viernes, 10 de noviembre de 2017

Poema "Exhumación de Lorca" Traducido al esloveno por Barbara Pogačnik

"Portrait of Federico García Lorca", de Alice Wellinger
EXHUMACIÓN

Folio primero. Por orden del juzgado de instrucción de Granada
el taladro geomántico inicia la perforación sobre el lugar del crimen.
La primera veta descubre piedras magulladas por el dolor del tiempo.
Aparecen en la superficie ramilletes de jacintos y luciérnagas muertas.
El martilleo incesante extrae algunos libros de la Columbia University
y los primeros trozos dispersos de la Barraca. Hay crines de caballos.
Corazones de manzana. Una sombra de chopo y cuerdas rotas de guitarra.
Pero ni rastro de las huellas del duende gitano. Ian Gibson tenía razón.
No había luna en la noche que mataron al poeta Federico García Lorca.
             

                                                               Samir Delgado, Banana Split, 2010



IZKOP LORCOVEGA TRUPLA

PRVI LIST. Po odredbi prizivnega sodišča v Granadi geomantični sveder prične z vrtanjem nad krajem zločina. Prva plast zemlje razkrije zdrobljeno kamenje; zmečkanina od bolečine časa. Na površini se pojavijo šopki hiacint in mrtva kresnica.  Nenehno razbijanje s kladivom spravi na dan nekaj knjig iz Columbia University in prve raztresene odlomke Barake. Tu je griva konjev. Jabolčni ogrizki. Tu je senca jelše in zarjavele strune kitare. Vendar nobene sledi, odtisa, ki bi ga pustila prikazen cigana. Ian Gibson je imel prav. V noči, ko so ubili pesnika  Federica Garcío Lorco, ni bilo mesečine.

                                               Traducción al esloveno cortesía de Barbara Pogačnik


Barbara Pogačnik nació en Eslovenia en 1973. Es poeta, traductora y crítico literario, se graduó en lingüística románica y literatura de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y completó su maestría en la Sorbona de París. Ha publicado cuatro libros de poemas: Poplave (Inundaciones, 2007), nominado al Primer Premio al Mejor Libro; V množici izgubljeni papir (Hojas de papel perdidas entre la multitud, 2008), un libro bilingüe Modrina Hise / El azul de la casa (2013) y Alica plaščev v deželi (Alicia en el país de los abrigos, 2016), dos de ellos por la mayor editorial eslovena. Sus poemas seleccionados aparecieron en Rumania en traducción de la poeta Linda Maria Baros (Funia Luni Iunie, 2016), y se han incluido en antologías en diferentes idiomas.

Su poesía en traducción ha aparecido en 26 idiomas, ha participado en más de 40 diferentes manifestaciones literarias en cerca de 20 países diferentes, y ha sido escritora en residencia en varios programas internacionales. Sus poemas también se han musicalizado. Pertenece a varios jurados literarios, a la Asociación de Escritores de Eslovenia y al PEN de Eslovenia y organizó el festival internacional “Poetas traduciendo poetas” Sinji krog / El círculo celeste (2007-2010). Desde 2001 pertenece al consejo editorial de una importante revista literaria eslovena, Literatura, y ha sido editora de la publicación Litterae slovenicae, editada por la Asociación Eslovena de Escritores. Más de 150 autores han aparecido en sus traducciones, de los cuales alrededor de 100 autores diferentes del francés al esloveno, entre los que se encuentran los principales intelectuales y poetas franceses.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Poema "Canary wine" (Antología “Voces del vino”, Nueva York)

Juan Ismael, El caballo de Archimboldo (1972)


Canary wine

ahora tan lejos de la isla
de aquel volcán guanche
patria feliz de la infancia

y todavía preguntan por vino canario

el mismo que inmortalizó shakespeare
por boca de su majestad enrique IV

a marvellous searching wine
and it perfumes the blood
what´s this? How do you now?

tan lejos de la isla
de aquel volcán guanche

y todavía preguntan por vino canario:   

savia púrpura,
caldo transoceánico,
libación suprema de la esencia
de las islas del centro del mundo

a esta hora de otro verano más
con diez millones de turistas ingleses

repetidamente volando al paraíso perdido



Samir Delgado, incluido en la antología “Voces del vino”

(Nueva York, edición de María Palitachi, Books & Smith, 2017)

lunes, 30 de octubre de 2017

La botella de vino (Sobre un cuadro de Joan Miró, Antología “Voces del vino”, Nueva York)

Joan Miró, L´ampolla de vi (1924)
en realidad
la botella de vino
de joan miró

no es un cuadro
con una botella de vino
pintada por joan miró

l´ampolla de vi
óleo sobre tela
(París, 1924)

és realment Joan Miró
en el seu estudi

i la nit d'aquest somni
d'un quadre


Samir Delgado, incluido en la antología “Voces del vino”
(Nueva York, edición de María Palitachi, Books & Smith, 2017)

viernes, 20 de octubre de 2017

"Dragón" (Poema sobre un cuadro de Pierre Alechinsky)

"Central Park" (1965) del artista belga Pierre Alechinsky (1927)
I

UN romance telúrico con la isla desnuda. Carnalidad total.
Los pegotes rojos salpican la superficie límpida del cuadro.
Sueño líquido evanescente. Multiplicación del vértigo táctil.
Mañana pura. Repetición del instante hasta el colofón solar.

II

EN el cerebelo nunca desaparecen los estigmas cotidianos.
Allí habitan volcanes que explosionan su propia lava cósmica.
Como esa danza mortuoria del dragón en la vorágine neoyorkina
convertida por los siglos de los siglos en una postal turística. 


Samir Delgado, "Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros"



martes, 10 de octubre de 2017

Los cuadros de Ricardo Fernández, una interpelación al infinito


Ricardo Fernández, "Anunciación" (2004)

“Luminar” de Ricardo Fernández: revival de las imágenes posibles



                                                           

La imagen como un absoluto, la imagen que se sabe imagen, 
la imagen como la última de las historias posibles

Lezama Lima


 

                Los cuadros del artista mexicano Ricardo Fernández poseen el don de lo intemporal: van más allá de las coordenadas de fijación epocal al uso, trascienden el juego mecánico de las manecillas del reloj de pared, son imágenes provenientes de un absoluto relativo que instauran su anclaje imaginario en la propia cosmovisión del artista. Cada cuadro es una inversión de tiempo de vida- la duración, alén vital, de Henry Bergson- aplicado a la conformación de una obra artística, el corpus estético, la donación por excelencia de un sentido a las formas y a los colores, a los mundos propios que se han ido configurando -pincel en mano- durante décadas de trabajo permanente del artista en su atelier mexicano, un factor determinante que en el panorama internacional del arte hoy solamente es constatable cuando existe una mirada propia, un estilo y un aura, esa atmósfera distintiva que revela la pertenencia y la autoría de una pieza.    

Y es que ante la serie de obras que componen su reciente exposición “Luminar” (Museo Joaquín Arcadio Pagaza, Valle de Bravo, Ciudad de México, 2017) nos encontramos frente a una feliz concatenación de imágenes, de motivos y técnicas, de sustratos acumulados de deleite morfológico que en el transcurso de la carrera artística de Ricardo Fernández han ido consolidándose como un singular universo personal, de retratos, instantes y atributos mitologizantes de la experiencia de la condición humana sobre el mundo, el marco de sus cuadros que se debaten entre la temporalidad de su horizonte visible y la eternidad. Solo el artista conoce el grado de inversión de tiempo que han supuesto la suma de los grafitos sobre papel, las xilografías y los óleos sobre lienzo en conjunción total en el través de su mirada: mixtura de la creación, interpenetración de vida y obra, onirismo esencial del estarse junto al caballete de los días y las horas.  

Hay en los cuadros de Ricardo Fernández una interpelación al infinito, un revival de imágenes posibles que siguiendo de cerca al poeta cubano Lezama Lima –adorador soberano de la irrupción de toda imagen sub especie aeterni entre el común de los mortales- nos designa la posibilidad de un tempo de relación con la obra contemplada capaz de traslucir una tensión existencial de enorme caudal sensitivo, el cuadro como eticidad fundamental de lo habido y por haber, una obra artística rica en potencial vislumbrador que sobrepasa el rigor académico, lo clásico y lo moderno, todo canon establecido, para adentrar a quien contempla el cuadro en esa extraña dimensión de aquello que perturba, asombra y conmueve, de lo angelical y demoníaco, de lo sacro a lo pagano, de la vida a la muerte.   

A fin de cuentas, los seres alados de Ricardo Fernández, mujeres ataviadas con vestimentas del medioevo, de la roma imperial o del amazonas, transgreden la óptica racionalizante del espectador, son apariciones súbitas de otros mundos y otras épocas que transmutan en el cuadro, se corporizan en el lienzo con un grado de nítida absolutez, reencarnación somera de lo vivo, de lo verdadero y de lo bello en el cuadro- a la altura de los ojos siempre- lugar por excelencia donde se constituyen las vidas, evocación de totalidades, fugacidad del aire.  

La atracción de la mirada hacia un cuadro puede desarrollarse en un breve lapsus de tiempo, apenas unos diez segundos de cronómetro estipulado como porcentaje de media del tiempo que será empleado por un espectador normal frente a una obra en una galería de arte o un museo contemporáneo. Más allá de la calidad pictórica, las modas al uso o el predicamento de un artista, los cuadros hablarán por sí mismos y el tiempo de entrega del que mira nunca alcanzará al tiempo dedicado por el artista, sin embargo puede suceder que los cuadros cambien la vida de ambos a la par y sean la vida misma en el cuadro, un suceso atribuido a la magia del arte desde tiempos inmemoriales y que solamente en pocos artistas es un hecho resultante, una promesa de transubstanciación, una experiencia real atribuible a una forma de pintar y de vivir la pintura, para dar vida a esas imágenes posibles que Ricardo Fernández eleva a la categoría de lo intemporal, pues como dijo Lezama “todo lo que el hombre testifica lo hace en cuanto imagen”.

Samir Delgado, 2017    

lunes, 25 de septiembre de 2017

Volcanic experience (Sobre un cuadro de César Manrique) 25 Aniversario

César Manrique, Tinecheide (1965)


En el 25 aniversario del fallecimiento del artista canario César Manrique (1992-2017)


PÁTINA burbujeante de lava.
Ocres primigenios. Espirales.
Solamente la persistencia dará frutos
a quienes corren las cortinas de la naturaleza.
Así la isla convierte su anatomía en un paisaje
bajo el lento proceso del revelado fotográfico.


Samir Delgado. Cosmovisión atlántica. La isla que habita en los cuadros

domingo, 10 de septiembre de 2017

Te recuerdo, Víctor Jara

Tumba del cantautor chileno universal, Victor Jara (1932-1973)

Hoy más que nunca, por no decir desde siempre a partir de aquel aciago mes de septiembre de 1973, la guitarra de Víctor Jara es una isla en medio del océano musical de la canción latinoamericana. Hoy más que nunca el timbre sonoro de su voz comprometida retumba en la memoria colectiva como un pedazo de luz herida por el tiempo, hoy más que nunca el nombre de Víctor Jara queremos corearlo entre palmas de rebeldía que desperecen los ímpetus de justicia y los deseos de libertad en todos los sures del planeta. 

Y es que Víctor Jara representa, junto a Salvador Allende y Pablo Neruda, la huella imborrable del Chile profundo que cautivó el imaginario de las vanguardias en un momento histórico de valor incalculable: de allí nacieron los retazos de la canción protesta y el trasiego de las guerrillas por toda América Latina. Y también la otra cara de la moneda con los golpes militares que multiplicaron la desesperanza popular por las alamedas de la historia.

Víctor Jara fue un hombre de acción volcado en su labor creativa con una densidad memorable, todo el repertorio musical de sus canciones alude a la raíz del acontecer diario en el Chile de los mineros que todavía evidencian el pundonor heroico de la clase trabajadora, cada una de sus canciones contiene un pulso frente al predominio oscuro del poder, los acordes de guitarra que acompañan el vaivén de los campesinos clamando por el derecho a la tierra y los indígenas mapuches que atraviesan los senderos pretéritos del país desde el principio de los tiempos.

Ya desde su faceta como director teatral y cultivador del folklore nacional, Víctor Jara prosiguió una línea ascendente en el panorama musical contemporáneo participando en el conjunto Cuncumen y el mítico grupo Quilapayún que llevará más allá de las fronteras de Santiago el sentir y el dolor de la voz de Violeta Parra.

Hoy más que nunca, te recuerdo Víctor Jara.



Samir Delgado, 2010-2017