domingo, 25 de noviembre de 2018

Un cuadro de Fayad Jamis (Diarios, cuaderno dos, 2018)

Pintura de Fayad Jamis (1957)

LA belleza es la experiencia de todas las experiencias. La clave está en que la belleza devuelve al sujeto la posibilidad de su condición plena, de todas las experiencias suyas reunidas en tanto que poder ver. Más allá de la fijación hacia la suculencia del objeto que contrae sobre sí la materialidad del mundo, la belleza incentiva en el que la desvela su experiencia de ser vivo existente. Multiplicidad del esplendor de la mirada: la experiencia de la experiencia de belleza siempre es una donación compartida. Vida vivida

EL poema puede hacer suyo el peso inconmensurable del mundo por la caída de las hojas en otoño. Lejos de la complacencia del refugio del yo blindado ante la barbarie cotidiana de la acumulación y el exterminio, ese instante ínfimo de las otras sombras del árbol extraviadas de su raíz bajo la lógica de la diseminación de la materia constituye un margen de maniobra ideal para la escritura: la mirada recobra para sí el ángulo partícipe. Estar vivo como pulsión esencial del mecanismo lírico.

LLEGAR a la ciudad en plena madrugada, la hora azul desde un parking anónimo jamás vista. Un aire límpido extremo, el agua de otro río cervantino que hechiza la mirada desde su caudal invisible. Calles de colores para el recuerdo de un destino futuro. Después de dos noches la noticia tardía de la muerte del artista Alejandro Santiago, su ausencia entre los ausentes.

ABRIR los ojos cada mañana para la sagrada recepción de lo real. La luz mínima que relame cada cosa desprovista del predominio del sentido convencional. Los segundos del ojo en la antesala del cuerpo dormido, las brevedades infinitas.

LA concatenación de revelaciones tras la búsqueda azarosa de poemas de Fayad Jamis, el Moro. El aniversario de su muerte en este otro año más que concluye. El poeta heredero de la estirpe árabe que hizo de la patria cubana su destino. Tras pasar una sola noche en la que fue su casa en Ciudad de México algo queda de su sombra y de aquellos mismos soles idos. Volver a sus cuadros como promesa de redención.  

HAY en el trance de la escritura una voz propia que solamente habita en aquel silencio. Encandila, suple, enerva. Volver hacia sí en la clemencia del blanco.

EN esta hora precisa la caravana de migrantes centroamericanos cruza este mismo cielo, su distancia cercana hace de la solidaridad la única fe de estar realmente vivos.

LA isla se lleva por dentro: a pesar del tercer año de exilio voluntario hay una decisión soberana que exime de cualquier derecho a la nostalgia. Entonces volver la vista atrás refleja un tiempo extraño que prosigue la misma edad de los volcanes: la actualidad del origen.

Samir Delgado, Diarios (2018)