jueves, 10 de mayo de 2018

H2O (Del libro "Cuando Venecia y el mar")

"Let it flow" Linnea Strid (2009)


H2O/
                                                                                          
Pronto podré escribir el mar

Anne-Marie Berglund

EL SER HUMANO está constituido por un alto porcentaje de agua. La vida misma requiere h2o para darse en el planeta. En condiciones adversas no es posible la supervivencia sin agua. Parece que la materia en estado líquido siendo la más inaprensible, queda a la vista como la sustancia fundamental: el arjé de Tales de Mileto. La isla en sí misma está rodeada de agua por todas partes, su propia definición incluye aquello que la delimita. Y a pesar de todo esto, todavía observamos el mar como un desconocido.




TRAJE DE BUZO/


LEONARDO Da Vinci ingenió los bocetos del primer traje de buzo para la armada veneciana que aspiraba a repeler un ataque otomano inminente. La idea del artista florentino era aprovechar la ventaja del mar sobre el enemigo. Aunque la poderosa flota turca fuera una amenaza imbatible bajo las condiciones clásicas del belicismo náutico, quiso la mente innovadora de Leonardo que un ejército de élite submarino llevara a pique los barcos enemigos mediante una estrategia fantástica para la época: andando bajo el agua los soldados avanzarían con escafandras de tela y tubos respiratorios con un mecanismo arcaico para la presión del mar. Nunca se llevó a término aquel invento hasta que una pareja, expertos contratados por la BBC británica, demostrara para un documental que Da Vinci fue un adelantado para su tiempo. Ellos fabricaron el traje de buzo inspirado en sus dibujos originales salvando las trampas de interpretación de sus escritos personales. Con este hecho los quinientos años que separan al artista de su invento en las aguas venecianas quedan reducidos a un chasquido de dedos. Para los fondos marinos no existe otro tiempo distinto al de sus profundidades.




AGUA DE LLUVIA/
                                                       
Una ola inmemorial que besa
                la desnudez expectante de la playa

Jorge Riechmann

DA VÉRTIGO tener la conciencia de que el grifo de agua podría no haber estado allí cada mañana. Las islas han sufrido en su periplo histórico unas sequías cíclicas que erosionaron a generaciones enteras. Todavía pueden escucharse leyendas de nuestros mayores sobre las carencias del agua, los pozos antiguos, pleitos de propiedad con los aguatenientes, como la novela canaria “Guad” de Alfonso Garcíarramos. A pesar de estar rodeados por el mar, como en todo el planeta, el agua es un bien escaso, esencial y vital para unas condiciones dignas. En muchos países las mujeres acuden a lo largo de kilómetros insufribles para conseguir el agua, en sus miradas el mar debe ser un auténtico milagro. Gentes de tierra adentro para quienes el baño purificador en el mar es algo extraño e impensable. Algo parecido ocurría en las islas cuando sus habitantes ingeniaban toda clase de embalses, acuíferos, sistemas de riego y almacenamiento del líquido esencial para los cultivos, el ganado y las familias. El mar quedaba lejos, era ingobernable, desmesurado y tan enigmático como agua de lluvia.


 SIRENAS/
                                           

Mil velas blancas sobre un mar siempre diverso
AGUSTÍN ESPINOSA

                                                                                                                                                                                                                                                                                     

LA TRASCENDENCIA de la mirada a la hora de darle sentido a las cosas. El estado de ánimo hace que el mar tenga un color especial, somos los observadores quienes dotamos de características al objeto de nuestra mirada. Siempre el mar es azul, pero lo tonos marinos ejercen una impresión distinta en quienes lo contemplan. La magia depende a fin de cuentas del paseante. Me acuerdo del Paseo de los Ingleses en Nice o del balcón donostierra frente al Monte Urgull. Allí la contemplación del mar azul cantábrico está persuadida para el encanto. De ahí la importancia fundamental de los estados de ánimo: el poeta mira al mar con una sed inaudita. Ver con los mismos ojos a la barquilla pesquera tradicional que al megacrucero turístico. [Quid de la cuestión]


BLUES UNIVERSAL/

Empieza en su aire a caminar el azul
LEZAMA LIMA
                                                                                                                                                                                                                                                                                             
ATLÁNTICO. Pacífico. Mediterráneo. Tantos nombres distintos para un mismo mar. Me pregunto por la historia universal de los océanos. Sus primeros comienzos de ebullición, cada una de las fases hídricas con que fueron haciéndose mar. Los ríos que allí desembocan y la relación simbólica entre ellos ¿Quién puso nombre a los mares del mundo? ¿Hacia dónde llevan sus corrientes profundas y con qué lugar del núcleo terrestre confluyen exactamente? Nada de esto se cuenta en los colegios. Así sucede que cualquier lugar del mundo es como una isla de espaldas al mar.


Extraído del libro “Cuando Venecia y el mar”, Léucade, 2014

martes, 1 de mayo de 2018

50 Aniversario: "Bajo los adoquines, la playa" Conferencia sobre Mayo del 68


Fotografía de archivo Mayo 1968

Conferencia impartida en la Sala Federico García Lorca de la Universidad de Granada en 2008, incluida en el libro “Una casa mal amueblada” (Baile del sol, 2010) 

Hoy más que nunca la pintada poética “Sous les pavés, la plage” resulta a todas luces un postulado de orden científico. Cuando en apenas unos cursos académicos ya estará consumada la Convergencia Europea cualquier intervención filosófica que haga suya la metodología de la sospecha para salirse a martillazos del imperante molde academicista nos dará algunas pruebas fehacientes de que todavía es posible el derecho universal a la utopía: “bajo el peso ministerial de los adoquines de Bolonia, aún permanece la naturaleza de las playas en Canarias”.

 Y es que ya han pasado muchas páginas en el libro abierto de nuestro tiempo de vida compartida, desde aquel mayo parisino cuando Sartre dijo para los anales filosóficos del movimiento estudiantil que la juventud amplió el “horizonte del campo de lo posible” mientras en las calles se detuvieron los campanarios para un nuevo calendario tras la ocupación del Odeón y los gendarmes avasallaban el Barrio Latino liberado fugazmente por aquella generación que internacionalizó la primavera, aunque ya advertía André Glucksmann que “la revolución de mayo sólo existía en los libros de estampas y que las barricadas, antes que una fortaleza militar eran los elementos de un test”. 

Para entonces, los telediarios emitieron imágenes de los universitarios de Berkeley que desfloraban sus gargantas contra la guerra imperialista de Vietnam, los “black panthers” rememoraban al atleta Jesse Owens sobre el podium olímpico con el puño del orgullo afroamericano todavía cautivo en la prisión de Mumia Abu Jamal y todo el mundo contemplaría con estupefacción el resultado de otro 1968 aciago entre ráfagas de ametralladora que multiplicaron la muerte en la Plaza de Tlatelolco.

Así fue que los teóricos de la izquierda conjeturaban nuevamente sobre el sujeto revolucionario preconizado por Marx que ya no residía en la abstracción metafísica de un proletariado con una conciencia de clase a punto de caramelo, ni tampoco en la vanguardia del partido que orientaba con despotismo ilustrado a la masa analfabeta, ahora los ejemplos de rebeldía estaban jalonados por el ímpetu guerrillero de Ernesto Che Guevara en su itinerario tricontinental y la figura legendaria de Lumumba para la emancipación de una África irredenta. Tan siquiera la CIA había previsto en los años dorados de su caza de brujas que iban a surgir sobre el puzzle mundial las llamas de liberación para la esperanza de los desposeídos, aunque fueran cortadas las manos del chileno Víctor Jara no cesarían de sonar las voces que reclamaban el protagonismo de su propia historia con los renovados aires del sur las playas del paraíso perdido renacían sobre los pesados adoquines de una civilización extraviada.

El movimiento estudiantil había destapado el tarro de las esencias liberadoras ante los dogmas revelados de cualquier escatología futura, la sentada del estudiante chino frente a los tanques del estado militarista que destilaba sangre en Tiananmen había culminado un debate que estuvo catapultado hasta el exilio estadounidense de Marcuse, que llamó la atención sobre un concepto de imaginación que servía como válvula de escape ante la racionalidad unidimensional y las represiones del sistema que administraba la felicidad entre las ofertas de un supermercado.

Precisamente, la imaginación arrebatada a la industria de Walt Disney fue un claro precedente de la espontaneidad que desafiaba al rancio pragmatismo de la socialdemocracia y los excesos mecanicistas del comunismo tachado a la antigua que fue incapaz de ver más allá de sus propias narices.

Y es que, para quienes conformamos la generación crecida frente al menú de televisiones privadas y bajo el amparo doctrinal de la Constitución de 1978, la historia oficial nos cuenta en clave mitológica que la transición democrática sobrevino gracias al providencial diagnóstico de una peritonitis.

En estos momentos inciertos con repetidos ciclos de desmovilización, la reclamada memoria histórica parece difuminarse como una ley con bajas aspiraciones de cumplimentar los libros de bachillerato, donde las huelgas obreras y la lucha clandestina librada desde las universidades son resumidas en el formato familiar de la pequeña pantalla con éxitos de audiencia. Desde luego que los defensores de los valores contestatarios del movimiento estudiantil con prematura edad dejamos de tener fe en los reyes magos, así que tal como se ha demostrado en cada época de sobresaltos en las aulas, nuestros derechos siempre fueron reivindicados con unas constantes históricas que dieron al conjunto de cada pronunciamiento estudiantil una morfología de interés transformador ya que la puesta en práctica de sus corolarios organizativos dieron hasta resultados matemáticos.

Véase pues que tras la guerra fría con la caída del muro de Berlín ha surgido un cambio de paradigmas constatado más allá de las enciclopedias que citan necrológicamente los procesos de descolonización, con el decline del estalinismo soviético y el triunfo del capitalismo multinacional se han abierto las vías de un novísimo proceso de resistencia global que de cara al mapamundi internacional incorpora las coordenadas clásicas de movimientos sociales junto a las experiencias enriquecidas de la participación juvenil con la “respuesta en redes” de actuación mundial contra la globalización neoliberal, todo un crisol de resistencias que sostienen a estas horas “Otro mundo posible” frente a las embajadas del Mcdonald: los menús de fast food son ofertados tanto sobre los adoquines como sobre las playas.

Ya dijo Brecht que no son buenos tiempos para la lírica, los yankis tienen sondas espaciales rumbo de Marte, ninguno de nosotros estuvo atrincherado con los partisanos, tampoco desfilamos en lucha con las brigadas antifascistas y las milicianas libertarias que dinamitaron el machismo de la propia revolución, no fuimos testigos de los preparativos para la insurgencia indígena de Chiapas y todavía estamos dando pasitos junto a las tortugas antiglobalización de Seattle, pero si nos concentramos en el cruce de un puente hacia el territorio ideal del imaginario juvenil, podríamos visualizar los ideales teóricos y las experiencias prácticas asumidas por el movimiento estudiantil en su particular desarrollo histórico desde el afamado Mayo del 68, aunque mucho antes de la efeméride preferida de nuestros progenitores tenemos constancia de que las reformas educativas de Córdoba (Argentina) en 1918 ya supusieron con otros episodios de resonancia mundial una influencia externa que tuvo influjo en la decrépita educación de la España de “charanga y panderetas” eternizada por Machado.

Durante el transcurso de las modernizaciones en el tablero de ajedrez del siglo XX, el movimiento estudiantil se ha perfilado como una fuerza de signo democrático que notició Julio Cortázar con la metáfora de un “puñado de pájaros que desafiaban a los dragones escolásticos”, sobresaliendo con personalidad propia en los capítulos más determinantes de muchas naciones, donde la puesta en escena de cada proclama reivindicativa coreada con entusiasmo por la juventud ha surgido como el efecto de las coyunturas sociopolíticas de cada país, no siendo pocos los ejemplos históricos de un derrocamiento de gobiernos totalitarios por la desestabilización llevada a la calle desde las aulas. Así de esta forma, la articulación social en las universidades de la travesía estudiantil ha tenido un decurso heterogéneo y discontinuo, marcado por los factores de la renovación generacional y la diseminación territorial de cada espacio geográfico, pero ante las barreras formales que debilitaron su proyección real en cada sociedad, siempre la resurrección se dio mediante el detonante natural de un malestar ante los dogmas de autoridad que han irradiado secularmente una forma de combustión para la atmósfera de los centros educativos que incorporaban una población juvenil cualificada según las estadísticas puestas de moda por la sociología.

Casi por las reglas lógicas, los estudiantes han estado fuera de la esfera productiva de manera virtual, pero aglutinando la potencialidad crítica de su discurso frente a los problemas generales fue capaz de realizar una inversión del tiempo lineal académico en un tiempo horizontal donde las orillas de las playas ensanchan las posibilidades del presente y los pétreos adoquines sólo indican un sentido unilateral del futuro.

Y es que a la pregunta de ¿Qué es el movimiento estudiantil?, interrogante por lo demás típicamente infantil, daríamos por respuesta evidente la famosa frase griega de que “el movimiento se demuestra andando”: ¿quién no ha experimentado la participación vertiginosa en una huelga?,¿cuántos de nosotros no hemos sentido la impotencia de no poder decidir acerca de nuestro futuro?. La génesis del movimiento estudiantil radica en todo momento donde queda roto el curso ordinario del calendario y por la unidad consciente de su fuerza centrífuga son concretadas las posibilidades de una intervención sobre la realidad que es percibida como una totalidad a partir del cuestionamiento del poder establecido la prensa, el ejército, la banca, la religión y el Estado se convierten en la diana simbólica de los adoquines, mientras que la libertad de expresión y el derecho de educación inauguran el horizonte real de las playas.

El inventario de pancartas del movimiento estudiantil hace que el sistema quede al descubierto con sus contradicciones antes bien maquilladas por nuestra adaptación de colegiales, la toma de conciencia política ya está en marcha con el comienzo de cada asamblea, la organización de la protesta establece como parrilla de salida el intercambio de la comunicación y la participación en las movilizaciones ya se torna como una experiencia comunitaria que dará pie a nuevas fórmulas de socialización antes desconocidas por las leyes selváticas que sostienen el stablishment.

Entonces, la capacidad de invención que ha sido llevada hasta unos extremos insospechados como demuestran las experiencias de la UNAM (México, 2000) facilitará la multiplicación de vivencias compartidas con la realización de acciones reivindicativas que desatarán los nudos del horario lectivo para ofrecernos una inmersión distinta en la ciudad descubierta ahora en carne viva por los pitos que pulverizarán instantáneamente las barreras impuestas para la ilusión engañosa que distancia los pupitres de estudio y los puestos de trabajo y abran bien los ojos porque esto es el movimiento estudiantil: de nuevo la utopía fértil de las playas renace bajo el imperio artificial de los adoquines.

¿Alguien se ha quedado atrás? La juventud no tiene fechas de caducidad, todos nos haremos viejos por la lógica biológica que opera como un rodillo, pero a nadie le resultará imposible desvelarse otra vez ante el perfume creativo de las manualidades y ponerse en guardia con los nervios rotos por la memorización de las tablas de multiplicación, por ello nadie será incapaz de retomar la tensión dialéctica de las asambleas y arrojarse en los prolegómenos agitadores de una manifestación  para que nuestras intervenciones filosóficas no se consuelen con los castillos de arena fabricados en las playas y no se acomoden a la seguridad civilizada de los adoquines.

Con todo lo sugerido, retroceder con un poco de remembranza literaria de la mano de Marcel Proust a la temprana inocencia gracias al sabor de una merienda en el recreo y redescubrir el mundo liberados de la costumbre con tuercas que nos ha servido para insensibilizarnos a la barbarie diaria de las guerras, nos pondría en la disposición de una apertura comprensiva para neutralizar por momentos, tal como nos avisa Raul Vaneigem,  aquellos “esquemas rígidos que la escuela impuso en nuestra manera de ver el mundo con su reglamentación carcelaria de la vida".

¿Se acuerdan de los dictados en lengua española como anticipo de nuestros futuros exámenes tras las clases magistrales en la universidad?

Tal vez no haya mejor remedio para los males de nuestra juventud que redoblar los tambores de protesta frente a las causas negativas que deshumanizan la sociedad como un grotesco espectáculo ya descrito por Guy Debord, donde las relaciones entre personas están mediatizadas violentamente por imágenes comerciales que colonizan la vida cotidiana convertida en una sombra chinesca de sí misma: sobre los adoquines de la ciudad todo es transformado en piedra y las playas aparecen reducidas a la propaganda turística.   

Volviendo a poner en tela de juicio el uso del tiempo que es impuesto a través de la división de las asignaturas en el horario de cada curso y el adoctrinamiento formativo con la especialización del saber y la producción repetitiva del conocimiento bajo los dogmas del examen, podríamos desenmascarar las artimañas con que los organismos del Estado diseñan el sistema educativo bajo legalidades consuetudinarias, aparentemente inofensivas por los preceptos del bien común y el interés general que tanta tinta derramaron desde los best-sellers de Hobbes y Rousseau, pero de una manipuladora ingeniería fabril ya que cada estudiante nombrado por sus apellidos en la lista de clase queda signado como un recipiente de alma y cuerpo, supuestamente libre y autónomo cuando alcance la mayoría de edad ilustrada esbozada por Kant.

 A estas alturas, sabemos que no hemos venido de París en cigüeñas, asaltemos todas las bibliotecas para desempolvar los avances filosóficos pues si es posible aún descifrarlos como un progreso nos servirían para denunciar los idealismos que ocultan el hecho de que toda persona humana está construida socialmente y su mundo de vida está sujeto a las tenazas ideológicas de todo sistema que reproduce hasta el infinito las verdades encostradas que repudiaron a Nietzsche en su embate contra la moral, al igual que desde la semiótica social de Bajtin hasta las novedades de la teoría queer: los adoquines sobre el terrero de la lucha de clases son el propio lenguaje y la transgresión de las convenciones de género es posible en la desnudez de las playas. 

Estas apreciaciones críticas que de nuevo quieren cambiar la vida como los viejas consignas del surrealismo ponen también en evidencia otro de los malestares tradicionales del movimiento estudiantil, a saber: la sujeción pasiva a las directrices del profesorado, los lastres pedagógicos de las cátedras vitalicias y el ejército de funcionarios por oposición que amparados en la figura autoritaria del docente multiplican los estigmas de todo evangelio, con salvadas excepciones de sectores sindicales que defienden la educación pública desde los postulados de la izquierda, aunque esta es otra historia de edades más allá de los adoquines y de las playas. 

Si preguntásemos a nuestros abuelos sobre las escuelas del pasado y observamos alrededor nuestra con el detectivesco soporte de unos rayos ultrarrojos, veremos como los crucifijos del catolicismo franquista que tanto daño ejecutaron con su moralina vencedora en la mentalidad de generaciones precedentes, aún persisten en unas aulas informatizadas que mantienen el velo supersticioso ante la oscuridad de lo pasado y el reino mediocre de lo consumible sobre los adoquines se levanta la historia de los vencedores y bajo las playas se oculta la historia de los vencidos.

 El movimiento estudiantil ya hemos insinuado que parte de unas condiciones peculiares en los entornos de la educación, enfrentándose en su desenvolvimiento a etapas cronológicas de auges y declives, desde los pasillos de los institutos públicos hasta las facultades universitarias su aparición está muchas veces provocada como un pulso generacional ante los atropellos de nuestros derechos colectivos por el modelo de enseñanza, tal como se refleja en las diferentes épocas de movilización frente a reformas gubernamentales ejemplificadas en la sopa de letras (LAU, LRU, LOGSE, LOU, LOE) y otras veces su impulso particular queda proyectado hacia las sinrazones globales que a lo largo de las décadas han conformado nuestros más encarnizados obstáculos: los Numerus Clausus y la Selectividad como unas barreras impuestas al derecho universal de la educación, las clásicas carencias de representatividad en los órganos de gobierno, los recortes en los presupuestos públicos y de inversión para las infraestructuras educativas, la subida de tasas académicas que encarecen la enseñanza superior y la privatización de la educación entre las garras sin escrúpulos de lobbys económicos y empresas multinacionales, toda una serie de problemas estructurales que han sido interiorizados en el seno histórico del movimiento estudiantil como unas cuestiones de base programática para los sectores más politizados del estudiantado en general desde ahora los adoquines son una eficaz arma ofensiva y las playas un desértico espacio de mutismo.

Volviendo la vista atrás, podemos también hacer transparente con nuestro zambullido por la historia convulsa de las últimas décadas, el propio modus operandi del movimiento estudiantil donde se pueden evidenciar las complejas fricciones da la actividad política, con la reivindicación de la transparencia democrática en la toma de decisiones frente al oscuro estatismo jerárquico de los esquemas delegados de representatividad que arrastran desde muy lejos la esclerosis múltiple de la democracia burguesa.

Al igual que en las moquetas de las instituciones públicas, se han vivido las nocivas transformaciones provocadas por la estetización banal de toda política, con unos parámetros democráticos rebajados a los escuetos parangones de las urnas, con unos altos índices de abstención que evidencian en general el grado profundo de apatía en la mayoría silenciosa del alumnado universitario y el contraste llamativo de unos cuadros minoritarios que de forma camaleónica aspiran a controlar focos de movilidad para la autopromoción personal electoralista en carreras políticas de partidos hegemónicos, además de la variante revolucionaria de las minorías concienciadas que desenvuelven sus estrategias de captación con ideologías críticas y alternativas, desde la pluralidad de la izquierda con las demandas de justicia social y solidaridad internacional hasta los nacionalismos diferenciales que reclaman justamente la pervivencia de sus lenguas y el derecho de autodeterminación como una forma de soberanía democrática donde cada pueblo decide libremente su destino. 

Para los devotos de las frías estadísticas y los demás estudiosos de lo social, otra de las facetas más relevantes del movimiento estudiantil son los registros simbólicos que a nivel epistemológico brindan un rico caudal de fenómenos históricos que tomados como objeto de estudio ofrecen referencias antropológicas de interesantes contenidos sociopolíticos, y que descifrados sin necesidad de bisturís darán una serie de pistas interpretativas sobre el cruce de intereses de clase en cada realidad social.

Por la naturaleza epidérmica de su propio funcionamiento, el movimiento estudiantil aparece en la escena de la historia contemporánea como una expresión más de los nuevos movimientos sociales  que estaban superando las tesis tradicionales de la izquierda y enriqueciendo la radiografía de la sociedad post industrial, pues con el paso del tiempo contabilizado digitalmente por nuevas tecnologías, la participación juvenil  a pesar de las dificultades añadidas sobre las identidades generacionales, ha seguido forjando la historiografía moderna, sea por las desapariciones en dictaduras latinoamericanas, sea empuñando las armas en la guerras fraticidas de África, ya sea propiciando la sublevación popular en los conflictos de Oriente Medio y Asia.

Esta prolongación del movimiento estudiantil se vislumbra históricamente en el auge de la insumisión contra los ejércitos profesionales y el pacifismo frente a la carrera armamentística y las guerras culminadas en Irak, los movimientos feministas que cuestionan los lastres del hetero-patriarcado dominante y las desigualdades de género que resultan inherentes a las estructuras sociales del poder, así como los tipos de ecologismo que sensibilizan cada vez más a la ciudadanía sobre el deterioro de la calidad de vida por el desarrollismo industrial y los atentados sobre el medio ambiente a gran escala.

Toda una serie de discursos emergentes que se introdujeron en la permeabilidad del movimiento estudiantil con sus particulares estelas ideológicas, generándose un espacio de retroalimentación que en el futuro daría con el actual movimiento antiglobalización, que ya de por sí tenía sus semillas en el dinamismo crítico que amplificaba directamente cada denuncia estudiantil hacia todas las injusticias sociales en el orbe internacional.

Además de estos datos aproximativos, la incorporación masiva de alumnado a las universidades con el proceso de democratización facilitó que la ubicación en la sociedad de la universidad pública fuese un referente de compromiso con el progreso, sirviendo así de baluarte simbólico para la sintonización solidaria con las demás causas de lucha localizadas en el seno de una sociedad. Aunque también hay que decir lejos de todo romanticismo, que en los tiempos presentes la elitización de la educación superior está modificando genéticamente el estatus de la universidad convertida en una verdadera empresa que administra la formación del capital humano y reproduce en sus pieles el librecambismo más agresivo para menoscabo de nuestra anhelada autonomía universitaria.

Desde luego que no hace falta poner sobre la mesa las cuantiosas pruebas sobre las atrocidades cometidas hacia la vulnerabilidad del estudiantado, que hasta día de hoy suele criminalizarse por complejas estrategias de linchamiento, pero sí podemos extrapolar el fuerte sentido de solidaridad que hace que en las pizarras de todo el mundo fueran garabateadas las protestas de toda latitud para una internacionalización del movimiento estudiantil que hace de la juventud un ideal para la rebeldía.

En esta cuenta atrás para el Plan Bolonia, el movimiento estudiantil está siendo afectado por el fenómeno competitivo de las orlas y la perpetuación de la mimosería de las guarderías hasta edades avanzadas, algo que está generando unas crisis cíclicas de conciencia estudiantil, cada vez más debilitada en su conformación social de clase debido al influjo uniformador de los mass media que estandarizan unos patrones de conducta individualistas, dirigidos con total salvajismo mediático a la manipulación de las necesidades y la recreación de unos roles de comportamiento basados en las teleseries juveniles de sonrisa enlatada y el fanatismo insuflado por el divismo de las estrellas musicales alejadas de toda contracultura.

Y es que la máquina uniformadora  no se detuvo siquiera frente a los emblemas de la “flower power” en el mítico festival hippie de Woddstock y tampoco ante la resistencia beat y underground de la poesía en la calle, pues sus tentáculos siguen volcando sobre la juventud una peligrosa sugestión masiva a base de tecnología punta que desmonta peligrosamente los engranajes más simples del asociacionismo- desde los boyscouts hasta las Ong´s-, creando una maraña generalizada de extrañamiento que se manifiesta en una subjetividad desarraigada de su comunidad y abstraída de la realidad social por una conciencia hiperaturdida con brotes permanentes de consumo compulsivo que reflejarían las delicias esquizoides para los diagnósticos filosóficos del dúo Deleuze / Guattari: el fenómeno global de los videojuegos, los coches tuneados que prolongan la hibridación del yo y el consumo de productos lácteos para el sistema inmunológico son un ejemplo diario de la metafísica de las costumbres universalizada por la mano negra del neoliberalismo que parece controlar totalmente a unas generaciones en tierno proceso de socialización que delatan su mortandad entre las superficies comerciales.

Las figuras emblemáticas de esta cosificación generalizada de la juventud contemporánea, amaniatada por la robotización de la vida y el tétrico espectáculo de una supervivencia global escenificada por el arribo de jóvenes africanos en pateras, serían estas tipologías para un catálogo aún inédito del movimiento estudiantil:  

 “Aprendices de brujo” maravillados por las excelencias mágicas de la ciencia y los trucos tecnológicos reproducen el ascetismo que justifica la superioridad del patrón, deseando por mimesis anuladora ser ellos mismos los brujos del futuro.

“Monaguillos” instruidos para deplorar las pasiones liberadoras de la vida, representan la amargura de la escolástica basada en la eficacia y el rendimiento a ultranza, encuentran refugio entre los inciensos adormecedores de la trascendencia.

“Becarios” competitivos que pululan satisfechos por el abastecimiento del bienestar y el régimen acomodaticio que financia los éxitos personales y premia el tipificado esfuerzo individual, levantando barreras normativas que imposibilitan la conformación de lo colectivo y el surgimiento de lo distinto. 

“Pioneros” movidos por la rebeldía de los ideales y el ánimo transformador de la realidad, encuentran su error en el ciego maniqueísmo de las utopías y las trampas burocráticas de la repetición.

Una vez consumada la primera década del nuevo siglo con decepción para los pregoneros del “final de la historia” como Fukuyama y la expectación ministerial que decreta militarmente un tipo de universidad europea preparada ante una invasión extraterrestre, los planes de estudios oficiales están cocinando lentamente en la juventud mejor formada de todos los tiempos una permanente alucinación sobre los destellos refulgentes del futuro, inoculando entre los resortes de la producción intelectual un modelo de sujeto ideal fracasado aún por muchas dosis de competencia universal recetadas para la diplomacia internacional por el monólogo de Habermas.

Las facultades de filosofía están percibiendo con asientos de primera clase la debacle sistemática de la modernidad, disparatada con los sueños de una razón que reproduce los ecos de sus ronquidos entre las paredes de unos campus similares a las maquetas arquitectónicas de búnkeres nucleares, donde la dispersión epistemológica entre las disciplinas alimenta cada vez más las nóminas de una casta sacerdotal injertada del Antiguo Egipto hasta las poltronas universitarias que con marketing científico perpetúan la mentira entre la estratificada pirámide de la educación superior.

 Alcanzando el final de nuestra travesía, mientras Emilio Lledó contempla por el escaparate de alguna cafetería el paso acelerado de la ciudadanía desmemoriada por los cuentos de palacios, no se equivocan quienes aventuran como el primer indicio del movimiento estudiantil aquellos episodios de protesta sucedidos en 1956 tras el funeral del filósofo español Ortega y Gasset, y es que una vez retomados desde cero los combates contra la dictadura que lapidó en fosas anónimas al duende de Federico García Lorca, ahora el reflujo sistemático de todas las organizaciones estudiantiles vistas en el conjunto total de su literatura devenida en testimonio de lucha ponen de manifiesto que España no es más que una invención administrativa y militar que hunde  su etérea constitucionalidad en el sueño impertérrito de los reyes católicos en Granada.

El movimiento estudiantil, en definitiva, seguirá atesorando la virtud de saber lo que no quiere, como siempre el presente será de lucha y hablar de los estudiantes siempre es tratar el futuro, por ello respondamos al olvido del pasado que Daniel Cohn Bendit publica con disculpas por su radicalidad, aunque todavía arenga con megafonía a las masas, pero esta vez con chaquetas de eurodiputado verde y al son de un Himno de la alegría que ameniza los desfiles macabros de la OTAN.

¡Ahora digamos nosotros en alto con renovado ímpetu que los estudiantes seguimos teniendo la última palabra y continuamos la lucha de cada manifestación demostrando el presagio real de que “¡bajo los adoquines seguirán estando las playas!”.

Samir Delgado, 2008

martes, 10 de abril de 2018

El cuaderno de Lanzarote de Fernando Zóbel

Edición facsimil "Cuaderno de Lanzarote" Fernando Zóbel, Fundación Juan March


En la ruta de los volcanes: acuarela, tinta y lápiz sobre papel, año de 1976, un paisaje de malpaís con anotaciones sobre la diversidad cromática de la isla y fotografías en casa de César Manrique dan cuenta para la posteridad del paso por Lanzarote del artista filipino Fernando Zóbel, alma máter de la fundación del museo de arte abstracto español, fallecido en el verano romano de 1984. De su particular y desconocida odisea por Timanfaya se da constancia en uno más de los bellos cuadernos de apuntes que atesoró durante toda su vida, el número ochenta y cinco, inédito hasta la fecha, muy a pesar de la lámina que ha sido reproducida ocasionalmente en versión facsímil y con edición limitada, a cargo de la Fundación Juan March el pasado año, especialmente con motivo del medio siglo del museo de Cuenca, aquel espacio aglutinador de buena parte de la generación abstracta española en los años decisivos de eclosión cultural a una década de la transición, y que comparte junto con la colección internacional del Museo Eduardo Westerdahl la custodia de las primeras experiencias de museos contemporáneos en el Estado español.

En una más de las miles de páginas que el filipino legó tras su desaparición física, el artista nacido en Manila en 1924, forjado entre la universidad de Harvard y los viajes alrededor del mundo que le otorgaron el estatus de exponente singular del propio arte del coleccionismo a nivel internacional, ofrece una mirada de atracción plena y curiosidad analítica hacia los contornos geológicos de la isla, con incisivas anotaciones sobre los peligros del turismo de masas y un ambiente artístico que durante aquellos años convulsos había hecho de las islas un polo de referencia radiante y de renovación creativa en plena ebullición, gracias a la obra en auge de Manrique, los nuevos baluartes del arte canario y la reciente pérdida de Manuel Millares, el artista total de las arpilleras y los homúnculos, cuyo sepelio años antes en Madrid el propio Fernando Zóbel recuerda expresamente durante su viaje a Canarias.

Y es que ese cuaderno de apuntes de Zóbel es uno más del patrimonio inigualable del acontecer vital que registra su periplo artístico innovador, a caballo entre la plasmación de una síntesis de abstracción ecolírica y un método de riguroso apasionamiento por el color que le llevó a sustituir el uso directo del pincel por jeringuillas y cuadrículas en el tratamiento de sus telas, cada vez más cotizadas en el mercado del arte y en pleno proceso de catalogación razonada a cargo del prestigioso crítico de arte Alfonso de la Torre. Aquel cuaderno de Lanzarote, representa un maravilloso documento para los anales de su historia, a  sumar junto a las otras crónicas de la isla de los volcanes que la incluyen entre uno de los singulares paradigmas de recreación artística universal: cuadros del belga Pierre Alechinsky o Jan Hendrix, libros de Saramago, Ignacio Aldecoa, Houellebecq y canarios de la vanguardia como Agustín Espinosa y el propio Rafael Arozarena, sin olvidar las primeras expediciones normandas del siglo XV que hacen de Lanzarote el primer lugar de expediciones hacia el nuevo mundo.

Entre las acuarelas y apuntes de Zóbel de 1976 aparecen numerosas consideraciones que de forma espontánea, bajo la mirada de un artista exquisito que roza la perfección en su quehacer pictográfico, repiten nuevamente la constante histórica del ensueño provocado por las islas en viajeros extranjeros de toda época, esa configuración del paisaje insular que sigilosamente se ha ido conformando bajo una estela de perplejidades y seducciones comunes, a través de cuadros, libros de viajes y poemas, todo un imaginario de más de cinco siglos que las amenazas del desarrollismo y la irreversibilidad medioambiental hacen de esas láminas de Zóbel una auténtica reliquia, un tesoro de interés público que revaloriza, fuera del régimen de fluctuaciones monetarias de la industria turística, el incalculable patrimonio de la ruta de los volcanes.    

Samir Delgado (2017)

Publicado originalmente en El Perseguidor-DIARIO DE AVISOS

jueves, 5 de abril de 2018

"S​i no hubiera poetas no tendría sentido el mundo " Entrevista a Miguel Ángel Curiel​

El poeta Miguel Ángel Curiel (Alemania, 1966) 

Por tercer año consecutivo en 2014 tuvo lugar la edición del festival Poesía para Náufragos ¿Cuál es su objetivo fundamental en el marco de la cultura de Castilla La Mancha? ¿Cuáles han sido las constantes durante su periplo como espacio de encuentro poético?

Poesía para náufragos nace de una idea muy cercana al delirio. Las ideas de los poetas siempre están cercanas al delirio, un territorio por otro lado lleno de claridad. La idea era simple, celebrar de manera anual un festival de poesía independiente en la ciudad de Cuenca en el que diferentes y plurales voces de la poesía española tuvieran un espacio en el que se las pudiera oír. Cuando digo independiente, me refería -y sobre todo en este tiempo de crisis, a la responsabilidad última de los artistas, poetas y creadores de todas las disciplinas a no dejarse morir en el silencio y la invisibilidad- Los poetas y los artistas dueños de sí, y no sujetos a ningún poder canónico. Una manera de autogestionar la poesía y de volver a ese acto de comunicación total con el público al que le gusta oír delirios de claridad, palabras en el aire. Ninguna institución gestionaría el festival, solo los poetas, un círculo de poetas y amigos amantes de la poesía, y Cuenca debía ser el lugar, la magia que aporta esta ciudad, en ningún otro lugar habríamos estado más a gusto. Sin embargo esto no quiere decir que por ejemplo instituciones que pagamos todos, como ayuntamientos o diputaciones no deban aportar esa mierda que se llama dinero. Después de tres años manteniendo y consolidando este festival en la ciudad de Cuenca no estaría mal un poquito de ayuda por parte de esas instituciones a las que he aludido.
Usted es poeta en plena era digital, de la crisis del tardocapitalismo y el derrumbe del estado de bienestar.  ¿Qué opina sobre el acontecer del panorama literario español y el papel del compromiso del creador en la sociedad actual?
El poeta es un ciudadano más, y se le exige como ciudadano y no como poeta o escritor, aunque ya sabe usted que los escritores y lo poetas algunas veces tienen esa autoridad moral que por ejemplo no tienen los sacerdotes. Sólo desde esa perspectiva el escritor debe estar involucrado de manera radical con su tiempo, pero insisto que se trata de ciudadanos, y que el compromiso es el de ser ciudadano que escribe poemas o novelas. Nadie debería hacer dejación de su función de ciudadano en su polis, en su estado o en su pequeño país, y es verdad que el poeta se toma esto a veces muy en serio, pero no porque su poesía cambie conciencias, esto nunca ocurrió ni va a ocurrir, solo que los pájaros cantan por la mañana, -también es verdad que si los pájaros dejaran de cantar esto supondría el fin del mundo- y que si no hubiera poetas no tendría sentido el mundo, pues ¿quién cantaría a los misterios de la vida? ¿Una máquina poética?. Un compromiso radical con su tiempo y ser testigo de él.


Cuenca es una ciudad de luz, con una tradición artística muy arraigada en su historia reciente y poetas de la talla de Diego Jesús Jiménez que la hicieron suya por medio de la obra poética. ¿Qué ofrece Cuenca en este sentido para autores como usted que provienen de otras geografías?


Cuenca está unida al arte desde que se plegaron estas montañas del sistema ibérico. Quien tenga capacidad de mirar podrá entenderlo. Ella misma es una obra de arte, una ciudad telúrica y celeste. La sensibilidad se eriza aún mas en estos espacios con los que cohabita la ciudad. No encontraremos un marco mejor para la poesía que el que nos ofrece esta ciudad en el mes de noviembre: los chopos arden en estos días -con sus hojas amarillas- solo para que los poetas puedan ver un poco más allá y no se pierdan en la noche oscura. Diego Jesús Jiménez era uno de esos maestros al que le debemos su inmensa obra, y sobre todo el nombre del festival: Poesía para náufragos, evidentemente relacionado con su libro "
Itinerariopara náufragos"
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Entrevista publicada en “Las Noticias de Cuenca”, Samir Delgado (2014)
Fotografía tomada de El Diario.es (2017)


Biografía del poeta

Miguel Ángel Curiel, poeta español, 31 de marzo de 1966 Korbach Valdeck, Alemania. En al año 2000 obtiene con el EL VERANO el accésit del premio Adonais de poesía. Durante 2009 y 2010 vivió en Roma, en la Academia de España, al serle otorgada la beca Valle-Inclán de escritura creativa. En 2013 reunió sus últimos diez años de escritura poética en EL AGUA, volumen donde se recogen los libros POR EFECTO DE LAS AGUAS, LOS SUMERGIDOS y HACER HIELO, libro este finalista del premio nacional de poesía 2015. Desde 2009 escribe a modo de diario poético fragmentado, LUMINARIAS (LUMINARIAS, cuaderno de Roma, y LUMINARIAS, 2010-2015 libro de las botellas) todos ellos en la colección Fragmentaria, editorial Amargord, Madrid. Sus poemarios más recientes son ASTILLAS, editorial Calambur, Madrid 2013, y el NADADOR, Mérida 2016, Editorial Regional de Extremadura. En breve aparecera FABRICA DE LA SEDA, edición bilingue español italiano en la Universidad de Bari, Italia, con ilustraciones de Juan Carlos Mestre, y MANACIONES, Amargord, Madrid, en la colección `C, que dirije Cecilia Quilez.


domingo, 1 de abril de 2018

“El hombre está hoy más solo que nunca” Entrevista a Patxi Andión

El cantautor y poeta Patxi Andion (Madrid, 1947)

Tras una trayectoria profesional de larga estela como cantautor, artista comprometido y profesor universitario, la famosa frase de Rimbaud vale como inicio. ¿Qué opinas sobre la declaración de que el arte es para cambiar la vida? ¿Te ha cambiado la vida el arte?

El arte es conciencia. Toda objetualización de una creatividad termina siendo un instrumento para el cambio. Y si no es así pues es una concepción eufemística del arte. Yo entiendo que el arte, igual que la comunicación, tiene que tener la intención de producir cambio en el otro, porque si no el arte, y sobre todo algunas artes, no tendrían mucho sentido. Si el objetivo de la obra de arte está en el propio proceso de construir un objeto y una vez construido un objeto dejarlo en sí mismo, pues entonces no merecería la pena. Aparte estaría en rigurosa contradicción con el origen de la representación artística, que siempre es sagrado. Está claro que cuando se empiezan a construir las primeras vírgenes neolíticas, lo que están haciendo es aduciendo a una conciencia, la fertilidad en el caso de las vírgenes. En definitiva, lo que hay ahí es un espíritu religioso, una espiritualidad. Para qué va a ser la espiritualidad si no es para mejorar y darle más cualidad a la vida humana, elevarla de las propias miserias de la vida material.

Se suele decir también, es otro de los referentes clásicos, que la patria del hombre es su infancia. Me gustaría mencionar la etapa de su juventud. ¿Cuáles fueron sus primeros pinitos artísticos, las influencias de los momentos más tiernos que determinaron su iniciación en el mundo de la música y de la creatividad?

Yo vengo de una familia donde la música estaba tremendamente presente. Mi madre cantaba maravillosamente, tenía una de esas voces que cuando uno la escucha gira necesariamente la cabeza para ver de dónde viene. Tenía un color, un timbre muy característico, muy propio, muy diferente. Tuvo muchas ofertas de profesionalización, pero bueno, fue una mujer que había sido una activista sindical, muy revolucionaria y entendía que tenía que hacer otras cosas. Su madre, mi abuela materna, había sido soprano profesional, un primo hermano de mi abuela era Jacinto Guerrero, compositor de ópera y de zarzuela. Consecuentemente yo desde que nazco estoy en ese entorno de personas que escuchan música. De hecho yo la primera vez que actúo en público fue tres días antes de cumplir los cinco años en una radio, Radio Madrid, donde hago una interpretación del niño Jesús en una obra navideña. Yo provengo de una familia profundamente atea, pero bien, estas cosas suelen pasar. Por otro lado, es la imagen de mi padre leyendo solo, con un flexo antiguo que tenía como una pantalla de hojalata, y las bombillas calentaban aquella pantalla. Entonces mi padre leyendo en invierno con una manta sobre los hombros, como haciendo una especie de tienda de campaña sobre la mesa del comedor y seguramente aprovechando el calor de eso, leyendo por la noche porque era la época en la que las dificultades económicas hacían que en mi casa, lo que mi padre leía eran libros alquilados, y se alquilaban por un tiempo. Cuanto más tiempo, más caro era el alquiler. Entonces había cosas que las leía de manera express.

Dicen que la música amansa a las fieras. A Orfeo también le devoraron los seres de la naturaleza por tocar tan tristemente la lira. La música también puede ser una forma de despertar conciencias. En América latina especialmente con la canción protesta. ¿Cómo se ubica en esa época transcendental para el auge del movimiento contracultural, como cantautor en los preámbulos de la transición y de la democracia en España. ¿Cómo se siente pasado el tiempo al respecto?

Por un lado, la música y concretamente la canción. Yo empiezo a hacer canciones cuando mi formación técnica musical termina de granar con la concienciación cultural, social y política. Por lo tanto, la motivación fundamental para hacer una canción es intervenir. La música que yo empiezo a hacer es lo que llamaríamos canción de intervención. En aquel momento evidentemente, con una dificultad de expresión personal, cultural, sociológica, la canción de intervención era una canción protesta. Mi padre sale de la cárcel en 1947 y yo nazco en 1947, soy un hijo de la libertad. Mi padre luchó en el bando republicano y fue represaliado, fue a la cárcel, se le condenó a muerte, que luego no se hizo realidad, dos de mis tíos fueron fusilado. Pertenezco a una familia de intervención política, social y culturalmente hablando, y yo tengo también esa base. En un momento dado eso se juntó y me hace empezar a hacer canción social y política, con una primera preocupación cultural. Yo grabo en 1968 mi primer disco, aunque sale en 1969 cuando me dijeron que íbamos a salir como un álbum. Aquello funcionó pese a las dificultades. Salió la cara A prohibida y a los quince días prohibieron la cara B. Yo empiezo a hacer ese tipo de música que es la música que he seguido haciendo toda mi vida. Hay un momento en el año 74-75 que tengo una enorme trascendencia popular, y entonces eso pues te lleva a otros lugares, sobre todo a que otras instancias del mundo de la comunicación se fijen en ti, y entonces empiezas a ser, a parecer en sitios donde otros cantautores de tu nivel no aparecen. Eso inicia una dinámica de trabajo comercial, de relaciones discográficas, y por otro lado la primera transición implica, como siempre pasa con la revolución, que es que el espíritu revolucionario llega hasta la consecución de la revolución, y a partir de ahí, evidentemente, entran otros factores en juego y hay determinadas cosas que hay que empezar a pasar página de algunos cantautores como Ramón, Paco Ibáñez, o yo mismo. Eso tiene como consecuencia paralelamente mi desarrollo universitario, en el año 85-86, y afortunadamente la universidad es la que me ayuda a ese proceso hasta que al cabo de unos años ese proceso se ha terminado de digerir y yo tengo la sensación de que puedo volver a retomar el lugar por donde yo estaba. Volver a retomar los conciertos de guitarra y voz, y volver a grabar cosas en las que yo creo que hay que hacer, y poniendo el dedo en la llaga que creo que hay que ponerlo. Entonces ese es el final de los últimos tiempos.

Tras una gira pasada por Portugal, desarrolla su labor docente en la UCLM. Esa combinación del papel creador con la de docente la ha ido acumulando en el tiempo. ¿Cómo ve la situación en el mundo de la Universidad y de los jóvenes creadores?

Probablemente podamos estar en el camino de que los próximos años surja una generación de gente de cantautores que también estén ahí. Hasta ahora, exceptuando alguno, la verdad es que ha habido mucho adocenamiento y mucha dedicación a la explotación comercial, a la repetición de sí mismos. Hay mucho creador que se ha dedicado no solo a repetirse sino a explotar esa repetición, cosa que a mí me parece rigurosamente válida. Hay pintores que se han dedicado durante 30 años a pintar el mismo cuadro y consecuentemente a mí me parece absolutamente legítimo. Evidentemente para que todo esto avance es necesario un espíritu de rebeldía y después un camino de experimentación. Yo intuyo en los nuevos cantautores que hay algunos que tienen aprecio, no me refiero a aprecio en cuanto a la figura del maestro que está ahí haciendo cosas, sino que hay cosas por decir, que es lo más importante. En la rebelión y en la experimentación es donde está el futuro de la renovación.

Hablando de futuro, usted está especializado en Ciencias de la Información. Me interesa su reflexión sobre el impacto de los mass media y el trabajo periodístico en todas sus facetas, ¿cómo se ve desde el mundo de la academia el universo de los medios de comunicación de masas en el día a día?

Yo creo que en teoría de la comunicación yo no he conocido a ningún comunicólogo que haya renegado de McLuhan. El medio, como su propio nombre indica, va condicionando no solamente el concepto, sino también el discurso. Yo soy un hijo de la radio. En mi casa, cuando yo era pequeñito, lo que había en la cocina era una repisa y una radio Philips, y aquello era casi como la hornacina de los santos que hay comúnmente en algunas casas en Latinoamérica. Claro, la transición que hay en el carácter de los medios y en el discurso de los medios es tremenda. De la radio a la televisión y al mundo digital, la diferencia es enorme. Yo creo que todo va acumulándose y todo va dando cabida a lo anterior, consecuentemente la escritura no borra la memoria del hombre, y yo entiendo que los medios van acumulando realmente. Lo que pasa es que al final, como conclusión, es que la globalización, la comunicación globalizada, según ha ido avanzando, ha ido dejando solo al hombre. Yo entiendo que el hombre está hoy más solo que nunca. Es verdad que está también más libre que nunca. Yo creo que en el concepto de proceso el hombre es más libre, pero si quitamos la concepción, o si variamos el modelo de comunicación de proceso a un proceso más hermenéutico, más interpretativo, pues entonces ahí el aspecto cualitativo baja mucho. Yo creo que el hombre está más solo y hay más paletos digitales que nunca.

Háblenos de su último disco, Cuatro días de Mayo, y el libro de poesía Breverías. ¿En qué lugar se encuentra ahora mismo en su trabajo de difusión creativa?
                                 
Breverías es un libro de versos sueltos, ni siquiera de versos, yo digo que son sueltos. Puede que en algún caso sean sueltos poéticos pero en definitiva son impresiones, y en el prólogo digo que se parecen más a los gestos físicos que a otras cosas, es decir, un movimiento que se dibuja y que empieza y termina en sí mismo. Siempre estamos hablando, refiriéndonos a algo que ha dejado de ser, cosas que escribí y que escribiéndolas dejan de ser. El libro responde a varias personas que pedían su publicación, y ahí está publicado para que no quede que yo quiera ocultar algo de lo que hago. El disco, Cuatro días de mayo, es el primer disco en directo de mi carrera, el vigésimo de mi carrera. Es el primero después de 46 años porque yo nunca he creído en el directo. El directo es una polaroid que quiere o pretende ser un largometraje. Es la propia vida del músico, la propia trayectoria, y lo maravilloso es ir viendo en diferentes circunstancias al músico haciendo en directo diferentes cosas. Pero bueno, algo hay que dejar, porque no tenía nada en directo y elegí que se grabaran esos 4 conciertos de 2011 en Portugal, que fue Lisboa, Oporto, Figueira da Foz y Guarda e Porto. Sobre todo en Figueira, en Casa da Música, porque la sala sinfónica de ese teatro tiene fama de tener una sonoridad muy especial. El diseño es de Óscar Mariné en blanco y negro, porque yo quería algo muy elemental y sobre todo muy sintético; y también muy poco elaborada, muy instantánea. No hay ninguna foto retocada, no hay photoshop en ninguna de las fotos pese a lo que me recomendaron, porque mi intención era que no hubiese trampa por nuestra parte.  El disco está teniendo buena acogida y elegido en diferentes sitios como disco del mes.

¿Qué significan ciudades como Cuenca para usted? Siendo una ciudad que fue republicana, que asumió un papel protagonista en el auge del arte contemporáneo en el Estado Español, es un lugar del imaginario quijotesco, y es una ciudad donde tenemos el placer de tenerle como profesor

 Cuenca es una ciudad levítica, es una ciudad mágica. Cuando a mí me proponen venirme de la Complutense a la UCLM me proponen la cátedra de sociología en Albacete, o me proponen la titularidad en Bellas Artes. Yo elijo venir aquí, pero podría haber elegido la cátedra en Albacete. Yo tenía la sensación de que en Albacete y en la sociología no tenía mucho que hacer, no tenía mucho desarrollo, mientras que en Bellas Artes sí, Bellas Artes evidentemente iba a estar más en relación conmigo. Elegí Cuenca en ese sentido, que es una ciudad mágica y estoy encantado con ella.

Entrevista publicada en “Las Noticias de Cuenca”, Samir Delgado (2014)
Fotografías y transcripción de voz José M. Sanz