domingo, 20 de septiembre de 2020

Benedetti en Nueva York

 

Fotografía del autor (Nueva York, 2018)

Este mes de septiembre se cumple el centenario del poeta uruguayo y la suspensión del Congreso Internacional convocado por la Universidad de Alicante, el Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos y el Instituto Cervantes no ha impedido la celebración de la obra del poeta


Todas las calles de Nueva York se parecen a un poema de Lorca. Cuando se llega a Nueva York por primera vez hay un sentimiento de euforia combinado con la extrañeza de caminar el futuro, otro planeta. El 14 de septiembre de 1959 el poeta uruguayo Mario Benedetti disfruta de un cumpleaños en la Gran Manzana, y cuenta de un cielo de ayer sobre sus hombros y de un gallo que canta al Empire State Building y millones de mandíbulas en la ciudad de los rascacielos. Aquel era el año de la revolución cubana, del auge bélico con la guerra de Vietnam y de las terribles inundaciones en Uruguay. Y es además el año de la víspera de la novela La Tregua en la que el poeta maduro, el hombre de escritorios y oficinas, ya entrado en los cuarenta, atestigua la universalidad de la nostalgia del bandoneón y de los cielos plomizos de Montevideo en un libro necesario dentro de la narrativa latinoamericana.

Con su poema hecho desde Nueva York tiene lugar la aportación del uruguayo al imaginario de los poetas que han dado testimonio de la ciudad global a través de sus escrituras, los poemas prevalecen al devenir de los tiempos, constituyen el acervo y la médula de los lugares, de las memorias. José Hierro donó a la posteridad su último poemario en 1998, el reconocido cuaderno neoyorquino donde hay un diálogo tardío con los fantasmas que pueblan el Hudson lorquiano, el mismo río que Federico reinventó en sus años de la Columbia University. La publicación del mítico libro fue en México en 1940, todavía pueden encontrarse ediciones originales en las librerías de antigüedades de la calle Donceles, cuatro años después de su asesinato impune. Y otro de los libros enigmáticos corresponde al poeta árabe Adonis que publica en 1971 el Epitafio para Nueva York, un ajuste de cuentas del escritor sirio libanés con la metrópolis occidental.

La megalópolis que vio nacer la poesía norteamericana por boca de Whitman lleva en sus entrañas los versos de muchos poetas que han hecho de su mirada lírica un testamento decisivo. Y Benedetti no podía quedarse en silencio tampoco, suyo es el poema de la extenuación íntima y de la esperanza postergada, el poeta habla de la cruz del confort en la frente del imperio y de un paso del tiempo que no es el verdadero, como no era verdadero su cumpleaños en aquellas calles, en aquellas sombras.

Ahora que se cumple su centenario hay que recordar la presencia del poeta uruguayo en Tenerife, en varias ocasiones visitó la isla del Teide, fue memorable su recital poético en compañía de Daniel Viglietti en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna y cuando en el año 2000 se le concedió el Premio Son Latino, allí fue donde le conocí y pude saludarle, estrechar su mano, desearle buena suerte,  al poeta de los inventarios y de los amores juveniles, el de las primaveras con una esquina rota.


 Publicado originalmente en suplemento El Perseguidor, Diario de Avisos, Canarias

20 de septiembre de 2020

lunes, 14 de septiembre de 2020

La última carta de Pedro Lezcano

Fotografía cortesía de Maribel Lacave, 1981

Firmada en el mes de agosto de 2002, en la víspera insospechada de su muerte por venir, el poeta Pedro Lezcano escribe en su ordenador, al que denomina juguete informático, una última carta a su amiga Maribel Lacave, autora canaria residente en Chile. Tras décadas de amistad, confiesa que quiere contarle como era aquel ahora suyo, tan distinto al de otro ayer, octogenario y maltrecho. Estaba comenzando un nuevo siglo, el poeta Pedro Lezcano había nacido en Madrid y habían pasado muchos otros veranos ante sus ojos, los más oscuros del franquismo y también los veranos de la democracia. Suya era la isla submarina, la que se encuentra bajo el agua, la de los poemas que escribió durante toda una vida.

Dice Pedro Lezcano en su carta que pensaba que morir era otra cosa, y celebra el mar y la luz, la maravilla inalcanzable del mundo en la casa de Santa Brígida. Hay fotografías de familia en esa última carta que Maribel Lacave conserva como oro en paño en su casa de Chiloé, en los sures del mundo que se han convertido en la otra isla de la poeta canaria, autora de libros necesarios en la literatura de nuestros días. Y le dice Pedro Lezcano a su lejana amiga, a quien prologó libros suyos con otras cartas, que a pesar de guardar luto por su cuerpo envejecido sigue luchando por amar la vida. Habla de Chile, de cuando fue en viaje semi clandestino para cumplir con la tarea de auxiliar con recaudaciones monetarias de solidaridad a los sindicatos chilenos que padecían la crueldad despiadada de la dictadura de Pinochet.

Y es que Pedro Lezcano fue un hombre pacifista y de letras, amante de los libros y de la humanidad, ajedrecista y micólogo, poeta dibujante que supo de imprentas y de dramaturgia, de revistas y tribunas. Y fue además el escritor nacido en Madrid que hizo de la insularidad su predestinación. El augurio de haber llegado al mundo en tierra continental le hizo descubrir los secretos del volcán, admira a los modernistas y sus conocimientos de filosofía pura le acercan a la cultura como el lugar desde el que vivir, desde el lado iluminador del pensamiento crítico, de la rebeldía de ideales.

Ya es un clásico en la tradición insular de la poesía aludir a la Antología Cercada que compartió con los hermanos Millares Sall, el poema de la maleta de los años 80 llevado a cómic y musicalizado por el Taller Canario -Rogelio Botanz es su mejor recitador-, libros suyos forman parte esencial de las bibliotecas públicas de las islas y como Presidente del Cabildo de Gran Canaria, durante el primer lustro de los años 90, demostró que la poesía también deber entenderse con los imperativos de la vida pública. Tras años de militancia política en la izquierda fue de los diputados canarios que defendió la autodeterminación de los pueblos, el derecho democrático que debía ser ejercido para el progreso de una sociedad. De hecho, igual que otros poetas canarios, como Francisco Tarajano y Agustín Millares, fue defensor de la clase trabajadora.  Amigo del Sahara y de Cuba, de Nicaragua, de los pueblos que tejen la esperanza de sus días, frente a un sistema que lleva al planeta hacia la fatalidad y el colapso.

En la última carta que Pedro Lezcano escribe a la poeta canaria Maribel Lacave, cuyos versos considera un faro de honestidad, sabía que conservaba la lucidez aunque en los atardeceres sombríos de la edad esa clarividencia podía ser fatídica. Escribe de su paraíso, que era bañarse en la costa de la isla con toda suerte de azares. Y le pide que le cuente de aquellas tierras mapuches, del otro lado del mundo, y que regrese pronto, porque se le estaban acumulando los abrazos sobre el mar. Y firma, de puño y letra, la última carta, fe de vida.


Publicado originalmente en el periódico Canarias 7

13 de septiembre de 2020

 

 

martes, 25 de agosto de 2020

"No existen fronteras para la poesía" Entrevista en prensa árabe internacional

 



Entrevista realizada y traducida por Ali Bounoua

Usted es hijo de una madre canaria y de un padre libanés que emigró a las Islas Canarias. ¿Nos puede contar algo respecto a este detalle? Y ¿hasta qué punto influyen sobre usted sus orígenes árabes emocionalmente hablando?

Desde hace siglos las islas Canarias han sido un lugar de tránsito para muchas generaciones de migrantes que encontraron en el archipiélago un lugar ideal para mejorar las condiciones de vida. En mi caso mi padre fue un emigrante de la guerra civil libanesa y el origen de nuestra familia está vinculado directamente a un sentimiento de pertenencia a la identidad árabe que va más allá de la lengua. Yo también soy árabe desde el corazón.

¿Había estado alguna vez, como persona o poeta, en alguno de los países árabes? ¿Cómo fue la experiencia y cuáles fueron sus impresiones?

Desde mi infancia ha existido una memoria de Beirut, visité por primera vez el Líbano cuando era niño y tengo una imagen muy nítida y transparente de aquella experiencia, además el contacto con la familia ha sido permanente y por eso tengo la sensación de que en años venideros cuando todo mejore regresaré a Beirut. Ya he podido visitar también otros lugares como Ramallah en calidad de invitado por el gobierno palestino en unas jornadas de intercambio entre escritores hispanos y árabes en 2015. También he visitado Túnez o Jordania, de todos modos al tener un padre árabe realmente tienes en casa el sabor de la gastronomía y las costumbres árabes toda la vida.

 

¿Hay alguna presencia de la cultura árabe en la literatura canaria generalmente y en la poesía que usted escribe especialmente?

Hay un poema del autor modernista Tomás Morales que habla de la tradición de las tiendas de árabes en la famosa calle Triana de la capital de la isla de Gran Canaria, hay en el imaginario colectivo de la sociedad canaria una cercanía especial hacia la identidad árabe, y en mi caso escribo también desde mi propia condición de libanés de segunda generación, aunque no hable árabe  yo siempre reivindico un sentimiento de arabidad que es mucho más perdurable que las cuestiones administrativas de un pasaporte. Hay una forma de sentir lo árabe que es común a todas las naciones y que constituye un destino de unidad y de paz para el futuro. Hay un proyecto en el que estoy escribiendo en la actualidad sobre la posible amistad entre José Martí y Ameen Rihani en Nueva York, dos de las personalidades más importantes de la literatura en español y lengua árabe, es una gran idea para una novela.

¿Qué ecos tiene usted de la literatura árabe? ¿Ha leído alguna vez algo de la poesía árabe traducida al español? ¿Tuvo alguna experiencia con los poetas árabes en España o en otra parte?

Uno de los escritores árabes que sigo desde muy joven es a Khalil Gibran, la mezcla entre la pintura y los libros de este autor libanés universal me ha cautivado desde siempre, de hecho visité hace poco en el Museo Soumaya de Ciudad de México la sala dedicada a su legado. Además he leído a poetas contemporáneos como Adonis y Mahmud Darwish con mucha concentración. Y aparte tengo el privilegio de contar con la amistad del escritor y traductor iraquí Abdul Hadi Sadoun, uno de los referentes más notables de la literatura árabe hoy. 

Si se le pide presentar la literatura canaria para el lectorado árabe, ¿qué diría usted? ¿Qué es lo que distingue a la literatura canaria?

Las islas eran consideradas en la mitología griega como un lugar sagrado para la inmortalidad, nuestro lugar en el mundo tiene tres continentes como frontera y la literatura canaria ha sido siempre una prolongación exótica de la poesía y la novela latinoamericana, con una atmósfera atlántica de gran valor cosmopolita. Tenemos más de quinientos años de literatura y todas las corrientes estéticas han tenido acento canario, desde el renacimiento hasta el surrealismo, hay románticos canarios que reclamaban la memoria de los guanches en el siglo XIX y la vanguardia literaria de las islas ha sido muy importante en la historia de la poesía civil antes y después de la dictadura de Franco en España. La literatura canaria es un espacio de universalidad.

¿Cuáles son, en su opinión, los obstáculos ante el alcance de las letras canarias al mundo árabe?

No existen fronteras para la poesía y aunque las traducciones de un idioma a otro siempre han sido un obstáculo en la historia hay que considerar que la belleza de la literatura es internacional. Tengo fe en que el mundo árabe pueda conocer más cerca la literatura de las islas Canarias, en las fuentes documentales del mundo árabe también Canarias tuvo un lugar ideal por ser tierra de mitos y de paisajes, de hecho también no debemos olvidar que Benito Pérez Galdós era canario y que el escritor más importante en lengua española junto a Cervantes y José Martí era de origen insular. También hay otros ejemplos de gran importancia en el Caribe, sobre la relación entre el mundo árabe y la literatura en español, me parece que es el momento de que se conozca más la obra del cubano Fayad Jamis, un poeta nacido en México y de padre libanés que hizo de La Habana su mayor inspiración.

Usted reside en México hace casi cuatro años y se naturalizó mexicano, ¿podría esto entenderse como esa búsqueda eterna de los poetas canarios de un horizonte más amplio que su archipiélago tal como lo hicieron los literatos de Las Islas que llegaron a la universalidad: Benito Pérez Galdós, Justo Jorge Padrón? 

Estoy muy agradecido a México por ser mi nuevo país de adopción, muchas generaciones de escritores y artistas de la II República española encontraron en México una segunda oportunidad para la libertad y una vida mejor. Se dice que los escritores canarios que habitan en un continente expresan una energía de expansión que proviene de la fuerza de los volcanes, hay pintores canarios como Óscar Domínguez que vivieron en París y pasaron a formar parte de la historia gracias a su originalidad creativa. Hay en México además un ambiente muy próspero para la literatura y realmente es un privilegio poder escribir en la tierra de los aztecas y los mayas

¿Alguna palabra que quiere decir a los amantes de la poesía en el mundo árabe?

Todas las culturas han considerado la poesía como uno de los más bellos patrimonios de la humanidad, y como dijo Federico García Lorca la civilización árabe siempre fue de una riqueza infinita para las ciencias, la literatura y todas las artes, ojalá en el futuro todos los países reconozcan el valor de la literatura para construir puentes de entendimiento y concordia entre las naciones, vivimos en el mismo planeta y la poesía será una de las señas de identidad de la condición humana.

 

Publicada en el periódico HesPress.com de Marruecos 

(Agosto, 2020)

miércoles, 5 de agosto de 2020

"Jamais". Los regresos de Oscar Domínguez

Ochenta años después de ser exhibido en la famosa exposición internacional surrealista celebrada en la galería Beaux-Arts de París, el gramófono de Oscar Domínguez que había desaparecido ha vuelto a la realidad, bajo el comisariado de Emmanuel Guigon volverá a ser el objeto hipnótico que revolucione la mirada de los visitantes que acudan al Museo Picasso de Barcelona a partir de este mes de julio y hasta la primera semana de noviembre. Gracias a una fotografía de Nick de Morgoli se ha podido seguir el rastro de una pieza emblemática que el surrealista canario regaló a Picasso después de la guerra mundial, de este modo ochenta años después los regresos de Oscar Domínguez se están convirtiendo en verdaderos revulsivos culturales que están reanimando la expectación y el redescubrimiento de una obra artística que capitalizó los mejores años de la vanguardia insular en los años de la Segunda República.

Oscar Domínguez perteneció a la estirpe de los expatriados que nunca regresaron a las islas durante el franquismo, huyó hacia Paris desde el Puerto de la Cruz en Tenerife en un periplo legendario con pasaporte extranjero que constituyó el aura del artista durante toda su vida. Excéntrico y surrealista, su dedicación a vida o muerte a la creación plástica le llevó al extremo del suicidio en una nochevieja parisina, un desenlace final que supuso su entrada por la puerta grande a la galaxia de los inmortales. Desde que se cumpliera el centenario de su nacimiento el pasado 2006 han sido múltiples los regresos del artista nacido en La Laguna, su casa natal es un conocido establecimiento de hostelería y el castillete donde pasó los años de su infancia en Guayonje, costa de Tacoronte, permanece en estado de ruina, como si habitara realmente uno de los cuadros del surrealista entre el vaho del tiempo perdido de los sueños. Una película de Lucas Fernández y un documental de Miguel G. Morales, las salas permanentes dedicadas a su obra en el TEA, novelas como la de Balbina Rivero y poemarios como el de Octavio Pineda, merecedor del premio Pedro García Cabrera en 2015, dialogan con el artista en una suerte de estela creativa que gira resucitando  al pintor. Muchos han sido los regresos de Oscar Domínguez mediante la consumación de una miscelánea de recordatorios y de conmemoraciones que han abordado en este nuevo siglo la trayectoria de uno de los artistas más influyentes y paradigmáticos del archipiélago y que fue conocido como le dragonier de Montparnasse. En 2014 su Retrato de Roma supera el millón de euros y las imágenes en vivo del artista pintando ante la cámara de Alain Resnais representan una de las ventanas para asomarse a la personalidad mítica del surrealista tinerfeño.

Oscar Domínguez fue el artista de la soledad insular, padecía una enfermedad que afectaba sus extremidades y presumía de una vida amorosa marcada por el desenfreno y la tragedia. No han sido pocos los estudios académicos y los ensayos monográficos que han esclarecido buena parte de la obra artística de Oscar Domínguez, desde la tesis del profesor Fernando Castro Borrego a las valiosas investigaciones de Pilar Carreño Corbella, pasando por la imprescindible monografía dedicada al artista en la colección de la Biblioteca de Artistas Canarios del Gobierno de Canarias aparecida en 1996. El propio Emmanuel GuigoN, actual director del Museu Picasso ya adelantaba en una conferencia pronunciada en el Institut d´humanitats de Barcelona en 1994 la sorpresa para la mirada que suponía la aportación del canario al arte universal. especialmente por sus afamadas decalcomanías sin objeto preconcebido que fueron presentadas por Breton en la revista Minotaure en 1936, el año fatídico del alzamiento militar fascista que convirtió Tenerife en su primer escenario de barbarie.

Domínguez formó parte de la generación surrealista y se fue replegando en sí mismo como quien se adentra en la cueva guanche de sus cuadros. Ilustró una edición de los Cantos de Maldoror o un libro de Paul Éluard, realizó exposiciones individuales tardías por Europa pero ya nunca regresó a las islas. Desde su participación activa en la generación de la revista Gaceta de Arte en Tenerife y su paso meteórico por los cafés presididos por André Breton, las diferentes etapas de su creación bascularon entre la figuración de la máquina de coser electro-sexual hasta la era cósmica, buena parte de su pinturas se ha considerado esenciales para el conocimiento de un siglo y de una época. De hecho, su amistad con Picasso era total y de esa relación surge la posibilidad del rescate de su objeto “Jamais” ahora expuesto en Barcelona con un aura estelar que parece regresar del pasado a pesar de la pandemia global y evidenciando el papel protagónico de los museos para seguir manteniendo la llama del ensueño que caracterizó a artistas colosales como Oscar Domínguez.

Las pinturas de Domínguez fueron cruciales para los espejos de su generación y entre los mitos de su vida destacan la amistad con Ernesto Sábato, a quien propuso un suicidio en pareja, y su relación con dos mujeres de vital importancia en el panorama de las artes, con Maud Westerdahl, antes de que la artista francesa se casara con el crítico de arte Eduardo Westerdahl, y su vínculo con la vizcondesa de Noailles. Su último descanso radica en el París eterno de su juventud, allá donde sus dos vidas se cruzan y todos los regresos posteriores a su isla han sido un colofón interminable de diálogos y visitaciones. 

 

       Publicado originalmente en el periódico Canarias 7, agosto 2020 

miércoles, 24 de junio de 2020

Alan Smith. El poeta que descubrió a Galdós

Fotografía cortesía de Alan Smith (Perú, 2019)


En 1979 el poeta Alan Smith descubre en la Biblioteca Nacional un libro inédito de Galdós que supondrá la publicación de la novela póstuma “Rosalía”, una sorpresa inesperada para el universo literario galdosiano y una predestinación para el joven profesor norteamericano, nacido en Costa Rica, que este año se jubila en la Universidad de Boston. Tras tomar conciencia de haber tenido ante sus ojos una novela sin título que solamente conocía el propio Galdós, Alan Smith permaneció en el metro madrileño con la perplejidad y la emoción de haber encontrado un manuscrito que sería presentado parcialmente en el Coloquio Internacional de Literatura Hispánica de Santander de 1981 y publicada en una edición de Cátedra de 1984.

Desde entonces han pasado décadas entre dos siglos y el poeta Alan Smith ha representado a la estirpe de ensayistas y profesores entregados en vida al estudio y la difusión del mundo galdosiano. Suya ha sido una perseverancia doble, las nuevas lecturas sobre el imaginario mitológico del escritor canario o su relación con otros autores como Flaubert y la prolongación universal en el ámbito angloamericano de sus novelas. Alan Smith ha legado su dedicación a Galdós en numerosos artículos especializados, su firma en la Revista de anales galdosianos ha sido providencial para establecer una continuidad generacional y su paso por las islas en varias ocasiones ha significado la aportación de una mirada experta sobre la literatura de Galdós, además de haber leído sus propios poemas pertenecientes a la voz de una trayectoria creativa de reconocimiento internacional. Libros suyos como Alcancía o Libro del lago contienen el pulso lírico de un autor que escribe en español, con un acento madrileño puro, amante de la literatura en ambas orillas- suya es la edición dedicada a la poesía de Robert Creeley en el año 2000- y cuya pasión secreta por la pintura no tardará en ser reconocida. Su sueño es pasar una larga temporada en Madrid pintando, no ha cesado de viajar a España cada año y junto a su dedicación docente a orillas del Charles River la escritura poética ha sido su verdadero lugar de origen. 

En este año del centenario de la muerte de Galdós, la figura emblemática del autor que fallece ciego en el Madrid de 1920 permanece bajo la estela crucial de representar a uno de los mayores exponentes de la novela en español de todos los tiempos. Después de Galdós, en el transcurso de un siglo han despertado nuevas miradas alrededor del imaginario atlántico, el designio de la periferia y la conexión inédita de narrativas mestizas que confluyen bajo el universo de la condición insular. Sin duda, después de la novela póstuma encontrada por Alan Smith la imagen de Galdós ha ganado mayor profundidad entre Castilla y América, con un testigo de excepción que ha dedicado su carrera de profesor a estimular la lectura en español y la investigación universitaria de numerosas generaciones en Boston. Galdós refleja el más nítido pulso de cosmopolitismo literario que se asemeja a la estela de otras personalidades tardías de la cultura universal en la modernidad como Derek Walcott, Saint-John Perse y Lezama Lima, insulares también y que como Galdós hicieron de la escritura un mundo para habitar.

Volver a Galdós cien años después, con el eco de sus libros en la memoria de poetas como Alan Smith, establece la posibilidad de nuevas ventanas que confluyen hacia la visión clarividente de un escritor inmortal que universalizó las islas y la España de su época a través de la literatura. Otros insulares como el Vizconde de Buen Paso o Alonso Quesada también cruzaron el océano para llegar a Madrid con otros destinos, la literatura de las islas ha forjado autores que como Galdós realizaron a su manera un retablo de los episodios del tiempo que les tocó vivir y convirtieron el oficio de la creación en un modo esencial de supervivencia. El poeta Alan Smith descubrió a Galdós y en las islas tendrá su casa siempre.  

Publicado originalmente en Diario de Avisos, Suplemento cultural El Perseguidor, Junio 2020

lunes, 1 de junio de 2020

Lázaro Santana, las islas del poeta



El premio Nobel caribeño Derek Walcott dijo una vez que amar un horizonte es la insularidad. Lejos del tópico del aislamiento y de la lejanía, cada vez es más transparente el reconocimiento de la poesía de las islas como uno de los espacios vitales que han brindado otra cartografía necesaria de la modernidad. También el poeta griego Odysseas Elytis aludía a que lo importante no es la excepción sino cómo se concibe la regla. La soledad cósmica de la escritura conjuga a la perfección con la vocación universal de las libertades y la fraternidad humana. La condición planetaria y las galaxias también constituyen archipiélagos de luz a la deriva del infinito.

Cuando en 1966 al abrigo del Museo Canario en Las Palmas de Gran Canaria surgía la generación de poesía canaria última, Lázaro Santana apenas superaba el meridiano de los veinte años y publicaba su libro “El hilo no tiene fin”, iniciando una andadura singular por las aguas de la creación y el ensayo que representaría a la postre una de las voces mayores de la literatura insular. Hay una edición de la revista malagueña Caracola de aquella época que atesora un reflejo esencial del quehacer poético de los autores canarios y las antologías configuraban una unidad de sentido entre la diversidad de poéticas que estaban naciendo entre las islas. Una de ellas, la compilada por Lázaro Santana en la colección Tagoro en 1969, es uno de los buques insignia para conocer de primera mano los fogales pretéritos de la literatura insular en la antesala de la democracia. Y revistas como Fablas fueron desde entonces un eslabón esencial para la ebullición de la cultura tras largas décadas de infortunio y represión por la dictadura.

Justamente en aquel año de la llegada a la luna, Lázaro Santana frecuentaba la ribera del Connecticut River y dialogaba líricamente con Luis Cernuda-uno de sus poetas admirados- y con el propio Alonso Quesada, otro de sus íntimos. De aquella experiencia el libro “Recordatorio USA”, publicado por el Cabildo de Gran Canaria en 1971, de quinientos ejemplares al cuidado de Ventura Doreste y Alfonso Armas, dedicado al pintor Antonio Padrón con quien estableció una de las amistades más fértiles de la cultura canaria, a pesar de la muerte prematura del artista galdense cuyo centenario se celebra este mismo año. Las islas del poeta a partir de entonces amanecían radiantes para el porvenir donde los viajes alrededor del mundo, el diálogo con la pintura y la escritura poética entre Playa del Águila y la Puntilla supondrían el periplo futuro de Lázaro Santana.

En el ochenta aniversario del poeta, la estela de monografías sobre arte y pintores que han constituido la dilatada dedicación crítica de Lázaro Santana representan una puerta de entrada a la tradición del diálogo con las artes que tan fecundo resultado ha propiciado para el panorama cultural de cualquier territorio. Esa vocación de coleccionista y amante de la pintura ha supuesto la existencia de libros fundamentales como Visión insular, publicado en 1988 con ensayos memorables sobre las relaciones entre la vanguardia artística de las islas, el indigenismo y la obra plástica de los artistas de la Escuela Luján Pérez, además de un texto de referencia para el estudio y conocimiento de otro de los poetas insulares, Silvestre de Balboa, fundador de la literatura cubana.

Muchos títulos firmados por Lázaro Santana se han convertido en libros de cabecera para la divulgación y el acercamiento de la ciudadanía a la obra de otros muchos artistas como César Manrique, Pedro González, Cristino de Vera, Juan Bordes o su Prehistoria de Manuel Millares. Entre los muchos hitos, sin duda también el volumen dedicado a Ramón Gaya, el murciano exiliado de los años de la república, a quien el poeta dedicó otro de sus ensayos sobre el pensamiento de la pintura, en la infinita colección de libros que la editorial Ultramarino dirigida por Lázaro Santana durante décadas ha ofrecido a todos los públicos, desde aquellos primeros Apócrifos de Catulo del poeta hasta otros títulos imprescindibles como el de Jacinto Verdaguer dedicado a Tenerife. De hecho, la pasión por los libros de autor y el mundo de la traducción ha sido otra de las islas visitadas que han significado para Lázaro Santana un lugar de peregrinaje constante, el nomadismo hacia otras lenguas y parajes que dieron a la luz otros libros de un aura especial como el dedicado a los tankas y jaikus de poetas japoneses, los “Cinco poemas” del griego Anastases Ilión o el reciente diálogo con el poeta veneciano Matteo Forani, que se unen a la amistad literaria de Lázaro Santana con otros poetas como Cavafis y Alonso Quesada- con epistolarios míticos como el mantenido con Gabriel Miró o Unamuno-, autores con quienes ha compartido el tiempo insulario de la literatura.

Entre los libros de poesía de Lázaro Santana hay títulos providenciales que forman parte de la constelación poética de entre siglos, desde el Cuaderno guanche de 1977 a los aparecidos en la prestigiosa editorial Hiperión, como “Destino” y “Que gira entre las islas”, además de recopilaciones esenciales como “Bajo el signo de la hoguera” o “Un libro blanco” que abarca de 1989 a 2015, y más recientes como la bellísima colección de poemas “Suite Israel y otros poemas de otoño”, con versos firmados a la luz propicia de El Escorial en el otoño de Madrid -con Galdós entre sus sombras- y la ciudad Santa, hasta el fabuloso ensayo “El cuadro hecho” y otros muchos como “Mapa de la frontera”, “Territorio”, “Partes del tiempo” y “Habla de uno” de 2018.

Y en este archipiélago literario de las islas de Lázaro Santana, sin duda alguna sus libros de viajes a Italia constituyen un memorial imprescindible, que ahonda en la huella viajera del poeta insular que nace extranjero también y hace suyo el latido y la luz de la vida cotidiana de ciudades como Venecia y Roma en libros de confidencias y notas de bitácora como “Rosso Fiorentino”, “Aguatinta” y “Recuento romano” que rinden un homenaje tardío al país amado de otros poetas como Yves Bonnefoy y que harán las delicias del lector en todas las orillas del mundo.   

 

Publicado originalmente en el suplemento cultural El Perseguidor, Diario de Avisos (Canarias, mayo 2020)


lunes, 25 de mayo de 2020

Un cuadro de Juan Soriano

Obra del artista mexicano Juan Soriano (1920-2006)


MUSEO SOUMAYA
(SPLEEN)

El movimiento contagia los alrededores

                                                                                       Hugo García Manríquez

ÓLEO sobre lienzo
un cuadro de Juan Soriano

Adán y Eva a todas luces
en la habitación privada

la respiración de la pintura
en el influjo de su cromatismo

el árbol del bien y del mal
en otra existencia paralela

la búsqueda incesante
de una verdad revelada
en la imagen pictórica

ese misterio del otro
tiempo del color

la consumación de la mirada
a las manzanas


Del libro "Los poemas perdidos de Luis Cernuda" (Literatelia, 2019)