viernes, 30 de junio de 2017

"Tríptico azteca" (Poema Memorial Bicentenario José Zorrilla)

"La gran galaxia" (1978) de Rufino Tamayo


Era verdad, allá bajo otro cielo,
                                                                                              del móvil mar tras el cerúleo muro
del aire azul tras el flotante velo

El drama del alma, Algo sobre México
                                        José Zorrilla


I

altaluz, extraña alba, sol de tenochtitlan,
fogal azteca en la hora punta del imperio

el poeta sueña en la orfandad del relámpago y la daga:

en su tinta renace como de la sangre de un ángel
el triste lejano desposorio, él clama todavía para sí,
afronta al sino, posterga a la gorgona, ya sin altares

la mañana vaticina otra progenie, el ventanal del oleaje
acantila su floresta, castillo de miramar, enlutado el día.       


II

¿cuándo el retorno a la primera bocanada
del áulico púrpura, nuevo mundo al pie, goce infinito
del hueso del hombre, magno volcán de silabarios?

el poeta avienta, masculla, cimbrea al oráculo su orgullo:
perilla en mano, espantasombras, pasajero trasatlántico

valladolid el mundo: estirpe, almario, razas del verbo     


III    

lunasol, romantic soul, el poeta destierra el blanco:

la gravitación de los semilleros astrales
que irradian su martirio pretérito
hacia las horas de la nada absoluta

allá donde habita la inmortalidad
(in memoriam del instante)
silba todavía parajes al silencio fértil

aquel eco supremo de la siringa de Pan
(clamor del prado al mediodía del sur)
en la altiplanicie barroca de la ausencia presentida

josé zorrilla cruza el océano:
la vida toda      el poema


Samir Delgado


 Premio Umbral de Poesía, Bicentenario de José Zorrilla (Valladolid, 2017)

domingo, 25 de junio de 2017

El poeta siempre había estado aquí (Reseña del libro “Las geografías circundantes. Tributo a Manuel Millares”)

Sala Millares, Fundación Antonio Pérez (Cuenca)

Jorge Monedero* 

Recuerdo perfectamente la llegada del autor del presente poemario, el canario Samir Delgado a la ciudad de Cuenca. Con un cuidado porte y el don de la palabra como carta de presentación, surgió de repente en torno al 2013, para hacerse en poco tiempo visible e imprescindible para los nativos, cargado de ideas y proyectos que compartía con entusiasmo y estrenada complicidad. Y como el dinosaurio del cuento de Fontanarrosa, nos pareció que siempre había estado aquí.
Desde el primer día tuve claro que era otra víctima más de la atracción que desde los años 60 emite permanentemente nuestra ciudad levítica, un extraño influjo que atrapa a sus viajeros y visitantes. El casco antiguo es un enclave privilegiado que mira desde lo alto de la montaña rocosa, imponente y majestuosa mientras se deja abrazar por sus dos ríos, el Júcar y el Huecar que se unen en feliz encuentro en el barrio de San Antón. El poeta canario sin duda había sido seducido por la misma fuerza imantada y silenciosa que paulatinamente atrajo en los años 60 a hombres de la talla de Fernando Zóbel, Millares, Guerrero, Saura, Antonio Pérez, etc.
En el caso del escritor Delgado, juntó al narcótico olor a óleo del omnipresente arte abstracto que todo lo inunda en el casco antiguo, se unió la búsqueda de la huella castellana de su admirado artista y paisano Manolo Millares.
Efectivamente, hoy en día la presencia de Manolo Millares en la capital castellana sigue siendo muy viva. Aquí permanece al pie del cañón su querido amigo Antonio Pérez, depositario del legado artístico de la familia Millares Escobio que luce esplendoroso en una de las plantas de su fundación de arte contemporánea. Es habitual en la ciudad también la presencia de Elvireta Escobio viuda del artista canario y de sus hijas junto a artistas, comisarios y personas que recuerdan la época en que Cuenca era el centro del arte nacional.
Como veníamos diciendo, en una de las zonas privilegiadas de la fundación del creador, coleccionista y editor de Ruedo Ibérico, reciente hijo predilecto de estas tierras,  Antonio Pérez, ubicada en el antiguo convento de las carmelitas, la tragedia se nos presenta envuelta en ropajes de arpillera. Gigantes bastidores de creaciones que muestran su evolución desde la negritud más pulcra hacia el blanco purificador, (al contrario que el genio Mark Rothko), como un camino de redención, una trayectoria artística con sentido, y sobre todo enérgica y poderosa. El blanco que en cultura popular castellana sirve para encalar casas, limpiando y desinfectando, gana con el tiempo importancia frente al negro, como un esfuerzo baldío de contrarrestar parte del desgarramiento trágico de las obras anteriores.
En esos años, Samir sufre la aspereza del frío invierno de la ciudad que lo acoge y en sus múltiples visitas y relecturas al espacio que alberga la colección del canario en la FAP, junto con las obras presentes en la colección Juan March en el modélico museo de Arte Contemporáneo, es capaz de imbuirse en la desolación trágica de las arpilleras, dejarse envolver por los despojos y los escombros como uno más. Una vez instalado en esa otra realidad, con destreza profesional, atrapa la poesía que impregna los lienzos de Millares, y quizás violentamente también la adhiere a su cuaderno de notas, para más tarde ser capaz de depurarla con el tamiz de su pluma y darle forma final.
De ahí nace “Las geografías circundantes”, poemario que recomiendo con entusiasmo. Sin duda un homenaje a la altura del homenajeado, que nos deja otra joya para engordar el maravilloso legado cultural en torno a nuestra ciudad y sus artistas. No lo duden. Léanlo.

*Jorge Monedero López, es profesor de economía de educación secundaria y ejerce de colaborador cultural en la Cadena Ser de Cuenca. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid, Licenciado en Administración de Empresas por la UNED, MBA por el instituto de Empresa y con estudios en gestión cultural.

martes, 20 de junio de 2017

La siesta de los volcanes / сиеста вулканов (Poema traducido al ruso)

Pintura nº 100 (1962) de César Manrique



TINGUATÓN, MASDACHE, TAJUYA, CHAORRA, TAO
MAMBROQUE, TAHÍCHE, TACANDE, TENEGUÍA, TEIDE

La vez primera que nuestros antiguos señalaron con su dedo
y pusieron el nombre a los volcanes que parieron todo el archipiélago
sellaron para siempre nuestra pertenencia a esta tierra nacida del fuego.

Abajo en las profundidades recónditas del océano
donde las civilizaciones sumergidas dormitan entre montañas de algas
todavía esperan salir a flote nuevos acantilados vírgenes para las gaviotas
como las islas más viejas que secaron en su día los llantos de lava
mecidas cada noche por la mirada arcaica de la luna.

¿A qué viene esa calentura ciega que destroza la paz de nuestras islas?
¿A qué viene ese murmullo insolente que alborota el ritmo de los climas?
¿A qué vienen tantas prisas si el mundo ya tiene muchas vueltas?

¡Silencio!

Respetemos durante nuestro tiempo de vida
la siesta de los volcanes


ТИНГУАТОН, МАСДАЧЕ, ТАХУЙЯ, ЧАОРРА, ТАО,
МАМБРОКЕ, ТАИЧЕ, ТАКАНДЕ, ТЕНЕГУЙЯ, ТЕЙДЕ.

Перевод с испанского О. Шаховской (Пономаревой)

Впервые, когда наши предки указали своим детям и внукам
на вулканы, они дали им имена, а те вулканы родили весь архипелаг,
и навсегда отпечатались в нашей приверженности к этой земле из огня.

Внизу, в скрытых глубинах океана,
где утонувшие миры спят между горами водорослей,
ещё надеясь выйти на свет, обрести новые девственные берега и жизнь,
как на тех самых древних островах, высушивавших слёзы лавы,
каждой ночью убаюкиваемых архаичным взглядом Луны.

Откуда та слепая лихорадка, разламывавшая мир наших островов?
Откуда тот наглый гул, приводящий в волнение устоявшийся климат?
Откуда такая спешка, если мир уже много раз возвращался?...
Тише!
Давайте уважать течение нашего времени,
сиеста вулканов.


*Traducido al ruso por Olga Shahovskaya, en www.stihi.ru
Versión digital en la Revista Isla Negra Nº 11/419
Poema de Samir Delgado (2009)

lunes, 5 de junio de 2017

Não havia lua na noite em que mataram o poeta Federico García Lorca (Traducción del poema "Exhumación")

Dibujo de Federico García Lorca



  

Poema "Exhumación" traducido al portugués de Galicia 

por Xavier Frías Conde 


EXHUMACIÓN
                                                                                                                                             
FOLIO PRIMERO. Por orden del juzgado de instrucción de Granada
el taladro geomántico inicia la perforación sobre el lugar del crimen.
La primera veta descubre piedras magulladas por el dolor del tiempo.
Aparecen en la superficie ramilletes de jacintos y luciérnagas muertas.
El martilleo incesante extrae algunos libros de la Columbia University
y los primeros trozos dispersos de la Barraca. Hay crines de caballos.
Corazones de manzana. Una sombra de chopo y cuerdas rotas de guitarra.
Pero ni rastro de las huellas del duende gitano. Ian Gibson tenía razón.
No había luna en la noche que mataron al poeta Federico García Lorca.

[EXUMAÇÃO]
                                                   
FOLIO PRIMEIRO. Por ordem do Julgado de Instrução de Granada
 a broca geomântica inicia a perfuração sobre o lugar do crime.
A primeira camada descobre pedras machucadas pela dor do tempo.
Aparecem na superfície ramalhetes de jacintos e vaga-lumes mortos.
A martelagem incessante extrai alguns livros da Columbia University
e os primeiros troços dispersos da Barraca. Há crinas de cavalos.
Corações de maçã. Uma sombra de choupo e cordas quebradas de guitarra.
Mas nenhum rasto das pegadas do duende cigano. Ian Gibson tinha razão.
Não havia lua na noite em que mataram o poeta Federico García Lorca.




Samir Delgado. Del libro Banana Split, 2011

martes, 30 de mayo de 2017

Creación cultural y liberación (Prólogo del libro Una casa mal amueblada)


Obra de Patricia Delgado, "La mecedora" Óleo sobre lino (Sala Conca, 2009)  Portada del libro




“La cultura, como la historia,
es un fenómeno en evolución,
ligada a la realidad económica y social del medio”.

AMÍLCAR CABRAL

Por Francisco Javier González
(Isla de La Gomera, 2010)

He comenzado con una cita de Amílcar Cabral y un título que parece calcado del de “La Liberación Nacional y la Cultura” que fue el texto que el guineano leyó en la Universidad de Siracusa con motivo de un homenaje al primer presidente del FRELIMO, Eduardo Mondale, cuyo nombre lleva hoy la Universidad de Maputo.
Para Cabral -alma Mater de la independencia de Guinea Bissau y de la macaronésica Cabo Verde- ante la dominación foránea, el pueblo debía oponer una tenaz resistencia cultural con el objetivo de “la conquista de la independencia nacional y con la perspectiva de la construcción del progreso económico y social”. A ojos de Cabral, la cultura constituye el elemento más esencial de la historia de un pueblo, sea el pueblo que sea. Para él, “la cultura es, quizás, el producto de su historia tanto como la flor es el producto de una planta”, pero ¿la cultura es “solo” el producto de la historia o es también un motor de la misma?.
           El marxismo clásico plantea que la historia es el desarrollo de la lucha de clases, pero ¿qué es la cultura sino la comprensión del propio valor histórico, del yo individual y colectivo, de los derechos y deberes, de las relaciones humanas y las del hombre con el medio? ¿Podría, entonces, ser la lucha de clases el motor de la historia sin que las clases, mediante la cultura, tomen conciencia de sí mismas y de su realidad?.
¿Podría entenderse la Revolución Francesa sin ser precedida por la Ilustración?. ¿No fueron primero los libros y luego los fusiles de la Comuna?. Creo que es la cultura la que confiere un carácter particular, individual, al fenómeno histórico, aunque, como fenómeno colectivo, diluye esa subjetividad del individuo y su necesidad particular en la objetividad colectiva como sociedad y, dentro de esta, de la necesidad de la clase a la que pertenece y del pueblo en que esta se integra.
Nos surge ahora otra cuestión: el creador individual, el escritor, el artista, como portador de esa individualidad, ¿puede crear “arte puro”, aislado de su entorno social?. Y si esto, que viene a ser algo así como el sexo de los ángeles, no es posible ¿es el creador un simple plasmador de la realidad que lo rodea o, por el contrario, su creación tiene capacidad transformadora sobre ese entorno e, incluso, sobre su dintorno?. En la realidad, la fórmula –antigua fórmula permanentemente rediviva- del “arte puro” no es más que el refugio banal del que medra en su contexto social, al que no enjuicia ni critica, y busca solo un cierto orgasmo estético que no pasa de ser un onanismo sin horizontes, aunque se vista de sonoros nombres de escuelas, corrientes o tendencias posmodernas.
El conceptismo extremo, la palabra por si misma, el sonar de los claros clarines, no pasa de ser un guiño cómplice y complaciente con la sociedad en ese momento dominante. Es el predominio del continente sobre el contenido, carece del sentido utópico, de la utopía como barrunto de un orden nuevo y diferente, del proyecto de futuro que tiene –o debe tener- la expresión cultural creadora.
            Estos son los conspicuos ocupantes de los sillones de tertulias “intelectuales” de casinos y ateneos, profetas de su limitado círculo a los que el siempre lúcido Antonio Bermejo llamó “gallitos que lanzan su canto fanfarrón subidos en lo alto de sus estercoleros”. Frente a estos “famas” cortazarianos, que terminan siempre deviniendo en aburridos “esperanzas”, Samir Delgado ha elegido ser “cronopio” -y, como buen cronopio, idealista y sensible- pero apegado a la tierra y luchando por ella.
Deja además Samir Delgado bastante clara su idea al respecto en el artículo de esta obra, “A los poetas celestes”, al decirnos que “la política y la estética pueden ir juntas, sin caer en la demagogia arbitraria de un panfleto, sin caer en el preciosismo gratuito de un soneto…”. En realidad la creación -literaria, artística, filosófica, técnica, científica…- es, como todo acto cultural, resultado del desarrollo histórico, hija del momento en que surge, y su autor, el creador, como el campesino, el obrero manual o el deportista, es el producto de su época y de su sociedad.
 No sin razón escribía Mao Tse-tung: “No existe en realidad el arte por el arte, ni arte que esté por encima de las clases, ni arte que se desarrolle al margen de la política o sea independiente de ella”. No hay más posibilidades reales para la creación que realizarla para la transformación de la sociedad o realizarla para continuar el status y justificar su permanencia.
El creador intelectual, pues, no es alguien fuera de su tiempo y su lugar. Tiene una función determinada en la sociedad: perpetuarla o transformarla. Samir Delgado lo asume y se manifiesta con “la obligación de tomar partido ante los hechos” y muy “lejos de refugiarse en escapismos estéticos y clichés narrativos importados”.
Todos los hombres son intelectuales, porque como nos aclaraba Gramsci “no hay actividad humana de la cual se pueda excluir toda intervención intelectual, no se puede separar al homo faber del homo sapiens”, cada cual, sea cual sea su profesión o su nivel de formación es, a su forma, prosigue Gramsci, “un filósofo, un artista, un hombre de gusto, participa de una concepción del mundo, tiene una consciente línea moral”, pero el “intelectual” en el sentido cotidiano y pleno de la palabra, es el creador consciente de sí mismo, de aquello que crea y de para que lo crea. No es, ni puede ser nunca, el receptor-poseedor de un saber enciclopédico que levanta a su alrededor un muro protector de su supuesta superioridad cultural, ni el que cuelga en su pared títulos universitarios y algún master de cualquier universidad privada.
Es el que, recogiendo el saber y sentir de su pueblo, no se limita a describirlo literariamente, sino que trata de exponer, mediante el lenguaje de la cultura, la expresión de ese sentir que el pueblo no puede expresar. Es la voz de los sin voz, un mediador de la cultura desde y hacia el pueblo del que forma parte, y ese sentido de la creación “desde y para” es lo que late en los epígrafes de todo este libro de Samir Delgado.
El grado máximo de la opresión sobre un pueblo es secuestrarle su historia e impedirle desarrollar, a partir de ella, su propia cultura. “Enterrar la memoria histórica de un pueblo es desarmarlo frente a la opresión, es enterrarlo a él mismo” nos decía Sekou Touré. Esa historia nos ha sido arrebatada y tergiversada por la dominación colonial. Han empezado arrancándonos hasta nuestro lugar físico en este planeta.
Por ello, crear nuestra propia cultura, la indispensable para liberarnos, requiere empezar a tomar conciencia de nuestra africanidad en contra, expresamente, de los eurocantos de sirena de nuestras autoridades delegadas, tanto culturales como políticas. El párrafo siguiente, “….la burguesía trató de formar el concepto de que la “cultura” era únicamente la europea, contraponiéndola a la africana como “no cultura”. Esta distorsión de la realidad se realizaba con indudable finalidad político-ideológica, y nos separaba de pueblos a los cuales estamos unidos en la historia por una misma explotación y por múltiples elementos culturales, comunes en sus orígenes” parece el resultado de un análisis sobre el papel de aculturación y destrucción identitaria que caracteriza a la actuación de la burguesía dependiente canaria y de sus lacayos intelectuales, esos que se niegan a crear una cátedra de estudios y lengua amazigh, pero no es así, pertenece a “La Historia como arma” del cubano Manuel Moreno Fraginals, escrita para una sociedad, como la cubana, que tiene mucho en común con la canaria.
Es esa aculturación, libresca y castradora, la que denuncia Samir Delgado, con feriantes que rememoran a Viera con juguetes aerostáticos –el primer globo que construyó Viera en Madrid era serio, no una boutade de popes “culturales”- para celebrar el “Día de la Letras Canarias”, con “la elite cultural arrimada con eterno retorno sobre las bandejas de sabrosas croquetas frías” y disertaciones de algún Premio Canarias, de los que, dicho sea de paso, opino que sobran más de uno y faltan unos cuantos, como por ejemplo Francisco Tarajano Pérez, aunque a mi querido amigo Paco difícilmente se lo darán por su comprometida trayectoria intelectual en lucha por nuestra independencia nacional, ejemplo justamente de lo que estoy describiendo como intelectual.
Samir Delgado, que es consciente de “lo maquiavélica o liberadora que puede llegar a ser la educación como diseño de la identidad”, de “la incultura de la endofobia” y de “que llevamos siglos forzados de espalda al continente”, aprecia por ello el puente cultural canario-senegalés que El Hadj Amadou Ndoye  tiende, desde hace muchos años.
Amadou fue un buen colaborador de la revista “La Sorriba” que tuve el honor de dirigir. Guardo todavía una foto que me envió de una agarrada de lucha senegalesa entre el pequeño Boy Niang y el gigante del equipo de Oualo, Mohamed Aly, que parece un calco de una antigua foto de una agarrada histórica entre Tabletas y Mandarria y en la que, como en nuestra lucha, el chico ganó y el grande perdió, todo ello aunque nuestra “intelligentsia” criolla, euroapapanatada, se empeñe en buscar los orígenes de la lucha canaria en Suiza o en León.
Pero la cultura es dinámica, aunque hunda sus raíces en la historia, por lo que el intelectual comprometido con su pueblo y su devenir no puede, de ninguna forma, abstraerse de su evolución, como no puede obviar su pasado. Por ello tampoco puede renunciar a la creación de una nueva cultura, siempre específica para su pueblo, que sea, ella misma, expresión de una nueva moral de liberación, opuesta a la moral de dominación y explotación, a la del beneficio fácil, la destrucción del territorio y la destrucción de la idiosincrasia propia del pueblo y su identidad.
Una cultura que sea un paso más en la lucha por romper privilegios, acabar con prejuicios y avanzar en lo que es realmente la espina dorsal de la historia: la lucha del esfuerzo humano por la libertad y la dignidad, libertad y dignidad que la dominación exógena siempre niega, antes con el puro y brutal ejercicio de la fuerza, ahora, como en la obra del kabilio Mulud Mammeri con la estrategia de “L’opium et le bâton” y alguna zanahoria en forma de prebendas tipo RIC para la burguesía dependiente.
Plantea Samir Delgado un interrogante, que venimos arrastrando in hilo tempore de Viana y Cairasco, sobre “literatura canaria” o “literatura hecha en Canarias”. Ya mi amigo y compañero de brega en muchos y diversos aconteceres, Africo Amazigh, ha contestado en sus trabajos, esencialmente en “El árbol de la Nación Canaria”. Por mi parte ya he expresado que, para mi, “Cultura Nacional” canaria es solo la que se hace en función y con destino a la consecución de la independencia política, que no tiene, por fuerza, que ser “Cultura Popular”.
¿Qué características le impone esa premisa?. En el actual estado de desarrollo de la lucha política en Canarias, fundamentalmente una: la crítica del sistema. Recuerdo que hace ya bastantes años, uno de mis profesores en la Facultad de Químicas de Aguere, José Antonio Padrón, más filósofo y literato que químico y privilegiado compañero de cultura peripatética con Isaac de Vega y Rafa Arozarena, me decía cuando le hablaba del impacto que entonces me causó “Fetasa”: ¿Sabes lo que son Isaac y Rafa? ¡Clavos en el zapato de esta sociedad!.Ahora bien, la crítica no puede ser solo sobre la estética de la obra realizada. Tiene que ser ética, ahondar en la raíz ideológica que motiva y transmite la obra y enmarcarla en una cultura que sirva al propósito de la liberación individual y colectiva, porque, hay que recalcarlo, no hay creación de ningún tipo separable de la historia y de la política. Esta faceta está permanentemente presente en esta obra con un escritor que confiesa que esta suya es “literatura de terrero”.
Para terminar este prólogo que, burla burlando se me alarga más de lo prudente, me planteo ¿no será –junto con el “síndrome del colonizado”- el alejamiento de su realidad social y política una de las causas del escaso interés que el canario del común siente por muchos de nuestros escritores?. Desde los años 60 del pasado siglo, con el fuerte rebrote del sentimiento identitario y de la lucha independentista, se produjo un boom creador en Canarias desde la música hasta la literatura. Como ejemplo valen los “Cuadernos de Historia” de Hermógenes Afonso/ Hupalupa editados por Solidaridad Canaria con una tirada inicial de 10.000 ejemplares rápidamente agotados, o el “Natura y Cultura” o las “Antologías de textos de Literatura Canaria” de Rafael Franquelo y Víctor Ramírez… y así toda una pléyade de escritores que han llegado al lector.
Fuertemente críticos, rompen los adocenados moldes de los, en acertada definición delgadiana, “lacayos de librea que van a las cortes para hacerle la venia al amo”, esos que apuntalan con sus obras el sistema colonial, destructor de nuestra realidad. Es esta faceta lacayuna de creadores ad hoc del arte por el arte, de pavos reales de ajadas plumas, la que Samir Delgado fustiga, con inusitada dureza, en “Juventud punto com”, al mostrar la problemática desnuda de nuestra esperanza como pueblo: la juventud. Pero, en un buen ejercicio como intelectual orgánico, oferta, junto al análisis crítico, el horizonte de la solución: “nuevos cauces de participación democrática… capacidad de decisión… elegir libremente los pasos a dar… ser los artífices de un desarrollo equilibrado y sostenible, con la redistribución de la riqueza y factores sociales igualitarios… para construir el futuro cambiando el presente por una Canarias Libre”.
Yo solo añadiría que Samir Delgado, un escritor joven, sin prescindir de un continente sobrio y elegante para envolver un substancioso contenido, está resumiendo en esta apretada síntesis final, un programa de la Izquierda Nacional Canaria.


Del libro, Una casa mal amueblada, Baile del Sol, Islas Canarias (Mayo, 2010)

jueves, 25 de mayo de 2017

Las maletas de Amadou (In memoriam)

Obra del artista africano Paul Onditi (Kenya)

En recuerdo del profesor senegalés El Hadji Amadou Ndoye (1947-2013)


Amadou Ndoye ha vuelto de visita a las islas. 

Casi siempre quienes hemos tenido la honda satisfacción de conocerle hablamos sobre él en tiempo pasado, con un plácido pretérito verbal que define literalmente las estancias pasajeras de este entrañable y reconocido profesor de literatura, conversador refinadísimo sobre la compleja materia que es la vida y un prestigioso intelectual senegalés que con sobrados adverbios ha dedicado sus investigaciones al bagaje de la narrativa canaria de fin de siglo. 

Estuvo entre nosotros, otra vez más, para luego volver a su casa de Dakar, en un acostumbrado viaje de ida y vuelta repetido en las últimas décadas para bien de nuestras letras, ya que la facturación de sus maletas adquiere con el tiempo un estatus de verdadero puente literario. 

Yo siempre lo imaginé al frente de un aula bulliciosa con jóvenes senegaleses recitando el abecedario en español, contagiando a su más que difícil auditorio entre alusiones poéticas de algún autor canario y las experiencias vividas en sus periplos por las islas, utilizando cierta maestría nemotécnica que recuerda a los relatores de leyendas africanas. 

Cuando se dispone a tomar rumbo fuera de Senegal, país natal que él mismo como buen padre de familia ha visto progresar con el sudor de su gente y del cual nos dice con orgullo que nunca abandonará- a pesar de las ofertas generosas que le llegan desde sus viejos alumnos en otras latitudes-, toma en el aeropuerto un aire de literaria levedad, su maleta embarcada entre la maraña burocrática de las aduanas suele pasar desapercibida, con sus atuendos típicos y sabrosos productos de las calles de Dakar para sus amistades canarias.

Mientras transcurre su habitual agenda por las islas, siempre ocupada con exquisita disposición del tiempo para tejer redes de amistad y cumplir sobradamente con las expectativas del público en cada una de las actividades culturales diseñadas por alguna entidad, nosotros desconocemos ante su más que entrañable presencia cómo transcurren las manecillas del reloj en las aulas de la Universidad de Chiek Anta Diop, de qué lado se pone el sol en torno a su casa familiar y cómo se acuesta de cansada la luna en las noches calurosas de Dakar.

En cambio, él sí ha palpado el bullicio de los pibes canarios que le miran con atención al perder clases de matemáticas y disfrutar de sus charlas bilingües, él sabe bien que en las islas nuestros mayores ven bailar el sol desde cualquier peña y cuánto de largo es el horizonte sobre nuestra avenida marítima, la costa ansiada en los sueños truncados de miles de jóvenes africanos que arriesgan sus vidas cada día.

Tal vez no pase mucho tiempo hasta su próximo retorno a nuestra tierra, precisamente ahora en estos momentos ya esté de vuelta contando las novedades a sus compañeros de Departamento universitario, pero lo que sí es seguro para nosotros, que llevamos siglos forzados de espaldas al continente, es que mañana en el trayecto de nuestro profesor nuevos libros canarios estarán circulando a una nueva vida y en plena libertad por las manos de estudiantes senegaleses, abriendo horizontes de futuro para un encuentro venidero, todo gracias a las maletas de Amadou.

Samir Delgado, Una casa mal amueblada, Baile del sol, 2010


domingo, 21 de mayo de 2017

Reseñas del libro "Las geografías circundantes" (I)


(Libro editado por el Gobierno de Canarias, Prólogo de Alfonso de la Torre, 2016)

Millares en la memoria de un poeta


Cecilia Domínguez Luis


Cuando un escritor -en este caso un poeta- elige como protagonista o fuente de inspiración a un artista relevante, como es el caso de Manolo Millares, un artista plástico de fama internacional, se encuentra con unos límites marcados por la obra del artista, que parece indicarle el camino a seguir. Claro que esos límites son solamente externos y su superación o acomodo depende del propio poeta.
En el caso del libro que nos ocupa, su autor, Samir Delgado ha sabido enfrentarse a esos límites, de tal manera que, siguiendo su propio camino, ha sabido encontrar el territorio propicio para ofrecernos sus geografías circundantes.
El poeta inicia el camino junto al pintor. Un camino en el que vida y arte van a darse la mano para penetrar en los entresijos de una memoria colectiva. La memoria de un pasado aborigen que, en la primera parte de este libro, titulada, precisamente “Las geografías circundantes” sitúa al escritor frente al lienzo Aborigen y escribe:
Una espiral al vacío
la primigenia
soldadura de la carne 
saja del tiempo insular.

Si la palabra aquí se vuelve reivindicativa de la memoria, como lo hace la pintura de Millares, la vida de este pintor forma parte también de ese imaginario poético que Samir va desgranando a lo largo de las tres partes en las que se divide el libro.
En esta primera parte, aún existe variación de color en los cuadros de Millares. Espirales, figuras geométricas, ocres, verdes, azules, rojos, negros, con lo que nos habla de ese pasado, de la cuadrangulación/de una isla interior:/un objetivo íntimo, al mismo tiempo que aparece el deseo de recuperación de los juguetes perdidos en la playa.
Pero la vida avanza y, con ella, la mirada del pintor que necesita explorar otros  medios para expresar su postura frente a la existencia.
Y las arpilleras comienzan a dar forma a ese mundo que se va tornando hostil o, al menos, no deseado.
Y aparece la necesidad del viaje, de la marcha de esa Ítaca que llega a agobiarlo pero cuyo alejamiento hace que encumbre todas las distancias. Así lo expresa el poeta en su poema “Millares, 1955”, a través de un yo del pintor que es, a su vez, el yo del propio poeta.
La arpillera surge con rotundidad, como lo hace el poema de Samir cuando dice: LA MANO y el hilo/ tuercen al punzón/ su abrigo de junco.
Aún quedan dos grandes hitos para la vida y arte de Millares: la fundación del grupo El Paso, recogido en un texto que, a manera de carta  a Cirlot, habla de la preocupación de una serie de artistas para ofrecer una visión crítica y comprometida ante la realidad, tanto artística como vital.
El otro gran hito es la aparición del “Homúnculo” que, según Paracelso, es una criatura del subsuelo, lugar en el que encuentra todo lo que necesita, y al que el poeta pregunta acerca de sus propias preocupaciones existenciales.
Con estas preguntas se inicia la segunda parte del libro, “Los escombros”.
Todos sabemos que los escombros son materia de desecho que provienen de cualquier derribo, ya sea real o imaginario, físico, moral o ético.
Aquí, el poeta pone en palabras esa necesidad de demolición, de bajada a los infiernos, para `poder resurgir de entre nuestras propias ruinas. Y los colores se convierten en símbolos de esta destrucción necesaria. El negro, el rojo y el blanco se convierten en símbolos de la muerte, del acabamiento, pero, al mismo tiempo de denuncia, de lucha contra los espantajos de la guerra, las injusticias, el dolor.
Esta vez, arte y poesía se unen en la denuncia, en la reivindicación de la libertad, a pesar de la oscuridad aparente de “La galería de la mina”, poema diecisiete, o del “Asesinato del amor”, poema dieciocho, donde UNA BALA/ ensangrenta/ las sienes/ de la víctima/ eros yaciente/ en el semisótano/ de la eternidad
En esta parte, la evocación de un poeta como Miguel Hernández no es baladí, pues el poeta oriolano conoció muy bien las sombras, el amor truncado por una muerte injusta. El derrumbe.
Pero se hace preciso salir de la oscuridad, resurgir de los propios escombros, y hacerlo con un grito; un grito al rojo vivo, con el que empieza la última parte de este libro, “El grito”, donde “El gran díptico” viene a ser una clave de sol/ en la densa armadura/ para orquesta sinfónica/ del gran díptico universal
La vida de Millares vuelve a estas páginas en el poema veintinueve, donde Samir Delgado hace una interpretación muy personal y poética de la película documental sobre el pintor titulada, precisamente Millares, donde la muerte, duración inversa, protagoniza casi todos sus versos.
Artista y poeta saben que hay que excavar, hundirse en la corriente de la vida y la muerte, para brotar, como lo hacen las semillas. Y el blanco y el negro apuestan, junto al grito del primer hombre, por el vuelo de las palomas.
Blanco y negro, negro y blanco que cierran este bello libro, en un poema sin título con el que se despide al artista.
Samir Delgado ha sabido encontrar la luz que despide las arpilleras de Millares. Ha sabido excavar en las profundas derrotas y victorias de un artista universal, y viajar, de su mano a los lugares profundos de nuestro origen, de nuestro ser y estar en este mundo terrible y hermoso, a pesar de todo.

21 de Mayo 2017, Santa Cruz de Tenerife
Suplemento cultural El Perseguidor- Diario de Avisos