domingo, 10 de diciembre de 2017

La anciana del poema de Langston Hughes

Diego Rivera, Mujer sentada (1936)


Dejarse llevar en volandas
por el mercado de abastos,

ojear los miles de artículos,
hierbas, utensilios, insumos del día a día en la ciudad,
y cruzar la vista apenas un instante con la señora mayor,
octogenaria, que vende enseres a la vuelta de la esquina,

con un halo de eternidad en su mirada:
es la anciana del poema de Langston Hughes

ha conocido altos montes
barridos por el viento,
y el sol
ha tostado su piel

descendiente de las sombras que pululan por el camino
de tierra adentro: apaches, comanches, cheroques,
chiricahuas, zacatecos, tepehuanes, huicholes

(Habitantes de un tiempo mayor)



Samir Delgado, Bajo otro cielo (Cuaderno azteca, 2017)

jueves, 30 de noviembre de 2017

"Loving Van Gogh" Poema inédito

Van Gogh, Self-Portrait Dedicated to Paul Gauguin



Mi cabeza es un girasol en llamas

                                                                           ÓSCAR HAHN

MISTRAL  hojas muertas
2 francos con cincuenta centavos

y todo sigue sin novedad
tanto en la casa como en los cuadros

cielo abeto azul mañana gris
¿no es cierto que los pintores
debían vivir todos como obreros?

las paredes violeta pálido
intenso sol la sensación
de que mi cabeza está vacía

cipreses verdes cielo rosa
cuarto creciente limón pálido
mil cuadros a cien francos

una casa de artista viña color púrpura
álamo tumba romana lila azul
los copos de nieve continúan cayendo

cielo verde cipreses coles dalias
mi silla los simples castillos en el aire

feliz de continuar siendo como soy
           
peonía bemoles malvarrosa girasol
martinica arabia los pescadores de islandia

bromuro de potasio nosotros los artistas
no somos más que cántaros rotos

una naturaleza muerta

29 de julio de 1890
mi querido hermano
mais que voulez-vous?


Samir Delgado, 2017

lunes, 20 de noviembre de 2017

New Hesperides (Jardín surrealista de Sir Edward James)

Rene Magritte, The Pleasure Principle, Portrait of Edward James (1937

                                                        For I have found the new Hesperides

                                                                                                      SIR EDWARD JAMES

El canto del querrequerre
en el verde denso tropical

sol a oscuras de la huasteca

la palma abierta
de Sir Edward James
que se hizo piedra

en la casa de tres plantas
que podrían ser cinco

ocelotes, flamingos, cornucopias
(dentro del castillo de Xilitla)

el rostro que pintó Magritte




Samir Delgado, 2017

miércoles, 15 de noviembre de 2017

"Escandinavia, 1994" (Cuaderno de viajes) Del libro Banana Split

Olafur Eliasson "The weather project" (2003)


“La causa última y más próxima de las pasiones del alma
no es otra que la agitación con que los espíritus
mueven la pequeña glándula que está en medio del cerebro”

RENÉ DESCARTES



                                                                       ***

                        GÖTEBORG de noche parece un cuadro de Van Gogh.
                        Toda la ciudad iluminada por candelas amelocotonadas

                       
                                                                       ***

UN transbordador conecta todos los días por mar a la capital sueca con su vecina Dinamarca. Casualmente ambas localizaciones esconden signos ocultos que nunca saldrán en las enciclopedias. Y es que el pensador francés René Descartes pereció de forma extraña cuando ofrecía sus enseñanzas a la joven princesa de Estocolmo. Algunos siglos después, un grupo de expertos forenses siguen la pista de su cráneo para hacer una autopsia que revele la causa real de la muerte. Según parece hubo un complot secreto orquestado desde el propio Vaticano para acabar con las malas influencias del filósofo espadachín que ubicó el alma en la región de la glándula pineal. Todavía nada se ha probado realmente. Aunque no muy lejos de allí, en la ciudad danesa de Copenhage, Hamlet declamaba el “be or not to be” con una calavera entre las manos.


                                                                                                              
 (Samir Delgado, Banana Split, 2010)







      

              






  

viernes, 10 de noviembre de 2017

Poema "Exhumación de Lorca" Traducido al esloveno por Barbara Pogačnik

"Portrait of Federico García Lorca", de Alice Wellinger
EXHUMACIÓN

Folio primero. Por orden del juzgado de instrucción de Granada
el taladro geomántico inicia la perforación sobre el lugar del crimen.
La primera veta descubre piedras magulladas por el dolor del tiempo.
Aparecen en la superficie ramilletes de jacintos y luciérnagas muertas.
El martilleo incesante extrae algunos libros de la Columbia University
y los primeros trozos dispersos de la Barraca. Hay crines de caballos.
Corazones de manzana. Una sombra de chopo y cuerdas rotas de guitarra.
Pero ni rastro de las huellas del duende gitano. Ian Gibson tenía razón.
No había luna en la noche que mataron al poeta Federico García Lorca.
             

                                                               Samir Delgado, Banana Split, 2010



IZKOP LORCOVEGA TRUPLA

PRVI LIST. Po odredbi prizivnega sodišča v Granadi geomantični sveder prične z vrtanjem nad krajem zločina. Prva plast zemlje razkrije zdrobljeno kamenje; zmečkanina od bolečine časa. Na površini se pojavijo šopki hiacint in mrtva kresnica.  Nenehno razbijanje s kladivom spravi na dan nekaj knjig iz Columbia University in prve raztresene odlomke Barake. Tu je griva konjev. Jabolčni ogrizki. Tu je senca jelše in zarjavele strune kitare. Vendar nobene sledi, odtisa, ki bi ga pustila prikazen cigana. Ian Gibson je imel prav. V noči, ko so ubili pesnika  Federica Garcío Lorco, ni bilo mesečine.

                                               Traducción al esloveno cortesía de Barbara Pogačnik


Barbara Pogačnik nació en Eslovenia en 1973. Es poeta, traductora y crítico literario, se graduó en lingüística románica y literatura de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y completó su maestría en la Sorbona de París. Ha publicado cuatro libros de poemas: Poplave (Inundaciones, 2007), nominado al Primer Premio al Mejor Libro; V množici izgubljeni papir (Hojas de papel perdidas entre la multitud, 2008), un libro bilingüe Modrina Hise / El azul de la casa (2013) y Alica plaščev v deželi (Alicia en el país de los abrigos, 2016), dos de ellos por la mayor editorial eslovena. Sus poemas seleccionados aparecieron en Rumania en traducción de la poeta Linda Maria Baros (Funia Luni Iunie, 2016), y se han incluido en antologías en diferentes idiomas.

Su poesía en traducción ha aparecido en 26 idiomas, ha participado en más de 40 diferentes manifestaciones literarias en cerca de 20 países diferentes, y ha sido escritora en residencia en varios programas internacionales. Sus poemas también se han musicalizado. Pertenece a varios jurados literarios, a la Asociación de Escritores de Eslovenia y al PEN de Eslovenia y organizó el festival internacional “Poetas traduciendo poetas” Sinji krog / El círculo celeste (2007-2010). Desde 2001 pertenece al consejo editorial de una importante revista literaria eslovena, Literatura, y ha sido editora de la publicación Litterae slovenicae, editada por la Asociación Eslovena de Escritores. Más de 150 autores han aparecido en sus traducciones, de los cuales alrededor de 100 autores diferentes del francés al esloveno, entre los que se encuentran los principales intelectuales y poetas franceses.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Poema "Canary wine" (Antología “Voces del vino”, Nueva York)

Juan Ismael, El caballo de Archimboldo (1972)


Canary wine

ahora tan lejos de la isla
de aquel volcán guanche
patria feliz de la infancia

y todavía preguntan por vino canario

el mismo que inmortalizó shakespeare
por boca de su majestad enrique IV

a marvellous searching wine
and it perfumes the blood
what´s this? How do you now?

tan lejos de la isla
de aquel volcán guanche

y todavía preguntan por vino canario:   

savia púrpura,
caldo transoceánico,
libación suprema de la esencia
de las islas del centro del mundo

a esta hora de otro verano más
con diez millones de turistas ingleses

repetidamente volando al paraíso perdido



Samir Delgado, incluido en la antología “Voces del vino”

(Nueva York, edición de María Palitachi, Books & Smith, 2017)

lunes, 30 de octubre de 2017

La botella de vino (Sobre un cuadro de Joan Miró, Antología “Voces del vino”, Nueva York)

Joan Miró, L´ampolla de vi (1924)
en realidad
la botella de vino
de joan miró

no es un cuadro
con una botella de vino
pintada por joan miró

l´ampolla de vi
óleo sobre tela
(París, 1924)

és realment Joan Miró
en el seu estudi

i la nit d'aquest somni
d'un quadre


Samir Delgado, incluido en la antología “Voces del vino”
(Nueva York, edición de María Palitachi, Books & Smith, 2017)

viernes, 20 de octubre de 2017

"Dragón" (Poema sobre un cuadro de Pierre Alechinsky)

"Central Park" (1965) del artista belga Pierre Alechinsky (1927)
I

UN romance telúrico con la isla desnuda. Carnalidad total.
Los pegotes rojos salpican la superficie límpida del cuadro.
Sueño líquido evanescente. Multiplicación del vértigo táctil.
Mañana pura. Repetición del instante hasta el colofón solar.

II

EN el cerebelo nunca desaparecen los estigmas cotidianos.
Allí habitan volcanes que explosionan su propia lava cósmica.
Como esa danza mortuoria del dragón en la vorágine neoyorkina
convertida por los siglos de los siglos en una postal turística. 


Samir Delgado, "Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros"



martes, 10 de octubre de 2017

Los cuadros de Ricardo Fernández, una interpelación al infinito


Ricardo Fernández, "Anunciación" (2004)

“Luminar” de Ricardo Fernández: revival de las imágenes posibles



                                                           

La imagen como un absoluto, la imagen que se sabe imagen, 
la imagen como la última de las historias posibles

Lezama Lima


 

                Los cuadros del artista mexicano Ricardo Fernández poseen el don de lo intemporal: van más allá de las coordenadas de fijación epocal al uso, trascienden el juego mecánico de las manecillas del reloj de pared, son imágenes provenientes de un absoluto relativo que instauran su anclaje imaginario en la propia cosmovisión del artista. Cada cuadro es una inversión de tiempo de vida- la duración, alén vital, de Henry Bergson- aplicado a la conformación de una obra artística, el corpus estético, la donación por excelencia de un sentido a las formas y a los colores, a los mundos propios que se han ido configurando -pincel en mano- durante décadas de trabajo permanente del artista en su atelier mexicano, un factor determinante que en el panorama internacional del arte hoy solamente es constatable cuando existe una mirada propia, un estilo y un aura, esa atmósfera distintiva que revela la pertenencia y la autoría de una pieza.    

Y es que ante la serie de obras que componen su reciente exposición “Luminar” (Museo Joaquín Arcadio Pagaza, Valle de Bravo, Ciudad de México, 2017) nos encontramos frente a una feliz concatenación de imágenes, de motivos y técnicas, de sustratos acumulados de deleite morfológico que en el transcurso de la carrera artística de Ricardo Fernández han ido consolidándose como un singular universo personal, de retratos, instantes y atributos mitologizantes de la experiencia de la condición humana sobre el mundo, el marco de sus cuadros que se debaten entre la temporalidad de su horizonte visible y la eternidad. Solo el artista conoce el grado de inversión de tiempo que han supuesto la suma de los grafitos sobre papel, las xilografías y los óleos sobre lienzo en conjunción total en el través de su mirada: mixtura de la creación, interpenetración de vida y obra, onirismo esencial del estarse junto al caballete de los días y las horas.  

Hay en los cuadros de Ricardo Fernández una interpelación al infinito, un revival de imágenes posibles que siguiendo de cerca al poeta cubano Lezama Lima –adorador soberano de la irrupción de toda imagen sub especie aeterni entre el común de los mortales- nos designa la posibilidad de un tempo de relación con la obra contemplada capaz de traslucir una tensión existencial de enorme caudal sensitivo, el cuadro como eticidad fundamental de lo habido y por haber, una obra artística rica en potencial vislumbrador que sobrepasa el rigor académico, lo clásico y lo moderno, todo canon establecido, para adentrar a quien contempla el cuadro en esa extraña dimensión de aquello que perturba, asombra y conmueve, de lo angelical y demoníaco, de lo sacro a lo pagano, de la vida a la muerte.   

A fin de cuentas, los seres alados de Ricardo Fernández, mujeres ataviadas con vestimentas del medioevo, de la roma imperial o del amazonas, transgreden la óptica racionalizante del espectador, son apariciones súbitas de otros mundos y otras épocas que transmutan en el cuadro, se corporizan en el lienzo con un grado de nítida absolutez, reencarnación somera de lo vivo, de lo verdadero y de lo bello en el cuadro- a la altura de los ojos siempre- lugar por excelencia donde se constituyen las vidas, evocación de totalidades, fugacidad del aire.  

La atracción de la mirada hacia un cuadro puede desarrollarse en un breve lapsus de tiempo, apenas unos diez segundos de cronómetro estipulado como porcentaje de media del tiempo que será empleado por un espectador normal frente a una obra en una galería de arte o un museo contemporáneo. Más allá de la calidad pictórica, las modas al uso o el predicamento de un artista, los cuadros hablarán por sí mismos y el tiempo de entrega del que mira nunca alcanzará al tiempo dedicado por el artista, sin embargo puede suceder que los cuadros cambien la vida de ambos a la par y sean la vida misma en el cuadro, un suceso atribuido a la magia del arte desde tiempos inmemoriales y que solamente en pocos artistas es un hecho resultante, una promesa de transubstanciación, una experiencia real atribuible a una forma de pintar y de vivir la pintura, para dar vida a esas imágenes posibles que Ricardo Fernández eleva a la categoría de lo intemporal, pues como dijo Lezama “todo lo que el hombre testifica lo hace en cuanto imagen”.

Samir Delgado, 2017    

domingo, 1 de octubre de 2017

Poema "La memoria de las sombras de la memoria"

Vlady "Instante" (1967)


El jardín es pequeño, el cielo inmenso

Octavio Paz


El sentido del camino
lleva hasta las arboledas

un pulmón necesario
antes de la ciudad

su historia propia
como virginidad elemental
de las lindes urbanas

allí la noche es divinidad animal

cada llegada al parque
como un tránsito fugitivo

en la hora que México tembló de nuevo

habitar el jardín pequeño
como un cielo inmenso

y bajo los escombros: la memoria
de las sombras de la memoria


Samir Delgado, Bajo otro cielo (Cuaderno azteca) La hoja murmurante, 2017
 (En imprenta)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Volcanic experience (Sobre un cuadro de César Manrique) 25 Aniversario

César Manrique, Tinecheide (1965)


En el 25 aniversario del fallecimiento del artista canario César Manrique (1992-2017)


PÁTINA burbujeante de lava.
Ocres primigenios. Espirales.
Solamente la persistencia dará frutos
a quienes corren las cortinas de la naturaleza.
Así la isla convierte su anatomía en un paisaje
bajo el lento proceso del revelado fotográfico.


Samir Delgado. Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros

viernes, 15 de septiembre de 2017

“Al otro lado del río” Flores en la noche (Fragmentos de diario)

Manuel Felguérez "Voz ausente" (1996)



                                                      
                                                                       

      Flores en la noche

                                                                                                 ¿Dónde pondré mis labios,
                                                          naturaleza sin orillas?

 PAUL ELUARD
               

 
Una tarea diaria a lo Paul Valéry: habitar las páginas de este diario con absoluta disciplina, sistemáticamente, sin relicarios y pasodobles, afrontando desde la escritura una auténtica contrarreloj.

La imagen de madrugada con cielo nimboso, etérico, la sombra esparcida de lo nocturno sobre las cosas. Camino a tientas como en un bosque desconocido, sabedor de llegar con fluidez a puerto extranjero. Hay una promesa intuida de querer estar cerca de estas horas del alba cada día venidero. Miro hacia atrás desde el umbral de casa. La luz tenue, chiquita, de otra habitación con vida propia. La abuela en su madrugada, símbolos y auras, la noche deja otear sus rincones duraderos.

Concierto de cámara en el teatro de la ciudad. Luminosidad del violonchelo, el trío de cuerda mexicano colma las partituras de Mendelssohn con absoluta soberanía. En el deleite musical hay un paréntesis del cuerpo, la inmaterialidad del tiempo se hace contrafuga sensitiva, la musique como utopia particular. Son matérico, dance floor, orfismo. Las pausas eternas de Morton Feldman, ese silencio fértil que dialoga con la abstracción.

Sábado, midnight. Hallazgo providencial en edición de bolsillo de las Cartas a Theo, 35 pesos. De nuevo la cita imperecedera con los fueros internos del loco de Arlés. Así continua creciendo la biblioteca de casa, el recomienzo en tierras americanas del archivo propio, los konvoluts de cada día que van agilizando toda huella de lo terrestre.

El cuadro de Juan Soriano, Adán y Eva, reproducción en póster del museo Soumaya, ya a todas luces en la habitación privada. La respiración del cuadro, el influjo de su cromatismo, los pensamientos aglutinados en la recepción cotidiana de la obra expuesta, su grado de existencia paralela. Desde años atrás la búsqueda incesante de una verdad habitable en la imagen pictórica, la trascendencia de cada mirada compartida.

Como en los versos de Neruda, el olor de las peluquerías también me hace llorar. Siempre me llamó la atención el proceso de corte en el que sentados frente a un espejo nos mostramos tal cual somos, el cabello forma parte de la estructura simbólica de todo sujeto, y al quedar en manos ajenas la tijera supone una mutilación necesaria que renueva el perfil, el rostro, la efigie.

Dejarse llevar en volandas por el mercado de abastos, ojear los miles de artículos, hierbas, utensilios, insumos del día a día en la ciudad, y cruzar la vista apenas un instante con la señora mayor, octogenaria, que vende enseres a la vuelta de la esquina, con un halo de eternidad en su mirada. Es la anciana del poema de Langston Hughes, descendiente de las sombras que pululan por el camino de tierra adentro: apaches, comanches, cheroques, chiricahuas, zacatecos, espíritus de un tiempo mayor.

Ciertos relumbres de la ciudad a horas angélicas. Me adentré por unos minutos en la iglesia, advocación a san agustín, más allá de su remanso de paz, ecumenismo de lo sagrado, en la eterna vigilia de sus tallas santorales, lo verdaderamente único fue el rostro de aquel señor rezándole a la virgen en plena alba, fuera del ordenamiento confesional, a deshoras. Y haber visto su confesión madrugadora, desesperada, en la cita consigo mismo y el cielo protector.

Aclimatación del emigrante, a 1800 metros por encima del nivel del mar. La pesadez del sueño vespertino, el refrigerio metabólico de la siesta árabe que pasa a ser una condena necesaria, el suspense diurno bajo las aguas turbias de Morfeo, agotamiento y resurrección. Psiquis procelosa, contrincante, dada a la pesadilla más que al mito.

En la suma cotidiana de los días hay un modo de soledad llevadera, asumible, práctica para la utilidad íntima. Y también hay otra forma de soledad más angustiante en sí, casi devastadora, parecida más bien a la desdicha consciente, mirada a la cara, en donde considerar el estado sucedido de pérdidas cotidianas, lo que conlleva la cercanía de un desgarro implacable. Mientras escribo este diario sucede un sunset lento y reconfortante, soledad intermedia disfrutada para el asentamiento de los márgenes, y pienso en la segunda soledad con rabia, ira contenida, ganas  tremendas de salirle al paso, con beligerancia, hacerle frente a su silencio desamparante y dejar lugar únicamente a una soledad mayor, la del sortilegio de esta luz que salva y conmueve en el intervalo de una mirada hacia el sí mimo, paréntesis del mundo, como ante un cuadro abstracto de Felguérez. Las soledades del mirar.

El sombrero del ranchero da mucho más que sombra. El hombre camina sobre los rescoldos del viento, lleva consigo el sol a cuestas, proviene de las longitudes luminosas. Es su sombrero una denominación continental, americanista, todavía más profunda que los ecos del lejano oeste. Luce en los domingos la compostura del paseante local, autoctonía del rancho grande.

Esta nueva luna de cielo mexicano. Al recuerdo aquellas otras island moons de principios de siglo. Medir el tiempo calendario a través de sus blancos, siempre ese grado de soledad necesaria. Más allá del tópico la luna poetiza los instantes de contemplación pasajera. Pienso en la suma continua de todas las miradas a mis lunas propias por venir, el cúmulo de reflejos vírgenes, noctilucientes, de flores en la noche que serán promesa de revelación.  



Samir Delgado, 2017