lunes, 25 de septiembre de 2017

Volcanic experience (Sobre un cuadro de César Manrique) 25 Aniversario

César Manrique, Tinecheide (1965)


En el 25 aniversario del fallecimiento del artista canario César Manrique (1992-2017)


PÁTINA burbujeante de lava.
Ocres primigenios. Espirales.
Solamente la persistencia dará frutos
a quienes corren las cortinas de la naturaleza.
Así la isla convierte su anatomía en un paisaje
bajo el lento proceso del revelado fotográfico.


Samir Delgado. Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros

domingo, 10 de septiembre de 2017

Te recuerdo, Víctor Jara

Tumba del cantautor chileno universal, Victor Jara (1932-1973)

Hoy más que nunca, por no decir desde siempre a partir de aquel aciago mes de septiembre de 1973, la guitarra de Víctor Jara es una isla en medio del océano musical de la canción latinoamericana. Hoy más que nunca el timbre sonoro de su voz comprometida retumba en la memoria colectiva como un pedazo de luz herida por el tiempo, hoy más que nunca el nombre de Víctor Jara queremos corearlo entre palmas de rebeldía que desperecen los ímpetus de justicia y los deseos de libertad en todos los sures del planeta. 

Y es que Víctor Jara representa, junto a Salvador Allende y Pablo Neruda, la huella imborrable del Chile profundo que cautivó el imaginario de las vanguardias en un momento histórico de valor incalculable: de allí nacieron los retazos de la canción protesta y el trasiego de las guerrillas por toda América Latina. Y también la otra cara de la moneda con los golpes militares que multiplicaron la desesperanza popular por las alamedas de la historia.

Víctor Jara fue un hombre de acción volcado en su labor creativa con una densidad memorable, todo el repertorio musical de sus canciones alude a la raíz del acontecer diario en el Chile de los mineros que todavía evidencian el pundonor heroico de la clase trabajadora, cada una de sus canciones contiene un pulso frente al predominio oscuro del poder, los acordes de guitarra que acompañan el vaivén de los campesinos clamando por el derecho a la tierra y los indígenas mapuches que atraviesan los senderos pretéritos del país desde el principio de los tiempos.

Ya desde su faceta como director teatral y cultivador del folklore nacional, Víctor Jara prosiguió una línea ascendente en el panorama musical contemporáneo participando en el conjunto Cuncumen y el mítico grupo Quilapayún que llevará más allá de las fronteras de Santiago el sentir y el dolor de la voz de Violeta Parra.

Hoy más que nunca, te recuerdo Víctor Jara.



Samir Delgado, 2010-2017


viernes, 1 de septiembre de 2017

"Al otro lado del río" Anfiteatros del atardecer (Fragmentos de diario)

"Rooms By The Sea" Edward Hopper

Lo enigmático es también carnal

Lezama Lima


Lo dijo Wallace Stevens en uno de sus mejores versos: “el oleaje del mar se volvió inmóvil”. A la pregunta insistente sobre la nostalgia de isla mi respuesta contundente a través del poeta de la guitarra azul. Final de la magua, llevar consigo la isla a donde uno vaya. Hacer de todo una isla propia, acantilado discurrir de la existencia en el diario.

Vasos de agua sobre la mesa, el líquido supremo a la luz de un lamparita nocturna, el remanso de paz doméstica hilando sus porvenires sucedáneos. Los perros que entran a la casa, la abuela de Súchil que continúa en el mismo sillón de los últimos años. Frente al ordenador la conectividad permanente supone una intensificación tóxica de toda vigilia. A mayor densidad de contenidos, menor capacidad de interacción. He aquí el empobrecimiento exhaustivo de la vegetación online. El vaso de agua, la luz de la lamparita, el diario a solas como vía de escape en el exilio voluntario.

Semáforos, colonias, fraccionamientos. La ciudad se subdivide en cuadras, avenidas de luz, segmentos urbanos que solamente por medio del caos resultan transitables. Una tarde completa dedicada a proseguir la misma calle hasta su difumino total. La avalancha de matices, rostros, fachadas que brindan una recolecta abrumante, pic-nic sensitivo para el que únicamente transita: el poeta invisible al día.

Amo el canto vespertino de los zanates sobre el boulevard en su hora punta. El caleidoscopio sonoro de sus plumajes negros. Memoria prolongada del sentido sagrado del cerro Tepeyac, cada centímetro de suelo en la república rezuma principios, génesis, orígenes que se resisten a la extenuación de la historia oficial.

Anfiteatros del atardecer. Hay parejas arremolinadas en los escalones superiores. Un zumbido general de fondo que parece atenuarse mientras se aleja el teleférico. Remanso de contemplación, apaciguado sun-set de eternidades. Y vuelta al mismo lugar un día después, otra tarde absolutamente distinta. De una luna llena a la tarde sin luna. Solamente los zopilotes entre la cortina azul metal del viento.


Vuelta a las meditaciones de habitación propia en Castilla. Tras la estadía a la orilla de sus ríos será precisamente ahora cuando veo en persona al pintor de la “Cocktail party” en un documental con el testimonio en viva voz de Antonio Saura. Seriedad del artista, solemnidad total en cada palabra. Para él la pintura es nada más y nada menos que una secreción natural del ser humano.

Cada beso aliviana los pesos cotidianos, otorgamiento de sentido vital, pulsión biológica de los quereres esenciales. En la mañana los abrazos ofrecen una quimera cierta común, ventanal sensitivo para un corazón de dos que late sin remordimientos, mutuamente. Ver al ser amado con devoción, naturalidad vivida.

Domingo con ansiedad de parque. Con los últimos rayos solares en torno a una pared desnuda, el perro negro que cruza la calle en diagonal de la colonia, grillos a tientas, algunos árboles depositarios del verde. Y de nuevo este cielo sonrojado, purpúreo, enchiladito a su hora suprema del día que acaba.

Agua caliente como en los baños árabes de Al-Andalus, la ceremonia diaria del cuerpo desnudo, instante del sí mismo, las pompas del jabón sucumbiendo sobre las losetas frías del baño, el canto cercano de pájaros a través de la ventana, del otro lado golpes de viento que se adivinan bajo el agua, entonces el mundo.

Las postales de recuerdo de Berlín, París, Firenze. Aquellos viajes de lo iniciático al viejo continente que pasado el lustro comienzan a retroalimentar la Imago, gota a gota. Pienso el planeta a través de esas remembranzas, el cuadro de Hopper con habitación al borde del mar, oleajes detenidos que orillan por dentro. Aquellos remansos de paz con jardincillo interior en la Goethe house, ciertas miradas hacia arriba entre catedrales y mausoleos, la lluvia parisina consagrando la voluntad al culto de lo mínimo. Desde siempre esa maleta, la ventana insular, las distintas casas al otro lado del río.  

Puertas adentro del diario. Mantener la vigilia cotidiana con una política de interior ácrata, salir al pairo únicamente para los retazos solares, estarse guarecido en el verbo penumbroso de los mediodías frutales, lezamianos. Ser habitante de medias lunas en el salón de la duermevela, desenlazar las íntimas intermitencias de lo verdadero circundante. Y amar la vida por encima de todo.



Samir Delgado, Diarios (2017)