miércoles, 25 de enero de 2017

Música de las montañas (De la antología "Teneriffa: Wortlandschaften")

Serie "La montaña" (2000) del artista Pedro González (1927-2016)


MÚSICA DE LAS MONTAÑAS

La isla al sur es un decorado ancestral de sotobosques de aulagas a la vuelta de la esquina / el picón más antiguo rocía de senderos guanches la vertical del volcán / monte a través la imposible sombra del lagarto / el atlántico siempre abajo / la eternidad de los azules hechiza el reino artificial de las palapas / pronto el concierto aleatorio de abejorros / ya la dulzura de los alisios en la espalda húmeda de los nuevos visitantes / a la vista pétalos de nubes en tránsito permanente / entonces el silencio de la isla alcanza su peso de 500 años / a la caída de la tarde el retorno de las banderas / un cernícalo siempre arriba / las fotografías han superado con garantía las fronteras del blanco / y tras el último turista la música de las montañas de la que habló Goethe.


GESANG VON DEN BERGEN

Die Insel im Süden ist eine uralte Kulisse aus stechginstrigen Unterhölzern gleich um die Ecke / die älteste Lava rieselte von den Wegen der Guanchen herab auf die Flanken des Vulkans / ein Berg quer durch den unwahrscheinlichen Schatten der Eidechse / der Atlantik immer zu Füßen / die Ewigkeit unzähliger Blaus verzaubert das künstliche Reich der kleinen Strandhütten / bald das willkürliche Konzert der Hummeln / und die Sanftheit der Passatwinde über dem schweißfeuchten Rücken der neuen Besucher / im Sichtfeld blütenblättrige Wolken in stetigem Wandel / daraufhin erreicht die Stille der Insel ihre Schwere von 500 Jahren / mit dem Einbruch des Abends die Rückkehr der Fahnen / ein Falke immer am Himmel / die Fotografien haben garantiert die Grenzen des Weiß überwunden / und nach dem letzten Touristen der Gesang von den Bergen, von dem Goethe einst sprach.



                                                                                                          Samir Delgado

Traducción de Gertrude Toggweiler, Universidad de Zurich
Extraído del libro VV.AA Tenerife: Paisaje de palabras, Puntillo ediciones (2016)

viernes, 20 de enero de 2017

Invierno azteca (I, Diarios)

Ventana, Juan Soriano (1920-2006)


                                                                                                                       
Con agradecimiento 
al joven poeta mexicano Leo Díaz


TAXI. La ciudad de México únicamente es llevadera en su extraña condición de abreviatura visual, en la cartografía minimizada que vale como hoja de ruta, en el decurso instantáneo de cada uno de sus interfaces. Parece imposible asumir su totalidad desmesurada adentro, el desorden de posibilidades que sugiere cada colonia, cada fraccionamiento, cada territorio suburbano. A fin de cuentas la salida del aeropuerto Benito Juárez es como la inminencia del claro de bosque. La mano tendida, el auxilio locomotor: taxis.

MERCADO de Coyoacán, la felicidad de un pozole caliente. Lezama sabía lo que comía, a pesar de la escasez impuesta, del impedimento postedénico, de los desastres globales del hambre, nada más que deseo de frutalidad: la existencia común. Siempre he defendido la gastronomía como baluarte cultural de todos los pueblos. Hacerse mexicano implica la comunión diaria con sus chiles, esperarse con heroísmo al momento pleno del yantar, tortillas al comal, el respeto a los fogales ajenos.

LA CUADRA de la casa donde falleció Octavio Paz, al otro lado la residencia del día a día del filósofo Enrique Dussel, la calle Londres que habitó Frida en el transcurso cotidiano de cada jornada matinal. Este conglomerado apacible del D.F tiene su encanto histórico, hay un azul en su haber connatural. Sonrisa de reconocimiento en el itinerario de la pecera, los pesos básicos en el bolsillo, el perfume de los jardines interiores.

MAUSOLEOS del ángel. La terracita dormitorio con vistas a las lápidas, un silencio de sepulcro que no espanta, el cementerio donde yace el Santo de la Máscara de Plata es un vergel de ocasos, mansedumbre del día, tibieza del acontecer mínimo. La primera mañana repite su trascendencia de resurrección, el eterno retorno de la luz.       

COLIBRI a la vista. Huitzilopochtli siempre de lejos, la circunnavegación del ave mítica por todos los azules terrestres. Antigüedad absoluta de lo diurno.

MUSEOS. En una sola tarde caer de lleno frente a los cuadros de Khalil Gibran, su máscara funeraria, las cartas de puño y letra del poeta libanés en su época de Boston. Hay en los colores de su obra pictórica un halo de limbo, ingravidez del ensueño, el profeta en su jardín.

LEO un pasaje de Vicente Quirarte sobre la ciudad de México y la memoria de su padre, y de repente el desarrollo cronométrico de la subjetividad creativa en la modernidad a través del registro literario en el decurso temporal de un par de siglos. Magistral.

PULQUES. La atracción del vaso, la secuencia repetida cada atardecer en este lugar preciso, amado hasta la saciedad por sus extraños recodos de tiempo compartido. Las fotografías del móvil capturan a conciencia los volúmenes imperfectos, intersticios de la nada, concomitancias del transcurso. Libaciones del pulque curado como promesa de fertilidad.

MADRID prolonga todavía su irradiación en la psiquis personal. La normalidad implica rehacer lo acontecido, medir a pulso el discurrir propio, acomodar las sinergias acumuladas. Rostros, querencias, intervalos. A pleno sol la imagen de la lápida del pintor Millares, la arpillera de su luz en lo subterráneo, el silencio profundo del cementerio civil que jamás volveré a pisar.

POR FIN la ardilla. Verticalidad del juego, audacia en movimiento, cruzando sin remordimientos el barandal completo de la mañana, trepidación de la praxis, alimento de bestiarios.

(...)


Samir Delgado (Diarios, 2017)

domingo, 15 de enero de 2017

El limbo transfronterizo en la pintura de Alejandra Freymann

Alejandra Freymann ( México, 1983)



La artista Alejandra Freymann es una joven creadora nacida en México y radicada en Cuenca desde su etapa universitaria como alumna de Bellas Artes, conocí su obra durante mi primer verano castellano y como dije entonces, muestra talento imaginativo para la consolidación ascendente de su proyección internacional.

La mirada de Freymann cataliza un paisajismo onírico de “lo exterior interior” con una profundidad metafísica personalísima que ratifica todos los pronósticos de la crítica sobre su trayectoria artística individual. Entre los lienzos al completo de su trabajo creativo aparecen señales renovadas de ese minimalismo narrativo ecosistémico, tan peculiar en su forma de pintar, una pátina cercana a una especie de representación sui generis del mundo como limbo transfronterizo. Hay un bestiario con figuras persistentes que remiten a la relación de inmanencia que subyace entre los seres vivos de la cadena extraalimentaria. Hay ríos anónimos que pululan las regiones glocales originarias- tan cercanas como idílicas-, y hay una atmósfera geomántica cosmovisional que otorga a cada cuadro un valor en sí mismo para la reflexión sobre la frágil condición de toda aventura existencial.

Para descubrir los diversos componentes del universo mental recreado en la pintura de Alejandra Freymann solamente hace falta que el visitante contemple su propuesta estética durante unos minutos. Entonces, todos los resortes de la cotidianidad saltarán por los aires en una inmersión distinta a la realidad, donde el lenguaje de cierta infantilidad familiar se entremezcla con lo mistérico fenomenológico en formato de pantalla plana. Las siluetas de la mayoría de sus personajes recuerdan en algo a los dibujos esencialistas de un cuaderno extraviado de Saint-Exupéry, pero también a la configuración tardomoderna de las videoconsolas con aquellos lugares de tránsito vedado y espacios sucesivos de un juego permanente donde “algo ha sucedido” y nos sentimos parte constitutiva de la partida. En esta magicidad epistémica radica la propuesta de su pintura, construida en soledad y a la antigua usanza, pero que hace revivir la pasión por el propio proceso pictórico en el panorama desalentador de los actuales circuitos artísticos contemporáneos.

En el imaginario personal de la artista ya son habituales las fogaleras o luminarias en noches de cielo abierto, una fauna arcádica distintiva y extraordinaria con tigres, lobos o ciervos plasmados en blanco que dan pistas sobre la irreversibilidad medioambiental. También las típicas casetas de campaña y telescopios como signos civilizatorios básicos a la deriva en el ordenamiento del ser humano sobre lo circundante cognoscitivo. Pero sobre todo lo demás, una peculiar denominación de origen: alejandra freymann. Y es que una sola visita a su céntrico estudio conquense, entre pilas de revistas Quercus y la omnipresencia del viejo gato Marcelo, bastaría para que el público reconozca las claves sobre su pulso creativo centrado en un halo de extranjeridad y una ética ecovitalista del límite.

Alejandra Freymann procede de padres belgas y mexicanos, si bien la joven artista pasó buena parte de su infancia en Sevilla, reconociendo la herencia personal en la propia búsqueda de la identidad. Ella es mujer, y se extraña con razón sobre la invisibilidad de las mujeres en el firmamento pictórico universal. Tal vez su paso frustrado por los Boy Scouts tuviese algo que ver con ese pálpito alpino que hace de sus cuadros un auténtico sistema orográfico para la fantasía. Incluso sus raíces familiares se encuentran en la región de Spa, ese lugar fundacional para el turismo de aguas termales en cuyos bosques legendarios transitó en noches fugitivas un poeta llamado Guillaume Apollinaire.

A fin de cuentas, los cuadros de Alejandra Freymann tienen ese aura de lo normal sobrevenido extraordinario sobre el espacio íntimo universal. Están bien asentados en la difícil conjugación de la noosfera de figuraciones psicosociales y las volumetrías subjetivas sobre el potencial perceptivo de nuestra imaginación. La escapada visual a sus montañas es de largo recorrido y ofrecen ellas solas un salvoconducto- tan ideal como necesario- frente a la mentalidad esquizo productivista y ultraconsumidora de estos tiempos cibernéticos de hoy.


Samir Delgado, 2013

martes, 10 de enero de 2017

La ternura en el campo visual absoluto/ Tenderness in the absolute visual (Texto de catálogo del artista Kareem Sadoon)

Obra del artista Kareem Sadoun (Irak, 1959)



El lienzo es un campo de batalla interminable
Antonio Saura
Desde la civilización griega a los indicios del romanticismo en la modernidad, la fascinación por el cuerpo humano, el descubrimiento del otro, la ensoñación por la arcadia perdida y el valor de los paisajes cotidianos han aspirado a desarrollarse como estadios de realización estética. Durante siglos, se ha ido produciendo una asombrosa conformación de imaginarios que traducen ese lado utópico de toda vocación artística frente al reverso destructivo de la propia dinámica de agresividad total sobre el globo terráqueo que han conllevado las guerras. A decir verdad, tal como sucedía desde los egipcios, la secuencia de reproducción de la vida entre jeroglíficos suponía un proceso de individualidad que concretaba la cercanía entre la frontera de lo humano y lo divino. Y el arte, en el transcurso de sus flujos históricos ha tenido en todos los puntos cardinales del planeta un papel fundamental para entender la esencia de cada episodio vital.
Por todo ello, en la obra del artista iraquí Kareem Sadoon (1959) encontramos una atractiva seducción instantánea, un romance hipnótico en el que los trazos pictóricos de sus distintos dibujos revelan la atracción envolvente de la relación corporal y del disfrute de la temporalidad común. Hoy en día, con el surgimiento de conceptos novedosos como el no-lugar de Marc Augé, las plataformas del tráfico social en la era del viaje sin fronteras y los espacios anónimos de la circulación permanente, han hecho que las esferas de la vida personal queden difuminadas en un tiempo de códigos de barras. Y es el artista árabe, en este caso afortunado y de originalidad renovada, con su trabajo de 60 piezas bajo el título “Reconstruir la memoria” el que configura una mirada personal de colores templados, orientalizante, capaz de simultanear el goce de la existencia y la atención pormenorizada hacia el instante perdido, favoreciendo que el espectador acostumbrado a la presión diaria de las masas, pueda volver a ensimismarse en los retablos en sí de lo bello, en el detonante seductor del pasatiempo íntimo, revalorizado y promiscuo, para la eclosión en arco iris de las identidades en plena sociedad global del tecno-futuro.
La obra artística de Kareem Sadoon, artista residente en Suecia y miembro de distinguidas asociaciones artísticas de la heroica sociedad iraquí en el exilio, sintoniza completamente con el lado puro, ancestral y, a la vez moderno, de la representación pictórica a base de tintas varias. Una forma de artesanía suculenta del deseo y de la intercomunicación en collage. No es casual que, a fecha de hoy, en medio de la soporífera abundancia publicitaria que ha caracterizado los submundos ciudadanos para el disfrute hipotético del universo simbólico del consumo en el calendario oficial de la sociedad, sea precisamente el arte, en sus diversas manifestaciones y géneros, uno de los salvoconductos sobrevivientes que propina, para el nuevo siglo, con todas sus consecuencias, problemáticas y desafíos, unos niveles mínimos y básicos de autoconciencia y referencialidad para afrontar las paradojas de una realidad clínicamente en estado de crisis y de colapso irreversible.
Y es que desde Platón a Baudrillard, la persistencia del debate imperecedero sobre las problemáticas inherentes al imperio de lo imaginario, reproduce a gran escala la cuestión sobre la conformación de la realidad dominante, con su status de verdad-falsedad puesto en liza en el tablero de ajedrez de las encrucijadas estéticas. De ahí que la obra del artista iraquí, encontrada como un feliz objet trouvé en los tiempos del simulacro total, nos brinde una salida airosa a esta problemática de la imagen en el cosmos multicultural de las sociedades posmodernas, volviendo por suerte, a posibilitar una continuación fértil y productiva, a nivel creativo, para la reflexión filosófica del curso de la historia particular de los cuerpos en libertad y las coyunturas artísticas de toda recreación humana con aires que recuerdan mucho al mejor Saura.
Al igual que el antecedente del flâneur de Baudelaire, la mirada del artista árabe desentraña por sí misma, con una finalidad poética determinante del estar-vivo, los sentidos confluyentes de las caricias y del encuentro con el otro, colofón necesario para el común de los mortales en unos momentos marcados por el éxodo, la migración masiva y la pérdida terminal de la fe en las diplomacias. En la obra del artista iraquí hay reflejos de esperanza, la efímera condición del tiempo cotidiano sucedido, que ya solo permanecerá bajo los rigores de una memoria pintada entre las poses discontinuas, aunque providenciales, de quien sabe hacer-de-lo-mirado una obra artística, plena de luz y de eticidad, coherente para con su tiempo y con su espacio, el del artista árabe que vive en Europa, heredero de todos los exilios, y que gracias a su arte nos conmueve nuevamente, haciendo verdad y realidad el hecho de la ternura en el campo visual absoluto.

Samir Delgado, 2016
The canvas is a field of endless battle
Antonio Saura
From the Greek civilization to  of romanticism in modern times, the fascination with the human body, the discovery of the other, the dream for lost arcadia and the value of everyday landscapes have aspired to develop as stages of aesthetic realization. For centuries, it has been producing an amazing creation of imaginary translating the utopian side of all artistic vocation against the destructive reversal of the dynamics of overall aggressiveness on the globe that have led wars. In fact, as was the case from the Egyptians, the sequence of reproduction of life between hieroglyphics meant a process of individuality that concretized the closeness between the border of the human and the divine. And art, in the course of its historical flows has been in all corners of the world a key to understanding the essence of each episode vital role.

Therefore, in the work of Iraqi artist Kareem Sadoon (1959) found an attractive instant seduction, a hypnotic romance in which the painterly strokes of his different drawings reveal the envelope attraction body relationship and enjoyment of the common temporality. Today, with the emergence of new concepts such as the non-place of Marc Augé, platforms of social traffic in the era of travel without borders and spaces anonymous permanent circulation, they have made the areas of personal life remain time dithered in a barcode. And it is the Arab artist, in this case lucky and renewed originality with his work 60 pieces titled "Reconstructing Memory" which set a personal look of mild colors, orientalizante, capable of combining the enjoyment of life and the detailed attention to the lost time, encouraging the viewer accustomed to the daily pressure of the masses, can return to ensimismarse in altarpieces itself of beauty, in the seductive trigger intimate pastime, revalued and promiscuous, for hatching rainbow of identities in global society full of techno-future.
The artistic work of Kareem Sadoon, resident in Sweden artist and member of distinguished artistic associations of the heroic Iraqi society in exile, completely in tune with the pure, ancestral side and the modern time, the pictorial representation based inks several . One way of succulent craftsmanship desire and intercom collage.
It is no coincidence that, to date, amid soporific advertising abundance that has characterized the underworlds citizens for the hypothetical enjoy the symbolic universe of consumption in the official calendar of society, is precisely the art in its various manifestations and genres, one of the survivors laissez-passers tip for the new century, with all its consequences, problems and challenges, minimum standards and basic self-awareness and referentiality to confront the paradoxes of reality clinically in crisis and irreversible collapse.
And is that from Plato to Baudrillard, the persistence of undying debate on the issues inherent in the empire of the imagination, playing on a large scale the question of the formation of the dominant reality, with its status of truth-falsehood put at stake on the board chess aesthetic crossroads. Hence the work of Iraqi artist, found a happy objet trouvé in the times of total simulation, give us a graceful exit to this problem of the image in the multicultural cosmos of postmodern societies, returning thankfully, to allow a continuation fertile and productive, creative level, for philosophical reflection of the course of the particular history of bodies in joint artistic freedom and all human recreation with air that closely resemble the best Saura.
Like the history of the flâneur of Baudelaire, the look of the Arab artist unravels itself, with a decisive poetic purpose of being-alive, the confluent senses of touch and the encounter with the other, necessary finishing touch for the ordinary deadly at a time marked by the exodus, mass migration and terminal loss of faith in diplomacy.
In the work of Iraqi artist there are reflections of hope, the ephemeral nature of everyday time happened, now only remain under the rigors of a painted between the dashed poses memory, even providential, who knows how to do-from-it-looked a work artistic, full of light and ethicality, coherent with their time and their space, the Arab artist living in Europe, heir to all the exiles, and thanks to his art moves us again, making truth and reality the fact tenderness in the absolute visual field.
Samir Delgado, 2016