jueves, 20 de julio de 2017

Las nubes y los poetas (El exilio necesario) Extracto de conferencia

Emil Nolde - “Nubes de verano” (1913)

Las nubes de México se parecen a las nubes de mis islas, las nubes todavía representan uno de los fenómenos naturales que no han sido disputa política, libres de fronteras muestran un sugerente parentesco con el sentido profundo de la vida de muchos poetas: vagan a la deriva y de cuando en cuando forman parte de la atención de un lector, constituyen su memoria cotidiana. Recuerdo precisamente en esta hora a un poeta de mi isla, cuando a la pregunta de un estudiante sobre el oficio del poeta respondió: contar las nubes.

Así sucede que las nubes y los poetas siempre me han parecido similares en su dispersión aleatoria, espontáneas y efímeras por su fugaz historia común. Hay nubes y poetas para todos los gustos, creencias y perspectivas. Algunas nubes son iguales, muchas nunca se cruzan con el resto, son nubes que no son idénticas a otra. Ahora bien, las nubes y los poetas tienen una propia génesis particular, lejos de un simple parentesco simbólico las nubes y los poetas comparten un designio mutuo en su transcurrir frente a la vida, suceden con mayor o menor fortuna, acumulan la dimensión de su potencial, se manifiestan y desaparecen, dejando un rastro etéreo que será seguido por lo porvenir. Curiosamente, Federico García Lorca bautizó a Emilio Prados como cazador de nubes.

Las nubes y algunos poetas compartieron en los cielos de México un mismo destino: el exilio necesario.


Extracto de la conferencia "Poetas del exilio" (Samir Delgado, Ateneo Español, México, 2017)

lunes, 10 de julio de 2017

“La exactitud es el vértigo” Prólogo de Sabas Martín al libro "Cosmovisión Atlántica. La isla que habita en los cuadros"

"constelaciones- 32"
Fotografía (2010-2011)
© Karina Beltrán


El libro "Cosmovisión atlántica" de próxima publicación 
obtuvo el Accésit V Premio Poeta Bento, Fundación Néstor Álamo en 2012

LA PINTURA COMO LA POESÍA


Recuerdo ahora al poeta Antonio Gamoneda cuando en cierta ocasión afirmaba que el arte no necesita explicarse, pero que a veces es necesario formular otras preguntas que revelen su sentido, sean hechas por filósofos o por poetas. De esta forma -concluía el poeta- ante una pieza de Chillida, solo el poeta puede decir: “La exactitud es el vértigo”.
           
Pienso en Gamoneda porque sus palabras indagan en la esencia que implica recíprocamente arte y poesía. Una relación cimentada desde antiguo y que ha hecho que Octavio Paz dijera que el poeta es el mejor crítico de arte y que un pintor es alguien que traduce las palabras en imágenes plásticas, y, a su vez, el poeta traduce en palabras las líneas, planos y colores. O, por expresarlo con el decir de José Ángel Valente –de nuevo otro poeta-, poesía y pintura, ya desde sus orígenes, han fraguado una sólida alianza en torno a la misma “materia oscura” que las dos comparten. En ambos –poeta y pintor- confluye una pugna semejante por aprehender las mismas cosas innombrables: esas que constituyen la “materia oscura” que merodea en torno a lo inefable.
           
Ciertamente –e insisto aquí en lo que desarrollé en mi ensayo “De la misma materia oscura: el diálogo entre arte y literatura”, incluido en el volumen Signos de la tribu publicado en Canarias por Ediciones Idea, en 2007-, la vinculación entre poesía y pintura se remonta muy atrás en el tiempo. Recordemos que existe un tipo de poema denominado “écfrasis”, cultivado desde la Antigüedad, en el que el poeta ha de esforzarse por plasmar en las palabras el equivalente o paralelo poético de una pintura concreta. Lo practicó Baudelaire y, después de él, Apollinaire, Valèry, Max Jacob, Breton… Y, entre los españoles, Cirlot, Alberti, Hierro, Crespo y tantos otros.
           

Además del “écfrasis”, poetas y pintores se han aliado con frecuencia, aunando sus voluntades y esfuerzos en la creación de una obra conjunta en donde la palabra y la imagen se reflejen mutuamente. La memoria del arte y la de la literatura está ferazmente alimentada de ejemplos que lo testimonian.
            Para Leonardo Da Vinci el arte es una “cosa mental”. El arquitecto y urbanista italiano La Padula sostiene que es “una cosa loca”. Nuestro Antonio Gamoneda defiende que es una “cosa espiritual”. Y es conocida la definición visionaria de Lautréamont cuando dijo aquello de que el arte es “el encuentro fortuito de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de disección”.  Y yo entiendo que esos intentos de aprehender la naturaleza esencial del arte, su condición más íntima, la verdad en que establece su ser, pueden tener un manifiesto paralelismo con la afirmación de Valente de que el reto de la poesía consiste en que debe decir con palabras aquello que no puede decirse con palabras. Por mi parte mantengo que además de sed de comunicación, fuente de conocimiento y aspiración de revelación, la poesía es nada más y nada menos que un milagro del lenguaje. O dicho de otra manera: el poema no debe querer decir, sino ser. La pintura, el arte, ya sea desde una simiente “mental, loca, espiritual o visionaria”, se hermana con la poesía en su profunda y radical naturaleza de aspirar a ser en sí misma, de cumplirse más allá de los límites de la representación. De ahí la vocación complementaria entre poetas y pintores.
           
Por referirme solamente a Canarias, en nuestra poesía contemporánea contamos con muestras significativas de esa alianza entre poesía y pintura. Ahí están las colaboraciones de nuestros surrealistas con Juan Ismael. O el feliz encuentro entre Pedro García Cabrera y Jesús Ortiz. O las creaciones vanguardistas de Juan Hidalgo en el grupo ZAJ. O las sugerencias de líneas y siluetas de Alejandro Togores para los poemas de tradición oriental de Mariano Vega. O las asociaciones de la palabra de Sánchez Robayna con las imágenes de Vicente Rojo, Ràfols-Casamada, Roberto Cabot, Denis Long o Tàpies. O los poemas de Alberto Pizarro acompañando las obras de José Abad. O los de Domínguez Jaén para creaciones de Jerónimo Maldonado. O los textos de Krawietz y León sobre dibujos de Francisco Acosta. O el reciente poemario de Octavio Pineda sobre cuadros de Óscar Domínguez…. La nómina es abundante y podría seguir incrementándose el recuento. Con ello no haríamos sino constatar de forma fehaciente esa significativa y perdurable atracción que arte y literatura, poesía y pintura, emanan entre -y desde- ellas.
           
En el origen de todo esto resuenan los ecos de Horacio en su Epístola ad Pisones donde se encuentra su ya clásica afirmación de “Pictura ut poesis”, esto es: “La pintura es como la poesía”. La máxima horaciana subraya esa misma esencia inagotable que imbrica ambas disciplinas y que tantas y tan memorables colaboraciones ha propiciado y sigue haciéndolo. Se trata, en suma, de una inagotable presencia, de un próspero y floreciente diálogo que confluye en un mismo destino que se prolonga en la edad del tiempo.
            A esa mutua implicación cabe añadir el empeño del poeta isleño Samir Delgado, cuya última entrega poética, Cosmovisión atlántica (La isla que habita en los cuadros), se ofrece a los lectores.  

“LA ISLA NECESITA AL ARTISTA”


No es la primera vez que Samir Delgado vincula su discurso poético a la interpretación –y recreación- de obras pictóricas. Ya lo hizo en Galaxia Westerdahl y en Las geografías circundantes (Tributo a Manuel Millares). El primero de ellos, publicado por el MACEW, en 2016, obtuvo el XV Premio Internacional de Poesía Luis Feria (2013) de la Universidad de La Laguna. El segundo fue editado por la Viceconsejería de Cultura del Gobierno de Canarias y el MACEW, también en 2016, con motivo del 90 aniversario del nacimiento de Millares y el 50 del Museo de Arte Abstracto Español.

En ambos poemarios  no solo se trata de poemas a la manera de “écfrasis”, sino que, por encima de la mera descripción de lo que los cuadros muestran en su combinación de líneas, planos, formas, volúmenes y colores, Samir Delgado introduce un doble elemento significativo que en Cosmovisión atlántica ahonda y amplía su propuesta. Por un lado, una derivación hacia la reflexión sobre la naturaleza originaria de la isla y su devenir en el tiempo. Y, por otro, la revelación de su más íntimo ser insular, unívocamente unida a su condición de creador volcado en el oficio de las palabras.
Son 25 los poemas –escritos en forma de prosa- que componen Cosmovisión atlántica. El primero de ellos consta de cinco epígrafes agrupados bajo el título que da nombre al libro. Los 24 restantes son fruto de la contemplación de otros tantos cuadros debidos al mismo número de artistas que han escogido como sujeto y objeto de sus obras el paisaje de la geografía insular.
Hay, sí, en el poemario un paralelo y recíproco impulso motivador. El  poeta se sitúa ante un estímulo exterior –el cuadro- y ese estímulo le conduce a la introspección, a la búsqueda de su propio conocimiento como isleño y como ser. Pero, igualmente, desde la conciencia interior –su misma existencia- desarrolla un proceso que lo lleva a reflejarse en los espejos del cuadro. Así, pues, el mero comentario lírico, el ejercicio descriptivo de la obra de arte mediante la palabra, ve incrementados sus niveles de significación y el alcance de su propuesta.
           
Porque –subrayémoslo de nuevo- Samir Delgado es consciente tanto de su esencialidad isleña como de su condición de creador. Y por eso, singularmente en el primer poema, en los cinco textos ahí reunidos, indaga críticamente en los elementos que definen la isla y en la necesidad de la implicación de los creadores con la incertidumbre de su memoria y su devenir. Es por ello que afirma en uno de sus versos que “la isla necesita al artista”. Para cumplirse en sí misma y en su destino. Para que sea algo más que un accidente geográfico y ofrezca todo el potencial que ese su “ver distinto” –al decir de Padorno-, encierra.

Poesía, entonces, que trasciende la apariencia y lo inmediato para formular cuestiones que participan de lo filosófico, lo ideológico y lo ético. Todo ello cristalizando en una suerte de ontología del ser, de la cultura, del arte, como empresa dignificadora y necesaria de la existencia. Y todo ello, igualmente, expresado con un lenguaje que se aleja tanto de la simple y mera exhibición autobiográfica como de la exégesis o la glosa sin más, para fraguar en una sugestiva, arriesgada y enriquecedora repercusión de sentidos.
           
En los poemas de Cosmovisión atlántica las palabras se buscan a sí mismas en los ecos de su propia musicalidad, naciendo al significado desde lo remoto y profundo para traspasar los límites de lo escuetamente informativo. Tras sus resonancias culturalistas, el lenguaje da paso a los significados imprevistos y sugerentes, a una estética plural donde se asocia la visión descriptiva con lo conceptual, lo filosófico con la impregnación ética, además de referentes simbólicos e históricos. De esta manera, el decir poético fluye con una intensa contención, como destellos o vislumbres cuajados de múltiples horizontes de interpretación, y donde la dicción novedosa y la polivalencia de sentidos se abren a una sublimación de la interioridad a la par que a la indagación sobre el sentido de ser isla en la isla. Aquí, al cabo, el discurso poético compone un hallazgo novedoso, inédito por momentos, pleno de atrevimiento, no solo formal sino también ideológico y crítico.
           
Ciertamente, como apuntaba Gamoneda, el arte no necesita explicarse, pero a veces es necesario formular otras preguntas que revelen su sentido, sean hechas por filósofos o por poetas. En su Cosmovisión atlántica el poeta isleño acude a la pintura para formular esas “otras preguntas” que inquieren más allá, más adentro, de lo que muestran los lienzos. Preguntas que, en este caso, desembocan en el desvelamiento íntimo, en la exploración de la categoría isleña, en el ser y existir de la isla a la que, perteneciéndole, pertenece.   
           
Samir Delgado se sitúa en la contemplación de una serie de cuadros de artistas diversos. Y en los cuadros -esos cuadros en los que habita la isla-, en tanto germinan sus palabras se vislumbra a sí mismo para descubrirse habitado por la isla misma y por lo que esa isla es y por lo que puede ser por la intervención creadora del arte y los artistas.

Esa es la búsqueda. Ese el reto que propone.  

Sabas Martín, Madrid, 2017

Sabas Martín (1954)

Poeta, escritor, periodista, Académico Honorario de la Academia Canaria de la Lengua


                 




miércoles, 5 de julio de 2017

"Bodegón" o Studium bei Kokoschka (Sobre un cuadro de Vicki Penfold)

Vicki Penfold (1918-2013) Studium bei Kokoschka




                                   I

              EL haz de la mirada concentrado en un punto fijo.
            Suspensión total de la racionalidad instrumental.
            Balanceo puro de la pupila sobre el objeto externo.
            Trazos compulsivos para la consumación del bodegón.

                                   II

              LOS colores en el Puertito de Chipre
            gimen a pleno pulmón.
            Igual que las minas de cobre en Katanga.
            Y el bosque australiano.
            La vida de la artista en la isla
            será un atelier de carne y hueso.


                                   III
           
               YO vengo del castillo de Salzburgo
            donde musitaba Oscar Kokoschka.



Samir Delgado, Cosmovisión atlántica, la isla que habita en los cuadros (2012)


viernes, 30 de junio de 2017

"Tríptico azteca" (Poema Memorial Bicentenario José Zorrilla)

"La gran galaxia" (1978) de Rufino Tamayo


Era verdad, allá bajo otro cielo,
                                                                                              del móvil mar tras el cerúleo muro
del aire azul tras el flotante velo

El drama del alma, Algo sobre México
                                        José Zorrilla


I

altaluz, extraña alba, sol de tenochtitlan,
fogal azteca en la hora punta del imperio

el poeta sueña en la orfandad del relámpago y la daga:

en su tinta renace como de la sangre de un ángel
el triste lejano desposorio, él clama todavía para sí,
afronta al sino, posterga a la gorgona, ya sin altares

la mañana vaticina otra progenie, el ventanal del oleaje
acantila su floresta, castillo de miramar, enlutado el día.       


II

¿cuándo el retorno a la primera bocanada
del áulico púrpura, nuevo mundo al pie, goce infinito
del hueso del hombre, magno volcán de silabarios?

el poeta avienta, masculla, cimbrea al oráculo su orgullo:
perilla en mano, espantasombras, pasajero trasatlántico

valladolid el mundo: estirpe, almario, razas del verbo     


III    

lunasol, romantic soul, el poeta destierra el blanco:

la gravitación de los semilleros astrales
que irradian su martirio pretérito
hacia las horas de la nada absoluta

allá donde habita la inmortalidad
(in memoriam del instante)
silba todavía parajes al silencio fértil

aquel eco supremo de la siringa de Pan
(clamor del prado al mediodía del sur)
en la altiplanicie barroca de la ausencia presentida

josé zorrilla cruza el océano:
la vida toda      el poema


Samir Delgado

V Premio Umbral de Poesía, Bicentenario de José Zorrilla (Valladolid, 2017)

domingo, 25 de junio de 2017

El poeta siempre había estado aquí (Reseña del libro “Las geografías circundantes. Tributo a Manuel Millares”)

Sala Millares, Fundación Antonio Pérez (Cuenca)

Jorge Monedero* 

Recuerdo perfectamente la llegada del autor del presente poemario, el canario Samir Delgado a la ciudad de Cuenca. Con un cuidado porte y el don de la palabra como carta de presentación, surgió de repente en torno al 2013, para hacerse en poco tiempo visible e imprescindible para los nativos, cargado de ideas y proyectos que compartía con entusiasmo y estrenada complicidad. Y como el dinosaurio del cuento de Fontanarrosa, nos pareció que siempre había estado aquí.
Desde el primer día tuve claro que era otra víctima más de la atracción que desde los años 60 emite permanentemente nuestra ciudad levítica, un extraño influjo que atrapa a sus viajeros y visitantes. El casco antiguo es un enclave privilegiado que mira desde lo alto de la montaña rocosa, imponente y majestuosa mientras se deja abrazar por sus dos ríos, el Júcar y el Huecar que se unen en feliz encuentro en el barrio de San Antón. El poeta canario sin duda había sido seducido por la misma fuerza imantada y silenciosa que paulatinamente atrajo en los años 60 a hombres de la talla de Fernando Zóbel, Millares, Guerrero, Saura, Antonio Pérez, etc.
En el caso del escritor Delgado, juntó al narcótico olor a óleo del omnipresente arte abstracto que todo lo inunda en el casco antiguo, se unió la búsqueda de la huella castellana de su admirado artista y paisano Manolo Millares.
Efectivamente, hoy en día la presencia de Manolo Millares en la capital castellana sigue siendo muy viva. Aquí permanece al pie del cañón su querido amigo Antonio Pérez, depositario del legado artístico de la familia Millares Escobio que luce esplendoroso en una de las plantas de su fundación de arte contemporánea. Es habitual en la ciudad también la presencia de Elvireta Escobio viuda del artista canario y de sus hijas junto a artistas, comisarios y personas que recuerdan la época en que Cuenca era el centro del arte nacional.
Como veníamos diciendo, en una de las zonas privilegiadas de la fundación del creador, coleccionista y editor de Ruedo Ibérico, reciente hijo predilecto de estas tierras,  Antonio Pérez, ubicada en el antiguo convento de las carmelitas, la tragedia se nos presenta envuelta en ropajes de arpillera. Gigantes bastidores de creaciones que muestran su evolución desde la negritud más pulcra hacia el blanco purificador, (al contrario que el genio Mark Rothko), como un camino de redención, una trayectoria artística con sentido, y sobre todo enérgica y poderosa. El blanco que en cultura popular castellana sirve para encalar casas, limpiando y desinfectando, gana con el tiempo importancia frente al negro, como un esfuerzo baldío de contrarrestar parte del desgarramiento trágico de las obras anteriores.
En esos años, Samir sufre la aspereza del frío invierno de la ciudad que lo acoge y en sus múltiples visitas y relecturas al espacio que alberga la colección del canario en la FAP, junto con las obras presentes en la colección Juan March en el modélico museo de Arte Contemporáneo, es capaz de imbuirse en la desolación trágica de las arpilleras, dejarse envolver por los despojos y los escombros como uno más. Una vez instalado en esa otra realidad, con destreza profesional, atrapa la poesía que impregna los lienzos de Millares, y quizás violentamente también la adhiere a su cuaderno de notas, para más tarde ser capaz de depurarla con el tamiz de su pluma y darle forma final.
De ahí nace “Las geografías circundantes”, poemario que recomiendo con entusiasmo. Sin duda un homenaje a la altura del homenajeado, que nos deja otra joya para engordar el maravilloso legado cultural en torno a nuestra ciudad y sus artistas. No lo duden. Léanlo.

*Jorge Monedero López, es profesor de economía de educación secundaria y ejerce de colaborador cultural en la Cadena Ser de Cuenca. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, Licenciado en Administración de Empresas por la UNED, MBA por el instituto de Empresa y con estudios en gestión cultural.

martes, 20 de junio de 2017

La siesta de los volcanes / сиеста вулканов (Poema traducido al ruso)

Pintura nº 100 (1962) de César Manrique



TINGUATÓN, MASDACHE, TAJUYA, CHAORRA, TAO
MAMBROQUE, TAHÍCHE, TACANDE, TENEGUÍA, TEIDE

La vez primera que nuestros antiguos señalaron con su dedo
y pusieron el nombre a los volcanes que parieron todo el archipiélago
sellaron para siempre nuestra pertenencia a esta tierra nacida del fuego.

Abajo en las profundidades recónditas del océano
donde las civilizaciones sumergidas dormitan entre montañas de algas
todavía esperan salir a flote nuevos acantilados vírgenes para las gaviotas
como las islas más viejas que secaron en su día los llantos de lava
mecidas cada noche por la mirada arcaica de la luna.

¿A qué viene esa calentura ciega que destroza la paz de nuestras islas?
¿A qué viene ese murmullo insolente que alborota el ritmo de los climas?
¿A qué vienen tantas prisas si el mundo ya tiene muchas vueltas?

¡Silencio!

Respetemos durante nuestro tiempo de vida
la siesta de los volcanes


ТИНГУАТОН, МАСДАЧЕ, ТАХУЙЯ, ЧАОРРА, ТАО,
МАМБРОКЕ, ТАИЧЕ, ТАКАНДЕ, ТЕНЕГУЙЯ, ТЕЙДЕ.

Перевод с испанского О. Шаховской (Пономаревой)

Впервые, когда наши предки указали своим детям и внукам
на вулканы, они дали им имена, а те вулканы родили весь архипелаг,
и навсегда отпечатались в нашей приверженности к этой земле из огня.

Внизу, в скрытых глубинах океана,
где утонувшие миры спят между горами водорослей,
ещё надеясь выйти на свет, обрести новые девственные берега и жизнь,
как на тех самых древних островах, высушивавших слёзы лавы,
каждой ночью убаюкиваемых архаичным взглядом Луны.

Откуда та слепая лихорадка, разламывавшая мир наших островов?
Откуда тот наглый гул, приводящий в волнение устоявшийся климат?
Откуда такая спешка, если мир уже много раз возвращался?...
Тише!
Давайте уважать течение нашего времени,
сиеста вулканов.


*Traducido al ruso por Olga Shahovskaya, en www.stihi.ru
Versión digital en la Revista Isla Negra Nº 11/419
Poema de Samir Delgado (2009)

jueves, 15 de junio de 2017

Poema "La tumba de Cernuda" (Incluye nota al pie del poeta hondureño Samuel Trigeros)

Obra de Ramón Gaya, "Cernuda en la playa" (1934)


Si en silencio andaba el poeta
pregón al viento su ceniza

mística inconforme del azar
en la huella sevillana del aedo

su geografía del último aliento
tiñe de relámpagos interiores
cada atardecer de coyoacán

campanario del olear arriba:
alevosía de los versos inéditos

la urgencia abajo de un silbato:
videncia muda del destierro 

como un viaje perpetuo en bajamar
también este exilio no será derrota

desde la ventana más oscura
el poeta erige su mentón
asienta candores a la pipa 

alrededor un sol de media luna
tras el rojo zeppelín de los deseos

es aquí: la tumba de cernuda

Samir Delgado, inédito (2017) 

 

"Esta elegía que se niega a sí misma" 

(Nota al pie del poeta hondureño Samuel Trigueros)


Escrito aparentemente en tono menor, la altura del poema no se establece sólo por la invocación del viento como vagón de las místicas cenizas cernudianas, ni por los atardeceres preñados de relámpagos, pues justo cuando surge el campanario como corola del ascenso, a renglón seguido un silbato inaugura el descenso, un sumergirse en profundidades que, si son signo del tránsito hacia todos los exilios, no son claudicación ni “derrota”, puesto que ahí está la perpetuidad del viaje poético, es decir, la permanencia de la poesía que, incluso si el poeta se encuentra acodado en “la ventana más oscura”, es capaz de dotar de “candores” y esplendores la urna donde yacen las cenizas.

Y todo a medio sol o a media luna, como corresponde a la elegía de este ser de luz, se ve cruzado por ese hermoso zeppelín que de él emana y nos toca enrojeciéndonos de deseos: de que haya más Cernuda.

Como en un patio donde la luz, el día y los luceros convergen, encauzados, así este poema, esta elegía que se niega a sí misma, en tanto elude el lamento y se convierte en celebración, como quizá lo haría si pudiera la tierra o el aire convertidos en tumba de Cernuda.

Honduras, 10 de junio de 2017