sábado, 25 de enero de 2014

Isla bumerán, 15 Poemas (Cuaderno de viaje a El Hierro)


Pierre Alechinsky, Litografía (1978)


el mirar me ilimita
vivo al borde de lo inconcebible”

Luis Feria

1.[ISLA BUMERAN]

EL aterrizaje de cada aeronave
hace diana sobre el millón de años

alrededor un aluvión de espirales
con arritmia gaseosa

para el retorno de los pasajeros
nada será igual

tras la inmersión psíquica
en el bucle del tiempo

solo permanece la isla bumerán



2.[ROQUES DE SALMOR]

LA instantánea escultórica
de los roques de salmor

su luz acuarela
la virginidad extrema



3. [PUERTO DE LA ESTACA]


LA imagen pasajera
de un banco de peces
como escolares imberbes
bajo el esplendor del mediodía

nada evidencia la dura selección natural
que deberán afrontar en su corta edad

cada pez sigue de cerca al más cercano
con un mimetismo de supervivencia

es difícil que la mayoría
alcance las aguas del atlántico

aunque la vida
transita a todas luces
en el puerto de la estaca



4.[PARKING TIGADAY]


EL parking impoluto
de un supermercado en tigaday
vale como mirador paisajístico universal

cada ángulo es una invitación a la mística

a lo largo del armazón
sombreado del golfo
titilan farolillos de miel espesa

cada rincón abunda su original estado primario
la cercanía temporal a la eclosión del paisaje

como dijo shakespeare
la isla está llena de ruidos



5.[YIN-YANG]


UNA farola en el golfo
alumbra con chispeo juguetón
la nada más absoluta
de la nocturnidad

es la ambivalencia del yin-yang

un halo misterizante sombrea los cristales
y otro reluce de contabilidades lumínicas el vacío

solamente aquellos viajeros
que descubran su juego
sobreviven al oximoron del jardín



6.[TRIPTICO DEL HOTEL MAS PEQUEÑO DEL MUNDO]


I

LA estancia del hotel
columpia su curvatura fantasmal
sobre el extenso limbo marítimo

desde la lejanía
sus luces aclimatan el caos


II

EN el salón terraza
hay un buzo detenido
con su escafandra futurista

los visitantes respiran bajo la presión
de mil leguas de viaje submarino
como una novela de aventuras
soñada por julio verne en su diván de paris


III

SIEMPRE el pincel de hopper
sobre la silueta del huésped solitario

el ascetismo reina en cada lámpara de mesa



7.[CHARCO AZUL]


LOS visitantes
del charco azul
embeben la salitre

taciturnos ascienden
la altiplanicie solar

allí escancian el almíbar
de su letargo anfibio



8.[TUNEL DE LOS ROQUILLOS]


[oo:15 segundos]

SI nadie pisa jamás
con sus propias huellas
un paisaje volcánico real

difícilmente entenderá
la artificialidad del cemento
respecto a los lajiales


[00:32 segundos]

EL tránsito fugitivo
por la cavidad mastodóntica

deja a la vista
su completa inutilidad

[00:42 segundos]

NADIE permanece
adentro por naturaleza

los ventiladores travisten el aire
con euforia intergaláctica

[01:02 minutos]

LA función del no lugar
es la trashumancia bastarda

la invisibilidad total del ser in situ
espuria permanencia de lo vacuo


[01:15 minutos]

SALIDA

la isla aparece de nuevo
con la fuerza de un discóbolo griego



9.[JAZZ FESTIVAL]


EL jovencito suleiman
sacudía los platos de la batería
a contrarreloj del recreo matinal

como en las noches del desierto
su tiempo no entiende de medidas

son las estrellas
quienes marcan el compás


10.[HOYA DEL MORCILLO]


LOS almendros en flor
engalanan la memoria
del excursionista

por eso nunca es de noche
en la hoya del morcillo


11.[NISDAFE]


LA pradera insular
con su aureola telúrica
embulle de verdes     el nisdafe

la evocación estética
a través de unos prismáticos
rememora las siestas pastoriles
del romanticismo alemán

¿como llegaste isla
a ser materia del cuadro?



12.[PECES DEL TAMADUSTE]


LA inmersión en estas aguas
es un chapuzón bautismal
junto a los peces del tamaduste

el único salvoconducto órfico


13. [LA RESTINGA]


LAS barcas
de la restinga

desde el fondo
y al trasluz

son bucentauros
desposando el mar



14. [NUEVA ISLA]


LA nueva isla
es una desconocida

otro triángulo escaleno
de tierra incólume
y quintaesencial

un vergel de rumores sísmicos
bajo el hechizo de lo cósmico insular

sorprende a la vista su agigantada
mancha natal verde caribe

la sonora hinchazón ebria de mar

la nueva isla
es una desconocida

hasta el retorno de otro extranjero
con un libro de poesía bajo el brazo



15.[CIBERGLIFOS]



Volcan
vOlcan
voLcan
volCan
volcAn
+ volcaN

VOLCAN



isla
isla
isla
isla
isla
isla
+isla

ISLA



RAVFEUILLEE1724CU365TO65A
PQURTUSAUSTEGUI1779IP244
YTOLIVIASTONE1883HS1801G1
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Samir Delgado, Isla bumerán, Poemas (Cuaderno de viaje a El Hierro) 
(Inédito, 2012)


lunes, 20 de enero de 2014

Isla jazz travel (Ipalán, Cuaderno de viaje a La Gomera)

Guido Kolitscher, El pescante de Hermigua, Galería Luna.
IPALÁN
Cuaderno de viaje a La Gomera*

A Aitana Alberti

I

Una historia sobre el ocaso cotidiano del mundo no podría tener mejor comienzo que el propio atardecer contado por medio de una travesía atlántica. Así podríamos estar aún más cerca del mecánico desenlace solar visto a través de cristaleras empapadas por la salitre. A toda velocidad, Tenerife queda a la espalda en el mapa imaginario de las isobaras marítimas, el horizonte insular está más acá, ya casi al alcance de nuestra mano como el paseo diario en guagua junto a un matrimonio de alemanes pacientudos que esperan con sus bártulos a la espalda el arribo al puerto colombino. Aunque en verdad La Gomera tiene un aire de isla pretérita que recibe los dogmas del progreso casi a regañadientes. La imagen esencial nada más pisar la capital de Ipalán fue un bosque de mástiles en el muelle nocturno fijados entre el trasiego portuario con pasajeros a la prisa buscando un taxi que les saque de esa primeriza toma de contacto con tierra firme. Nadie tuvo ojos para auxiliar el silencio plomizo de la roca inmensa que había allí desde siempre como un anticipo de los acantilados insulares. Todo el mundo cruzó la avenida sin detenerse por un instante a contemplar los resquicios luminiscentes de un día cualquiera bajo el cielo que cobija la fortaleza de Argodey.

II

En la mirada de los perros que cruzan en solitario las calles empinadas de Ipalán hay algo especial, parecen venir de muy lejos, sin destino fijo, van correteando el vacío de todas las horas puestas juntas cuesta arriba en la intemperie insular. Los perros de aquí no saben de parques arbolados, están solos, muy solos. Nadie se detiene para acariciarlos jamás. Ahora tomando unas cervezas Pilsner Urquell en el bar Marejadas a escasos metros del edificio consistorial. Hay gente variopinta que demuestra una familiaridad extrema con las noches de Ipalán. El camarero nos sirve una bandeja de pan caliente con almogrote en dos gigantescas bolas de helado. Hacía mucho tiempo que la felicidad no venía servida para dos. Tras una cena opípara resulta verdaderamente imposible hacer una escalada nocturna hasta los barrios misteriosos que se yerguen adormilados al final de los callejones que nacen desde los aledaños del Ayuntamiento. Son un espejismo iluminado por los farolillos de luz acaramelada con guarapo, la figura taciturna de las casas que ocuparon el sitio de las cuevas de antaño por donde vagaba el adivino Aguamuje.

III

El trasiego matinal en la capital gomera se parece mucho a la atmósfera del sur tinerfeño pero sin el peso agobiante del turismo colonial. En las cafeterías de la Avenida Colón aparecen rostros familiares echándose los cafés cortados y los bocadillos de lomo con todo. Nada más ojear los menús dibujados con tiza sobre una pizarra con moscas ajuleadas saltan a la vista los quesos artesanales y los mojos tradicionales que invitan al paladar con su exquisitez patria. Y también resulta inevitable el ronroneo del tráfico junto a las colas de paseantes que entorpecen la entrada a los comercios de souvenirs en la Calle Real con artesanía típica hand made in La Gomera. Así ocurre que a escasos metros de la avenida marítima, coloreada por ramalazos tibios de sol y un césped grandilocuente bajo sus pies, aparece ante la vista la Torre del Conde, impetuosa y señorial, convertida en lugar de paso obligado para los transeúntes como una mercancía más de la publicidad turística. Allí pueden tener acceso los jubilados europeos a una galería permanente de portulanos medievales con grabados sobre la isla de donde partió Colón.

IV

Y no hubo manera de tomar rumbo con destino hacia el paisaje interior de la isla. El Garajonay estaba jugando al escondite. Pero en la Plaza de las Américas todo el mundo queda atrapado entre la sombra entristecida de las palmeras. Hay palomas errabundas que pasean a diario entre las mesitas con sombrillas del local cubano que colecciona con nostalgia pesos nacionales sobre la barra pegajosa del bar. Esta plaza capitalina tiene la virtud de no perder su quintaesencia histórica tricontinental gracias a la masiva concurrencia de trasatlánticos turísticos. Ella misma conserva entre sus brazos doloridos el paso funesto del tiempo con la estela imperial del almirante de la mar a lo lejos y las huellas cercanas con olor a dulce almendrado de los emigrantes isleños. Vale la pena detenerse por unos momentos en medio de todo a la espera de esa gomera profunda que aparecerá súbitamente entre el eco de los últimos silbidos.

V


Ya de regreso a Tenerife. Atravesando nuevamente la médula doliente del sur por la autopista insular a cien kilómetros por hora. Así el aeropuerto queda rebajado a su máximo nivel de gravedad insignificante bajo el peso inmemorial de los volcanes. El centro recupera por fin su propia inercia natural: los pueblitos de Arguayo y Tamaimo sugieren una continuación inédita de la odisea, los paisajes más recónditos y más antiguos de la isla atlántica proclaman con radical improvisación su completa novedad.   


EPÍLOGO
ISLA JAZZ TRAVEL



LAS OLAS COMO UN SOLO DE SAXO sobre una roca de capricho geológico ubicada en medio del país del agua que es el único lugar del planeta libre de fronteras. Nadie podrá jamás levantar murallas artificiales sobre el espacio fluyente del océano. Y por eso la isla no tiene final gracias al círculo permanente de barcas que vacilan adormiladas en alta mar. Ellas también improvisan el compás sinfónico de su tiempo de vida. Cada mañana los bañistas extranjeros que deshilachan sus calzados de cuero desconocen la historia de cada vereda que cruza hasta el desfiladero de la caleta.

ALLÍ SIEMPRE EL SOL cuaja una mejilla canela salpicada de pequeños callaos que sobreviven bajo el mismo silencio del millón de lagartijas escabullidas ante el roce mínimo de cada pisada. Con el vértigo de la bajada siempre aparecen algunos surferos coleccionando aventuras trepidantes entre la marejada de yodo marino y el tránsito pedregoso que acumula montañas de botellas plásticas para que el tiempo las derrita muy lentamente. Justo cuando llega el naufragio en seco sobre la playa aparece con exactitud fotográfica el gesto doliente de tabaibas y cardones. También hay una melodía especial en las pisadas que teclean la alfombra de arena mojada. Pero no hay edificios que alambiquen el horizonte, la costa parece un bosque de luz con animales misteriosos danzando libremente al compás de la batería sonora de los siglos.
MÁS ALLÁ EL MUELLE pesquero luce una pose de vitrina histórica. Las casas blancas atravesadas por el óleo del solajero no tienen fecha de caducidad, al igual que los goces infantiles apelotonados en el reducto natural donde las algas marinas encuentran un momento de paz sólida. Así todo fluye por la boquilla del saxo. Aparecen las primeras gaviotas con sus plumajes de aire fresco revoloteando como los acordes soberanos de un contrabajo magistral. Y el poeta, entonces, cierra su cuaderno para zambullirse en el fondo del agua.

* Viaje realizado en Noviembre de 2010 en compañía de la poeta Aitana Alberti y los músicos cubanos Efraín Medina y Doris Oropesa.
Archivos sonoros editados por Hector Martín con música de Kike Perdomo.

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miércoles, 15 de enero de 2014

The green man (O el mundo como campo de golf) 18 tesis globales para el final del juego

Purple Cloud (1979) Marion McClanahan

He bebido el silencio de Dios en esa fuente del prado.
Fríos metales alcanzan mi sien.

Georg Trakl


green 1. una fantasmagórica superficie verde de hoyos con banderín ocupa aleatoria y silenciosamente una multitud de territorios a lo largo y ancho del mapa global tardomoderno.

green 2. desde una panorámica espacial su densidad representa una imagen paradigmática sobre el sin sentido y la noción de vaciedad de la naturaleza artificial constituida por sociedades humanas en el nuevo siglo.

green 3. el triunfo de la relación pseudeportiva con la physis demuestra la fase terminal de la civilización agraria.

green 4. cada campanilla anuncia el final del juego: el advenimiento del mundo como campo de golf.

green 5. el campo de golf tradicionaliza la improducción total con el medio natural devastado.

green 6. la relación unidimensional pseudodeportiva del home player reproduce un esquema bioconsumista y macrodeteriorado de su espacio social circundante.

green 7. el derecho a su practicidad existencial sobreviene por medios económicos. la reducción sistemática de la presencia del ser humano en los entornos verdes bajo una escala supraindividualista.

green 8. tras millones de años de evolución la nueva tribu golfística vista como un sector neoturístico transnacional ha introducido su alto poder adquisitivo como variante esencial de supervivencia.

green 9. la figura del paseante anómalo postrusoniano ha vislumbrado una regresión patológica al falso mutismo civilizatorio.

green 10. las nuevas prácticas pseudodeportivas de los espacios privados vacacionales consolidados a nivel internacional han inaugurado estadios insólitos de invisibilidad sobre el modus operandi de su desarrollo cotidiano.

green 11. el campo de golf estándar reproduce su diafanidad bucólica como oferta estructural de esparcimiento. La nada total.

green 12. en la trastienda de su funcionamiento operativo se conservan las relaciones típicas de especulación monetaria, sobreexplotación del terreno y propagación de plantillas laborales sumergidas. El ilusionismo posturístico de los márgenes.

green 13. el rol del jardinero tradicional ha sido rebajado a la pauperización del conservador asalariado.

green 14. el campo de golf como un escenario exclusivista para la élite del club privado. Generalización absoluta de la decadencia mítica.

green 15. la profesionalización espectacular de la práctica golfística abre nuevos interrogantes sobre el modelo global de ocio, competitivismo y sociabilidad.

green 16. el campo de golf globalizado como experiencia neoturística con la naturaleza incorpora una preservación selectiva y programada de la fauna y la flora de su entorno inmediato con características generales cuasidiluvianas. 

green 17. la residencialidad pasajera de los visit players desarrolla modalidades ecosistémicas irreversibles en las cadenas de reproducción biológicas.

green 18. la totalidad de los campos de golf como espacios emergentes suponen un eclipsamiento de la relación auroral del ser humano con el paisaje histórico.

Samir Delgado, The green man (O el mundo como campo de golf), Inédito, 2014. 


lunes, 6 de enero de 2014

Tenerife good bye. Ensayos ultraperiféricos

Astarté (1976) de Juan Ismael

UN DIARIO como método esencial de supervivencia en la capital insular. Así cada hoja en blanco parece una bocanada vital en el laberinto urbano. O mejor a lo Pavese: un diario negro de títulos como un temporal.

HACER un análisis sobre el campo de visibilidad del mar en la isla, en su dimensión histórico urbana, su fenomenología esencial representativa: lo que de mar tiene la ciudad en su fluir cotidiano. Como una cuenta atrás antes del viaje de salida.

HE comenzado la lectura de la novela “Venezuela imán” ayer tarde en el mismo lugar de la prisión de Fyffes. Comencé aquí mismo donde inició su rumbo el escritor José Antonio Rial. Yo que seré también dentro de poco un emigrante canario. A propósito, con plena conciencia, he comenzado aquí mismo la novela de “Venezuela imán”.

TODOS los cines cerrados.


UNA FUENTE en el Parque Príncipe de Asturias chapotea rutilante su cometido oficial. Gente paseando a sus mascotas, un partido de fútbol en todos los bares, los skaters picando sobre las barreras naranjas que obstaculizan el tráfico: Santa Cruz style.

EN EL PARQUE de La Granja dos días seguidos con el cuaderno en mano: primero una joven junto a un árbol con su guitarra. Gafas de sol, rubia esplendorosa, ella toca para desahogarse- me confiesa- sobre todo temas de los Beatles y los Rolling, aunque el rock ya esté muerto. Y al día siguiente en el mismo trayecto: otra joven apuntaba el nombre de los árboles para un trabajo de clase. Yo era su único testigo.

UN ESTUDIO minimalista & sistemático sobre las luces de las casas, los balcones, las persianas y todos los ventanales de la capital tinerfeña. Anotar al detalle sus atmósferas y temperaturas, los escenarios íntimos de la televisación hogareña. ¿Cuántos romances, coitos, masturbaciones y demás esculturas vivientes en cada penumbra?. El tedio de lo familiar cotidiano, la publicidad inoculada, el aburrimiento doméstico permanente como una especie de subcultura zombie. ¿Y el poeta?. ¿Qué luz?. Afuera el mundo sería absolutamente abstracto.

CUENCA y sus casas colgadas. El jardín seco de Zóbel. Las arpilleras de Millares que se hicieron fuera de las islas. Lo dijo alguien en la televisión esta noche: el museo nos trajo la modernidad.

ENCONTRÉ en la Librería del Cabildo unas fotografías con proyectiles. Balas en un murete, la prueba contundente benjaminiana de que entre  los libros también están los signos ocultos de la violencia generalizada.

EN LA AVENIDA Anaga, tropiezo a orillas del barrio del Toscal con un amigo escritor porteño que es a su vez íntimo de Eduardo Galeano. Me cuenta del rescate en la Orotava del tajaraste, hablamos sobre escritores olvidados como Josefina Plá- de la isla de Lobos- y me da la mala noticia sobre el reciente suicidio del último cabrero de Tafuriaste. 

VIENDO a la gente por la ciudad con atención minuciosa y caótica nos hacemos una idea cercana sobre lo vulnerables que somos. Pura química de la subjetividad. En las tiendas, en los supermercados, en los parkings: el contacto físico es una biopolítica esencial.

HACE semanas que debo ir a Correos para el envío de importantes paquetes postales: en la correspondencia a distancia las amistades prueban su fidelidad. Sin embargo no he tenido dinero nunca para hacer lo que yo quiero. Tan siquiera para el envío de unos libros de poesía a Madrid, La Habana y Tel Aviv. Pero el silencio acrecienta la complicidad.

SIN un vaso de agua cerca, es imposible conciliar el sueño. [Insularidad]

TRÍPTICO matinal desde la ventana en el edificio Simón Bolívar: enfrente la calle con su zigzagueo motorizado.Un chaparrón metálico de colores.A los lados otros bloques de viviendas que parecen sandías podridas. Toldos verduzcos y terrazones anónimos. Y arriba el cielo azul petróleo, con sus eternidades desvencijadas.Nadie mira arriba jamás. El único resto de humanidad aparece en horas punta a la entrada del instituto: las pibas que cruzan bajo la ventana.

EL GRAFFITI de Bob Marley en la esquina del barrio de Los Gladiolos podría ser también una obra de arte urbano en Kingston, Jamaica. Durante años en ese pequeño rincón se han liado muchos canutos, allí pasaron las horas con la misma parsimonia lírica del reggae, a su sombra muchos jóvenes canarios encontraron asueto marginal en un barrio donde el futuro no tiene garantizado su plaza de aparcamiento.

ARISTÓTELES for ever. Estuve en casa explicando a mi prima la ética a Nicómaco, que si las virtudes del zoon politikon y la polis griega donde los ciudadanos buscan con prudencia la eudaimonia. En apenas media hora pasaron en televisión docenas de spots con nuevos modelos de coches, productos de cosmética y toda clase de basuras mediáticas. Ella, mi prima, concentraba su mirada en el papel, a ratos en la televisión, tan inocente como el pequeño bambie en el bosque.

ME compré unas gafas de sol en un bazar chino. Son redondas con un tinte oscuro en los cristales y patillas finas plateadas. Están diseñadas para esconderse tras ellas. Yo simplemente me incluyo así entre el marasmo global de turistas y flâneurs. Por tan solo 3 euros exactos.

EN ESTA CIUDAD todas las palomas comunes son supervivientes de un holocausto cotidiano, supervivientes al envenenamiento masivo de la Refinería. Y vuelan, indiferentes y a su aire, a pesar de todo.

UN CORAZÓN de manzana mordisqueado sobre el tapete vegetal del Parque tinerfeño. Los mirlos se deslizan entre el vaho tenue del mediodía. Me siento bien, hay que suprimir en adelante todos los almuerzos.

PANDULLO. Saco de papas con el que las hordas franquistas echaban al mar a los represaliados rojos, socialistas, comunistas, republicanos.

CUCAÑA. Primera acepción: la caseta de cañas para las tomateras de la temporada venidera. Segunda acepción: la caseta de indios americanos que sobrevivía a la historia de nuestra infancia. Tercera acepción: la caseta de los abuelos labradores y aparceros que olvidaron recoger antes de su muerte.

EL AMBIENTE futbolístico es insoportable por un partido de la copa del rey. Recuerdo con lejana añoranza los días de goles en el patio, los entrenamientos en el campo de tierra, el olor de los vestuarios. Pero el deporte ya es una operación mediática de trance masivo, solo quedan vestigios de aquella ilusión en los sobrinos que patean el balón a ciegas.

UN FILM sobre la isla de Tahití donde un volcán desalojaba una colonia francesa. Un retrato exótico con Frank Sinatra haciendo las veces de protagonista. Junto a un cura, bellas nativas, un gobernador oficial y niños en un hospital para leprosos. Había unos tipos condenados que expiaron sus culpas sacrificándose por los demás. El título de la película era El diablo a las cuatro. Bajo tierra el fuego del infierno y en el cielo un dios protector que acoge las blancas almas piadosas. Pura pedagogía occidental.

LAS FOTOGRAFÍAS de Chema Madoz en una exposición de Moscú. Dijo el artista que, lo más importante, es el proceso. [Amén].

EN LA OFICINA del paro cerca del mediodía: domicilio en la capital, disponibilidad inmediata, licenciado en filosofía y título de bibliotecario, treinta y cinco años, poeta para más señas. 
<<Que pase el siguiente>>.

NUBARRONES. Miércoles lánguido con ganas de salir corriendo a ninguna parte. Desaparecer de la escena. Llamé en un locutorio al poeta octogenario Francisco Tarajano para darle la noticia de mi decisión de abandonar las islas. Haber nacido para esto, otro joven más que repite la historia de sus abuelos.

MOLOKO ultra violence. Pintada urbana en los aledaños del Barranco de Santos, con sus grises puentes levadizos y típicos precipicios vecinales. Nadie se detiene para hablar.

EN LA BIBLIOTECA de la única capital tinerfeña abierta las 24 horas. Doy por casualidad con el catálogo del artista Jan Hendrix, holandés radicado en Lanzarote. Su exposición Malpaís de 2008 puede salvar las tardes de tedio a cualquiera. Misión esencial del arte. También tropiezo con el libro de viajes a Canarias de Elizabeth Nicholas, allá por 1952, autora corresponsal del Sunday Times británico. Ilustrado con portada del Jardín de La Orotava anónimo. Podría haber sido escrito ayer mismo en el tiempo de los silencios museísticos. Su título original: Madeira and the Canaries. London, The travel book Club.

CALLE CASTILLO a contracorriente y cuestarriba: la muchacha caraqueña de hace unos días cruza delante de mis narices. Impasible al derrumbe de nuestro yo más bioquímico. No hay calle suficiente para contener tanta adrenalina junta. Chévere, chévere.

ME pregunto a veces qué haría mi abuelo en estas horas de la tarde, un día cualquiera del mes, hace más de veinte años en el barrio donde pasó su vida. Supongo que en la misma oficina del ron, matando las horas, enchispando la pesadez cotidiana en la colonia, un personaje más de un cuento de Víctor Ramírez.

LAS BANDERAS de la Plaza Weyler son el único indicio fidedigno de que esta isla es España. Por todo lo demás -que no es poco- las islas gravitan en su estela afroatlántica caribeña con una normalidad apabullante.

UNA PORCIÓN de pizza como sustento para el espíritu en horas bajas. La empanadilla de atún, el bollo de jamón & queso calentado en microondas de la panadería de la esquina. Todos los días algo diferente y variado para el disimulo de la miseria personal, el estado de postración económico íntima, la maldita situación de parado joven estructural que hace sentir la náusea sartreana, camusiana, robinsoncruseana a toda una última generación.

EN EL BANQUITO de madera de hace casi 20 años. Urbanización privada de la Cruz del Señor, en el jardín mísero, sin más historia que el ruido del tranvía. En este portalón sombrío falleció una tía materna, todavía la recuerdo como si fuera ayer mismo. Ahora otras gentes viven su ahora similar. Observo alrededor las hojas caídas, la suciedad del pavimento, la triste letanía de las sombras que acampan en este mismo banquito de madera de hace casi 20 años.

¿CÓMO afrontar la muerte, nuestra finitud real y tangible, desde una mirada creyente?. No creo que el consuelo religioso tenga más eficacia que el feliz ateísmo. Lo que nos diferencia no es la fe. Somos más humanos en la conciencia del vértigo de la mortandad material que en el limbo de las eternidades paradisíacas.

DOS vecinos chachareando sobre la ley hipotecaria, el índice de paro y la corrupción del gobierno. ¿Para esto inventaron los griegos hace miles de años la democracia?

EN unas escaleras cercanas un par de adolescentes escuchan música regatón. A la intemperie y en completa inocencia. Entretenidos con chicles y pipas. La imagen es metafísica pura y dura. El mito de la caverna en vivo directo.

AFUERA el camión de la basura. La calle siempre desierta en su nocturnidad apaciguada. Es la hora del sueño improductivo. La soñarrera de esta isla de las maldiciones con su crimen surrealista al borde de cada amanecer. Agustín espinosa in memoriam.

UNA fobia antiquísima a los ordenadores merodea en mis adentros. Solamente la visita al correo electrónico me llena de pánico angustioso. Querer desaparecer con la maleta de madera. Otra forma de utopía final.

LA mañana cristalina adornada por nubes. Los mirlos, el gorjeo lejano de palomas, un avión que ronca y la salida de los estudiantes en tumulto al mediodía. Breve mapa sonoro de una capital a la que no se pertenecerá en el futuro. Extrañamiento íntimo de la ciudad. Urbanoterapia.

SALIR de compras si destino fijo, calle abajo para conseguir un kilo de hierba mate. Con el dinero justo. Marca Canarias, uruguayo brasileña. En un cibercafé se encuentra el paquete a 5 euros. Cerca una travel agency anuncia vuelos a Caracas por 399 euros. Un paseo vespertino con salida inminente al exterior.

ES imposible soportar el humor de alguien cuando atravesamos un trance personal doloroso. Ya solo con ser inmunes a la estupidez televisiva y al frenesí anónimo callejero con tanta gente aparentemente normal es suficiente. 
 
EN los acuarios también flotan los peces muertos.

ME conmueve a presencia de los pequeños sobrinos, su ímpetu juguetón, esas ganas de vivir infantiles que derrochan sus depósitos de humanidad. Juegan en la consola a las aventuras en una isla flotante, made in japan, de paisajes lóbregos y muñequitos con aire triste vagando entre las sombras. Ellos se ponen nerviosos al tener que construir un andamio que cruce el bosque donde muere la partida. Futuro cibernético inminente.

AGUACATES, ensalada verde, almuerzo campestre con pescado. Lezama Lima a la mesa en este martes de azares teleológico concurrentes.

VINO blanco en la sala Conca. La noche parece londinense, ante la imagen de un cuadro con la danza de la muerte de E.M. Zimmerman. Hay mucha niebla esponjosa alrededor. Deportistas corriendo por las calles comerciales adoquinadas. Esta soledad intuyo que todavía duele, es intransferible, y demasiado apolínea frente al cuadro.

AL FIN un termo propio para el agua caliente, traído de Bélgica en importación, de color naranja, con un halo cortazariano ideal para la ceremonia del mate con cada página. Cronopios del mundo, unidos for ever.

DORMIR, morir, tal vez soñar. ¿Hamlet?.

El MAR del sur es de un azul primitivo, ausente y contemplativo. No hay rastro de navegaciones, y todavía su relación intrínseca con la costa es precolonial. He abierto y cerrado los ojos de forma metódica sobre la montaña más lejana, acaricio su placentera improductividad liberadora. Tenerife como isla de picos y valles. Literaturizante y orográfica.

ENCENDÍ el ordenador después de largo tiempo.Hacer el mismo acopio de los papeles como quien seca sus lágrimas añejas. Fotografías con recuerdos imborrables, la escultura griega y la postal de Firenze. Cebar el mate con el telón de fondo marino, las marejadas fuertes con vientos en alta mar. Recomenzar el diario. Pasar el tiempo a limpio. Desintoxicarse del pasado. Hacer un ensayo de lo ultraperiférico tangible.

EL ACTOR norteamericano Ian Wright en sus típicos documentales de viajes. La banalidad vista por el rasero posturístico de Estambul a Viena. Triste, muy triste:haber nacido para esto también.

AL atardecer vi el arco iris en el mar. Y una pareja de gaviotas constelando el azul. Pensé que hay universos íntimos cotidianos similares que nos pasan desapercibidos: la luz densa y mínima de una vela, la dulce escalada jazz en la radio, el papel diario garabateado en la penumbra, desabotonar el cuello de camisa frente al espejo, todo a medianoche, después de aquello, lo que funda a los amantes.

HA llovido fuerte, así también la casa llora, sus paredes color mostaza humedecidas por las ráfagas nocturnas. Sin embargo, nuestros corazones en los primeros días de aislamiento nunca son vulnerables al agua.

EL ÁRBOL solitario allá lejos, lo escribo: su silueta es bella, contorneada por el viento, con toda su soberanía vegetal, totémico. Los prismáticos ofrecen esta mañana una suculenta panorámica de Tenerife, para mí solo en este retiro monacal atribulado con el único consuelo de aquel azul, aquellos verdes. La temporada en el infierno rimbaudiana desde una banqueta con papayos, naranjeros y aguacates, al más puro estilo canario. ¿Quién da más?.

UN pequeño y fiel amigo en la azotea de enfrente. El perro del vecino. Llora mucho cuando me ve, sus ganas tremendas de jugar con una inocencia desbocada. Atiende a mis pasos, se interesa, muy a pesar de las palizas del cabrón del dueño.

ALBENIZ, Granados, De Falla: compositores españoles para la siesta pianística del mediodía. Y los poemas sinfónicos de Brahms a finales del dieciocho por el desamor de su mujer. Hay veces en que la música más bella también aprisiona.

HOY en Barranco Hondo al salir de casa he saludado a un hombre europeo que bajaba hacia la plaza. Hubo una complicidad llamativa, ambos volvímos la cabeza atrás para reconocernos. En esta villa ser de afuera ofrece un encanto especial, sus rincones paisajísticos se abren como flores a la mirada del extraño.

DE momento la única figura femenina que en visto en Barranco Hondo ha sido el guiño jubiloso y picantón de Betty Boop en un cartel del toilette.

HAY temporal por fuertes vientos racheados. Esta tarde sentí mi cuerpo zarandeado por las ráfagas ventiscales y fue muy desagradable, el empujón hacia la nada daba que pensar sobre cada uno, sobre lo poco que somos. Las nubes habían dibujado un círculo caprichoso, condensado igual que si fuera una isla flotante. Hasta los ángeles se deben haber refugiado allí adentro.

LOS teléfonos invaden el espacio íntimo con una férrea dictadura. La necesidad de la comunicación instantánea se transforma en un ciclón de mensajes inmediatos que distorsionan gravemente los tempos reales de procesamiento vital. La interacción constante vía móvil es lo más parecido a la telepatía, aunque sin ese grado de equilibrio que se supone en una inteligencia avanzada. Huir de la telefonía será un derecho futuro.

RACHMANINOV como tratamiento paramédico sustitutivo de cualquier antidepresivo farmacéutico artificial. La sinfonía número 2 para piano y orquesta. Su lado existencial contorsiona el yo y purga lo deprimente en atractivo, la sutileza melódica da corporeidad al feeling más obsesivo.

LOS CAMPESINOS de Barranco Hondo hablan del tiempo entre ellos como asunto predilecto. El acento confesional y resignado parece estar casi diseñado genéticamente. Hay dosis de humor agudísimo y una alquimia sonora entre sus frases echadas al vuelo dulzonamente. Todos parecen de la familia.

LAS CAMPANAS. Todavía las iglesias siguen siendo con su culto al silencio el centro intangible de estos pueblos medianeros.

UN DIARIO personal puede llegar a ser condenatorio y liberador a la par cuando aquilata en sí una década de escritura. Sus páginas límpidas son como vaharadas de zozobra.

AYER TARDE mientras recorría a pie Barranco Hondo en caminata deportiva y estuve en sus calles sin luz, bordeando al azar carreteras secundarias, lindes ajenas con huertos y muretes, asomado yo solo a las barandas que ofrecían el litoral de esta parte de la isla tan de intemperies rurales. La cercanía de aquellos árboles frutales en sombra, de las fincas amuralladas por doquier, daba una sensación de prodigalidad calmante. Aunque fuesen privadas. Las plantaciones de verduras y la naturaleza botánica se contemplan como un todo agrícola silvestre postdecorativo en la caída de la tarde. Es la imagen prototípica del ayer en la isla, siempre.

Y UNA mierda de futuro espera a las nuevas generaciones en estas islas del infortunio generalizado: más macropuertos, más megacruceros, más grandes superficies, más parkings, más supercadenas hoteleras, más de todo, más de nada.

UNAS PALOMAS vuelan en perfecta sincronía circular sobre mí. Tarde sabatina con atisbos de paz interior. Leo “Venezuela imán” con cálculo meditado de cara a una conferencia futura. Con el zumbido del batir de alas sobre mi cabeza pienso en la placentera repetición del vuelo, cada ave sigue a la otra instintivamente para el desenlace común de la tarde, como si leyeran el vacío.

HE VISTO un caballo. Solitario igual que yo mascando la tarde con una parsimonia asombrosa.Es de color marrón y crines negras. Me da pena su clausura, la domesticación necesaria de su existencia en la isla. Más tarde atravesé la campiña baldía. Asomado a una vista panorámica sobre este lado sur de la isla. El mar recostado en calma. Abajo las luces de la ciudad.

TAMBIÉN la autopista insular tiene su propia lógica, impostada sobre el territorio, ajena a las explosiones de nubes visibles en la cumbre. Y a la vida íntima que se cobija tras cada ventana iluminada de la villa de Candelaria. Su senectud es imperecedera.

SENTADO en estas rocas, entre tabaibas amargas y grillos insomnes, alejado de casa, me siento un extranjero. Ya todo lo veo como un recuerdo venidero. La escritura es un movimiento en fuga permanente.

LAS treinta y seis imágenes del Monte Fuji en los grabados japoneses de Hokusai. Qué lástima no tener el Teide a la vista en este diario crucial sobre el aislamiento, sobre la insularidad, sobre la subjetividad. Aunque no tenga vocación de artista plástico solo su presencia intuida facilita la idea sobre la transfiguración del paisaje que provocó lo japonés sobre el devenir del arte europeo moderno.

NUEVE de la mañana. Domingo triunfal de pájaros cantores y mar pletórico en derredor. Café. Salida en guagua a la capital. El chófer es la primera persona con la que hablo en una semana larga, interminable. Se esmera en indicarme que no hay más servicios en día festivo y que “todo está perdido por los recortes”. En la Basílica de Nuestra Señora de Candelaria se intuye la devoción hacia la imagen sacra. Yo no veo más que humanidad desmesurada. Antes de continuar consigo de milagro en el Mercadillo del Agricultor un ejemplar de Las cartas del que regresa de Hugo Von Hofmannsthal. Futuro libro de cabecera, de viajes y sin préstamos.

EN ESTA ISLA lo que me rodea son fantasmas del pasado. Mojé la cara en el agua salitrosa de la playa negra donde pasé una noche pretérita de San Juan, entre hogueras mágicas y besos afrutados. Más tarde en Santa Cruz de Tenerife otra vez la misma sensación. Calle La Noria, Teatro Guimerá, Plaza de la Iglesia de La Concepción como el croquis de simples espectros metropolitanos. Al pie de los raíles del tranvía no queda nada de lo que fue.

MIRLOS, golondrinas, estorninos, gaviotas, palomas: mis únicos amigos en la soledad de este diario ultraperiférico.

OYENDO en la radio una sinfonía de Morricone sobre la leyenda del pianista en el océano. Más allá de la ficción cinematográfica y los efectos especiales de la partitura, la verdad profunda del relato es que el personaje no bajará del barco, su fidelidad a la vida que conoció es letal y pedagógica.

DEFINITIVAMENTE La Palma. Un desplome de su cumbre volcánica es más que inevitable en el futuro. Por su geoestructura provocará un megatsunami que en menos de ocho horas barrerá de la faz de la tierra buena parte de la fachada atlántica del continente americano en peso. El escenario de la Cumbre Vieja con sus cráteres durmientes contiene el botón rojo del final. Su silencio es cósmico. Y mientras en las demás islas sus habitantes viven a salto de mata, recontando las horas cotidianas igual que vagas eternidades.

UN BARCO de carga visto a través de la ventana. Es como un envoltorio de papel que flota por que sí en el azul inmenso. A la deriva, sin ninguna trascendencia, como la vida misma.

LA BALLENA azul. La ballena asesina. Las ballenas árticas y jorobadas. La últimas ballenas en el documental de televisión. Las ballenas.

YA recorro los alrededores de Barranco Hondo con una soltura vecinal. Aunque permanezco en el completo anonimato como el protagonista de una película muda que nunca jamás se estrenará en los cines. De no ser por la radio creo que no sería difícil tirarse alguna vez por la ventana. Como el pájaro que se suicida en la cubeta del agua al no ser capaz de soportar el silencio de su soledad.

EL CUADRO que reproduce la noche parisina de Van Gogh es una de mis pocas pertenencias materiales, con sus luces de bohemia y la terracita estrellada invitando al ensueño. Creo que se viene conmigo a Madrid.

EL CABALLO se llama Comanche, le he preguntado por él a su jinete mientras descendía la bajada de San José. Su belleza, su portento físico, sus andares elegantes llevan a pensar en el paso ínfimo que va de la idea platónica de un horse ideal a la sátira bestial de Jonathan Swift sobre los Houyhnhnms.

ANOCHE EL FARO de La Isleta apareció de la nada, su contoneo mítico puede provocar la añoranza total y el peor de los hastíos. Nada tiene en sí de especial su relumbre amarilloso con cantinelas de infancia. Sin embargo lo persigo a toda costa, con la vista recuento yo solo sus desvaríos autómatas.

ESTOY en una montaña. Sobre una densa pradera florida del sur. Subí el sendero de las Barreras hacia la vertical del Teide. Monte a través. He visto la sombra huidiza de animales salvajes, el mar abajo en tibia mansedumbre. Escucho grillos, abejorros, el viento cálido y puro que acaricia las espaldas húmedas por el ascenso. Veo nubes cerca de mí. Y un silencio que tiene un inventario de más de quinientos años consigo. Se es feliz aquí.

EL ESPEJISMO de la naturaleza impoluta llegó a su fin con las mansiones campestres de los altos del Barranco Hondo. Grandes casas con verjas y coches de gama alta. Tras la escalada heroica a los confines del paseo urbano tuve que retroceder espantado por la mugre gris del cemento. Caía la tarde. En la bajada destrocé los zapatos a trompicones por el sendero pedregoso. Solo queda atrás la honda satisfacción de haber clavado la bandera.

LA ESCRITURA del Antiguo Egipto surgió como una necesidad de ajustar las cuentas. Con el cálamo sobre la arcilla los escribanos de la época administraban el acontecer económico de su civilización. Anotaban a diario lo que sucedía, lo que se consumía, todo lo que era y lo que fue, sin más.

AMENAZA de guerra entre las dos Coreas. Corrupción galopante en la política cortesana española. Refugiados sirios que huyen de la represión. Elecciones en Venezuela. Casi es mejor no tener una televisión a la vista. El mundo extravía toda su realidad por medio de los telediarios.

DOS de la madrugada. El silencio también tiene su nivel de volumen.

AL perrito de la azotea de enfrente le han dado esta mañana una chuleta congelada para que se acostumbre a la carne animal. Será en el futuro un perfecto cazador de jauría, sus momentos de juego entre calcetines viejos solamente serán un recuerdo de las mañanas de marzo para mí. Así ocurre igual entre las personas. La paideia, la ingeniería social puede llegar a ser todo lo importante. Hacer igual a un pionero que a un zombie.

SIENTO como la noche llega desde las sombras cercanas. Estoy sobre una piedra con el mar abajo. No me importa que la isla me trague para sí. La garganta entumecida por el frío rebusca el alivio entre sorbos de mate. Tocar fondo ahora es cosa fácil.

DE NUEVO en el edificio Simón Bolivar de la capital. Me consuela el retrato del salón con los abuelos jóvenes. Son las raíces, una historia común, la ascendencia reconocible, la raigambre de los genes. Ayer se me quedaron grabadas algunas frases de la escritora Rosa Montero por televisión. Dijo que somos narración, una historia que contar, palabras.

ME AUSENTO en los parques de la circunvalación ordinaria de la ciudad. Los pájaros acompañan y hacen más llevadero el pozo del anonimato. La gente transita las avenidas, conducen sus destinos en silencios vagos, lo cotidiano reina por doquier. ¿No ven la tragedia?. ¿No sienten este vacío?. La isla se hace agua por todos lados.

LAS ORCAS marinas se comunican con una especie de silbidos tan agudos como espeluznantes. Los pingüinos lloran a sus crías perdidas. Los humanos archivamos la muerte en hospitales y cementerios, sin más.

ADEMÁS del Papa bonaerense Francisco I también se ha elegido en estos días al nuevo presidente del PC chino. Las estructuras necesitan rostros humanos para renovar sus engranajes de poder.

LA FUENTE del Parque García Sanabria detiene su catarata a las nueve en punto de la noche. Un silencio completo y repentino invade el entorno. Lo he comprobado en varias ocasiones. Igual que el mágico chispeo de las farolas que suelo ver con frecuencia en la ciudad. El cronometraje de la fuente y de las farolas visto así carece de importancia. Debe ser regular y previsible para los cotidianos y habituales paseantes, pero un indicio, una provocación, una señal de start para el poeta.

UNA CHICA fotografía a solas los claroscuros del jardín. Dice ella que está solo aprendiendo. Me acerqué sin ningún atisbo de galantería. Por pura curiosidad. Y me repetía sonriente con su cámara en mano: los claroscuros del jardín. Allí, allí. Los claroscuros del jardín. En el jardín.

PERSISTO en la costumbre de venir a las inmediaciones de la prisión de Fyffes todas las tardes para la lectura del libro “Venezuela imán” de José Antonio Rial. Ha llegado un momento en que detecto la extraña paz de estas ramblas, su extremo oculto de barbarie, las calles de Santa Cruz que son cicatriz histórica, allí donde habita la memoria de los perdedores.

NADA queda en nosotros de los dioses griegos, de la genealogía de los titanes, de lo prometeico original. Si pudiéramos dejar de comer por una temporada, sin probar alimento, tal vez sería posible aliviar en algo los cálculos existenciales. Y así nivelar la balanza de lo íntimo verdadero, reajustar cada uno en suma los dolores del planeta.

ES CURIOSO como sentir que estoy en Madrid sin haber salido todavía de Tenerife. He subido el ascensor con una intuición premonitoria del estado de conciencia vigilante que se debe afrontar en el viaje. He paseado por calles desconocidas y me he sentido invisible, ajeno, igual que el habitante extraño que cruza una ciudad anónima.Así nos vamos marchando de nuestro lugar de origen. Nos vamos haciendo sombra.

EL PAYASO de Watteau es fascinante. La belleza incólume de la Venus Anadyomena y cualquier cosa de Modigliani, de Matisse, Gauguin o Jorge Oramas. El arte redime.

JUGO de naranja al vacío del estómago en una mañana de domingo. Tumbado en el camastro he repasado este diario, el mapa de Santa Cruz de Tenerife, los lugares pendientes de exploración. Me gusta el registro, su caudal, la inercia ganada por las hojas, casi escritas a la par que el desvelamiento de lo inefable perpetuo que hay en el paisaje mental de las cartas de Hugo Von Hofmannsthal. El destino de una vida y sus cuadros.

EL BAR estudiantil que hay enfrente de los institutos está tomado por peruanos a la manera de embajada sentimental y de esparcimiento entre compatriotas en el exilio. He visto a sus mujeres bailar a las cinco de la tarde y a sus hombres postrados en una mesa solitaria con botellines de cerveza vacíos. Los mismos obreros latinoamericanos que podrían estar en Lima, Madrid o Santa Cruz de Tenerife. A la mierda, no tienen ninguna trascendencia, las novelas postnobel de Mario Vargas Llosa.

DETRÁS de un verso de Alonso Quesada sobre el mar, su soledad en la ciudad transmite una fuerza lírica que perdura en el tiempo profundo de lo insular. Y lo mismo ocurre con Julio Tovar o Luis Feria, frecuentar sus poemas es como retornar a estadios anteriores de esta ciudad atlántica. La poesía permanece al olvido sistemático generalizado dominante.

QUIERO visitar el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, sus casas colgadas, los rincones que habitó Millares. Cruzar su puente y llegar al encuentro total con sus colores. [Premonición]

HAY que aprender a escucharse por dentro.

DURANTE estas últimas mañanas que me quedan en la isla incremento exponencialmente los recuerdos. Hice un almuerzo de papas, garbanzos y espinacas. Tendí al sol la ropa de casa: calcetines, pantalones, blusas. Y en el ordenador los textos del diario ya de frente. Puesta a punto de las visitas pendientes a la ciudad: su cárcel, correos, monumentos. Solo queda disfrutar del tránsito final.

POR primera vez en la vida siento una ligera atracción por la meditación budista. Lejos de cualquier culto a una divinidad más, su propuesta de interioridad me parece imprescindible para estos tiempos de hecatombe. Algo tiene también el cristianismo con lo que dijo el Papa bonaerense sobre la ternura como práctica personal. A todo hay que restarle su melaza ideológica conservadora, y sacarle el meollo libertario.

RAYOS tibios del mediodía en otro parque más. Olor a césped reciente, la paloma solitaria cercana, el tumulto ajeno de la ciudad. Las muchachas canarias pasean bajo un cielo soleado. La gente de la isla cultiva su vida interior con una dulzura especial.

ANOCHE escuché de madrugada como golpeaban al perrito de la azotea de enfrente, estupefacto y conmovido. Su llanto, la congoja del animal a flor de piel, el sin sentido del sufrimiento, su caos. Por cosas así Cioran, nada más que Cioran como remedio a tanto absurdo humanista.

LAVADORA a tope con los pantalones, calcetines y slips sucios. Las chaquetas de salida enjabonadas antes de la partida. El final de la estadía en la isla llega a su punto culminante, la odisea personal levanta ya sus primeros palmos del suelo a través del diario, Tenerife good bye.

HAY estorninos sobrevolando el barrio campesino, picoteando la mañana dominical. Un silencio disperso, que se columpia en la incertidumbre de las horas. La totalidad del aire filtra su luz en la ventana, una sensación de ingravidez coyuntural, eclosiva, rompiente. El daimon interior lucha por salirse del diario. Aprender a ver distinto, como dijo una vez Manuel Padorno, el poeta nómada de la insularidad.

EN ADELANTE la isla será todo aquello que no tendré a mano.

UNO de los últimos días en Tenerife, como el recuerdo cierto venidero: amanece en las medianías con escuadra y cartabón. La luz inocula su magia en el verde amorfo de las sombras del monte. Un mar paciente y replegado en su azul. Y la luna, una luna que reclama una historia propia a través de sus cráteres, de su edad cosmogónica, de su pretérita diurnidad invisible verdadera. Una luna que es la isla de las noches en la isla.

CADA VEZ más clara y radical la idea de una patria oceánica compartida en los archipiélagos de la macaronesia. Un territorio imaginario común en estado latente, sus playas como totalidad en el horizonte poetológico futuro. Ese lugar que todavía no dejan ser es la providencia volcánica: un país atlántico unido bajo el mar. A través del mar. [Maritimocidad]

PAVECE again y for ever: “Cuando debo abandonar una ciudad, la ciudad empieza a pudrirse. Soy afortunado”.

YA SOLO queda la partida, lanzarse a la soberanía de todos los azules, dejarse llevar en la mecánica pura del viaje. Irse para continuar, con un derroche de amor, en esta otra isla que es la vida. 

Samir Delgado, Cuadernos ultraperiféricos II, (Febrero/Mayo 2013)