lunes, 5 de febrero de 2018

Reseña del libro That's all Folks! (poemas animados) del autor colombiano Sergio Laignelet

Sergio Laignelet (Bogotá, 1969)


Con más de doscientas mil víctimas oficiales y millones de habitantes desplazados por un conflicto armado que ha superado medio siglo de violencia hasta alcanzar el actual proceso de paz, Colombia es más que un país en la historia fundamental para comprender América Latina en el nuevo siglo. El episodio colombiano del desastre y el colapso, con una tragedia a sus espaldas que parece salir del fondo del abismo mediante el desarme final y la pacificación democrática, constituye a día de hoy un lugar de paso obligado para la diplomacia internacional y el observatorio necesario sobre el respeto a los derechos humanos en todo el planeta. Colombia es mucho más que un territorio soberano, el país que vio nacer y morir al Premio Nobel que legó a la posteridad la magia de Macondo como uno de los mitos literarios más fecundos de la lengua española tiene en su haber el paso decisivo que en términos de Realpolitik demuestra la función de la cultura como ejemplo de patrimonio con alcance universal para todas las naciones.

Y como en todos los dramas humanitarios de la América Latina con las venas abiertas que Eduardo Galeano desentrañó en libro para la esperanza futura, Colombia también tiene diáspora, emigración forzada y una población de todos los lugares del país que habitan en el extranjero como ciudadanos de referencia en las estadísticas del mundo latino. Así sucedió siempre en el ámbito de la literatura y las artes, también los creadores padecen el rigor de la guerra en cada nación y hacen de su trayectoria vital un destino de la cultura. Muchos escritores colombianos viven a estas horas en lugares que van de oeste a este y del sur al norte, y precisamente retornan a Bogotá y Medellín de vez en cuando animando el ya de por sí fértil panorama de la literatura colombiana contemporánea.

Un caso excepcional de esta órbita colombiana de la literatura habitada por poetas del exilio es Sergio Laignelet (Bogotá, 1969), autor radicado en Madrid desde hace décadas y que con el paso del tiempo ha mostrado a través de sus varios libros una personalidad única, tan sorprendente como irrepetible. Su último título acaba de ver la luz en otoño de 2017, bajo el título That's all Folks! (poemas animados), de la editorial Lebas, un libro contundente que supone algo más que una reafirmación estética de su imaginario inspirado en los cuentos infantiles bajo una modalidad de escritura poética totalmente fuera de serie y ajena por completo a los derroteros de las tribunas de la moda literaria. Y es que Sergio Laignelet lo ha vuelto a hacer y retorna para goce de sus lectores con la recreación literaturizada de los cartoons más universales, un golpe de puños sobre la mesa de la tradición televisiva de los últimos cincuenta años que no deja títere con cabeza.

El libro en exquisita tapa negra, con un índice repleto de personajes de la talla de Bugs Bunny, el Demonio de Tasmania o la mismísima Betty Boop, acomete un repaso panorámico de transgresión total sin ningún remordimiento, libre de tabúes y de autocensuras, sobre todos los dibujos animados de teleserie que han migrado al patrimonio colectivo de la sociedad del espectáculo. That's all Folks! es una obra desbordante, plagada de guiños de ojo al lector y aldabonazos contra las compuertas de la Warner Bross estadounidense, una muestra ejemplar de humor irreverente y de compromiso ético a la par que hace de la poética laigneletiana una ofrenda literaria de última hora al parnaso del malditismo, sumándose con maestría consumada a otras firmas como las de Leopoldo María Panero, Anne Sexton o Ana María Matute que dedicaron en su día otros textos a los personajes inmortales del mundo infantil.

El más reciente libro de Laignelet no puede pasar desapercibido en ningún lugar, prosigue la estela de sus anteriores entregas, como Malas lenguas de 2005 y Cuentos sin hadas de 2010, aunque esta vez el autor colombiano ha roto la barrera del sonido con un registro poético culminado que marca la diferencia, con poemas de una exactitud milimétrica, portavoz de una transcreación en español de los cuentos, mitos y leyendas del imperio Disney que le hacen garante de la propiedad soberana de una voz desmitificadora de la industria de los sueños, absolutamente perversa, capaz de resignificar los espacios en sombra de los cartoons y devolver la vida a tantos iconos del entretenimiento bajo una nueva óptica transgresora, apabullante y francamente incontestable.

Cada poema es un epitafio, deja todo dicho, como la sorpresa del mago y el vértigo de la montaña rusa, sus textos rayan el límite de la moralidad, abundan el territorio prohibido, cómplices del arte de la taumaturgia y del travestismo carnavalesco, de la risotada juglaresca y las aguadas en tinta china del Goya más brutal. De hecho hay una cercanía filial entre la obra literaria del colombiano y autores de renombre en el panorama angloamericano actual como Jerome Rothenberg, cuyo libro 25 Caprichos after Goya de 2004, también hace suyo el eje temático de la escritura sobre y desde las imágenes del arte, interpretando desde dentro del cuadro de Goya la decadencia y el infortunio de la existencia, dando pie a otras lecturas imaginativas que amplifican el potencial experimental del lenguaje y el grado contestatario de la poesía a niveles comunicacionales pocas veces explorados, una poetología valiente que va más allá de la pose acomodaticia del nihilismo de salón literario y que puesta en práctica vale como terapia de choque frente al aislamiento de la pantalla generadora de subjetividades esquizofrénicas en la aldea global del capitalismo tardío.

Hoy Colombia atesora un crisol de referencias culturales que enriquecen en todas las disciplinas la diversidad, del conflicto armado a la paz, sus artistas y escritores muestran la necesidad de recuperar el sentido, de bucear nuevamente en la alegría de vivir y renovar la mirada hacia una infancia perdida que seguirá siendo en todas las épocas la verdadera patria del ser humano. Con la obra literaria de Sergio Laignelet se cumple un designio, el poeta colombiano hace de las suyas y los mundos del ayer y del mañana a través de los dibujos animados y los cuentos infantiles no volverán a ser los mismos jamás, es lo que tiene el poder transmutante y performativo de la poesía, como el chamán y el druida, el poeta inflama la llama del encantamiento y las realidades se confunden, la ironía y el sarcasmo destronan toda forma de dictadura, y del otro lado puede llegar la cura, el alivio pasajero o el definitivo trance que nos lleve de la mano a la sonrisa cómplice, entre tanto dolor y tantas injusticias, hacia lo inédito, lo inexplorado, lo inaudito.  

Samir Delgado, 2018
Analco, Ciudad de Durango, México