domingo, 1 de noviembre de 2026

Las constelaciones secretas de Lilia Carrillo en una galería de Nueva York

 


Todas las brújulas señalan al norte. El magnetismo del planeta hace que las agujas se muevan como un juguete excepcional para la imaginación. En este recién llegado noviembre, en la Sierra Madre Occidental se puede voltear la mirada hacia las cataratas que forma la lluvia, el agua sobre el verde sugiere paraísos de luz que sorprenden en un instante irrepetible.

Así sucede en muchos lugares de Durango que deben ser visitados, al menos una vez en la vida, como la Cascada del Salto del Agua Llovida o las Tres cascadas de Piaxtla que se recomiendan en los motores de búsqueda de Google. Sin embargo, ninguna imagen puede sustituir a la mirada directa que se hace huella deslumbrante en la memoria. La naturaleza obsequia sus mejores diamantes y una parte esencial de todas las culturas se nutre del tiempo y de los espacios como un verdadero imán. Hay muchos momentos que serán recordados, porque unas agujas marcaron el destino seguro hacia la realidad de aquellos territorios de felicidad alcanzada que representan lo más importante de años y décadas en la vida.

Ya entrado el otoño, en estas geografías del norte mexicano se pueden apreciar los atardeceres con una densidad excepcional. Los relumbres de sol a cierta hora inyectan su tinta ígnea a las nubes, los limbos de blancura y la quimera del celeste tienden hacia rojos carmín, no son pocas las fotografías anónimas que circulan en las redes sociales con cielos de Durango que cautivan y asombran por su belleza. Son las constelaciones secretas.

Sin duda, lo más parecido a estos espejismos se halla en la pintura del pasado y del presente. Y es que multitud de artistas han volcado sus colores en el lienzo para dialogar con la experiencia de quien mira, esa posibilidad del arte para mirar los colores de otras épocas y sueños. Por eso mismo, los cuadros hacen que la imagen multiplique sus efectos, como unos eclipses de antaño que vuelven a la actualidad. Es una riqueza tremenda, la del patrimonio visual que no conoce fronteras, como las aguas gélidas del Polo norte, cuyos paisajes pueden imaginarse o ser leídos en las bibliotecas. Un lugar con libros es un oasis de cultura que conserva un espacio libre para el conocimiento, a menos que se cierren por la incompetencia de los gobiernos municipales que miden con calculadoras el futuro de la gente.

En el umbral del calendario que señala el Día de Muertos, se puede disfrutar de la oscuridad de la noche con un sentido de la trascendencia terrenal que lleva a imaginar espectros y leyendas del más allá. La infancia es un divino tesoro y se nutre de la curiosidad en todas las generaciones. Justamente, ese poder para incentivar la magia de las miradas es intemporal, no puede erradicarse con recortes a museos y bibliotecas, ya que todo el mundo debería ejercer la libertad de soñar. Los píxeles no pueden sustituir a los verdaderos colores que confeccionan las obras de arte, ya que están hechas por seres humanos, así como tampoco la Inteligencia Artificial tendrá jamás la facultad de hacer literatura. Las novelas que han ganado premios y se sospecha de ellas tras ser escritas por IA ponen de manifiesto que la verdadera potestad está en los lectores, no se puede engañar a la creatividad.

En tiempos de crisis, la cultura afrontó situaciones complejas y encontró los caminos, como las brújulas que señalan al norte. En el arte mexicano, una mujer como Lilia Carrillo asumió la decisión de pintar por ella misma y fabricar cartografías interiores, capaces de irradiar luz y sombra desde la materia plástica. Hay pinturas suyas inspiradas en la llamada Zona del Silencio, una geografía a la que pertenece Durango, con sus paisajes desérticos, boscosos y de sierra. Es un mundo pictórico que en el Museo de Arte Abstracto de Zacatecas se puede disfrutar, a pesar de la distancia y de carreteras inseguras que no garantizan la libertad de viajar y de vivir. En este norte mexicano, se comparte una tradición de arte contemporáneo que en pocas regiones del planeta atesora un caudal tan benefactor de colores y formas. Si se quiere un progreso real en el desarrollo de la vida colectiva, renovar museos y bibliotecas es la mejor receta para revivificar los imaginarios y el potencial de la creatividad. Los jóvenes duranguenses se merecen un futuro con posibilidades para expandir sus virtudes desde el cine, el diseño, la plástica y la escultura, las letras y la cultura de vanguardia.

Una exposición titulada “Mañana de octubre” de la artista mexicana Lilia Carrillo será inaugurada dentro de unas semanas en una galería de Nueva York. La vigencia del arte pone de manifiesto que seguirán pasando los siglos y siempre las imágenes compartidas dotarán a la sociedad del derecho a imaginar. Muchas pinturas suyas son magnéticas, recrean acantilados o claros de bosque, estrellas antiguas y mares sin nombre, ojos de cíclopes mitológicos o animales de eras remotas. Su papá fue aviador y apenas pudo contar con él desde su infancia, la mamá de Lilia Carrillo llegó a ser impulsora de una de las tertulias culturales más concurridas en la Ciudad de México del mediosiglo pasado. Mirar sus cuadros se parece a observar el epicentro de una hoguera o el filo intangible de una nube, la maravilla de pintar se hizo su oficio y un accidente al caer del andamio perjudicó gravemente la salud de la artista. Fue otra Frida del arte, compartió el designio de la creación junto a Manuel Felguérez y su pintura nos recuerda que en todo lo minúsculo hay formas eternas que desvelan la magia y la complejidad de la existencia. 

Cada 2 de noviembre, en algún lugar de otros nortes, las velas del cumpleaños de Lilia Carrillo seguirán alumbrando a sus constelaciones secretas, así es como se titula un catálogo de sus mejores cuadros que se encuentra perdido en una biblioteca duranguense. Llegar a ver las cataratas y tocar el firmamento será posible para los ojos que miren a través de la abstracción lírica de la artista. Como ella, muchos nuevos valores del pincel prosiguen la senda de la creatividad y nadie podrá borrar ese don, los libros y las pinturas son como el agua de la vida.