas gotas de
sangre jacobina representan en el invierno perpetuo
de su tumba el paradigma del exilio y la fractura del
sentido del progreso de la humanidad


SE equivocaba la paloma. Por radio Rafael Alberti
supo de la muerte del poeta y del final de la guerra y
del exilio por venir y de la paloma. Se equivocaba la
paloma. En el futuro cartel prohibido del homenaje a
Machado la espiga era el mundo todo, los peces aquel
mar y el sol y la luna y el sueño aquel día de la
pérdida del viento en la arboleda


LA sangre del poeta
no fue esparcida a campo abierto

será el mar tras su muerte
quien se derrame hacia él

después del deceso y el martirio
en el Hotel Bougnol

otras voces vuelven a levantar
el puño misericorde

Blas de Otero ante el recuerdo
tétrico de la pérdida
clama convivirte, compartirte como el pan

maravilloso azul el de la infancia
y más maravilloso
el rojo vivo de la plenitud



*Del libro "La carta de Cambridge" (Samir Delgado, Olifante, 2021)

lunes, 25 de septiembre de 2023

"Voltizo" (Pintura número 100, César Manrique in memoriam)

 

César Manrique (1919-1992)

                                     VOLTIZO


A Manuel Padorno

                    La quemadura asola el presidio de la carne con
un sol mínimo que esconde tras de sí la violencia
dulce de tu sueño para salvar la isla del terror de las
cicatrices del buldócer

Nadas el agua en la mano y nadie ve el principio
del agua en todas las cosas que pintas a borbotones
dentro de tu sed llena de tojias y lavandula

Quieres la alquimia del vértigo en el timón de la
curva del nacimiento oscuro que bebe del romance
del roquedal y la yesquera

La isla te tiene a ti mientras el mundo mira a la
cara del borde del risco

Y del otro lado tú en la soledad de la casa de
todas las noches de la brújula atlántica      

     

Del libro, "Pintura número 100, César Manrique in memoriam" XXV Premio Internacional de Poesía Tomás Morales, Ediciones del Cabildo de Gran Canaria, 2019

sábado, 9 de septiembre de 2023

Antonio Abdo, 28º-17

 

Antonio Abdo (1937-2023) In memoriam

La isla de La Palma se encuentra a 28 grados de latitud y 17 de longitud según el buscador de Google. Y allí mismo, en ese rincón occidental de la Macaronesia, vive Antonio Abdo desde casi siempre. Él sonríe durante nuestro encuentro fulgurante en una terraza de la capital palmera con un gesto de arabidad melancólica, pues lleva en sus adentros el legado espirituoso del país de los cedros.

            Antonio Abdo, que es autor reconocido ampliamente en el panorama cultural canario por su trayectoria teatral y una obra creativa consolidada, sonríe a todas luces. Él es un hombre de tablas, polifacético y humanista, de un porte tan familiar que salta a la vista en su compañía que se le quiere -muy mucho- en la isla bonita.

            Él, Antonio Abdo, y su compañera en la vida y en la creación, la actriz Pilar Rey, llevaron a cabo la fundación de la Escuela Municipal de Teatro y el Teatro Chico en la década de los 80. Por ahí empezó todo y más atrás todavía, “desde 1967”-dice con un soplo nemotécnico-, y por esto mismo resulta natural que un teatro de la ciudad lleve su propio nombre. Para él, el teatro “lo ha sido todo, un modo de vida para la realización como persona”, a partir de la vinculación con la radio- cuenta con entusiasmo- en una época en la que todavía no existían las redes sociales globales.

            La estela creativa de Antonio Abdo es variada y múltiple, su formación está arraigada en el autodidactismo y una experienca pedagógica con mucha solera en el mundo de la dramaturgia, especialmente en el campo de la voz, “que es lo que me interesa”, por eso mismo la versificación es una materia importante en su andadura como profesor y autor de textos teatrales. Junto a Pilar Rey, siempre al alimón y siempre juntos como un tándem estelar, han desarrollado importantes cursos de interpretación en lugares como México D.F o La Habana, así como recitales en vivo directo sobre textos del mismísimo Quevedo. Y en las islas, sus nombres están vinculados a la promoción de la juventud por medio de unos premios literarios tan reconocidos en las últimas décadas como el galardón Poeta Félix Francisco Casanova.

            Antonio Abdo apura su cigarro en el devenir de una hora intensa, rememorativa,  confidencial. Él, palmero de pro, discurre acerca de la veta poética que le nació allá por los años 50, en una tertulia tacorontera dinamizada por Otilia López Palenzuela- “que fue amiga de Loynaz”-, y donde compartió junto a otros artífices de la inquietud cultural del momento que fueron sumando -unos y otros-, desde la radio, la prensa y la literatura, una retahíla de apellidos incontenible para condensar aquellos años duros: Julio Tovar, Paco Pimentel, o el argentino Edmundo Esedín. Y a la pregunta necesaria y correspondiente, sobre el mar, como tema poético y como trasunto vital, habla con serena rotundidad, sobre un “mar que es antes que un encierro, un camino esencial de los isleños”, al igual que ese “cielo, el del norte- señala- de una transparencia y una claridad que invita a ver siempre el final de la isla”.

            En plena efervescencia de su libro más reciente, “Mi abuelo de Akkar”, su escritura representa una obra emotiva y trascendental, que conecta el imaginario insular con la raíz de aquellos árabes que ya aparecieron en poemas de Tomás Morales como un segmento particular y arraigado en la población insular que despertaba el exotismo de lo oriental. “Para mí, por haber conocido a mis abuelos de la parte árabe, lo árabe significa cariño.Es otro mundo mejor, que es como desearía que fuese el mundo”

            La despedida de Antonio Abdo se hace pausada, entrañable, acompasada como todo en sus coordenadas cotidianas. A media voz, con una sonrisa a lo Omar Sharif en su mejor papel, como un actor de cine que es poeta, a 28 grados de latitud y 17 de longitud, donde vive y como vive, en La Palma.

Samir Delgado
Publicado originalmente en 2014