viernes, 29 de julio de 2016

Anaga Biosphärenreservat (Sobre un cuadro de Günther Uecker)


             Obra del artista alemán Günther Uecker (1930)



El sentido único de los antiguos senderos
lleva siempre hacia los bosques de Anaga:


el pulmón necesario de la isla- biosphärenreservat-
pervive a pesar del tercer milenio en la vieja europa


la laurisilva conserva la naturaleza virgen
igual que los dragos alimentan el mito


los extranjeros siguen la cuenta atrás del reloj
¿alguna vez disfrutan de la oscuridad del parque?


El Menceyato* de Anaga juega al escondite
con la memoria nocturna de los turistas

* Denominación del reino aborigen antes de la Conquista (siglo XV)


Samir Delgado (poema inédito, Macizo de Anaga, 2016)

miércoles, 20 de julio de 2016

Cuaderno paisa II (Notas de viaje, Medellín, 2016)

Débora Arango, Voceadores (1907-2005)

Dichoso entre los habitantes de la tierra
el que ha visto estas cosas
HOMERO


DESDE la ventana del salón comedor, a mano el mástil de banderolas oficiales. Un joven paisa recorre con sofisticado rigor las ventanas de los autos en cada stop del semáforo. Eficaz y consumado limpiacristales de la calle Caracas, alegra con su silbido la estadía monótona y deshumanizada de los conductores. Hay viento liviano, una prisa extraña y venturosa sobreviene desde abajo, la calle del país de Gabo por primera vez a la vista. Ineditez que no se repetirá jamás y que parece poblada por antiguos espíritus del mundo.

LAS PRIMERAS palabras del festival en lenguas originarias. La fuerza lírica de sonoridad ancestral, los soles anteriores a esta luz, parecen venir del fondo del corazón de sus hablantes, un preámbulo perfecto al comienzo de la diáspora del verbo por una Medellín infinitamente crecida en su mañana recién hallada. La solemnidad compartida entre el libio Ashur Etwebi y la mapuche Adriana Paredes, Berito  Cobaría de la nación U´uwa custodia la verdad de estos soles.

PARQUE BOLIVAR. Los señores del banquito sombreado tienen toda la paciencia de un siglo. Cabecean en los vericuetos sin luz, conocedores de los destinos anónimos del transeúnte habitual, mira que te mira hacia el contrario del azul. Ellos solos permanecen a la espera del trino jubiloso del atardecer, la alocada contorsión de colores en la banda cotidiana de loros urbanos.

HAY UN RUIDO extático en Medellín que nunca desaparece, las turbinas del planeta parece que tienen  aquí su melodía permanente. Los timbres lejanos, las bocinas intermitentes, el vocifero inaudito que armoniza el llanto de los niños en las comunas más recientes.

UNA RODAJA  de pitahaya para mí solo en el borde del mediodía. La amabilidad del frutero que corta a tajadas la piña dulce de los días, quién no ha sentido la tentación irremediable de conjurar los calores del verano con una inmersión total en los zumos tropilíneos de Medellín.

ACUARIOS, velatorios, tiendas y puestos, la calle Caracas atesora un sinfín de rincones donde detenerse. Toda salida del hotel significa la cercanía inmediata de los colores, el campo abierto, la continuidad de sus parques, las luciérnagas del sentido individual que se cruzan a ras de suelo con la suciedad de la calle.

AGUAPANELA. Desde el punto cero de un puente los tejados de Medellín parecen vasos de aguapanela bien llenos. Los azúcares de la monotonía fermentan con el alejamiento hacia las afueras. Tantos hogares de la gente paisa conviviendo a través de una luz panamericana. Por su acento, el idioma español en estos parámetros se distingue con las verdades de un continente mayor.

ALMUERZO casual con el joven poeta y rapero egipcio Deeb. La cercanía siempre fidedigna del feelling árabe, como si fuera un pariente más de los muchos de la diáspora. La fuerza lírica de su puesta en escena vale para sostén de una docena de primaveras futuras.   

LLUVIA a medianoche. Solo llueve sin sol en Medellín, está más que comprobado. El agua a borbotones sobre las aceras de las comunas, la limpia profunda de sus aruñones cotidianos en la fragilidad del silencio lejano. A estas horas húmedas los ángeles caídos del epicentro de la ciudad miran hacia arriba: son corazones los puños apretados.

LOS TAXIS. El zigzagueo incombustible, la prisa sin contiendas, el deambuleo vertiginoso de los taxis por la Avenida Oriental. Los chóferes mascan el tiempo de la hora punta, cada destino luce las intermitencias de un never stop.

LA RADIO siempre a primera hora, el despertador con vallenatos a media voz, los noticieros que interrumpen la danza con las últimas novedades del plebiscito por la paz y la resaca del triunfo de la Poderosa sobre el Nacional de Barranquilla. Las tintas rojas del reloj a cada minuto dando cuerda a la jornada.

SALIDA improvisada a las librerías de viejo. Una conversación sobre pintura y poesía en la Versalles paisa, sus camareros rulan alrededor con diligencia extrema, en la carta ojeo la copa boyacense, brevas en almíbar, pitillos, consomé de menudencias, trucha a la milanesa, la bandeja del país como ensueño propio. Conocer la gastronomía de un lugar es la ceremonia esencial para el amor futuro.

GRANDE Bolívar. Durante toda una semana compartiendo emotivas charlas de sobremesa con autores caraqueños. El humor del poeta Antonio Trujillo, cuya ascendencia icodense resulta innegable a cien mil leguas, la parsimonia insular de Adhely Rivero, con raíces grancanarias, y la buena vibra del poeta y titiritero Freddy Ñañez, ministro de cultura de la patria de Bolívar, nada menos. En una servilleta subrayo con mayúsculas: Cubagua, primera novela anticipadora del realismo mágico. 

MUNICIPIO de Granada. La escapada en auto por los cerros del verde, curvas y líneas, el camino parece trazado con un compás delirante. Lejos de la megaurbe comienza el verde a ganar profundidad. El olor del campo, la cercanía de lo silvestre, del boscaje primigenio. Ya en el pueblo, trote de caballos, mujeres con fruta, óleos de lo real maravilloso a la vuelta de la esquina. Con una cámara fotográfica en mano: niños tras un balón en el jardín de la iglesia hacen retroceder el mundo a la inocencia perdida.

EL poeta David Restrepo habla de las nubes, del sabor de los recuerdos, de la paz y de la guerra. Su testimonio vivo sirve para una renovada teoría y juego del duende. Es animador de lecturas en la biblioteca municipal, está enamorado y el relampagueo de su aura íntima resulta inigualable a centenares de kilómetros a la redonda. Salimos de Granada, ya auténtica y soberana por sí misma, como la andaluza, en compañía del poeta argentino Hugo Mújica y con el debate profundo en verdad sobre el sabor de la mazamorra.      

HORA punta de la poesía. Con los poetas Hugo Oquendo y William Alfaro marchamos juntos en taxi hacia la sede del programa de Naciones Unidas para el desarrollo en Colombia. Juntos los tres en la terraza, entre sorbos de café y una amistad recién llegada. Tras la lectura el convencimiento absoluto sobre el papel crucial de la escritura en el actualidad de los pueblos. El deber del poema.

AGUACATES. La certeza imponente de presagiar la inmensidad de la luz sobre los ventanales de cada mañana, un vértigo a manos llenas en el rellano de la escalera que conduce con rumbo seguro a la calle común. Y ver de pronto el puesto anónimo del vendedor de aguacates con la misma intensidad que un espejismo en pleno desierto de Atacama o del Sahara, lo mismo da.

CONVERSACIÓN irrepetible la de anoche con los poetas de Curazao: Gibi Bacilio y Rudsel Isidoro. Descubrir en la magia del papiamento, en la cultura criolla del caribe, en su música y en su mística, un mismo signo de predestinación para todas las islas planetarias.

LECTURA jamás pensada a la sombra de una guanábana, el teatro a media luz, afueras de Medellín, un lugar indeterminado. Recojo las hojas caídas del viejo tronco frutal, las colecciono en el bolsillo de la chaqueta con un afán redentorio.

EL SAXO posmoderno de Dane TS Hawk, poeta danés que hace las delicias del público asistente en cada evento multitudinario. Calcetines hasta las rodillas, camisa con tirantes, habitante oriundo de los fríos de Copehague que lleva la sangre a borbotones, pura alegría fraterna. La europeidad que asumo como propia está solo en él.

UNA JOVEN poeta paisa me confiesa que la guerrilla ordenó cortar las veraneras de su ventana por tener los mismos colores del partido liberal.

ALMUERZO fraterno junto al poeta Leo Castillo de Barranquilla, qué crack, final sin postre con salida a toda prisa a su conferencia sobre la poesía maldita. En el auditorio del museo mucho público pendiente de la plática, a pesar de la deficiencia del sonido su vozarrón deletrea los caminos dispersos de Rimbaud. Muy de cerca le sigue la pista, casi le tiende una mano, Verlaine también allí.  

DE VUELTAS con el asunto de la felicidad después del holocausto. En la mesa con Mestre, junto a poetas colombianos, venezolanos, peruanos. Hablamos de Gunter Grass y una antología a la mariposa. Los ventanales del salón comedor bloquean la embestida invisible de las combustiones automovilísticas. Solaridad entrevista, mediodía circunspecto afuera, meridiano de las noches del festival.

COPACABANA. Un coro de alegría compartida a garganta viva en el atardecer, todavía los restos inextinguibles de la mirada general del público perduran en la memoria, aquel perro que atraviesa la escena con una longevidad ancestral, el cuento de caperucita roja y el lobo feroz en el mural de la biblioteca, el galopa la mar de Alberti a pleno pulmón. Había grillos suficientes para sostener toda la magia del sueño de una noche de verano. El gobierno y la guerrilla firmaban la paz mientras tanto.

EL FÚTBOL como fenómeno cotidiano de masas, en la copamérica no pasó de semifinales Colombia, sin embargo la alegría pasajera de la mirada de los niños en el ciudadano de a pie con su camisa patria da lugar para la connivencia mínima hacia el espectáculo ensordecedor.

LECTURA nocturna improvisada en la habitación 610 con más poetas por cama en la historia de los festivales, hubo que rodar los muebles y sacar hacia fuera las cortinas. Aguardiente in my mind. Ya en el hall la tamborada noctámbula.

EL AMAZONAS del poeta Juan Carlos Galeano está cerca, casi se puede tocar el agua en sus poemas de nubes y de indios. Me regala para la posteridad su documental titulado los árboles tienen madre. Y más libros de poetas amigos: Israel Domínguez, de Matanzas, Carolina Zamudio, uruguaya. Los poetas colombianos jóvenes. Otra maleta de libros emprende su camino de vuelta.  

NOCHE de salsa. Las parejas contornean sombras imposibles del garito. Afuera bajo una llovizna ideal, a pocos metros de la plaza del periodista, el bueno de Johny me cuenta de su experiencia en el festival, la rememoración de la vida y el testimonio de tantos poetas del mundo que han venido a Medellín.

UNA TEORÍA sobre los cuadros de Botero: la densidad propagada de la luz de Medellín es lo que engorda a sus personajes. De noche en la habitación 610 descubro la serie del circo mundial: la malabarista en la cuerda, a Miss Dolly y su amigo, el entrenador con caballo, payasos con zancos, el camello blanco. Un poema para cada uno, es la luz de Botero el hilo conductor de una estética post Macondo.

CRUZANDO tres poetas la avenida de Grieff. Alrededor una infinidad de rostros encubiertos, muchachos abandonados a la mala muerte, perdición absoluta del congénere, una parte del país sin más esperanza que el día sin días.

TARDE memorial en el museo de arte moderno de Ciudad del Río. La obra total de Jeff Wall, su ventana paradigmática, y la historia de la fotografía. Al final la visita rápida y de prisa a la sala de Debora Arango -artista antioqueña universal- supone un shock aplazado y postergado para el tiempo venidero en la isla.

CLAUSURA del festival: la piedra volcánica del Teide como legado fraterno y deseos de paz en las manos de una niña colombiana.

EN EL AVIÓN de regreso comparto la fila de abordaje con el poeta francés Alain Borer, rimbaldiano consumado. El hombre que regresó a Abisina cámara en mano medio siglo después a la búsqueda del terrible enfant. Entrevistó a la sobrina ya muy mayor en un hospital de Charleville. Todavía conservo en la memoria el azul de sus ojos rutilantes desde la pantalla gigante del museo de Antioquia.

CIEN AÑOS de soledad todavía dan que hablar. Mención de José Ángel Valente en su diario anónimo al círculo de tiempo perpetuo que llueve sobre sí mismo y la crítica de no sé quién entre sus anotaciones sobre la elocuencia de Gabo que parece la de un vendedor de shopping center. Cita de Ernesto Volkening como hipotético cierre del cuaderno: “Macondo, lo mismo que Jocnapatauwah de Faulkner, representa para García Márquez algo así como el ombligo del mundo” y sentencia no como “sentimental idealización”, sino como “el eje en torno del cual van girando las constelaciones planetarias de su universo narrativo”.           

miércoles, 6 de julio de 2016

Cuaderno paisa I (Notas de viaje, Medellín, 2016)

"Arcángel" Fernando Botero (1995)


En el aire /nos encontramos / en el país natal/ de las palabras

<<Travesía total>>

LUIS EDUARDO RENDÓN


EL SUEÑO a la vista  de tocar la luz de Macondo, tierra santa de lo real maravilloso, por fin Gabo: el paso de página. Después de tres cielos, alrededor de quince mil nubes, el cambio horario intercontinental y el traslado invisible de una maleta llena de libros como único equipaje- sin un mango en el bolsillo- puede sentirse más cerca la lluvia de gorriones, los cien años de soledad, las mil y una batallas del general Buendía. Por mi parte no opondré resistencia al grado cero de levitación que promete Medellín.

ATRÁS de nuevo la isla: el eje volcánico que sirve de timón existencial para quienes vuelven a cruzar los mares patrios.

EN EL ROSTRO de la madre se mide a pulso la vida, el estado general del mundo, sin las pinches falsedades del telediario del rey. Una vez superado el meridiano aproximado de la madurez, la mirada del hijo tiene un alcance de vigilia necesaria, la ética del cuidado que hay en el trato humano, nadie puede alejarse del lugar de origen sin el recuerdo cierto de la despedida de la madre.

AIRCRAFT feelings. La soledad compartida del viajero como símbolo de la intersubjetividad. Más allá del protocolo de seguridad, los trámites de navegación express, el wei del comandante que tendrá frente a sí los pilares celestes del mundo, cada pasajero hace suyo el mismo despegue que los demás. Observo con detenimiento el área privada de las azafatas, el despliegue sofisticado de activities básicas dentro de la cápsula flotante, el orden riguroso de sus movimientos a diez mil pies de altura. Solamente el llanto irrefrenable de un niño queda fuera del plan de vuelo.

EL DETERIORO exponencial de la caligrafía puede verse en la diferencia crucial de los distintos cuadernos de viaje a lo largo del último lustro: París, Lisboa, Ginebra, Ramallah, México D.F. Tras los períodos forzados de silencio diarístico, la tinta fluye sola como un manantial de sentidos que han permanecido en un estado de contención dolorosa. Es como la eyaculación, el éxtasis místico, la oración de cien mil gargantas que cada par de siglos llegan a juntarse por un momento. Escribirse de nuevo en el deambular mismo, el viaje como excusa suprema, la prolongación circundante de la vida sobre el papel acumulado. Bendita sea la invención remotísima de la escritura. 

TERMINAL de Barajas. Superlugar con abundancia idiomática, uniformidad aparente entre el vendaval de pasaportes, los operarios del internacional airport como el tío de Tenerife llevarán allí toda una vida. Hay en la rutilancia de las pasarelas y la circulación caótica un factor estético que camina hacia lo transfronterizo. Se van pareciendo más a las estaciones del espacio sideral. El paso obligado por las tiendas duty free reflejan el comercialismo preponderante y el fetichismo del stock. A la mínima cercanía de la puerta de embarque colombiana comienza el suave concierto paisa, la apetencia de la guayaba mientras madura.

LECTURA de los periódicos de Bogotá a la manera de panorámica clínica de la ideología del Estado. La reconciliación, la paz, el progreso parece que avanzan junto al Foro Económico Mundial donde los especialistas auguran nuevos índices de crecimiento gracias a la economía digital, los start ups  y el proceso de cambios tecnológicos. Los mismos anuncios de móviles, competiciones deportivas y proclamas presidenciales en el vacío posmoderno.

LA OSAMENTA de Rómulo Gallegos, eminente escritor y ex presidente venezolano, ha sido robada de su propia tumba. Y se cumple el aniversario de la muerte de José Bianco, coetáneo de Borges y Bioy Casares. También una reseña biográfica del novelista Richard Ford tras su nominación con el premio Princesa de Asturias. Pequeñas noticias de metaliteratura en cinco periódicos distintos.

PUNTA DELGADA, Ilhas Azores, en el panel 3D del asiento 22E. El avión rodeado por un azul desvencijado. Las primeras luces artificiales chispean en el interior de la aeronave. Bien arriba. Microclimas individualizados para la travesía atlántica. ¿Qué rojo, qué blanco, qué verde en el atardecer desconocido de Punta Delgada?

SAINT-JOHNS, Basseterre, Bridgetown, islas todas de un Caribe entrevisto al fin. El cinturón alucinante de bocanadas de tierra que navegan entre fanegadas verdiazules. Después de seis mil kilómetros exactos de vuelo hundí mis cachetes en la ventanilla. Y estaba cerca Aruba y hasta San Juan de Puerto Rico. Luego Port-au-Prince, la pequeña isla paraíso, The Valley con solamente 2035 habitantes. ¿Y quién en Castries, Porto de Espanha, Charlotte Amalie con nueve mil almas? ¿Por qué nadie habla nunca de Clarence y Cockburn Town? ¿Qué yo sería en Kew, Freeport, West end? Y para mayor gloria, nunca antes estuve tan cerca de Caracas, allí a la izquierda, ventanales inéditos: Cubagua, Les Abymes, Plymouth, Roseau, Kualendijk, Curazao, Willenstad, Saba.

LA CONDICIÓN terrenal de la existencia humana. Tras un período intenso de estadías aeroportuarias como pasajero anónimo quedan más a la vista los requerimientos de asistencia vital, el oxígeno a toda costa. Ver las nubes con sigilo íntimo, seguir con la mirada los surcos lejanos del agua planetaria. Los sentidos del daño que provoca la civilización por la sola permanencia en el globo. Así ocurre que al bajar del avión volvemos a tener la oportunidad renovada de empezar otra vida.

MEDELLÍN de noche. El esparcimiento voluminoso de luces y cerros, arboledas en plena nocturnidad de lo social. Cierto parentesco entre las periferias del mundo. Había en los aledaños de San Nicolás una aspiración de verdes sólidos, a medio camino entre la puerta de entrada y de salida a la babilonia paisa que proyecta desde el primer instante su emergencia permanente.

GRAND HOTEL. Hay en el arte del anfitrión una dulce parsimonia de intercambios, el gusto exquisito del primer encuentro con el otro, el rescate mínimo de otras andanzas similares, la toma de contacto con las promesas de fraternidad esperanzada. El vaso de jugo: colores extraños que toman nuevas forma.

(…)
Samir Delgado, Cuadernos de viaje (2016)