jueves, 28 de noviembre de 2013

Poems & kisses (Maspalomas ´94)



[A ONE WEEK]


LA primera fuga
con shanon van viersen 
duró una semana

aquella verja
era un destino particular
mientras caían misiles 
 
la guerra del golfo

sobre el estampado rosa
de un bikini

una semana nada más
(a one week)
decías

el tiempo suficiente
para los desertores


[PRIMER BESO]

SOBRE una hamaca
dulcemente amoratada
bajo el sol del hotel

todo su calor robado
a los girasoles de holanda

así fue el primer beso
en la historia de turistneyland


[TÍO DE FRANKFURT]

LA joven alemana
llegó a la isla
con su tío de frankfurt

todos los días
abrazamos juntos
la sombra de palmeras

nuestras lenguas sedientas
en la catarata de la piscina

el pecado original
tras cada night show

sandra la joven alemana
sabía que durante las vacaciones
su tío banquero de Frankfurt
bebía la cerveza con buen humor


[BOSQUES DE NORUEGA]

ES nuevo
cada amanecer
de este bungalow

a plena luz del día
oscurece en su terraza

las sábanas nievan
alrededor del sofá cama

dulces tormentas
de la húmeda flor

un invierno al desnudo
en los bosques de noruega 

 
[FANTASY ISLAND]


EN SU cubilete
de cristal

la diosa vikinga

baila al calor
del himno
de la noche

cuanto más cerca
de su brazalete dorado

la música

desaparece


[GALLETAS DANESAS]


CADA semana llegan turistas
a los apartamentos de al lado

los ancianos extranjeros
con su almuerzo de las siete

familias de niños rubios
parejas solitarias
maricas

y siempre el escándalo nocturno
de los bárbaros guiris alcohólicos
 
hasta que un día
camila
montadora de caballos

con su caja de galletas danesas
abierta por sorpresa


[HELADO DE ABSENTA]


POR navidad
las guirnaldas
también florecieron
en el tercero

era una chica de islandia
pelo rubio cobrizo
no más de quince años

con piercing en la lengua
y los vaqueros rotos

la luz de su terraza
permanecía encendida

all the nights

al parecer se alimentaba
únicamente
con helados de absenta


[COTO DE CAZA]


LOS chicos de la pandilla
éramos peor
que lobos hambrientos

la ciudad
nuestro coto de caza

manadas de bellos calibues
dulces cervatillos indefensos
pequeñas presas insumisas

nuestro territorio exclusivo
las sabanas internacionales

(Samir Delgado, Plaquette Inédita, Maspalomas ´94)

viernes, 15 de noviembre de 2013

3 Poemas inéditos. Sobre esculturas de Tony Gallardo

Obra escultórica de Tony Gallardo


[VELA]

Alambre y lámina de hojalata soldada al estuco (1959)
 

SOLO el artista
avista del vértigo 
 
lo solemne

(en el principio fue el viaje)



[MAGMA III]
 
Talla en lava (1979)
 


EN la cuadratura
del leño volcánico 
 
la interconexión histórica
del esperma telúrico
con su paisaje

la isla como virtualidad
del ser-para-la-vista
 


[CALLAO 7]

Basalto verde con cortes (1981)
 


EL desvirgue radial
del pomo marítimo

reconcilia      el naufragio 



Samir Delgado, Isla bumerán (Inédito)
Tony Gallardo, In memoriam



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Narrativas de lo mestizo.Canarias como espacio tricontinental

Paco Sánchez, Friso del Atlántico (2012)

DOMINGO PÉREZ MINIK dijo en algún lugar que una isla no se concibe más que como principio y término de una tragedia geológica. Y precisamente en la sala que atesora la biblioteca personal con su propio nombre, quiero yo compartir con ustedes un viaje simbólico por las islas, estas islas, todas las islas.  Y no puedo, recién llegado de Madrid, dejar de compartir una imagen que me acompaña desde hace tiempo en la lejanía. La del océano mar, el mar océano de la memoria, el mar que determina las insularidades del tiempo de nuestras vidas.

En esta clausura de las jornadas de Joven Crítica Canaria que han protagonizado ustedes, dedicando un tiempo impagable a la crítica canaria yo quisiera empezar con el propio Domingo Pérez Minik, hombre de letras, que atendió en su trayectoria intelectual la poesía canaria, la novela europea y el teatro contemporáneo como ningún otro crítico de su época. Esa versatilidad, ese amor por lo que uno hace en los ámbitos de la cultura se echa en falta más que nunca en estos tiempos de crisis total. La especialización, el academicismo, el enrarecimiento del panorama cultural canario dividido no puede continuar este camino hacia ninguna parte. Por eso me siento ahora infinitamente agradecido por disfrutar personalmente de un retorno a las islas compartiendo con ustedes una mirada a nuestra literatura, a nuestro arte, a nuestra poesía, con otras medias horas jugando a los dados en la historia de los tinteros, siguiendo la siempre original referencia del vanguardista canario Agustín Espinosa, otro hombre de letras irrepetible. 

Queridos compañeros, estoy seguro de que en esta biblioteca se han dicho cosas muy interesantes y necesarias para el debate y el encuentro intergeneracional dentro de un escenario cultural isleño bastante incierto y demasiado ausente ante los desafíos de la sociedad global de hoy. Por eso yo quiero hablar de las narrativas de los mestizo, de las raíces y de las metas de la gran aventura literaria que son estas islas, metáforas puras surgidas de la entraña mítica del océano atlántico. 

Yo pienso que hoy en día, ante las tendencias sectarias, gremiales, academicistas heredadas de un pasado no tan lejano, es imprescindible que las nuevas generaciones asuman el reto de propiciar un clima favorable para la fertilidad creativa y la crítica saludable, responsable y consecuente hacia las necesidades de nuestros días futuros, de nuestros congéneres, de cara a la ciudadanía, a una sociedad que requiere en los reinos de lo virtual un completo derecho a la cultura, a la expresión, a la comunicación. Repetir los errores del pasado no debe ser una ecuación de valor matemática, por ello dejemos atrás los personalismos estériles, los trasnochados privilegios de autoridad, las envidias intoxicantes, y entre todos los creadores, críticos, lectores, responsables de la cultura institucional, portadores de la memoria colectiva, de los bienes patrimoniales, de nuestra cultura en general, crucemos juntos el puente de  la pasión por el arte y la literatura sin mayores obstáculos. Y nada más nos queda, frente a los lastres de un progreso destructivo a escala planetaria, que el derecho a seguir soñando con un mundo mejor, más justo y solidario. Este mundo globo azul que  son islas continentes a la deriva de todas las cosmogonías habitables.

La utopía de la que hablaron los griegos residía muy cerca de Canarias. Nunca lo olvidemos. Por esto mismo, quisiera yo hablar ahora y de nuevo sobre canarias, de la literatura de las islas donde vivimos, como un espacio tricontinental poblado de mitos y abierto al porvenir. Y quiero sobre todo desvelar el sentido de las narrativas de lo mestizo, de las huellas híbridas que fundamentan -a mi modo de ver- el devenir del acervo cultural canario, de la tradición poética de este archipiélago con 5 siglos de trayectoria: el archivo literario que visto en su totalidad devenida, a la manera de constante histórica con vectores de múltiples y variados registros, que se proyecta con una fisonomía diferencial, constituyente de lo que vendría a ser la futura literatura nacional canaria.

Quiero decir, queridos compañeros de esta generación del nuevo siglo, que el principio y el fin de toda literatura en estas islas, en todos los continentes del verbo, para mí realmente no sería otra cosa más que el testimonio, la invención, el compromiso, la experiencia y el legado de la palabra ante el vacío de los acantilados de la especie  humana. Quiero seguir pensando que la utopía es posible a pesar de la decadencia irremisible a la que estamos sometidos bajo los imperios del olvido. El creador canario ha sabido resistir múltiples penalidades a lo largo de la historia y el arte sobrevive por su alto grado de verdad. Yo imagino siempre que hablo del mar de las islas al artista Tony Gallardo puliendo a conciencia con su radial un callao atlántico. Y al poeta Domingo López Torres desaparecido en las profundidades abisales. Y las tempestades de corcheas en una sinfonía de Falcón Sanabria. Por los creadores que habitaron esta tierra, estos mares, estas islas, son tricontinentales y su historia es esencialmente una poetología de lo universal particular.

Ahora bien, lejos, muy lejos del reclamo folclórico, del inventario al uso de la estampa regional, de las señas de identidad turistificadas, de lo que yo vengo a hablar es de un latido profundo, de una protensión- de aquello que persiste en la conciencia sin duración temporal- y que es a la vez compartido tanto por los primeros creadores de las pintaderas aborigenes como por los últimos premios nobel residentes en las islas. Por lugareños y foráneos. Por los habitantes, viajeros, transeúntes, nómadas y criaturas renacidas en la isla. Yo defiendo la pertenencia a una luz. A los territorios volcánicos del símbolo, al imaginario atlántico de islas cuya predestinación geográfica es esencialmente tricontinental. Y tanto la cueva guanche de Óscar Domínguez como el risco con plataneras de Jorge Oramas- por citar mis cuadros predilectos- documentan un sentido y una lógica para el desentrañamiento de una identidad canaria de vuelo universal que tiende a materializarse en el tiempo de la historia. Es de la cuestión de una nesologia venidera de lo que que vengo yo a hablar aquí. De una teleología de lo insular desvestida del canon dominante. Más allá de la microtradición hispánica mentada por Andrés Sánchez Robayna o la atlanticidad de Canarias rebautizada por Juan Manuel García Ramos, yo quisiera poner sobre la mesa la visibilidad de un corpus literario con un estatuto postautonómico inédito viable. Una mirada sobre el hecho poético insular con dispositivo de gravitación liberadora.

Así es que, echando un vistazo al pasado inmediato, veremos que ya el poeta Manuel Padorno hablaba en su discurso del Premio Canarias de 1990, de una indefinición cultural que debía llegar a término para arreglarse el solar, la Comarca canaria habitada por el hombre del sur de Europa, del norte de África, del este de América. También un poco más atrás, en los  años 30, el autor Juan Manuel Trujillo reivindicada una tradición en la que plasmar el sentir de lo insular abierto al tiempo fundacional de las vanguardias.

Todavía más atrás, hasta los románticos de La Laguna- con Nicolás Estévanez a la cabeza en sus 40 años de exilio parisino- visionaron en la estirpe de los antiguos canarios el salvoconducto ideal de su escape hacia el mito. Los modernistas ubicaron en el cosmopolitismo del mar su razón de ser y los primeros cantores que celebraron desde las islas-el renacimiento prematuro de Cairasco de Figueroa o Antonio de Viana- la percepción de la naturaleza y la descripción inaugural de lo acontecido formaron parte de ese universo de la insularidad que se manifestaba de por sí en el factum de la distancia y la particularidad. Lo distinto al centro. La Macaronesia hizo de nuestro designio insular la diferencia.

Y podemos rastrear también en el decurso del tiempo, de que forma los poetas sociales del mediosiglo rompieron el silencio de la dictadura desde las islas, así como los ensayos experimentales con el lenguaje a cargo de los autores de la generación última y las estéticas tardías que reiteran su vínculo con el paisaje insular y el papel de la conciencia debeladora de un conocimiento poético deben su dimensión experimental al propio cosmos insular que les constituye en esencia. Por ello no es admisible una exclusividad de la potestad poética en la figura del autor que parece habitar en sus cavilaciones metafísicas sobre el jable y la palmera completamente ajeno a la realidad inmediata del deterioro, de la hecatombe humana en aguas del atlántico, de la miseria puertas adentro en las barriadas capitalinas. Las islas han sido un tubo de ensayo de múltiples monocultivos y el periplo discontinuo de sus artes y sus letras está interconectado al magma histórico del archipiélago. De sus aguas y de sus costas.

Más aún: para la comprensión de la perspectiva tricontinental de una literatura nacional canaria es necesario esclarecer objetivamente la propia determinación dialéctica entre el espacio sociohistórico y la conformación de las subjetividades creativas. Tanto en la defensa a ultranza de la tradición como en las posiciones de ruptura, el lenguaje mismo adquiere valor primordial, concentrando un papel protagónico como vehículo ideológico del acontecer vital. La literatura es eco de voces en la historia del tiempo. Y en esa diversidad de latidos encontramos el indicio básico de lo mestizo: el topos de lo poético está poblado de imágenes, de signos, de huellas. No es la supuesta pervivencia de un origen en la prehistoria de los libros, sino la mescolanza quintaesencial del detritus literario en el devenir de la existencia del ser humano en la tierra lo que constituye el firmamento creativo de la insularidad.

La lectura de Canarias como espacio tricontinental no es otra quimera a la carta. Bajo los dogmas de la circulación de mercancías en el capitalismo tardomoderno, lo exótico permanece bajo su dominio. Lo típico canario resulta nuevamente inmerso bajo la maquinaria de sugestión publicitaria neocolonial de la que las propias élites insulares se han beneficiado durante la larga historia de las penalidades, del analfabestismo, de los ataques piráticos o la emigración clandestina.

Tras el legado de las visitas a las islas de científicos, poetas, escritores y personalidades europeas de la cultura que conformaron una mirada hacia el territorio insular que irradiaba un aura de misterio y deslumbramiento, los procesos mercantiles de adaptación geopolítica a la realidad del sistema han invertido ese espectro aurático bajo la forma siniestra del paquete turístico vacacional. Yo, incluso, me atrevería a decir ahora mismo, que las poéticas meditativas, consoladas ellas solas en el refugio de su pose, en el artefacto iluminado, en su comunión ascética con el lenguaje, quedan atrapadas  en un envase artificial, elitista y desnaturalizado por las lógicas del consumo y resultan cómplices en su hábitat neutral con los mecanismos de control social y desarticulación filosófica de las utopías.

La exclusividad del halo poético, de la proyección novelística, de la focalización académica de los cánones de calidad y reconocimiento literarios forman parte connatural del establishment. Por eso el reclamo de la tricontinentalidad rompe todas las fronteras. Por todo esto que digo, una interpretación comprensiva sobre la emergencia de las narrativas de lo mestizo vistas como modelo nutricional alternativo en la constitución de una literatura canaria liberada de los mimetismos, de los pastiches, de las subvenciones requiere una apuesta por la pluralidad, por la convivencia, por la sinergia. No es de recibo que islas adentro el capítulo de la narrativa de los 70 quede cerrado sin la revisión completa de sus exponentes, de sus participantes y de sus excluidos. Al igual que islas afuera no es justo que no se reconozca su existencia como reducto coetáneo y complementario al boom latinoamericano. El realismo mágico ya se registraba en autores como Orlando Hernández, al igual que el testimonio social que se inicia en la novela venezolana pasa por la pluma de José Antonio Rial. Y en el plano poético, desde un plano internacional sobre los autores en lengua española del siglo XX tampoco se puede mantener en la marginal exclusividad de lo insular a poetas de distintas generaciones que van del gomero Pedro García Cabrera al grancanario Manuel González Sosa.

Muchos de nuestros autores incursionaron en su tratamiento del idioma con una originalidad innegable: el español de Canarias atesora un potencial especial repleto de sonoridades tricontinentales. Y no es extraño que, en las corrientes filosóficas de la modernidad, el lenguaje, la comunicación y el diálogo fuesen quienes tomasen el testigo a la imagen prototípica de una subjetividad que se había anclado en una deficitaria conciencia de lo individual. Por suerte, las nuevas tendencias en la interpretación del hecho literario abogan por una ruptura esencial y democrática donde una pluralidad de voces conforman la voz del narrador. Las novelas en las islas quedarían de este modo a mano del lector -del ciudadano a fin de cuentas-, a la manera de unas vetas simbólicas abiertas para el desentrañamiento de nuestro devenir como pueblo. La literatura sería el esqueleto primordial de lo social histórico en devenir permanente.

Ahí están las pistas sobre la determinación de los conflictos sociales que constituyen nuestro horizonte común. Y hasta las huellas de lo ideológico latentes en la conformación del imaginario dominante sobre el paisaje. En los libros están las raíces geohistóricas y socioantropológicas que determinan la mirada hacia el mundo exterior. Y, muy especialmente, los filones de ineditez que se ofrecen en el banquete de todo encuentro crítico con los productos de la cultura insular. Cada página de nuestras novelas es como un tubo volcánico en el que perduran capas solidificadas de la realidad. Lo tricontinental por venir augura una oleada creativa que bañaría un archipiélago postautonómico.

En una visión panorámica sobre el caldo de cultivo que estructura  nuestra contemporaneidad- hay que recordar junto a todo lo dicho hasta ahora- las fricciones en el debate del arte y el pensamiento de vanguardia en las islas, donde se  interrogaba el papel de la literatura y la plástica a la hora de legitimar sus propósitos éticos y el sentido de sus propuestas estéticas en una sociedad moderna. Por suerte, aquí el indigenismo pictórico superaba con creces a la herencia tradicional de cierto halo romántico, que había capitalizado la mirada hacia el pasado con una nostalgia trasnochada. Efectivamente, la tendencia hacia el tipismo canario, redundaba en una imagen bucólica de la historia, pastoril y decimonónica, que nada representaba sobre la realidad viviente de un campesinado insular que había soportado a sus espaldas largos siglos de malestar y pobreza. 

La urbanidad creciente en ciudades como Las Palmas de Gran Canaria en el último medio siglo debe transcribirse así como una fluctuación cultural entre lo local y lo global. Un atlantismo particular. La cultura de las islas en el preámbulo a la democracia habilitaba la experimentación sobre el metabolismo de lo canario universal en ciernes. Y es importante no perder de vista jamás la función del compromiso del escritor y del artista con su tiempo. Algunos autores de la crítica literaria en las islas, como Lázaro Santana, hablaron hace tiempo de la “mirada insular”, algo así como una constante de similitudes y diferencias que habían caracterizado a los intelectuales y artistas de las Islas Canarias. Para tener en cuenta este lugar de las islas en la estela tricontinental, debemos mencionar la coyuntura histórica de aquellas décadas primordiales de nuestra historia reciente marcadas por las postrimerías del franquismo y el advenimiento de la democracia. El estatuto de autonomía de las islas hoy también es una forma de narratividad performativa. Lo que se dice es. Con sus peligros, aciertos y errores. 

Durante la trastienda de nuestros días, en el panorama literario de las islas estaba gestándose el llamado boom de la narrativa, con una generación de los 70 denominada de los narraguanches: léase el testimonio experimental de la vida estudiantil y la decadencia de la burguesía chicharrera en el libro “Los puercos de Circe” de Luis Alemany- reciente Premio Canarias de Literatura-, o la inmortalidad del paisaje volcánico y la feminidad paradigmática de una isla como Lanzarote en la famosa novela “Mararía” de Rafael Arozarena. El deambuleo narrativo urbano-existencial de la “Crónica de la nada hecha pedazos” del primer Juan Cruz. La prosa indagadora del mestizaje americano en la narrativa de Juancho Armas Marcelo. Los personajes marginales y la transgresión social por los riscos capitalinos en el corpus literario de Víctor Ramírez. Todos ellos a su manera representaban una manera de contar desde las islas que podía presumir de una peculiar relación de parentesco con la gran ebullición histórica de las mejores voces latinoamericanas del momento. Me refiero aquí a la hora intergaláctica del argentino Julio Cortázar y su particular búsqueda lúdica del otro lado, la clarividencia demoledora de la sombra de dictadores a lo Miguel Ángel Asturias o la visibilización del mundo afrocaribeño en la poética cósmica de José Lezama Lima. 

Todos ellos, a su manera, configuran la quintaesencia de una literatura en español, poliédrica y multifuncional, que había desafiado poco a poco al centro del extinto imperio colonial español. El poder de la imaginación estaba suplantando a las huecas castidades de una narrativa en crisis. No está de más, en este repaso genérico a las nuevas y renovadoras tendencias literarias, tener en consideración la aparición influyente de obras en español como la de Juan Rulfo con su lenguaje conciso y existencial capaz de transmitir la vida fantasmagórica de los habitantes de Comala, la jerga porteña de un Roberto Arlt y la riqueza de mundos en la obra descomunal del Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez. Pero en Europa, también ya venía de lejos un cambio de registro total para el arte de narrar, evidenciado en las obras de Kafka a Robert Musil con un sujeto individual escindido, así como el tratamiento del espacio y de la memoria en las obras de Marcel Proust o James Joyce.

Como ocurre en todas las culturas, los cambios económicos y sociales estructuran las formas de ver el mundo, y son los escritores quienes marcan el rumbo o cambian la historia en la manera de contarla. Así fue como la invasión de la ciencia sobre la vida humana sobrecogió a Ernesto Sábato. Y Faulkner y Steinbeck y Ginsberg o Kerouac literaturizaron los rostros ocultos de la potencia emergente de los Estados Unidos de América. Y en África, la gran desconocida, qué decir apenas de sus premios Nobel, de sus literaturas nacionales, de sus vanguardias. Por ellos, la literatura nos sobrevive. Y es un desafío en las islas asumir su tricontinentalidad con todos los influjos y reflujos  de cultura colindantes. 

A estas alturas del debate sobre el posible estatuto diferencial de la literatura hecha en Canarias, yo opino que se está rozando la estridencia, ni la propia rotundidad justificada de nuestro derecho a la diferencia por razones geográficas y lingüísticas respecto a la literatura española, ni tampoco la cerrazón del discurso homologado acerca de la inexistencia de una literatura distinta y propiamente canaria más allá de las literaturas en lengua española, valen para la dilucidación de una vía de escape que nos saque del atolladero en esta irresoluta hipermodernidad. Nos va la vida en ello. Créanme lo que digo. Las literaturas de los pueblos equilibran el desmedido proceso de pérdida de memoria y la mutación de la capacidad de percepción de la realidad cada vez más compleja, virtual y cibernética haciendo que las novelas sean una mínima barricada para el humanismo.

Por eso, repito una vez más, yo quisiera defender públicamente, en esta tarde feliz de noviembre, el hecho de que las islas atesoran una estela histórica que sigue el rumbo de una tradición propia, con un diálogo deficitario muchas veces con su entorno geográfico, lingüístico y cultural debido al aislamiento secular, producto de una dependencia estructural respecto al centro que la ha llevado tristemente a la imitación y a la repetitividad de lo culturalmente estandarizado. Esa es la pobreza del nuevo siglo, en plena sociedad de la información, en las universidades y en las instituciones se desconoce, se imposibilita, se menoscaba el enorme potencial tricontinental de nuestra cultura. El paisaje, la creación cultural, los bienes naturales no se internacionalizan desde el marco de una soberanía democrática, sino desde su productividad económica exterior.

A decir verdad, en el particular modus vivendi de las islas se ha interiorizado desde siempre el influjo de las visitas foráneas con autores extranjeros y la acumulación interior de múltiples escuelas y tendencias que han ido sedimentando unas raíces dinámicas y sensibles para el tropismo y la fluctuación de interrelaciones, la variedad como sustancia identificable de lo canario en la cultura. Por eso queda a la vista que somos islas de simbiosis cultural. Nuestro futuro es la interdependencia. Una plataforma transfronteriza de las culturas y las artes, del turismo y el paisaje, no del petróleo y las divisas.

También, a la postre, el paisaje literario de las islas ha supuesto un caldo de cultivo para que durante diversos momentos históricos en nuestras islas fueran cultivadas tanto la ruptura innovadora de las vanguardias como el surrealismo, así como la eclosión distintiva de fórmulas clásicas como el romanticismo tardío o la propia hibridación de tendencias artísticas que han explorado las posibilidades de lo mestizo. La mezcla, queridos compañeros, como una construcción de lo utópico que desde los griegos ha señalado el horizonte de Canarias. 

Y el peligro que sobrevuela en el panorama de la cultura es que, el deterioro ecológico producido por los excesos del turismo masivo, también contrae sobre la epidermis social y creativa una incapacitación generalizada para la autoconstrucción de un imaginario posible. Quiero decir que la literatura y el arte canario atesoran por su riqueza testimonial un potencial emancipador que vale como una caja de resistencia ante el rodillo aplastante de lo mercantil y lo turistificado. Y así mismo sostengo que, a fin de cuentas, la vida rezumante en las novelas canarias constituye en su diversidad un espejo ideal interpretativo mediante el cual es posible la comprensión de la realidad de hoy en las islas.    

Ante nuestra difícil tesitura en el plano dominante de lo turístico cultural, yo creo que ha llegado el momento de apostar por la visibilización de una literatura canaria que afirme su existencia potencial, sin reproducir los mecanismos de reconocimiento aplicados al continente, al dogma de un  progreso visto por la óptica uniformadora de las naciones-estado europeas y occidentalocéntricas. Quiero decir que nuestros libros, permanecen en el tiempo del mito, las palabras que dieron cuenta originalmente de nuestras islas también adquieren carta de naturaleza en las novelas contemporáneas sirviendo como narración del acontecer.  Solamente lo diré esta vez y nada más que de pasada, pues será en otros lugares donde deberá debatirse cuerpo a cuerpo en el plano de las ideas. 

Yo sugiero la evidencia rastreable de una literatura nacional canaria vista como una totalidad expresiva de la historia de un pueblo cuya realidad -geopolítica y archipielágica- le brinda en este nuevo siglo la posibilidad de ser un nuevo territorio de ese universo atlántico que se está materializando a través del diálogo directo con las otras islas de su misma condición. 

En pleno auge de las nuevas tecnologías y el intercambio acelerado de información, la posibilidad de la conexión y de la interdependencia de Canarias con la gran ribera atlántico caribeña de naciones es viable, deseable y tan real como la vida misma. Por medio del arte y la literatura se han escrito muchos destinos de los pueblos. Y precisamente las islas que durante siglos fueron lugar de monocultivos, explotación y sometimiento bajo unas estructuras sociales piramidales y jerárquicas, reúnen en su haber los archivos de memoria para redimensionar virtualmente su espacio tricontinental. 

Al proseguir por la senda de la dependencia marginal respecto a los centros de irradiación de poder y la sujeción a los soportes excluyentes del modelo turístico transnacional que hace de los paisajes exóticos un reclamo insostenible de consumo masivo bajo la circulación de mercancías en el circuito global del capital, estaremos al borde del precipicio. Y han sido, precisamente, la poesía, el arte y la literatura, quienes ante la historia de los lastres de la humanidad han mantenido la vigilancia para salvaguardar los derechos y las aspiraciones de los pueblos del mundo.      
   
En este sentido, repito, Canarias a través de muchas de sus novelas todavía por redescubrir entre el gran público, ha venido gestando un caudal de referencias cuyo valor radica en la defensa de la utopía, el paraíso y la belleza, así como el testimonio de un trágico decurso histórico que replica al infinito el relato de la decadencia o la caída del hombre del feliz estadio de su naturaleza divina. Los libros de literatura han sido fundamentales para la ciencia moderna, para el progreso social y, sobre todo lo demás, para ofrecer un mosaico en red sobre la pluralidad de contextos y la semejanza de encrucijadas que entrecruzan los cuatro puntos cardinales del planeta. Y es que, una misma realidad constituyó históricamente a los otros archipiélagos que están habitando el planeta, con nuevos desafíos de integración y supervivencia, al ser sociedades deudoras de la emigración y el mestizaje, así como de la manipulación y el ecocidio por ser zonas sensibles de belleza turistificable. 

Tal vez la historia ponga finalmente cada lugar en su sitio. Esperemos que las islas soñadas desde Plutarco a Julio Verne, desde Cairasco a Alberto Vázquez Figueroa, desde Alexander Von Humboldt a Miguel de Unamuno puedan reivindicar algún día por venir su propio lugar en el mundo. Aunque no sean más que una tragedia geológica tal como dijo Domingo Pérez Minik, en algún lugar antes de que su biblioteca se reuniera aquí mismo, ante nuestros ojos, en unas islas que son territorio de la poesía, un archipiélago volcánico tricontinental.

Junio/ Noviembre 2013
    Madrid-Cuenca-Tenerife