viernes, 20 de octubre de 2017

"Dragón" (Poema sobre un cuadro de Pierre Alechinsky)

"Central Park" (1965) del artista belga Pierre Alechinsky (1927)
I

UN romance telúrico con la isla desnuda. Carnalidad total.
Los pegotes rojos salpican la superficie límpida del cuadro.
Sueño líquido evanescente. Multiplicación del vértigo táctil.
Mañana pura. Repetición del instante hasta el colofón solar.

II

EN el cerebelo nunca desaparecen los estigmas cotidianos.
Allí habitan volcanes que explosionan su propia lava cósmica.
Como esa danza mortuoria del dragón en la vorágine neoyorkina
convertida por los siglos de los siglos en una postal turística. 


Samir Delgado, "Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros"



martes, 10 de octubre de 2017

Los cuadros de Ricardo Fernández, una interpelación al infinito


Ricardo Fernández, "Anunciación" (2004)

“Luminar” de Ricardo Fernández: revival de las imágenes posibles



                                                           

La imagen como un absoluto, la imagen que se sabe imagen, 
la imagen como la última de las historias posibles

Lezama Lima


 

                Los cuadros del artista mexicano Ricardo Fernández poseen el don de lo intemporal: van más allá de las coordenadas de fijación epocal al uso, trascienden el juego mecánico de las manecillas del reloj de pared, son imágenes provenientes de un absoluto relativo que instauran su anclaje imaginario en la propia cosmovisión del artista. Cada cuadro es una inversión de tiempo de vida- la duración, alén vital, de Henry Bergson- aplicado a la conformación de una obra artística, el corpus estético, la donación por excelencia de un sentido a las formas y a los colores, a los mundos propios que se han ido configurando -pincel en mano- durante décadas de trabajo permanente del artista en su atelier mexicano, un factor determinante que en el panorama internacional del arte hoy solamente es constatable cuando existe una mirada propia, un estilo y un aura, esa atmósfera distintiva que revela la pertenencia y la autoría de una pieza.    

Y es que ante la serie de obras que componen su reciente exposición “Luminar” (Museo Joaquín Arcadio Pagaza, Valle de Bravo, Ciudad de México, 2017) nos encontramos frente a una feliz concatenación de imágenes, de motivos y técnicas, de sustratos acumulados de deleite morfológico que en el transcurso de la carrera artística de Ricardo Fernández han ido consolidándose como un singular universo personal, de retratos, instantes y atributos mitologizantes de la experiencia de la condición humana sobre el mundo, el marco de sus cuadros que se debaten entre la temporalidad de su horizonte visible y la eternidad. Solo el artista conoce el grado de inversión de tiempo que han supuesto la suma de los grafitos sobre papel, las xilografías y los óleos sobre lienzo en conjunción total en el través de su mirada: mixtura de la creación, interpenetración de vida y obra, onirismo esencial del estarse junto al caballete de los días y las horas.  

Hay en los cuadros de Ricardo Fernández una interpelación al infinito, un revival de imágenes posibles que siguiendo de cerca al poeta cubano Lezama Lima –adorador soberano de la irrupción de toda imagen sub especie aeterni entre el común de los mortales- nos designa la posibilidad de un tempo de relación con la obra contemplada capaz de traslucir una tensión existencial de enorme caudal sensitivo, el cuadro como eticidad fundamental de lo habido y por haber, una obra artística rica en potencial vislumbrador que sobrepasa el rigor académico, lo clásico y lo moderno, todo canon establecido, para adentrar a quien contempla el cuadro en esa extraña dimensión de aquello que perturba, asombra y conmueve, de lo angelical y demoníaco, de lo sacro a lo pagano, de la vida a la muerte.   

A fin de cuentas, los seres alados de Ricardo Fernández, mujeres ataviadas con vestimentas del medioevo, de la roma imperial o del amazonas, transgreden la óptica racionalizante del espectador, son apariciones súbitas de otros mundos y otras épocas que transmutan en el cuadro, se corporizan en el lienzo con un grado de nítida absolutez, reencarnación somera de lo vivo, de lo verdadero y de lo bello en el cuadro- a la altura de los ojos siempre- lugar por excelencia donde se constituyen las vidas, evocación de totalidades, fugacidad del aire.  

La atracción de la mirada hacia un cuadro puede desarrollarse en un breve lapsus de tiempo, apenas unos diez segundos de cronómetro estipulado como porcentaje de media del tiempo que será empleado por un espectador normal frente a una obra en una galería de arte o un museo contemporáneo. Más allá de la calidad pictórica, las modas al uso o el predicamento de un artista, los cuadros hablarán por sí mismos y el tiempo de entrega del que mira nunca alcanzará al tiempo dedicado por el artista, sin embargo puede suceder que los cuadros cambien la vida de ambos a la par y sean la vida misma en el cuadro, un suceso atribuido a la magia del arte desde tiempos inmemoriales y que solamente en pocos artistas es un hecho resultante, una promesa de transubstanciación, una experiencia real atribuible a una forma de pintar y de vivir la pintura, para dar vida a esas imágenes posibles que Ricardo Fernández eleva a la categoría de lo intemporal, pues como dijo Lezama “todo lo que el hombre testifica lo hace en cuanto imagen”.

Samir Delgado, 2017    

domingo, 1 de octubre de 2017

Poema "La memoria de las sombras de la memoria"

Vlady "Instante" (1967)


El jardín es pequeño, el cielo inmenso

Octavio Paz


El sentido del camino
lleva hasta las arboledas

un pulmón necesario
antes de la ciudad

su historia propia
como virginidad elemental
de las lindes urbanas

allí la noche es divinidad animal

cada llegada al parque
como un tránsito fugitivo

en la hora que México tembló de nuevo

habitar el jardín pequeño
como un cielo inmenso

y bajo los escombros: la memoria
de las sombras de la memoria


Samir Delgado, Bajo otro cielo (Cuaderno azteca) La hoja murmurante, 2017
 (En imprenta)

lunes, 25 de septiembre de 2017

Volcanic experience (Sobre un cuadro de César Manrique) 25 Aniversario

César Manrique, Tinecheide (1965)


En el 25 aniversario del fallecimiento del artista canario César Manrique (1992-2017)


PÁTINA burbujeante de lava.
Ocres primigenios. Espirales.
Solamente la persistencia dará frutos
a quienes corren las cortinas de la naturaleza.
Así la isla convierte su anatomía en un paisaje
bajo el lento proceso del revelado fotográfico.


Samir Delgado. Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros

viernes, 15 de septiembre de 2017

“Al otro lado del río” Flores en la noche (Fragmentos de diario)

Manuel Felguérez "Voz ausente" (1996)



                                                      
                                                                       

      Flores en la noche

                                                                                                 ¿Dónde pondré mis labios,
                                                          naturaleza sin orillas?

 PAUL ELUARD
               

 
Una tarea diaria a lo Paul Valéry: habitar las páginas de este diario con absoluta disciplina, sistemáticamente, sin relicarios y pasodobles, afrontando desde la escritura una auténtica contrarreloj.

La imagen de madrugada con cielo nimboso, etérico, la sombra esparcida de lo nocturno sobre las cosas. Camino a tientas como en un bosque desconocido, sabedor de llegar con fluidez a puerto extranjero. Hay una promesa intuida de querer estar cerca de estas horas del alba cada día venidero. Miro hacia atrás desde el umbral de casa. La luz tenue, chiquita, de otra habitación con vida propia. La abuela en su madrugada, símbolos y auras, la noche deja otear sus rincones duraderos.

Concierto de cámara en el teatro de la ciudad. Luminosidad del violonchelo, el trío de cuerda mexicano colma las partituras de Mendelssohn con absoluta soberanía. En el deleite musical hay un paréntesis del cuerpo, la inmaterialidad del tiempo se hace contrafuga sensitiva, la musique como utopia particular. Son matérico, dance floor, orfismo. Las pausas eternas de Morton Feldman, ese silencio fértil que dialoga con la abstracción.

Sábado, midnight. Hallazgo providencial en edición de bolsillo de las Cartas a Theo, 35 pesos. De nuevo la cita imperecedera con los fueros internos del loco de Arlés. Así continua creciendo la biblioteca de casa, el recomienzo en tierras americanas del archivo propio, los konvoluts de cada día que van agilizando toda huella de lo terrestre.

El cuadro de Juan Soriano, Adán y Eva, reproducción en póster del museo Soumaya, ya a todas luces en la habitación privada. La respiración del cuadro, el influjo de su cromatismo, los pensamientos aglutinados en la recepción cotidiana de la obra expuesta, su grado de existencia paralela. Desde años atrás la búsqueda incesante de una verdad habitable en la imagen pictórica, la trascendencia de cada mirada compartida.

Como en los versos de Neruda, el olor de las peluquerías también me hace llorar. Siempre me llamó la atención el proceso de corte en el que sentados frente a un espejo nos mostramos tal cual somos, el cabello forma parte de la estructura simbólica de todo sujeto, y al quedar en manos ajenas la tijera supone una mutilación necesaria que renueva el perfil, el rostro, la efigie.

Dejarse llevar en volandas por el mercado de abastos, ojear los miles de artículos, hierbas, utensilios, insumos del día a día en la ciudad, y cruzar la vista apenas un instante con la señora mayor, octogenaria, que vende enseres a la vuelta de la esquina, con un halo de eternidad en su mirada. Es la anciana del poema de Langston Hughes, descendiente de las sombras que pululan por el camino de tierra adentro: apaches, comanches, cheroques, chiricahuas, zacatecos, espíritus de un tiempo mayor.

Ciertos relumbres de la ciudad a horas angélicas. Me adentré por unos minutos en la iglesia, advocación a san agustín, más allá de su remanso de paz, ecumenismo de lo sagrado, en la eterna vigilia de sus tallas santorales, lo verdaderamente único fue el rostro de aquel señor rezándole a la virgen en plena alba, fuera del ordenamiento confesional, a deshoras. Y haber visto su confesión madrugadora, desesperada, en la cita consigo mismo y el cielo protector.

Aclimatación del emigrante, a 1800 metros por encima del nivel del mar. La pesadez del sueño vespertino, el refrigerio metabólico de la siesta árabe que pasa a ser una condena necesaria, el suspense diurno bajo las aguas turbias de Morfeo, agotamiento y resurrección. Psiquis procelosa, contrincante, dada a la pesadilla más que al mito.

En la suma cotidiana de los días hay un modo de soledad llevadera, asumible, práctica para la utilidad íntima. Y también hay otra forma de soledad más angustiante en sí, casi devastadora, parecida más bien a la desdicha consciente, mirada a la cara, en donde considerar el estado sucedido de pérdidas cotidianas, lo que conlleva la cercanía de un desgarro implacable. Mientras escribo este diario sucede un sunset lento y reconfortante, soledad intermedia disfrutada para el asentamiento de los márgenes, y pienso en la segunda soledad con rabia, ira contenida, ganas  tremendas de salirle al paso, con beligerancia, hacerle frente a su silencio desamparante y dejar lugar únicamente a una soledad mayor, la del sortilegio de esta luz que salva y conmueve en el intervalo de una mirada hacia el sí mimo, paréntesis del mundo, como ante un cuadro abstracto de Felguérez. Las soledades del mirar.

El sombrero del ranchero da mucho más que sombra. El hombre camina sobre los rescoldos del viento, lleva consigo el sol a cuestas, proviene de las longitudes luminosas. Es su sombrero una denominación continental, americanista, todavía más profunda que los ecos del lejano oeste. Luce en los domingos la compostura del paseante local, autoctonía del rancho grande.

Esta nueva luna de cielo mexicano. Al recuerdo aquellas otras island moons de principios de siglo. Medir el tiempo calendario a través de sus blancos, siempre ese grado de soledad necesaria. Más allá del tópico la luna poetiza los instantes de contemplación pasajera. Pienso en la suma continua de todas las miradas a mis lunas propias por venir, el cúmulo de reflejos vírgenes, noctilucientes, de flores en la noche que serán promesa de revelación.  



Samir Delgado, 2017

domingo, 10 de septiembre de 2017

Te recuerdo, Víctor Jara

Tumba del cantautor chileno universal, Victor Jara (1932-1973)

Hoy más que nunca, por no decir desde siempre a partir de aquel aciago mes de septiembre de 1973, la guitarra de Víctor Jara es una isla en medio del océano musical de la canción latinoamericana. Hoy más que nunca el timbre sonoro de su voz comprometida retumba en la memoria colectiva como un pedazo de luz herida por el tiempo, hoy más que nunca el nombre de Víctor Jara queremos corearlo entre palmas de rebeldía que desperecen los ímpetus de justicia y los deseos de libertad en todos los sures del planeta. 

Y es que Víctor Jara representa, junto a Salvador Allende y Pablo Neruda, la huella imborrable del Chile profundo que cautivó el imaginario de las vanguardias en un momento histórico de valor incalculable: de allí nacieron los retazos de la canción protesta y el trasiego de las guerrillas por toda América Latina. Y también la otra cara de la moneda con los golpes militares que multiplicaron la desesperanza popular por las alamedas de la historia.

Víctor Jara fue un hombre de acción volcado en su labor creativa con una densidad memorable, todo el repertorio musical de sus canciones alude a la raíz del acontecer diario en el Chile de los mineros que todavía evidencian el pundonor heroico de la clase trabajadora, cada una de sus canciones contiene un pulso frente al predominio oscuro del poder, los acordes de guitarra que acompañan el vaivén de los campesinos clamando por el derecho a la tierra y los indígenas mapuches que atraviesan los senderos pretéritos del país desde el principio de los tiempos.

Ya desde su faceta como director teatral y cultivador del folklore nacional, Víctor Jara prosiguió una línea ascendente en el panorama musical contemporáneo participando en el conjunto Cuncumen y el mítico grupo Quilapayún que llevará más allá de las fronteras de Santiago el sentir y el dolor de la voz de Violeta Parra.

Hoy más que nunca, te recuerdo Víctor Jara.



Samir Delgado, 2010-2017


viernes, 1 de septiembre de 2017

"Al otro lado del río" Anfiteatros del atardecer (Fragmentos de diario, I)

"Rooms By The Sea" Edward Hopper

Lo enigmático es también carnal

Lezama Lima


Lo dijo Wallace Stevens en uno de sus mejores versos: “el oleaje del mar se volvió inmóvil”. A la pregunta insistente sobre la nostalgia de isla mi respuesta contundente a través del poeta de la guitarra azul. Final de la magua, llevar consigo la isla a donde uno vaya. Hacer de todo una isla propia, acantilado discurrir de la existencia en el diario.

Vasos de agua sobre la mesa, el líquido supremo a la luz de un lamparita nocturna, el remanso de paz doméstica hilando sus porvenires sucedáneos. Los perros que entran a la casa, la abuela de Súchil que continúa en el mismo sillón de los últimos años. Frente al ordenador la conectividad permanente supone una intensificación tóxica de toda vigilia. A mayor densidad de contenidos, menor capacidad de interacción. He aquí el empobrecimiento exhaustivo de la vegetación online. El vaso de agua, la luz de la lamparita, el diario a solas como vía de escape en el exilio voluntario.

Semáforos, colonias, fraccionamientos. La ciudad se subdivide en cuadras, avenidas de luz, segmentos urbanos que solamente por medio del caos resultan transitables. Una tarde completa dedicada a proseguir la misma calle hasta su difumino total. La avalancha de matices, rostros, fachadas que brindan una recolecta abrumante, pic-nic sensitivo para el que únicamente transita: el poeta invisible al día.

Amo el canto vespertino de los chanates sobre el boulevard en su hora punta. El caleidoscopio sonoro de sus plumajes negros. Memoria prolongada del sentido sagrado del cerro Tepeyac, cada centímetro de suelo en la república rezuma principios, génesis, orígenes que se resisten a la extenuación de la historia oficial.

Anfiteatros del atardecer. Hay parejas arremolinadas en los escalones superiores. Un zumbido general de fondo que parece atenuarse mientras se aleja el teleférico. Remanso de contemplación, apaciguado sun-set de eternidades. Y vuelta al mismo lugar un día después, otra tarde absolutamente distinta. De una luna llena a la tarde sin luna. Solamente los zopilotes entre la cortina azul metal del viento.

Ya una semana tiene la fugacidad de una gota de agua por el embudo del tiempo cotidiano. Cada día tiene su cara y su cruz, andanzas por la ciudad en solitario. Lecturas a regañadientes hasta el hallazgo de una confidencia vital de John Berger: la belleza la consideramos pensándola, nos vemos mirando, cuando lo bello sería aquello que desearíamos que nos mire.

Vuelta a las meditaciones de habitación propia en Castilla. Tras la estadía a la orilla de sus ríos será precisamente ahora cuando veo en persona al pintor de la “Cocktail party” en un documental con el testimonio en viva voz de Antonio Saura. Seriedad del artista, solemnidad total en cada palabra. Para él la pintura es nada más y nada menos que una secreción natural del ser humano.

Cada beso aliviana los pesos cotidianos, otorgamiento de sentido vital, pulsión biológica de los quereres esenciales. En la mañana los abrazos ofrecen una quimera cierta común, ventanal sensitivo para un corazón de dos que late sin remordimientos, mutuamente. Ver al ser amado con devoción, naturalidad vivida.

Domingo con ansiedad de parque. Con los últimos rayos solares en torno a una pared desnuda, el perro negro que cruza la calle en diagonal de la colonia, grillos a tientas, algunos árboles depositarios del verde. Y de nuevo este cielo sonrojado, purpúreo, enchiladito a su hora suprema del día que acaba.

Agua caliente como en los baños árabes de Al-Andalus, la ceremonia diaria del cuerpo desnudo, instante del sí mismo, las pompas del jabón sucumbiendo sobre las losetas frías del baño, el canto cercano de pájaros a través de la ventana, del otro lado golpes de viento que se adivinan bajo el agua, entonces el mundo.

Las postales de recuerdo de Berlín, París, Firenze. Aquellos viajes de lo iniciático al viejo continente que pasado el lustro comienzan a retroalimentar la Imago, gota a gota. Pienso el planeta a través de esas remembranzas, el cuadro de Hooper con habitación al borde del mar, oleajes detenidos que orillan por dentro. Aquellos remansos de paz con jardincillo interior en la Goethe house, ciertas miradas hacia arriba entre catedrales y mausoleos, la lluvia parisina consagrando la voluntad al culto de lo mínimo. Desde siempre esa maleta, la ventana insular, las distintas casas al otro lado del río.  

Puertas adentro del diario. Mantener la vigilia cotidiana con una política de interior ácrata, salir al pairo únicamente para los retazos solares, estarse guarecido en el verbo penumbroso de los mediodías frutales, lezamianos. Ser habitante de medias lunas en el salón de la duermevela, desenlazar las íntimas intermitencias de lo verdadero circundante. Y amar la vida por encima de todo.



Samir Delgado, Diarios (2017)

    

domingo, 20 de agosto de 2017

Agosto o el principio de la nautilidad (Poemas del libro Banana Split))

Wolfgang Tillmans_Untitled (La Gomera) 1997

[ACAMPADA EN LA PLAYA]

           
            HAY en el vuelo de las pardelas
            una provocación a las hélices de la gravedad.
            Mientras la arena negra amasa con deleite su nocturnidad
            las aves ocupan en desbandada todo el frontispicio marino.
            Y a la intemperie la luna siempre luce aires de prima donna.
            Pero la desnuda espesura de las algas ganará el protagonismo.



            [EL PRINCIPIO DE LA NAUTILIDAD]

           

            COGIENDO olas en la rampa rebosante de la Caleta
            por el vértigo funesto del trompo con salpicaduras
            y remolinos de yodo bullendo en la caída de la tarde.
            El oleaje nunca guardó secretos para el habitante de la isla.


            [POZO NEGRO]

            LAJAS de piedra en lejanos promontorios.
            Un cuervo muerto de hambre sobrevuela
            el serpenteo gris de la carretera. Silencio total.
            Ahora toda la isla parece un sueño de regreso a la realidad.



            [CUEVA DE LOS VERDES]

           
            ALMACÉN ROCOSO
            para los hálitos volcánicos.
            CASCADA PROFUNDA
            de milagros y penalidades.
            VISITA LOS DOMINGOS
            con descuento para residentes.



            [BUNGALOW]

           
            LOS plafones de luz en el jardín privado
            invadían con pesada acidez mortecina
            el escondite secreto de los grillos.



            [HOLIDAY WORLD]

           
            LA VÍSPERA celeste llegó a toda costa
            destronando los murallones de óxido
            con una feliz algarabía de bengalas.



            [APARTAMENTOS BARBADOS]

           
A MEDIODÍA: trance de siluetas boreales
            en el fondo de la piscina. Los roces livianos del agua
            encandilaron todo el volumen de la fiereza veraniega.



            [BALCÓN ILUMINADO]

            EL relente nocturno en el balcón
            huele a las gotas del anís Marie Brizard
            que endulzó el paladar del amor clandestino.


            [PIC-NIC]

            EL CALOR siempre multiplicó por tres
            la antigüedad de las tejas amoratadas.
            Todavía quedan latas en el limo sucio de la orilla.
            El último pato remontó su vuelo hace semanas.
            Ya no habrá testigos para el reboso de la presa.



            [COSTA DEL SILENCIO, 38630]

           
BUZÓN A LA ENTRADA

            MAXWELL   RITSON   KREUZER   COLLIER   GERICHAUS
            VERCRUYSSEN   SWITHENBANK   HOLLANDER   DE RINCK

            EL CARTERO detuvo su moto aquel día
            finiquitando la historia universal de las postales.



[CAMPIÑA PROVENZAL]

           
            PAULINE tumbada sobre el cañamazo de la isla bonita.
            Suena de fondo el gramófono turgente de los callaos.
            Está subiendo lentamente la marea. Un perro cruza la escena.
            Nada que envidiar a las películas francesas de la nouvelle vague.



Samir Delgado, del libro “Banana Split” (2010)

jueves, 10 de agosto de 2017

Rue Bamako (Sobre una acuarela de Miquel Barceló)

Miquel Barcelo, Cuadernos de África (2004)


También las manos de l´artiste avivan sombras fugitivas para el trasfondo matinal de la acuarela: como un brindis del infinito inasible en la multitud de fronteras que esbozan una constitución definitiva para la belleza, el cromatismo absoluto de la existencia en la faz oculta de la mujer de Mali parece que cruza por primera vez aquel blanco antiquísimo, equidistante a la luz, del blanco de la acuarela tan sagrado como los huesos de los elefantes del desierto en Gourma. L´ artiste entonces prosigue la aguada, pincel en mano, con la biorritmia semejante a la danza de los dogones que encumbran las diferencias del matiz, la mezcolanza de los trópicos, el ditirambo de los atributos en la paleta de colores para diluir de una vez la riqueza de los arco iris del más allá en esta mañana diáfana de la acuarela, donde la distancia de la perspectiva hace visible las sombras oriundas de la convivencia feliz entre las únicas fronteras del color que posibilitan los encuentros venideros. L´ artiste dibuja los únicos límites posibles, lejos de la separación de los territorios físicos, las fronteras del pincel son medidas por el grado de extensión con el que amplifican los hallazgos del otro, pincel en mano, c'est finit, Rue Bamako.

Samir Delgado, Inédito, 2017

lunes, 31 de julio de 2017

Balada del Río / The infinite green (Sobre un cuadro de Fernando Zóbel)


Fernando Zóbel (Júcar X, 1971)



Déjame recordar el silencio en tus profundidades
Hölderlin


AIRE en la húmeda inflamación de las branquias que resoplan bajo el aguaverde. Pulsión vital entre los espinazos de los peces invisibles del río. Silencio matriz del aire hecho globo náutico en las tripas de los peces. Las tripas de los peces son aireverde bajo las aguas del río. 
Aire del río bajo el agua que multiplica los peces verdes. Ventiscales de aguarío en la corriente subterránea de los peces que navegan el verde infinito de su ciudad.   

AIR in the moist inflammation of the gills that puff under the greenwater. Vital pulsing between the spines of the invisible fishes in the river. Silent matrix of air made nautical globe in the guts of the fishes. The guts of the fishes are greenair under the waters of the river. River air under the water that multiplies the green fishes. Galeses of riverwater in the subterranean current of the fishes that navigate the infinite green of their city.


Samir Delgado (2016)


Extraído de los libros:
"Oir ese río"
 "Cuenca 20"
Revista Prometeo
(Festival Internacional de Poesia de Medellín"