lunes, 10 de noviembre de 2014

Hauptbahnhof träume (Cuaderno de viaje)

Goethe, por Andy Warhol (1982)





NUNCA es el mismo cielo. Desde que llegamos a una ciudad nos damos cuenta de que nunca estamos bajo un mismo cielo. Nos acostumbramos a mirar el suelo que pisamos, incluso la luna cuando está plenamente llena reclama toda nuestra atención. Sin embargo el cielo siempre parece igual, con sus turbulencias y trasfondos azulinos. Al salir de la ciudad, en cada nueva incursión a otros destinos, el cielo va cambiando sus tonalidades, sus matices, sus querencias absolutas. En adelante hay que hablar de cielos, los del futuro, los de este mundo, los de cada vida en cualquier ciudad.

MADRID siempre provisional. Saberse huésped con rumbo a la Goethe house, a orillas del Meno en unas horas. Busco en Callao una traducción del Fausto, edición de bolsillo de aquellos años estudiantiles. Luego abro por inercia un libro de David Hockney. Interesantes las obras del curitibano brasileño Paulo Leminski y Bernard Noel con su “El resto del viaje y otros poemas”. La literatura debe cuidarse de la muerte por asfixia en estas hiperlibrerías.

GOING HOME de Leonard Cohen, me gusta su melodía, ya forma parte de la banda sonora de toda una vida. Así vamos haciendo propia la música de nuestros recuerdos, sueños y afecciones. Casi sustituyen a las propias vivencias haciéndose un señuelo futuro al cual avenirse, se nota que somos materia pura, la música nos mueve por dentro los mecanismos emocionales, empáticos, nos hace sentir que estuvimos vivos.

DE NUEVO el rechazo instintivo a la carne, la predilección connatural por la frutalidad. Casi diría que también digerimos los colores de las comidas. De ahí el rechazo a los sombrajos de la materia muerta, los suplicios contenidos en lo animal exterminado. Sin el consumo regular de carne uno parece disfrutar, el placer de lo culinario incrementa la sensación de ligereza y de soberanía interior. Una armonía ajena y contraria al calvario industrializado de las vacas, los cerdos y las aves.

ABANDONAR la capital del Reino sin apenas pisarla, en todo momento circular a motor, con otras músicas de fondo y sentir que será otra ciudad si la historia no fuese tan puta. Dejar a un lado torrespaña y al otro su plaza taurina, ningún camino ofrece claros indicios de que lleva a Barajas, tan solo persistimos en el camino hacia una aventura inconsciente. Arriba veo los aviones iguales cruzando los cielos de la capital del Reino, con su espuma estratosférica a chorro, sin detenerse en ningún momento, sus historias irremediables.

ZONA Ryanair. Estoy viendo a una pareja joven con sus dos chinijos en la hora de la merienda, la espera del vuelo inminente y los llantos del cansancio acumulado. He sentido entonces una envidia sana de su plenitud vital, no esperar otra cosa más que los desenlaces naturales: el sueño, la casa, la madre.

LA TENSIÓN necesaria de los anudamientos mentales. Las problemáticas alojativas del verbo, con los quebrantos del soliloquio íntimo postergado. He caminado estas horas como quien marcha a un largo viaje de vueltas inacabables. Sin sentimiento de angustia, con la madurez coronada de las horas punta al atardecer. Me parece que la compasión hacia el mundo alrededor es el más bello atributo de la paz deseada.

UN VIAJE más. En sus preparativos dejamos en suspenso la relación con la ciudad de origen. Es igual que apagar la luz del cuarto, la estancia se queda en un punto muerto, sin mayores trascendencias. No caemos en la cuenta de que seguirá sus termodinámicas cotidianas. Sucederán en ella miles, cientos de miles de sucesos, sus gentes la harán ser otra a nuestra vuelta. Cuando salimos de viaje, la ciudad permanece, muy a pesar de las ausencias invisibles.

BARAJAS es un lugar inhóspito, tiene sus particularidades, sus propias sombras, no hay duda que es un lugar para quien frecuenta sus terminales: currelas locales, recogemaletas, limpiatodos. Habrá un día en que los aeropuertos tendrán una comunidad de vecinos, su constitución propia y una legislación para transeúntes permanentes, para los nómadas del destino que lleva irremediablemente al lugar donde todo el mundo está de paso. Barajas repele, tiene su grado cero de nostalgia al límite, tal vez por ser el preámbulo reciente de cada odisea. Tengo que hacer una guía especial de airports interminables. Estudiar sus ámbitos, sus semejanzas y distinciones. El poeta podría ser quien camina sus escaleras mecánicas a contracorriente.

POR la ventanilla de otro boeing más. Veo ahora algunas praderas indeterminadas, relieves níveos que se confunden con el limo blanquecino de nubes, territorios anónimos de la vieja Europa que nadie en tripulación es capaz de identificar para mí. En un momento ha pasado por encima nuestra un auténtico bólido interestelar, ningún semáforo por medio, es como asomarse a una pista aérea de carreras sin sentido. No obstante adentro suyo hay rostros, gentes de paso en un puente quimérico del espacio. Al bajar del avión no habrán sentido nada especial distinto a la movilidad low cost. Creo que la pérdida de la capacidad de asombro va tan deprisa como aquellos mismos reactores.

EN Frankfurt del Main. Dejé la mochila grande en una consigna de la Hbf a cuatro euros. Salir al encuentro de la ciudad a eso de las siete de la tarde. Comenzar la andadura al borde de un vendaval en el primer paso de peatones. Llovizna sorpresa por la kaiserstrasse por donde se llega fácilmente al epicentro de la movida financiera. Un megaeuro gigantesco rodeado por las sombras de los tardíos milagros germánicos. La solemnidad extravagante de sus grises, los rascacielos, el comercio a ultranza, los imperios del dinero. Y el río Main en su decurso atemporal. Y tras él, desde el primer momento, se cae en la cuenta de que podríamos estar perfectamente en algún lugar del sur de las islas. Estar en mi casa también.


Samir Delgado, Cuadernos de viaje (2014)

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Derivas (Informe universitario en diez movimientos y cuarenta minutos)

Fotografía "Derivas". Cortesía de Manuel B. Ganya (UCLM, 2014)
Si te sientes dispuesto a abandonar padre y madre, hermano y hermana, esposa, hijo y amigos, y a no volver a verlos nunca; si has pagado tus deudas, hecho testamento, puesto en orden todos tus asuntos y eres un hombre libre; si es así, estás listo para una caminata.

THOREAU


I

EL HORIZONTE es amplio, somos dos a la par. Hay puertas que se abren y se cierran. Otros cuerpos arrojados en el adentro de un edificio repleto de posibilidades. Nuestro silencio va sostenido por una vagancia errática. Encontramos a semejantes que también persiguen sus propias sombras.

II


EL AULA de pintura. Yo – nosotros estamos adentro. Olores permeables al color. Las cristaleras expanden su ocaso matinal. Nos detenemos frente a un cuadro.  Queremos mirar juntos. Es nuestro consentimiento temporal. Un abrigo para la vista, este hábitat nuestro y ahora.

III


UN CALLEJÓN sin salida. Surge la risa. Una expresión liberadora. Vamos casi al unísono, con ritmo pausado y contemplativo. Aparecen lejos las banderas institucionales, en su panorámica frontal. Media vuelta. Reconocemos el amplio arco de posibilidades. Caras reconocibles en el tránsito: los profesores, las chicas deseadas, los cartelones hiperrepetidos del acontecer de cada dia.


IV


LA INERCIA pactada. Proseguimos al encuentro de una resolución clarividente. Otros cuerpos corrigen su estar en el mundo, como el menudeo teatral básico de toda  supervivencia constante. Las paredes a este nivel parecen un decorado del arrepentimiento, una reproducción exquisita de lo que fue. Las obras de arte inconclusas parecen dar paz a nuestra compañía, suavizan lo hermético agonizante. Cruzamos más puertas, sobrevienen preguntas interrumpidas, como el azul del cielo guillotinado por una persiana árbitra inclemente.


V


UN ASCENSOR. La soledad compartida, su mecánica presupone una utilidad, un desenlace protagónico, un entronque vivencial que habilita proporciones inexactas de lo por venir. Llegada a la planta baja, Xavier Monsalvatje en peligro permanente, el elemento industrial como influencia en el proceso artístico, english Cambridge courses.


VI


LA CAFETERÍA, el avituallamiento real pragmático, los sonidos envolventes de lo antropológico teatral. Cafés en el bar, comidillas en la mesa del final, orange juices recién hechos para la aclimatación saludable. Las poses, los recodos, las miradas de un acuario terrestre consuetudinario. Nuestros estómagos sintientes, sabedores de una próxima beatitud.


VII


ROJO. Luz sobre lo rojo, los ladrillos delimitadores, nosotros en medio de todo. Mirar arriba, la representación simbólica como expectativa, jugar con los cuadrados de luz requiere un aprendizaje.Hay pasarelas que conforman el estatus quo, abajo se produce la concatenación de pasadizos, el deambuleo proceloso, los menesteres del conserje envuelto por vorágines de tramitación intempestiva. Ahora la felicidad es saberse al margen, convenir unas sombras que no delimiten una funcionalidad. De repente un río inesperado de colegiales, que aparecen a través de nosotros, también transitan lo nuevo deseado, con una densidad fugitiva. Chillan, resuellan, contornean sus cuerpos uniformados, los movimientos faciales del adolescente parecen tanto más originales y únicos.


VIII


LAS PUERTAS atraen el frío del exterior, soportan los cónclaves del invierno, son el preámbulo necesario de lo institucional público ocupado. Hay un perro juguetón, mordisqueante, que sale a nuestro encuentro. La nubosidad es irascible, vegetaciones soporíferas acomodan el rellano de luz total. Llegamos a la carretera, el tránsito viario fantasmático: los cuerpos que vagan y no se ven.


IX


UN ANCIANO con gorra verde. Nos alejamos, un coche detenido, las alcantarillas parecen un reducto explorativo. Las hojas secas en arreboles sinuosos por cada extremo del paseo. Nos sonreímos, al paso frenético llegamos a un parking sin salida, recurrimos al instante, lo manipulamos, para alcanzar un horizonte productivo al mirar, al propio estarse viendo. Hacemos saltitos-piruetas-regocijos exportados de una infantilidad asumible. Una escena de película, singing bajo la lluvia, de fondo se oyen voces deportivas, tumultos invisibles, el parque del recreo que metaboliza infinitas biografías.


X

LLEGADA al otro edificio, a los otros similares universos cotidianos del universitario in situ. Las chicas fuman, cruzamos otra vez una puertas, nos observa el vigilante: no buscamos nada, no queremos nada, venimos de la nada secuenciada, provocativa y disidente. Bebemos agua -él bebe agua-, calculamos el horario para el retorno. La prohibición del habla como procedimiento y como herramienta, como sostén del viaje, no impide una absoluta comunicación interna, para quienes somos dos, al unísono, al través, en este periplo en yuxtaposición, en dúo y al tándem. Este alimón contemplativo. 

DUSK-4735.
Toilettes. 
Gavilla de fabulas sin amor. 
Camilo José Cela in memoriam.    


Samir Delgado
(Texto experimental, junto al artista Manuel Beltrán, Facultad de Bellas Artes, UCLM, 2014)